Relato de mi primera experiencia lésbica

Llevaba tiempo buscando una mujer para compartir alguna experiencia lésbica. La verdad es que desde muy pequeña me había sentido muy atraída por las mujeres. Recuerdo como en el colegio, aún siendo una adolescente, decidí darle un beso a una compañera de colegio, y la cosa me encantó, aún recuerdo la cara de susto de mi amiga,  si bien pareció que también le gustó.

Mi actual pareja conoce mi bisexualidad, él me animó a que buscará una chica para tener una experiencia lesbica con otra mujer. Yo pensé que se iba a escandalizar,  pero fue todo lo contrario, me decía que lo probará, que a él no le importaba. Entendía que en el tema sexual, cuando dos personas se quieren, hay que ser generoso con el otro, así que contando con el consentimiento de mi marido, me puse a buscar.

En mis círculos cercanos no conocía a ninguna mujer que pudiera tener sentimientos lésbicos, de hecho cuando lo insinuaba, solo tenía caras de asombro y cierta repulsión. De momento me pasaba viendo videos porno por internet de escenas lésbicas.

Un día, en una de esas web porno, me saltó un anuncio donde informaban de un portal para mujeres lésbicas. Pensé que no podía perder nada por probar, me di de alta en el portal, subiendo unas pocas fotos.  Descubrí que había cantidad de mujeres buscando lo mismo que yo.

Antes de que me fijara con detalle en otros perfiles, me entró un mensaje de una chica, comentando que le había encantando mis fotos y que si no le importaba que visitará el suyo para ver si le gustaba. Cuando visite su perfil, me dio un subidón por todo el cuerpo, casi un orgasmo de felicidad, menuda chica tan guapa. Era exactamente tal y como me lo había imaginado.  Yo soy una mujer por encima de los 40 años, si bien me conservo bastante bien, Susana era una joven de unos 25 años espectacular y se intuía con mucha personalidad.

Empezamos a chatear y desde las primeras líneas teníamos complicidad y unas buenas risas. Estuvimos chateando varios días. Me lo pasaba genial, tanto que me daba miedo quedar con ella por si no le gustaba y desaparecía. Me estaba empezado a encaprichar de ella. Tenía miedo  por la diferencia de edad y lo preciosa que era Susana. Quizás no fuera lo suficientemente buena para ella. Soy una mujer segura y hasta autoritaria, pero Susana me derretía como un flan y eso que no la había conocido todavía.

Tras muchas dudas, quedamos un viernes por la tarde en un pub para conocernos. Me vestí lo más atractiva posible, parecía un auténtico putón jajjaaj. Me puse una blusa blanca bien escotada, un vaqueros que me hacían un bueno culo y de calzado unas botas negras tipo ama por encima de la rodilla y con gran tacón. La verdad es que estaba guapa y eso me tranquilizó, me hizo ir muy segura a nuestra primera cita.

Susana había llegado antes que yo, y puso una sonrisa muy picarona al verme, si bien no era todo lo entusiasta que yo había imaginado. Cuando se levantó para darme dos besos, bufff vi lo espectacular que estaba. Era bastante alta,  llevaba un vestido corto negro, con unas medias de encaje, acompañado con unos zapatos negros de unos 15 cms, vamos increíble. Me quede petrificada, y toda mi seguridad se fue al garete. Estaba entregada a Susana, además note como mis braguitas se empezaban a empapar, ver así a Susana me excitaba y de que manera.

Nos sentamos y Susana empezó a hablar, yo apenas podía decir palabra, joder va a pensar que soy tonta. Al cabo de media hora de charla en la que prácticamente ella había llevado toda la conversación, se acercó a mí y me dijo “Parece que no hay mucha química entre nosotras, no hablas y no sé que más decirte, así que creo que voy a ir al baño y lo dejamos aquí, que tengo cosas que hacer”.

Yo balbuce con voz muy fina y dolida  “mmm vale como quieras”. Susana me miró y me dijo “además vienes como auténtica puta y tengo una imagen que cuidar”. Joder eso podía haberme dejado muy tocada, pero saco una mala leche que desconocía, en cierta manera esas palabras me hicieron reaccionar.

Susana se fue al baño y yo no sabía que hacer, pero una idea se cruzo en mi cabeza “Esta puta niñata se va a enterar de quien soy Yo”. Así que decide ir al baño, afortunadamente estábamos las dos solas, “Susana, quien coño te has creído para llamarme puta”. Susana no se inmuto y se río  “Pareces una fulana mudita, o quizás tontita“. Esas palabras me sacaron fuera de quicio y le solté una bofetada. Susana me miro fijamente. Las dos nos quedamos mirando unos segundos sin decir ni hacer nada, como dos animales bellos antes de algo fuerte. Hasta que me acerque a Susana y le di un buen morreo.

Susana no puso resistencia y nos besamos de forma apasionada. Yo estaba bastante enfadada con ella, pero estaba super humeda. Decidí dar la vuelta a Susana, la cogí las manos y se las ate con el cinturón que llevaba, se dejo llevar. Le baje las bragas y se las metí en su boca. Al quitar las bragas a Susana note que estaba cachonda perdida.

“Susana vas a aprender a respetar a una dama como yo, tu primera lección va a ser servirme como una buena zorrita”. Decidí masturbarla hasta que se corriera, buf su cuerpo se estremecía de placer y daba unos espasmos increíbles, además se podían oír pequeños gemidos que salían de su boca al llevar las bragas. Justó cuando  intuí que se iba a correr le quite las bragas de su boca, vaya grito que se marco Susana. Estoy convencido que se oyó en todo el local.

Sin dejarla descansar la cogí del pelo bruscamente y la obligue a que me besará mi coño. Mmm “Muy bien Susana, eras una buena perrita lamedora”, eso sí cuando veía que no se esmeraba lo suficiente, la levantaba y le azotaba los pechos. Susana estaban flipando y su cara era el reflejo del puro placer, lujuria y sometimiento. Acabé teniendo un orgasmo bestial, al acabar nos abrazamos y nos mirábamos sonrientes. Susana me dijo “Así me lo había imaginado, parecía que no iba a surgir, pero sabía que eras la mujer que llevo buscando tanto tiempo”.

Nos miramos y nos dimos un beso increíble, de esos con los que te fundes con la otra persona.

Al salir del baño, todo el mundo nos mira, jejejej, creo que sabían lo que nos habíamos montado ahí dentro. Algunas miradas eran picaronas y de complicidad y otras como si hubieran visto la imagen del mismo Satanás reencarnado en dos mujeres.

Acabamos yendo a mi casa y menuda noche, hicimos de todo, poco dormimos, pero eso ya es otra historia.

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