Una noche de amor inesperado

Demasiada bebida.

Mi mujer y yo salimos de aquel pub un poco mareados y cargando sobre los hombros a mi amigo Javi, tan borracho que no podía apenas andar. Su mujer, hacía ya más de dos horas que nos había dejado allí, enojada por la muy notable y visible ebriedad de nuestro amigo.

Éste estuvo bromeando con ella sin darse cuenta de que no le hacía ni pizca de gracia; pero la gota que hizo colmar el vaso fue cuando, aprovechando un descuido mientras ella estaba de espaldas a nosotros, Javi le levanto la faldita y así estuvo durante más de cinco minutos enseñándonos las bragas sin saberlo. Cuando se fue, absolutamente enfadada, Javi empezó a beber más descontroladamente aún mientras se quejaba: ¡Joder, y encima no echamos un polvo desde hace ya dos meses!

Como pudimos, hicimos que entrara en el coche para acompañarlo a casa, pero una vez allí ni Javi tenía llaves ni su mujer parecía estar o querer abrir la puerta por lo que decidimos llevárnoslo a nuestra casa y que al día siguiente ya se apañarían con sus líos.

De camino hacia casa mi amigo nos avisó que no aguantaba más, que se hacía pipí, así que paramos en un descampado y lo sacamos:

-Aún no ha abierto los ojos desde que salimos del bar-dijo Ana.-Menudo ciego tiene éste.

Lo arrimamos a una pared y yo lo sujeté por debajo de las axilas y esperé:

-¿No querrás que se la saque yo, verdad?-dijo mi mujer.

-Venga, hazlo tu-dije .- Al menos eres una tía, te dará menos asco que a mi.

No era verdad, a mi no me importaba, pero el alcohol me hizo querer ver qué hacía mi mujer en aquella situación comprometida. Y para mi sorpresa, después de un bufido de paciencia y resignación, se puso en cuclillas y le desabrocho el pantalón, dejándoselo caer hasta los tobillos. A continuación, y ya de pie, después de pensárselo un poco, le bajó el calzoncillo por debajo del culo, sacando a la luz la verga de mi amigo, semierecta por el pis retenido. Ana rodeó con su brazo izquierdo la cintura de Javi y con la derecha se decidió por fin a cogérsela.

-Venga, tío, no lo hagas difícil-dijo mientras se la sacudía para estimularle a orinar. Mi amigo, borracho como estaba, no podía ordenar a su vejiga que reaccionara rápidamente; mi mujer, impaciente, bufaba y se la sacudía mientras yo creía que mis ojos me iban a salir disparados de sus órbitas al ver aquello y mi polla empezaba a empujar el pantalón.

-Ooopss!! De momento Javi consiguió hacer la suficiente fuerza para empezar a mear; mi mujer cogió instintivamente más fuerte el miembro de mi amigo para evitar mancharse. Yo no dejaba de verla de reojo y ella no tenía más ojos que para aquella polla, y parecía empezar a gustarle tener el pene de otro hombre entre sus dedos.

En cuanto terminó, antes de que mi mujer le volviera a subir los calzoncillos, le conminé a que le hiciese soltar las gotas que pudiesen quedarle para no mancharlo. Mi mujer me miró como a punto de enviarme a la mierda, pero soltó un nuevo bufido resignado y se la volvió a coger, para, de inmediato, capullar y descapullar la polla de Javi y sacudírsela unos segundos, apretando la punta, exprimiéndola y consiguiendo que las últimas gotitas no dejaran de caer al suelo.

Le subió de nuevo calzoncillos y pantalones y lo volvimos a acostar en el asiento trasero de nuestro coche. No habiamos recorrido ni cien metros cuando oimos como Javi se vomitaba toda la noche pasada encima.

Respirando dificultosamente, entramos los tres en casa y dejamos a nuestro amigo acostado en el suelo del baño mientras nos quitábamos la ropa elegante que llevábamos para quedarnos los dos en ropa interior ya que ibamos a lavarlo convenientemente en la bañera antes de acostarlo.

Yo lo iba sujetando mientras Ana de nuevo desnudaba a Javi. De vez en cuando, éste nos daba las gracias con esa voz ronca y casi ininteligible de los borrachos a lo que yo le iba hablando dulcemente para tranquilizarlo. En el momento en que Ana, de pie, se doblaba por su cintura para desanudarle y quitarle los zapatos, vi cómo, casi por descuido, mi amigo dejo caer su mano sobre las nalgas casi desnudas de mi mujer.

Realmente estaba tan borracho que no se sujetaba, pero sabía perfectamente qué le estaban haciendo, y ahora le estaba tocando el culo a mi mujer, lo que a mi me estaba poniendo cardiaco perdido.

-Mira el listo, como se pasa-dijo ella bromeando, pero sin tenérselo a mal, comprendiendo su situación.

-Y con el calentón atrasado que decía que tenía, ¡imagínate! Lo metimos en la bañera y Ana empezó a lavarlo con jabón mientras yo me quedaba detrás, viéndole el culo a mi mujer y como esta lavaba a nuestro amigo desnudo.

Sin que se diese cuenta, me saque la polla y empecé a masturbarme viendo aquel espectáculo; estaba excitadísimo y esperaba que cuando lo acostáramos finalmente, tendriamos una noche divertida. Además, yo no dejaba de presionarla:

-No te preocupes, que a mi no me importa,¿eh?, lávalo bien, que no nos pringue nada. Y si le tienes que lavar los huevos, hazlo tranquilamente. Aprovecha ahora que está casi inconsciente-bromeé.

