Rompiéndole el culo a mi prima Susana

Alrededor de medio día, la familia empezó a reunirse en la casa de mi tío. Era su cumpleaños. Siempre le gustaba invitar a todos sus parientes a celebrar este día. Su casa se ubica en un pueblo muy pequeño, alejado de los bullicios de las grandes urbes. Yo, vivo en una ciudad grande, y como todos los años, en este día mis padres y yo venimos a este pueblecito para festejar a mi tío.

Pasó media hora después de que mi familia y yo llegamos, cuando aparecieron otros tíos muy queridos que viven en la misma ciudad que nosotros. Con ellos iba mi prima Susana. Mi prima y yo somos casi de la misma edad, y cuando éramos muy niños ella y yo disfrutábamos mucho jugar juntos, teníamos una fraternidad casi de hermanos con ella, aunque para estas fechas, yo ya tenía más de un año de no verla. Ambos cursábamos los primeros semestres en nuestras respectivas universidades y los deberes escolares nos habían distanciado.

Yo, soy un tipo alto de complexión mediana. Mi prima es ligeramente más bajita que yo, su piel es morena, su cabello largo y rizado rodea siempre su rostro dulce y bonito. Su cuerpo es delgado, sus senos no son muy grandes pero están muy bien torneados, su trasero tampoco es muy grande y voluptuoso, pero llama la atención, es bonito, muy bonito.

Todo empezó bien y de lo más normal en la casa de mi tío, saludé con mucha alegría a todos los familiares que se habían reunido y que tenía mucho tiempo de no verlos. Comimos y bromeamos juntos, recordamos viejas anécdotas, reímos de chistes viejos y nuevos. Vaya, la fiesta de la familia era todo un éxito.

La tarde pasó como agua entre tanta algarabía, ya caída la noche, los primos jóvenes nos reunimos dentro de una recámara de la casa. Ahí podíamos platicar más abiertamente de nuestras “cosas de jóvenes”, participábamos unos a otros de los chismes, anécdotas y sucesos relevantes que habían acontecidos durante el tiempo que no nos habíamos visto. Casi después de una hora de charla, algunos primos se retiraban de la habitación y otros se quedaban. Yo, decidí salir a la puerta de la casa que da a la calle para tomar un poco de aire fresco, a lo que mi prima Susana y otro de mis primos me secundaron. Pasaron algunos minutos y el otro de mis primos decidió meterse a la casa, dejándonos a Susana y a mí solos en la calle.

La plática con mi prima tenía un curso de lo más normal, me daba detalles de situaciones de su escuela, de su rutina diaria y sus intereses, nada fuera de lo normal. De forma un tanto inesperada, sentí que mi prima se pegó a mi cuerpo abrazándome y me dijo –Hace un poco de viento aquí, y recostó su cabeza en mi pecho. Mi reacción natural fue cobijarla con mis brazos. Le dije si quería caminar un poco para que así su cuerpo entrara en calor, a lo que ella aceptó.

Nos dispusimos a andar por aquella callecita oscura. Como ya era de noche y como también suele esperarse en la mayoría de los poblados pequeños, no había ni una sola alma rondando por la calle. Aunque a un extremo de la calle habían algunas casas pequeñas, al otro lado había un inmenso y espeso campo repleto de hierbas y maleza, a lo lejos mi prima y yo vislumbramos un árbol y decidimos caminar hasta ahí. Cuando llegamos yo me quedé de pie, tan solo recosté mi espalda sobre el tronco del árbol. Mi prima se dirigió con pasitos ligeros hacia mí y me abrazó, indicándome que aún no se le quitaba el frio. Le pregunté si quería que regresáramos a la casa de mi tío, pero me dijo que no, que ahí estaba bien, no quería regresar al bullicio de la música y las risotadas. Así que esta vez, se puso de espaldas a mí y recargó su espalda sobre mi torso, tomó mis manos y suavemente hizo que mis brazos quedaran rodeando su delgada cintura.

Y así, abrazados como si fuéramos novios, continuamos platicando por algunos minutos. Ella se arrimaba a mi cuerpo lo más que podía para apaciguar su frío. No tardó mucho en consumirse nuestra conversación, y el silencio de la oscura calle solo era interrumpido por las inocuas y leves ráfagas de aire circundantes. Continuaba en silencio abrazando la esbelta cintura de mi prima. Ella, con su cuerpo, hacía un leve movimiento pendular hacia adelante y hacia atrás. Yo, no tardé en empezar a sentir sensaciones, ya que con cada leve movimiento de mi prima, su trasero se rosaba con mi miembro. Noté como mi pene se iba poniendo erecto a cause del roce. Traté de controlarlo para que mi prima no notase lo que estaba pasando, pero en verdad me era muy difícil. No tengo duda de que mi prima empezó a notar mi erección, pero no dijo nada, ella tan solo continuó en silencio refregando sus nalgas con mi miembro con un poco más de intensidad.

