Un día en un colectivo lleno

Desde chico mi obsesión han sido las piernas, y sobre todo la cola de las mujeres. Para algunos los pechos son la imagen de la lujuria, pero para mí una mujer es deseable a partir de sus piernas, y la gloriosa curva de sus nalgas.
Siempre busqué ver debajo de las faldas de las amigas de mi hermana, o de cuanta mujer me daba la oportunidad de echar un vistazo a lo que no se dejaba ver.
Con el tiempo me toco ir a la escuela primaria en transporte público, y cuando tenía doce años descubrí que era fácil llegar con mis manos y mis brazos a rozar la geografía de un buen culo, y desde entonces ya no pude parar.
Cuantas colas he tocado en el transcurso de mi vida, es algo que no puedo precisar. Miles de colas de todos los tamaños, y consistencia han pasado por mis manos, y sin contar a las que les hice sentir la dureza de mi verga entre sus glúteos. Porque también descubrí que usando un pantalón oscuro, y de tela fina podía llegar a la eyaculación apretado contra una hermosa mujer.
Tener la posibilidad de satisfacer tus bajos instintos con una chica a la que no tienes que invitar a salir, ni tienes que procurar gustarle, o caerle bien es algo que me encanta. He tenido relaciones con mujeres, pero la verdad es que la adrenalina, y la emoción que siento al hacer algo prohibido y socialmente rechazado me exita mucho más que acostarme con una mujer.
Muchos me tendrán por un sádico, un enfermo, o cualquier cosa que se les ocurra, pero eso no me quita el sueño, sé que no soy el único que hace lo mismo que yo, lo sé, y lo he visto.
Como se imaginarán tengo miles de anécdotas que contar, pero solo contaré algunas. La reiteración puede aburrirlos, ya que si les cuento la cantidad de veces que llegué a eyacular contra una cola, o las ocasiones en que mis manos se deleitaron recorriendo unas nalgas, terminaré por ser reiterativo.
Ese día era un inusual día de calor en pleno Julio, yo tenía la tarde libre y me pareció que era un buen momento para salir de cacería.
Me tomé un colectivo que pasaba por la zona de los colegios privados, pero sin tener demasiadas expectativas ya que no era la hora de salida de las adolescentes, pero ese día la suerte estaba de mi lado.
El colectivo que pasó antes del que yo había tomado se había roto, y los pasajeros subieron al mío, por lo que el vehículo se llenó.
Yo estaba sentado, pero en cuanto pude le cedí el lugar a una mujer anciana, fue mi buena acción de la tarde, pero en realidad sabía que era lo más conveniente para mis propósitos.
Ya estaba por correrme hasta donde estaba una chica que estaba al fondo, cuando el autobús se detuvo en la puerta de uno de los colegios privados, y subieron algunos adolescentes que salían de tener clase de educación física.
Varias de las chicas que subieron estaban muy lindas, pero una directamente me deslumbró.
Cabello rubio lacio, atado con una gomita, ojos celestes, piel bronceada por el sol, y con un cuerpo que me quitó la respiración.
La chica llevaba puesta una remera blanca con el logo del colegio, y un pantalón gris de gimnasia de una tela de algodón, muy finita. El pantalón se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, y dejaba apreciar toda la gloriosa perfección de sus nalgas súper redondas.
El contraste entre la estreches de la cintura de la chica y su cola era algo delicioso, y se me hizo agua la boca.
Como un tigre al acecho esperé a que pasara detrás de mì para seguirla dentro del rodado.
La suerte seguía de mi lado y el grupo de chicas quedó separado, y mi victima quedó sola conmigo casi pegado a su espalda. Cuando ella ya no tuvo espacio para seguir avanzando se tomo del pasamanos de uno de los asientos.
Yo me paré tan cerca de ella que al primer movimiento más o menos brusco del colectivo yo aproveche para apoyarle mi verga, que ya estaba casi dura, contra una de sus nalgas.