-Bueno-dijo ella secamente, dejándose llevar por la situación, su propia excitación y adivinando quizás la mía propia. Me coloqué detrás de ella para ver mejor, pero de lado para que ninguno de los dos pudiera verme totalmente empalmado como estaba.

Ana se enjabonó bien las manos y empezó a restregarle delicadamente los huevos primero, su pubis, la entrepierna y la polla, que empezaba a no poder contener una incipiente erección. Sin dejar de enjabonársela, arriba y abajo, mi mujer estaba como haciéndole una paja a Javi arrodillada delante de la bañera.

-¡Joder! Se le esta poniendo durísima al cabrón este. ¡Joder!-estaba calentándose más y más casi sin darse cuenta. Yo no pude resistir más, me quite el slip del todo, y arrodillándome detrás de ella empecé a besarle el cuello, a tocarle aquel culo tan maravilloso que tiene y si dejar de ver como mi mujer se la meneaba a un tío con una mano y le acariciaba los testículos con la otra.

Ana me miró, con la mirada encendida, sudorosa y con aquella boca entreabierta que tanto me excitaba siempre. Nos besamos apasionadamente, como hacía tiempo que no haciamos, explorándonos con nuestras lenguas por sitios que no probábamos hacía mucho.

Levante del suelo a mi mujer e hice que volviera a su faena agachándose pero de pie, con lo que su culo se me ofrecía entero, inmenso.

La desnudé del todo y empecé a chupar su coño, absoluta y completamente mojado por la excitación. Cuando ella me lo pidió, le metí mi polla poco a poco, arrancándole gemidos de placer, apretando mientras tanto la polla de Javi que estaba totalmente erecta.

-Qué gusto, Juan, qué gusto me das!! No pares, no pares !!!- gemía ella.

-¿Te gusta? ¿Te gusta tener dos pollas para ti solita?

-Sssiiií! Me encanta !!! Y qué pedazo de polla más gorda tiene tu amigo !! ¿Te gusta verme tocándosela, verdad?

-Me pone super cachondo, Ana, me gusta verte así, tan puta!

-Tan puta, ¿eh? Pues a ver si te gusto ahora.

Y diciendo esto, se metió la polla de Javi en la boca de un solo bocado, haciéndole la mamada más alucinante que podía imaginar. Se tragaba aquella polla con absoluta delectación como un helado dulce que se fuera a derretir, sorbiendo, chupando, lamiendo de arriba abajo aquella verga, mordiéndole la punta o comiéndose aquellos huevos enormes, mamándole la polla entera dentro de su boca. Yo, mientras, y viendo aquello, creo que aullé cuando comencé a follármela como a ella le gusta, hasta dentro, con fuertes embestidas, metiéndosela hasta que los huevos rebotaban en sus nalgas y entrándole un poco el dedo en el culo.

Mi amigo comenzó a despertarse, poco, pero lo suficiente como para darse cuenta que la mujer de su amigo estaba chupándole la polla como una posesa, y a mi follando por detrás completamente ido. Javi cerró de nuevo los ojos, no podía mantenerlos abiertos, pero buscó las tetas de mi esposa para dedicarse a magreárselas. Los tres estábamos al borde del paroxismo, disfrutando del momento como si fuese el último de nuestras vidas. No sé cuanto tiempo estuvimos así, gozando, gimiendo, con un “fóllame más fuerte, cabrón” o un “chúpale la polla, puta” de vez en cuando hasta que, en cierto momento de esa eternidad, mi esposa se sacó la verga de mi amigo de la boca y se corrió como una loca, gimiendo, gritando, retorciendo el culo para sentir mi polla más adentro, apretando la polla de su mano y pasándosela por la cara… Fue como una explosión de deseo, una deflagración de lujuria descontrolada que nos sacudió o los tres.

Enardecida, con las piernas aun temblorosas por el reciente orgasmo, me miró, me besó, y con una sonrisa, sabiendo que yo la miraba empezó a mamarle la polla a Javi de una manera salvaje, bestial, gimiendo con cada acometida…

Cuando Javi, apretándole las tetas, hizo ver que se iba a correr en cualquier momento, mi mujer mantuvo abrazado su glande con los labios y la lengua mientras que con su mano izquierda se la meneaba rapidísimamente y con la derecha, sujetándole de los huevos, su dedo corazón entró súbitamente en el culo de mi amigo, momento en que éste, con los ojos abiertos de par en par por primera vez, descargó litros de su leche en la boca de mi mujer, que trataba inútilmente de tragársela toda, cayéndole por la barbilla hasta las tetas estrujadas por mi amigo.

Esto fue lo último que podía aguantar, y sin reprimirme ni un segundo más me corrí como nunca lo había hecho, estrellando mi pene en las paredes de su coño como para desgarrarla, inundándola de mi caliente esperma mientras ella, mi mujer, mirándome a los ojos, no dejaba de limpiar con su lengua la punta enrojecida de la polla de nuestro amigo.

Nos abrazamos fuerte, con amor, mucho amor, allí de pie, desnudos, acariciándonos y besándonos sin parar ante la figura desmadejada de Javi que, ahora sí, dormía profundamente en la bañera.

Publicado en: Relatos de trios

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