Zoofilia en Buenos Aires

Esto sucedio en Argentina, por las periferias de la capital en una localidad conocida como San Justo donde teniamos una chica que nos ayudaba con los servicios del hogar.

Lo que estoy a punto de narrar fue algo que marco mi vida y la de los involucrados en la historia…

Ella era del interior, de Neuquen; se llamaba Marife, una muchacha muy callada y bonita que laburo con nosotros casi cinco años y siempre tuvo empatia con nuestra mascota a quien cariñosamente llamamos “Mendieta”.

Mendieta dormia en nuestro jardin trasero, en donde al mismo tiempo habia construida una pieza que era donde dormia Marife.Al lado estaba el lavadero de ropa.

Siempre me calento ver como cuando Marife lavaba la ropa se quitaba la bombacha debajo de la falda y la metia en el lavadero para lavarla.

Luego descubri que lavar la bombacha era tan solo un pretexto para quedar dispuesta para la accion.

Usualmente cuando salia el sol terminaba de lavar la ropa y luego bañaba al perro en esos tan calurosos dias de verano. Ya sin calzon, y con el perro bañado en los dias soleados, fingia que iba a secar al pobrecito metiendolo a su pieza.

Yo era muy inocente y no me imaginaba lo que pasaba en esa pieza, a mis 14 años no tenia idea de que existia la zoofilia; sin embargo si sabia que Marife me calentaba; y me ponia re loco.

Un buen dia, Marife termino mojandose la ropa mientras bañaba al perro, asi que estaba seguro que cuando entrara a su habitacion se cambiaria de ropa. ERA MI OPORTUNIDAD DE VERLA DESNUDA.

Fisgonee por uno de los agujeros pequeños que habian en el fragil material de las paredes del cuartito y lo que vi me puso enfermo, loco, caliente casi al borde del desmayo; mis mejillas hervian y tenia el pene a punto de estallar.

Marife estaba tocandole el pene al perro, estaba tratando de sacar su punta roja, esperando que se excitara. Imagine que estaba re caliente y que necesitaba a alguien que la enfrie. Cuando el perro ya estuvo excitado ella se puso a cuatro patas y el perro la monto. No duraron mucho y la verdad nunca estuve seguro si hubo penetracion o solo le excitaba que la monte y le puntee la cola. Pero ella aprovechaba para masturbarse y correrse como loca. Terminaba tendida en su cama sonriendo mientras yo me masturbaba mirando la escena.

Esto se convirtio en un habito, hasta que un dia la calentura fue tanta que decidi interrumpirla tocando su puerta. Ya no podia mas.

Entre a su cuarto y sin descaro alguno me baje los pantalones mostrandole mi ereccion. ELLA ENTENDIO ABSOLUTAMENTE TODO. Sabia que yo sabia. Sabia que me gustaba. Sabia que queriamos sexo. Sabia que la espiaba. Sabia que no le iba a decir a nadie.

Nos convertimos en complices y ese dia comenzaron mis experiencias zoofilicas y sexuales mas intensas … pero eso formara parte de otras historias.

Actualmente ya no se nada de ella pero me gustaria vover a tener una compañera complice en argentina para navegar con nuestra imaginacion.

Publicado en: Relatos porno

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