SOLO ANAL

No sé cuantas mujeres habrán pasado por mi experiencia, supongo que muy pocas, ó ninguna.
Verán, mi vagina es extremadamente pequeña y estrecha por lo que las penetraciones siempre se me hicieron difíciles, dolorosas, esto fue un círculo vicioso porque los caballeros que pasaban por mi cama, que no fueron muchos, generalmente terminaban enojándose conmigo, tratándome de frígida, para mí esto era muy angustiante, lloraba en silencio, por los rincones, todo esto provocaba que sea cada vez más reticente a tener relaciones ya que terminaba fingiendo orgasmos para sentirme mujer, con el correr de los años mi sexo se limitaba cada vez más a la auto satisfacción, solo yo me entendía, solo yo me comprendía.
Pasados mis treinta años había confiado mis problemas a demasiados médicos, clínicos, sexólogos, psicólogos y hasta psiquiatras, demasiada vergüenza y todo para nada.

La solución llegará de la forma menos pensada, por casualidad.
Hacía unos diez años que trabajaba en la redacción de un importante periódico de mi ciudad, con el correr de los años había llegado a ocupar la jefatura de la parte de espectáculos, tenía algunas personas a cargo, hombres y mujeres, todo normal, una mujer normal, un tanto aislada por lo que recién comentara, no me gustaba establecer vínculos profundos para evitar problemas a futuro, los hombres no podían darme lo que necesitaba y las mujeres simplemente no eran lo mío.

Una tarde me llamaron a una reunión de gerencia, no supe el motivo hasta llegar, me hicieron pasar, ponerme cómoda y Rogelio, uno de los accionistas me dijo casi sin mirarme al tiempo que encendía un puro:

– Natalia, sabes que las cosas no andan del todo bien, también habrás escuchado que el gobierno lanzó un plan para que se tomen personas que no tienen salida laboral…

Era cierto, habían aprobado una propuesta por la cual a aquellas empresas que tomaran personas mayores, ó con alguna capacidad limitada, tendrían una importante quita en los pagos de impuestos al fisco, seguí las palabras de Rogelio con atención.

– Bueno, la semana próxima tendrás una nueva asistente personal, se llama Leila, aunque en realidad nació con el nombre de Roberto Carlos, es transexual, espero que no tengas inconvenientes con ello. No podemos fallar, realmente supone el ahorro de mucho dinero.

Obviamente no me opuse, por qué habría de hacerlo, solo quedamos discutiendo algunos temas, como por ejemplo su ubicación, sus tareas y un dato no menor, que baño usaría, puesto que los hombres lo harían papillas y las mujeres pondrían el grito en el cielo.

Leila hizo su presentación el Lunes, los hombres la silbaron sarcásticamente y las mujeres parloteaban por lo bajo, era bastante más alta que yo, de hecho sus enormes pechos estaban a la altura de mi cabeza, era muy bonita, de cabello negro azabache todo cortado en forma desflecada, apenas cubriendo las orejas y la nuca, de un rostro sorpresivamente femenino.
En un par de meses nos hicimos buenas amigas, era muy eficiente en lo suyo, de bajo perfil, se mantenía al margen de los conflictos y era bien vista por los altos mandos.
Mi curiosidad femenina hizo que fuera preguntando demasiadas cosas de su vida, de su infancia, de cuando había cambiado y de las tantas operaciones que tenía, y a cambio de su historia yo le conté la mía.

Así fui un par de veces a cenar a su casa, y ella a la mía y en una de esas veces…
Se había hecho demasiado tarde, entre charlas y charlas no nos habíamos dado cuenta de la hora que era, le pedí a Leila que se quedara a dormir, solo por esa noche, improvisamos una cama en el comedor y o le dejé mi cuarto a disposición, le dije que usara lo que quisiera, que se pusiera cómoda.
Así, tras el último café nos despedimos, y cada una se fue a dormir pos su lado.
El sol del amanecer del Domingo me despertaría calentando mi rostro, me levante, hice mis cosas, desayuné y viendo que Leila no aparecía a pesar de los ruidos que estaba haciendo en la cocina me dirigí al cuarto, dormía plácidamente, me detuve a contemplarla, dormía plácidamente boca abajo, con un baby doll carmesí transparente de mi propiedad y una tanga blanca perdida entere las nalgas de su enorme culo, me dieron envidia sus formas, su piel era suave, perfecta, me sorprendí al notar mis pezones duros, traté de apartar la imagen de mi mente…

Leila giró sobre si, aun dormida sin saber que yo la observaba, ahora si me herviría la sangre, su pecho derecho se había escapado de la ropa interior, si bien era pura silicona lo cierto es que era del tamaño de mi cabeza, enorme, con una gran aureola rodeando su sabroso pezón, pero mi mirada se centraría en otra parte, más abajo, su verga rígida había escapado por sobre la diminuta tanga, era enorme, jamás había visto algo así, hasta tapaba su ombligo! gruesa como ninguna, de pequeña cabeza circuncisa, me lamenté porque sabía que a mí no me serviría para nada y en esa situación fue que Leila abrió los ojos para sorprenderme espiando…

– Buen día dormilona!
– Buenas… perdón! Lo siento…

Fueron sus palabras al notar que su miembro estaba desnudo ante mis ojos, al tiempo que trataba infructuosamente de ocultarlo bajo la tanga

– Está bien… dejalo, no te preocupes…
Entonces fui sobre ella por la cabecera de la cama, invertida, apoyé mis labios sobre los de ella, la besé y ella respondió a mis besos, cerré los ojos para disfrutar su placer, sus manos entonces apretaron con suavidad mis delicados pechos, la dejé hacer, avancé un tanto para detener mi cara sobre sus tetas, liberé con mis dientes la que aun estaba oculta, les di masajes, me costaba abarcarlas, me sentía extraña, me gustaba, llené de saliva sus pezones, me quedé contemplándolas, ella respondía de igual manera, mi pechos estaban en su boca, los mordía delicadamente, mis pezones excitados mandaban descargas eléctricas a mi entrepierna, me resultaba difícil concentrarme en todo, mis ojos fueron entonces más abajo, a ese glande rosado que escapaba expectante de su tanga.