Ella nerviosa amago a darse la vuelta, pero no lo hizo, y ahí me dí cuenta que tal como me lo había indicado su dulce carita, era de las que se deja hacer por no pasar vergüenza.
El autobús realizó un par de paradas más, y realmente quedó atestado de pasajeros.
Yo llevaba puesto un pantalón corto de microfibra de color negro, y por supuesto que no tenía ropa interior.
Mi verga estaba dura como un mástil, y ahora ya no estaba contra uno de sus glúteos sino que estaba justo en medio de su cola.
Yo maravillado bajaba la vista para contemplar como mi pene se metía entre esas dos pelotas de futbol que eran sus nalgas, empujando la tanguita que ella llevaba puesta y que se notaba claramente a través de su pantalón.
La chiquilla estaba nerviosa por la situación, y en un par de ocasiones pude ver que miraba a sus amigas para fijarse si alguna de ellas se daba cuenta de lo que estaba sucediendo, pero con placer pude ver que a un par de ellas les estaba pasando lo mismo, ya que un par de sujetos se las estaban arrimando con loco placer.
Yo me dí cuenta de que si seguía en esa postura no iba a poder retener mucho tiempo más la explosión de esperma que amenazaba mi entre pierna, así que para poder disfrutar un poco más de la situación me separé un poco de mi bella adolescente, y fue mi mano la que reemplazó a mi poronga.
En el paraíso de los degenerados me imagino que todos los culos han de ser como el de esta chica, redondos duros como piedras y con una tanga metida entre los cachetes.
Mi entre pierna estaba a punto de estallar, y yo sabía que eso era ahora algo inevitable, así que saqué la punta de mi pija por la pierna del pantalón corto, y descargue todo mi esperma en la cola de mi bella victima.
Ella no notó lo que estaba sucediendo pero yo podía ver como su pantalón clarito quedaba bañado por el liquido caliente que salió de mi verga, y eso hizo que quisiera bajarme lo antes posible.
Por suerte para mi la chica justo tenía que bajar por lo que empezó a pedir permiso y a encaminarse a la puerta trasera del rodado. Yo aproveché para pegarme a ella, un poco para seguir disfrutando, y otro poco para evitar que alguien note en el estado en el que estaba el pantalón de la adolescente.
Mis colegas seguían con las piernas abiertas resfregandose contra las otras adolescentes, pero yo no tenía nada que envidiarles, al contrario.
La chica bajó en un acomodado barrio de la ciudad, pero yo decidí que era suficiente por hoy y que yo me bajaría un par de cuadras después, de todas formas ya sabía en que lugar ella tomaba, o bajaba del colectivo para ir al colegio.
Al llegar a mi casa me tuve que masturbar dos veces más para poder tranquilizarme y lograr conciliar el sueño.
Dos días más tarde más o menos a la hora en que la chica tendría que tomar el colectivo para ir al colegio, estaba yo una parada después para ver si la volvía a ver.
No era seguro, tal vez los padres la llevaban en auto, o algo así, pero la suerte nuevamente estuvo de mi lado.
Yo tomé un micro, y a la parada siguiente entre los pasajeros subió ella.
Casi se me paraliza el corazón cuando la vi.
Si con el jogging me deslumbró, con el uniforme de colegiala me voló la cabeza.
Ella llevaba puesta una blusa blanca con el logo del colegio, una corbatita azúl, y lo que me hizo latir el corazón a mil por hora fue la faldita súper cortita de color gris claro.
Las piernas que la chiquilla tenía eran una maravilla, y lo mejor de todo era que su cola apenas estaba oculta por la cortísima pollerita.
Yo pensé que ella no se dio cuenta de quien era yo porque sin mirarme terminó justo a mi lado, pero no fue así, en el asiento del cual yo estaba tomado estaba ocupado por una mujer mayor que era una de las profesoras de mi bella adolescente.