La mente me jugó sucio, y tuve que empezar a ceder a las peticiones de mi cuerpo, así que, me decidí a correr el riesgo. Abrí un poco mis piernas para bajar un poco mi estatura al nivel de la de Susana, y así logre colocar mi miembro de forma exacta a la altura de su trasero. Esta vez fui yo el que con mesurada fuerza apretó la cintura de Susana contra mi cuerpo, al mismo tiempo que le ordené a mi cerebro que enviara un fuerte espasmo muscular a mi pene para que ella pudiera sentir mi erección aún más. Ella sintió el empuje de mi verga en sus nalgas, pero no dijo nada, tan sólo acarició suavemente mis manos y empezó a refregar su trasero con más intensidad sobre mi miembro erecto. A pesar de la oscuridad de la calle, sin despegarnos nos dirigimos a la parte trasera del árbol, en donde la penumbra de la noche era aún más densa. Ahí continuamos en silencio cada uno con lo nuestro. Yo, estrechando fuertemente mi verga contra las nalgas de mi prima para que sintiera mi palpitante erección, y ella, moviendo y refregándome su trasero intensamente, como si su culo quisiera devorarme el miembro por completo.

Aquella sensación era sublime y deliciosa, mi miembro estaba en su punto, y mi mente me decía que no podía irme de ahí sin apaciguar el ferviente deseo y la desbordante lujuria que mi prima Susana había despertado en mí. Y yo sabía que ella en su interior pensaba, que no quería irse sin que yo me la cogiera. Baje mis manos para acariciar suavemente su piernas de arriba hacia abajo, al tiempo que besaba su cuello dejando uno que otro leve mordisco. Ella seguía restregando ya con fuerza su culo en mi verga y empecé a escuchar los ligeros jadeos de su iniciada excitación. Subí su minifalda. Con delicadeza me dispuse a bajarle la tanga hasta el suelo. Después, con una de mis manos y con ella aún de espaldas a mí, empecé a acariciar uno de sus senos para excitarla aún más, mientras con la otra mano, me desabroché el pantalón para hacer saltar a la vista mi miembro, palpitante y deseoso de poseer a mi prima.

Ya con el miembro de fuera, y con mi prima sin ropa interior, le agarré las tetas y la estreché fuertemente contra mí. Era maravilloso sentir mi miembro colocado entre medio de sus ricas nalgas, y mi prima las apretaba provocándome enervantes sensaciones, mientras yo continuaba acariciando y estrujando delicadamente sus hermosos senos y recorriendo su cuello con mi lengua. Ya en cuanto me percaté de que sus pezones estaban duritos y que ella estaba muy excitada, con una de mis manos empujé suavemente su espalda para inclinarla hacia a adelante, empinándola. Acerqué mi cara a su oído y en un tono sigiloso y suplicante le dije –Preciosa, abre tus nalgas. Y ella, condescendiente y sumisa, sin decir palabra alguna accedió a mi petición. Separó ampliamente sus nalgas, dejando ante mis ojos la paradisiaca visión del pequeño y estrecho orificio de su ano, que palpitaba, deseoso de que mi miembro también palpitante lo penetrara.

Empuñé mi miembro erecto y coloqué el glande justo en el orificio del culo de Susana, con la otra mano, la tomé a ella por el vientre y la jalé un poco hacia mí. Mi prima, con sus manos, separaba lo más que podía sus nalgas y abría un poco las piernas para facilitar el ingreso de mi pene en su ano. Su esfínter, a pesar de que palpitaba lujurioso, no cedía paso a mi miembro. Mi prima jadeaba de placer, y aunque no me lo decía, yo sabía que con sus jadeos me indicaba que estaba deseosa de que ya le ensartara de una vez mi pene en su culo. Así que ubiqué nuevamente mi glande, presionándolo lo más que pude contra el ano de Susana y, sin despegarme, la tomé de sus caderas con mis dos manos y lento, pero con fuerza, la fui estrechando contra mí. Y ésta vez pude ver y sentir como mi glande se abría paso con cierta dificultad por entre los pliegues del ano de mi prima. Sólo le escuché a Susana un quejoso “¡Aaaaaay!” y su esfínter empezó a propiciarme una deliciosa secuencia de espasmos y apretones sobre mi glande. Era glorioso contemplar aquel majestuoso paisaje. Mi prima empinada, abriendo para mí con sus dos manos sus ricas nalgas ofreciéndome su apretadito culo. Mis manos estrujando sus deliciosas caderas y su rica cintura. Pero lo más grandioso era ver como su ano engullía por completo mi glande y empezaba a devorar, poco a poco y centímetro a centímetro el tronco de mi verga hasta la mitad.