Me moví un poco más aún, para llegar a ese fruto perdido, lo desnude entre mis manos, era inmenso, tan grueso que no alcanzaba a abrazarlo con mi mano, deliciosamente apetecible, nunca había visto nada así, llevé su diminuto glande a mi boca, que rico sabor, no pude engullir mucho más que su rosada cabeza puesto que su tronco se ensanchaba rápidamente, lo lamí, lo adoré, lo acaricié de punta a punta, desde sus testículos.
Leila a todo esto me pagaba placer con placer, se lengua recorría mi vagina, mis labios, mi clítoris, era hábil, tal vez su parte masculina estaba viva en su interior, sus manos estaban prendidas en mis glúteos, yo seguía en lo mío, rozando mis pezones contra su vientre, me lamentaba porque semejante verga solo serviría para jugar con ella, imposible que me penetre…

Leila cambió de postura arrodillándose sobre la cama, con sus rodillas y sus piernas juntas, para arquearse hacia adelante apoyándose en sus codos, pasando por último sus bolas y su pija hacia atrás, hacia mi lado, fui tras ella, como explicar lo que sentía, sus muslos y sus glúteos tan femeninos, con esa verga y esos testículos tan masculinos… totalmente depilada lucía hermosa, llevé mi lengua abajo, a la punta de su pija, fui subiendo lentamente, milímetro a milímetro, llegué a sus bolas, para comerlas todas, subí un poco más todavía, su esfínter lucía liso y suave, lo unté con saliva, mi lengua se perdió rápidamente en sus profundidades, sentía la excitación de mi compañera, repetí la maniobra varias veces desde la punta hasta el agujero.
Me centré en su glande, al tiempo que mi dedo índice comenzó a circular su dilatado esfínter, en pocos segundos media mano se había perdido en el interior de su culo, gemía mientras empezaba a disfrutar en mi boca ese rico sabor del hombre que avisa que viene el final…

Leila me sorprendería nuevamente, haciéndome poner a mí en cuatro patas y acomodándose a mi espalda

– Leila… sabés que no puedo…
– Vos solo relájate y dejame hacer…
– Pero…
– Solo dejame hacer, lo único que te pido es que no dejes de acariciar tu clítoris…

Nerviosa traté de acomodarme a la situación, como mi amiga trans me había pedido me relajé y la dejé hacer, comencé a masturbarme acariciando mis pechos y mi semillita. Fue Leila la que empezó a jugar con mi esfínter, besándolo, lamiéndolo, acariciándolo suavemente, logrando que me calentara más y más, con mucho tiempo, con mucha paciencia, me empecé a agitar, la desgraciada me hacía desear más de la cuenta, era una locura, pero deseaba que me penetrara analmente, sus dedos ya no me alcanzaban…

Ella tomó mis caderas entre sus manos, apoyó la punta en mi recto y me dijo:

– Ahora yo me quedo quieta, y vos presioná hacía atrás, llevá el ritmo que te plazca…

Aun seguía masturbándome, empujando lentamente hacia atrás, su verga era demasiado gruesa para mi pequeño agujerito, dolía, así que cada tanto aflojaba para tomar impulso nuevamente, Leila agregaba lubricante y mi excitación estaba por las nubes. Lentamente mi anillito fue cediendo ante la presión, un poco más y otro poco, el sufrimiento era placentero, valía la pena, más tenía más quería, al fin logré el objetivo, su cabecita me perforó y tras ella toda la carne de su enorme verga…
Me moví dulcemente, comiendo solo lo que era necesario, su pija me descontrolaba, el placer de mi esfínter dilatado, su miembro presionando desde el otro lado las paredes de mi concha, me inundaba en lujuria, mi clítoris explotó entre mis dedos, entre gritos y gemidos.

Fue suficiente para mí, como anécdota de ese encuentro, agrego que al final me excité demasiado cuando esa falsa mujer hizo que introdujera mi puño en su ano, se lo di con fuerza, entrando y saliendo de su castigado esfínter, Leila se masturbaba con su monumento erecto a centímetros de mi cara, mientras apretaba sus pezones entre sus dedos, era tan femenina, era tan masculina, ese hermoso cuerpo de mujer con una terrible pija entre sus piernas, la sentí gemir, retorcerse, mis ojos estaban clavados en la puntita de su miembro, sonreí cuando el semen comenzó a brotar, saltando con furia, como cuando estalla la lava del volcán, como cuando explota el petróleo del fondo de la tierra.

Saqué mi puño de su trasero, nos abrazamos y besamos mientras mis dedos jugaban con la leche que había bañado su vientre y sus senos.

Pasaron varios años ya, mantuve varios encuentros más con Leila, aunque ambas sabíamos que no era más que un pasatiempo, porque a ambas nos atraían los hombres. Como consecuencia de esa mañana, solo practico sexo anal, los hombres se sorprenden con mi rara postura, pero descubrí los orgasmos más hermosos de mi vida mi pobre colita probó bastante verga, pero ahora me siento una mujer completa.

PAMELA
Si eres mayor de edad puedes escribirme a pbelloso69@gmail.com

Publicado en: Relatos porno

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