Sexo con mi fetiche: una mujer enana

Me encantan las mujeres enanas, y por fín he hecho realidad mi sueño

Lo cierto es que siempre me han dado mucho morbo las enanas, hasta que se han convertido en uno de mis muchos fetiches.

Me llamo Adrián, tengo 30 años, estoy casado y soy de Pamplona.

A apenas 15 metros de mi casa hay un puesto de la ONCE que regenta María, una enana que al menos lleva 10 años aquí.

Evidentemente, mil veces me había fijado en ella. Os diré que es una mujer tremendamente coqueta: se maquilla con muchísimo gusto, siempre tiene una manicura preciosa, peina su larga melena con esmero, viste a la última y le encantan los zapatos de tacón. Nunca pasé del típico “hola”, “adiós” y los usados comentarios metereológicos.

Un día de septiembre, salí de casa no sé a qué, y a media distancia vi que María me hacía señales para que me acercase a ella. Conforme iba yendo, vi que se caía al suelo. Corrí hasta mi pequeña gran diosa y la ayudé a levantarse. Creí que le había dado un mareo o algo similar, así que le pregunté:

– María ¿estás bien?

– Si, si. Gracias Adrián. Se me han caído los cupones y al ir a recogerlos me he caído. Más vale que estabas tú por aquí…

Recordé que estas personas no pueden doblar sus extremidades. Así, María no había podido coger los décimos como tú o como yo.

– Pues sí…. Dije fijándome en su cara maquillada

María temblaba.

– Oye María, parece que te has dado un buen susto. Anda, ve que te voy a invitar a una tila para que te relajes. Dije aprovechando que estábamos cerca de un bar.

– Gracias Adrián, pero no me apetece bullicio. Mejor me meto al quiosco, me siento y me relajo.

– Vale, como quieras

– Gracias, de verdad

– De nada. Nos vemos

Y acompañándola hasta su quiosco, me marché.

Pasaron los días. A principios de octubre, decidí hacerle una visita con la excusa de comprar un cupón

– Hola, muy buenas María

– Hola Adrián. ¿Qué tal?

Estaba realmente bella. Lo digo en serio. No sé si tú has visto a alguna enana, pero María, créeme, era preciosa cuando se maquillaba con esmero. Y eso era siempre. Sus uñas eran largas y con una manicura francesa que me volvió loco.

– ¿Sabes? –añadió María- no sé porque, pero tenía la corazonada de que hoy te iba a ver, Adrián

Aquello me acabó de derrumbar.

¿Ah si? –Conseguí balbucear- pues mira tú por donde que hoy me he dicho: voy a comprar un cuponcito, a ver qué tal…

– Ja ja ja… Oye, ¿sigue en pie esa tila?

– Si claro

– Ok. ¿Y si la sustituimos por una cerveza? –Me dijo

– Ah… Vale.

– Venga, vamos. Pero pago yo eh!!

Cerró el quiosco y fuimos al bar. Tomamos al menos 3 cervezas. Reímos, charlamos…

– Adrián, ¿te importa ayudarme a llevar el carrito a casa? Yo sola, con estas cervecillas… no puedo –Dijo María ruborizándose

– Claro.

Pagué y nos fuimos.

María tenía una casa a su medida. No voy a extenderme.

– Oye, déjame invitarte a la última. He dicho que iba a pagar yo, y al final además de pagar tú, me has ayudado a traer el carro.

– Pero una eh….

– Si hombre si. Siéntate en sofá

Me senté. Al minuto, María vino con 2 cervezas. Se sentó

– Oye Adrián, muchas gracias por todo lo del otro día… Quizás otro hubiese pasado

– Mujer no digas eso. No eres ningún bicho!! Además, bien sabes que los hombres somos muy dados a ayudar a las mujeres, y si son guapas, más -¿¡Qué había dicho?! Acababa de tirarle los tejos a María!!

– Vaya…. –dijo María roja como un tomate- Gracias por el cumplido

– No es un cumplido María… es cierto. Eres preciosa. Ahora, por ejemplo: tus labios pintados de rojo pasión con una base de brillantina, tus ojos, tu rostro…tus uñas perfectamente moldeadas y pintadas….

Sin avisar, María bajó del sofá y se marchó

-¿María?

– Espera un segundo

“Ya la he cagado” pensé. Espere 10 minutos aproximadamente. Y apareció. Llevaba unos zapatos de tacón altos de cuero, medias de rejilla, ligueros y corsé blancos. A pesar de que mide +- 80-90 cms. estaba realmente sexy. Muy erótica. Se acercó a mí, subió al sofá y acercó su mano a mis labios. Sus esculpidas uñas entraron en mi boca

– chupa… lámelas – me dijo- mmmmhh…. Así….

Yo comencé a lamerlas. Mordí las uñas, que tendrían cerca de 1 cm. de largo. Metí 3 dedos en mi boca. Mi lengua pasaba entre ellos. María cerró los ojos… Agarré sus caderas, saqué los dedos y busqué su boca. Me besó con pasión, como ninguna mujer me había besado antes. Nuestras lenguas se buscaban, jugaban. María gemía…. Lamí sus labios rojos como la sangre.

– Espera. Déjame llevar a mí el ritmo – Me ordenó María. Accedí

Me dejó en el sofá, se bajó y se puso delante de mí. Me quitó el cinturón, me bajó el pantalón y calzoncillos, y observó mi polla tiesa y dura. Se bajó los tirantes del corsé hasta el ombligo, y mostró sus tetas. Eran redondas, firmes, blancas como la leche…muy apetecibles

– Vaya polla tienes cariño mío -Dijo

Se acercó y comenzó a mamármela. Su lengua pasaba por mi capullo esparciendo su saliva. Gemía como una zorra. Tragaba hasta tener arcadas. Y seguía, seguía…

– mmmmhhh…. Que rica…. Me encanta cabrón….

Su forma de chupar era ruidosa, como nos gusta a nosotros, sorbiendo saliva y jugos a la vez. La aparté. Me arrodillé y lamí su teta derecha. Mis dientes mordieron su rico pezón. Metí toda la teta a la boca y la mordí, la succioné. María gritaba de placer.

– Quiero follarte

– No. Quiero que me llenes de leche la cara

Así que volvió a mamármela. Cogí su cabeza para que cogiese ritmo. Mordía despacito mi glande, toda la polla. Tragaba como si fuese su última vez (Después han venido muchas mas mamadas y polvos…), con pasión, con devoción, como la más puta del mundo.

– Me corro reina

– Sí, vamos, dame toda la leche

Me corrí. Mi semen le cayó en la cara, en el cuello…Se relamió, y con su mano se extendió el semen por sus tetas y abdomen. Se llevó semen a los labios, y tragó sensualmente un poco de mi leche…

– Adrián, espero que hayas gozado

– Mucho María, mucho

– Deseo poder tener más encuentros contigo amor. Quiero ser tu zorra

– ¿En serio María? Tendremos todos los encuentros que quieras amor mío

– Mmmmhhh… Tu rica polla me vuelve loca hijo de puta… La quiero en mi coñito

– La tendrás. Créeme que la tendrás. Siempre que quieras mi zorrón

Y así acaba mi primer encuentro con María….

Ha habido más, y si hay comentarios que me lo pidan, los escribiré.

Saludos

Publicado en: Relatos porno

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