Ya con media verga dentro del culo de mi prima, me detuve un instante, quería ver la reacción de ella, no quería lastimarla, yo disfrutaba extasiado aquel divino instante y deseaba que ella también lo disfrutara. Mi prima jadeaba mientras seguía dando apretones con su esfínter a mi miembro, y continuando sin decir nada, ella solita se abrió un poco más las nalgas y se ensartó hasta hundir en su culo tres cuartas partes de mi verga. Se quedó inmóvil un rato, yo tampoco hacía nada, quería que ella controlara los movimientos de la penetración hasta donde ella considerara que su culo podía resistir. Nuevamente y con sigilo, ella solita empezó a mover su trasero hacia adelante y hacia atrás, yo sólo me limitaba a contemplar aquél divino espectáculo, viendo como mi prima se sacaba y metía el tronco de mi pene en su estrecha, caliente y deliciosa cavidad anal.

Empecé a sentir más libertad de movimiento y fluidez de penetración en ella, ahora sus gemidos y jadeos no reflejaban el mínimo dolor inicial de la penetración. Ahora sus gemidos eran de lujuria y placer. Entonces yo, con más confianza, sin salirme de ella hice que giráramos de tal forma, que su cara quedó frente al tronco del árbol para que allí ella pudiera recargar su torso y, acercándome de nuevo a su oído volví a decirle gentilmente –Hermosa, ábrete un poco más las nalgas. A lo que ella nuevamente me obedeció, y ahora sí, apoyando mis manos sobre sus hombros, retiré mi pene hasta asegurarme de que sólo la mitad de mi glande quedaba dentro y, vislumbrando un poco de la mierda de su culo embarrada en mi miembro, le propiné a mi prima una bestial embestida, ensartándole por completo toda mi verga hasta lo más profundo de su culo. Nuevamente Susana dejó escapar otro ¡Aaaaaaaaaaaay! un poco más fuerte que el primero. Me quedé inmóvil durante algunos segundos con toda mi verga dentro del estrecho y calientito ano de mi prima, podía sentir como tanto mi pene como su culo intercambiaban deliciosos espasmos. Y ahora sí, con mis manos volví a tomar a mi prima de sus caderas y empecé a penetrar con más fluidez su apretadito ano. Ambos gemíamos y jadeábamos rebosantes de pasión y lujuria y nos dejamos caer al placer sin límites de aquella rica y deliciosa culeada que le estaba dando a mi prima. En cada arremetida que le daba, sacaba casi por completo mi pene y de nuevo se lo volvía a enfundar hasta lo más profundo de su recto. Podía también percibir en ocasiones, como su culito dejaba escapar sutilmente algunos pedos, y por alguna razón aquello ocasionaba que me excitara aún más y le penetraba el culo con más fuerza. Me excitaba mucho también sentir el aroma a mierda que su ano dejaba escapar, me gustaba mucho ver el tronco de mi verga rodeado de los excitantes residuos de la caca de su ano, mientras la escuchaba a ella gemir y gemir cada vez con más lujuria y placer.

Ambos deseábamos que ese divino y glorioso instante que estábamos viviendo no terminara nunca, pero tanto ella como yo, sabíamos que no podía ser así. No sé si llevada por el placer o qué, ella, de manera un tanto sucia me suplicó diciendo -¡Aaay precioso! ¡Por favor! ¡Lléname el culo con tu semen! –Yo, al escuchar esas dulces palabras sucias saliendo de la boca de mi prima, llegué a mi límite, me prendí de placer hasta más no poder y empecé veloz y ferozmente a taladrar con lujuria y desbocada fuerza el delicioso y apretado culo de mi prima, más y más fuerte, cada vez más fuerte hasta que por fin, estrujé fuertemente sus caderas, cerré mis ojos y le dejé ir violentamente y sin compasión toda mi verga hasta el fondo de su culo y, mientras escuché el último y prolongado ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay! de mi prima, casi pude vislumbrar el paraíso en mi mente, mientras sentía como mi miembro descargaba con vigorosos espasmos, hasta el último mililitro de semen en lo más profundo de los intestinos y entrañas de mi prima.

Me quedé por algunos segundos pegado a ella, sentía como mi pene se iba poniendo flácido aún dentro del culo de mi prima. Con delicadeza tomé mi miembro con mis dedos y empecé a retirarlo suavemente del interior de su ano que aún me propiciaba pequeñas y continuas contracciones. Ya que estaba fuera por completo, me di cuenta de que mi pene estaba bien embarrado de la mierda del culo de mi prima, por lo que tuve que quitarme un calcetín para limpiarme el miembro y lo tuve que tirar, y aunque mi pene quedó limpio aún despedía un ligero olor a caca, pero eso ya era inevitable. Hacía yo esto mientras mi prima se retiraba con sus dedos, algunos residuos de mi semen alrededor de su ano, nuevamente se puso sus braguitas y, una vez los dos estuvimos listos, nos quedamos mirando, mi prima dulcemente me tomó la mano y me lanzó una tierna y picaresca sonrisa diciéndome –Ya vámonos a la casa de tío, no tardarán en preocuparse por nosotros y saldrán a buscarnos.

Publicado en: Relatoseroticos

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