La suerte seguía estando de mi lado. Si estando sola ella no había tenido ninguna reacción ante mis embates, ahora con una de sus profesoras presente yo pensé que la vergüenza sería peor aun, y no me equivoqué.
La chiquilla llevaba unas carpetas en sus manos, y un bolso bastante grande que colgaba de uno de sus hombros, con el que se cubría el trasero.
Cuando la profesora vio a la chica la saludo con mucho entusiasmo, y la bellísima colegiala no tuvo mejor idea que agacharse para darle un beso.
Mi mano salió disparada hacia su trasero, y al estar ella agachada mis dedos terminaron justo entre sus piernas.
Ella dio un pequeño, y casi imperceptible brinco al sentir mi mano, pero por suerte pasó desapercibido para la anciana profesora. Mi bellísima victima se reincorporó, y de reojo me miró, y de inmediato se dio cuenta de quien estaba a su lado.
Ella debajo de la fadita llevaba puesta una tanguita que se le perdía entre los globos de sus glúteos.
La yema de mis dedos quedaron casi en su entrepierna, mientras que la palma de mi mano abarcaba la mayor cantidad de superficie de su glorioso trasero. Yo estaba en el séptimo cielo de los degenerados.
La tersura de su piel era exquisita, lo mismo que la firmeza de sus músculos que en contacto con mis manos se contraían cuando mis dedos bajaban entre sus nalgas.
El rodado estaba repleto, y afortunadamente la gente que estaba a nuestro alrededor no estaba prestándonos atención, por lo que yo podía “trabajar” con total tranquilidad. La chiquilla colaboraba conmigo tapando su cola con el bolso que llevaba colgado del hombro.
La yema de mis dedos podían sentir los labios de su vagina depilada, y mi dedo pulgar estaba metido justo a la altura de su anito.
Con el movimiento del vehículo, y el de mis dedos ella se empezó a exitar a pesar de ella, y yo lo noté a trabes de la humedad que comenzó a formarse entre sus piernas. Cuando noté que la estaba exitando con mis dedos comencé a moverlos buscando su clítoris. Ella estaba roja de la vergüenza , y algo más pero solo yo sabía el motivo de su calor.
La chica trataba de disimular y seguir la conversación con la profesora, pero se le estaba dificultando debido a que mi dedo estaba presionando justo donde estaba su vulva, aunque sin pasar debajo de la tanquita. Por otra parte la palma de mi mano estaba tomando la mayor cantidad de trasero de la chica. La profesora como si fuera poco la hizo agachar para decirle algo cerca del oído. En es momento uno de mis dedos llegó a donde se encontraba el clítoris de la chica y comencé a presionar mientras estaba en esa posición.
Yo creí que ella se reincorporaría rápidamente, pero ella siguió en la misma postura mientras la yema de mi dedo no dejaba de presionar.
Ella seguía agachada cuando mi dedo medio pasó debajo de la tanga y se hundió entre los labios de su conchita. Ella se reincorporó, pero mi dedo ya estaba metido en su concha, y la yema de mi dedo medio comenzó a acariciar su clítoris.
Ella cerraba las piernas mientras yo me dí cuenta de que sus pelvis se movía disimuladamente al ritmo que mi mano le estaba marcando.
La excitación y los nervios que ambos teníamos era difícil de disimular, pero a mi ya no me importaba nada, y creo que a su pesar a ella tampoco.
Ya nos estábamos acercando a donde ella tenía que bajar, y yo ya estaba al borde de la eyaculación, mi verga estaba luchando por salir de mi pantalón. Yo llevaba puesto un pantalón de vestir de color negro, por supuesto, y una camisa blanca con corbata también negra.
Cuando faltaban dos cuadras para llegar al destino de la chica, la profesora le dio los libros a la adolescente. Ella se agachó y se quedó innecesariamente en esa posición por un momento, y fue ahí que ella llegó al orgasmo.
La chica apretó las piernas mientras mis dedos se empapaban de sus fluidos, y puede sentir un imperceptible estremecimiento recorría su cuerpo. Al mismo tiempo, ya no pude resistir y de mi pene brotaron chorros de esperma que pugnaban por salir desde asía mucho tiempo.
Ella bajo detrás de su profesora, y yo las dejé ir, estaba agotado, y la cosa tenía que seguir otro día.
Y así fue.
A los dos dìas directamente me fui a esperar el micro a la misma parada en donde lo tomaba mi bella victima.
Yo no me pensaba mover del lugar hasta que no llegara ella, pero mientras tanto a la parada llegaron varias personas para esperar la llegada del colectivo. Era una hora pico y la parada estaba bastante llena por lo que el primer micro pasó de largo dejándonos hasta la llegada del segundo vehículo. Cuando este llegó yo ya pensaba que la chica no iba a ir al colegio. Pero cuando yo estaba perdiendo las esperanzas de verla ella apareció corriendo, con el tiempo justo para subir, y yo detrás de ella.
La chica llevaba puesto su uniforme, y como el colectivo ya venía lleno ella se tuvo que quedar un momento en el segundo escalón, mientras que yo quedé en el tercero de los que nos permitirían ascender a la zona de pasajeros.
Mi mano subió por el muslo de la adolescente hasta llegar a quedar entre sus piernas, ella se dio vuelta más para mirar a la calle y ver si alguien estaba viendo lo que pasaba, que para mirarme a mí.
Yo la tenía a mi merced, pero ella se subió justo antes que el colectivo llegue a la siguiente parada.
De todas formas ella seguía estando a mi alcance, y mientras ella abonaba el pasaje yo tenía mi verga justo entre sus glúteos.
Ella no tenía escapatoria, y mi cara estaba casi metida en su pelo rubio, y su espalda pegada a mi pecho.
Como era un día caluroso yo llevaba puesto un pantalón corto de micro fibra y una remera deportiva. Mis muslos peludo estaban pegados a los de la adolescente, y eso era un plus a mi exitación, y como el micro estaba atestado de gente yo veía que podía llegar a hacer cualquier cosa que se me ocurriera y pasaría desapercibida para la mayoría de los pasajeros. Así fue que levanté un poco mi short, y dejé que mi verga salga al aire, y sin ningún esfuerzo hice que pasé por debajo de la corta pollerita de la chica, dejando que se apoye justo en medio de su trasero con la cabeza apuntando al cielo.
Yo no estaba seguro si ella se había dado cuenta de que era mi poronga lo que tenía en medio de los cachetes, pero creo que se dio cuenta cuando yo comencé a mover la pelvis haciendo que mi miembro suba y baje por en medio de su culo.
Como subía y bajaba, en un momento dado mi verga quedó entre las piernas de la adolescente.
Ella cerró un poco sus muslos, y eso hizo que mi miembro empiece a masajearle su conchita.
Ella no pudo evitar reaccionar al contacto de mi verga, y muy disimuladamente comenzó a mover su pelvis al mismo ritmo que yo lo hacía.
La sensación era deliciosa y no pude aguantar por mucho tiempo sin tener ganas de eyacular entre los muslos de la joven.
Ella debió sentir como mi miembro se convulsionaba lanzando chorros de esperma entre sus piernas, pero a pesar de eso no separó de mí, al contrario, pegó su espalda a mi pecho y yo no pude evitar darle un beso en el cuello que la hizo estremecer. Sin dudas ella también había llegado al orgasmo.
Ya estábamos llegando a la parada en donde ella iba a descender, y yo saqué mi verga de entre sus muslos y la metí dentro de mi pantalón.
Ella se bajó, y yo detrás de ella, pero a pesar de que yo pensé que ella me iba a esperar, por el contrario se fue corriendo al colegio, dejándome plantado.
Me dije que no importaba, que el placer que la chica me había dado era algo maravilloso, y que sin dudas no quería llegar a nada más conmigo.

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