Rachelita mi sobrinita

Rachelita es mi sobrinita, pero su instinto sexual afloró y yo tuve que calmarlo.

-estéee, es mi..pene-, -haz visto uno?-, Rachelita movió su cabeza negativamente. –Y por que está hinchado?-, calmadamente le dije (no se de donde lo saqué) -es que tu eres muy bonita y cada vez que te veo me sucede-, Rachelita me vio a los ojos –me estas vacilando tío_, -no Rachelita, (sabiendo de su interés en el sexo), eres una nenita linda y me caes bien, asi que lo que ves es tu culpa-

-Y te duele?- me preguntó ella ya más interesada en mi erección. –Un poco, quieres acariciarla para quitarme el dolor?-, ella me vio otra vez y movió su cabeza positivamente. Asi que me bajé el boxer y ante ella salió como desesperada mi verga que se levantaba erguida, colorada y con algunas venas debajo de la piel. Ella tuvo miedo de tocarla, asi que le tomé la mano y se la llevé de modo que ella envolvio con su palma mi grueso miembro. Ella fue acariciandolo, le enseñé a mover su mano de arriba abajo, como dàndome una pequeña paja..

-Te gusta que te lo haga asi?- me preguntó Rachelita. Yo cerraba los ojos cada vez que me pajiaba la verga. –Sii!. Sigue asi, asi-

Ya después ella me lo hacía como una experta. Luego con la lujuria que me embargaba le pedi que me lo hiciera con la boca. Ella me dijo que no, traté de convencerla y la tomé de la cabeza, yo sé que ella lo quería, lo vi en sus ojos, la llevé y sus labios tocaron mi verga, luego sus labios lo fueron envolviendo, sentí su aliento y su tibia saliva alrededor de mi glande, fue exquisito. Luego, no se si por instinto, pero ella comenzó a chuparlo como si fuera un chupete. Su inexperiencia le dio un mejor efecto, mi verga estaba por reventar.

Yo estaba boca arriba acostado, ella estaba en cuatro chupándomela. Asi que le dije que me pasara la pierna encima, que asi lo podría hacer mejor, lo que yo buscaba era que quedaramos en una 69, su traserito me quedó frente a mi, levanté su blusón y me quedó enfrente su calzoncito y pequeño bollito que se dibujaba dentro de el.

Mientras ella seguía besàndo y chupando mi pene duro, comencé a darle besitos a sus nalguitas siempre sobre su braguita, le daba besitos también encima de su cuquita, ella movía su traserito en señal de que le gustaba lo que yo hacía. –Estate quieto tio!- me decía Rachelita, pero si hacer nada por impedir mi manoseo.

Luego me centré más en su cuquita, comencé a lamer encima de su braguita su pequeño bollito. Le agarré sus nalguitas y presioné su cuquita con los labios y con la lengua, fue alli cuando ella gimió de placer, -tio, tio!!, que me haces?-, me decía. –Te gusta, verdad Rachelita, dime la verdad, te gusta!- le pregunté. Ella movió su cabecita positivamente.

Asi que con esa confesión, tome mayor confianza. Le hice a un lado su braguita y comencé a lamer sus pequeños labios vaginales, con la punta de la lengua se los abrí y pude sentir el sabor de su juguitos agrios, la nenita se estaba mojando en serio. Yo también esta embargado de lujuria, lami su rajita como si tratase de mi amante, mi lengua siguió derechito hacia su ojito del culo, lo lamí con pasión, ella se sintió incomoda y quiso quitar su traserito, pero yo sujetándola no la deje quitarse de allí, seguí comiéndome su pequeño orificio, hasta que me sacié de lamerlo.

Los chupones de Rachelita aumentaron en fuerza, su excitación la desahogaba mamando con fuerza mi verga. Yo ya no aguantaba, comencé a pistonear mi verga en su boquita que me servía como vaginita. Sin avisarle, empecé a correrme dentro de su boquita, ella cuando sintió mi lechita, se sacó mi verga de sus labios y ante mi sorpresa siguió chupando mi verga que seguía sacando mi venida.

Ella se desmontó y comenzó a limpiar su carita llena de mi leche. Se compuso su calzoncito y su blusita. Yo me guardé mi verga que empezaba a perder rigidez. Rompí el silencio –Estuviste muy bien sobrinita, a ti te gustó también?- ella respondió –ay si tio, pero me da pena..- -que no te de pena Rachelita, eso es lo que hacen los hombres y las mujeres-, asi que no te dé pena… vienes mañana?- ella se quedó pensando un rato, -esta bien tio, nos vemos mañana- y ella se retiró.

A la noche siguiente, alli estaba Rachelita sin falta. Ahora la acosté y fui besándole desde sus piecitos, la fui desvistiendo conforme la besaba, en diez minutos, la dejè en cueros, ella se sintió incomoda y le dije que yo también lo haría. Me desvestí. Le abri sus piernitas y le mamé su rajita, ahora si le di una monumental mamada de coñito. Mi sobrinita gemía y gemía, hasta que se corrió entre grititos . tio!, tio!, ya no! Ya noo!-, yo me tragaba sus juguitos intimos. Luego la voltee y ahora me comencé a comer de nuevo su pequeño orificio anal. Le comencé a joder su culito metiéndole la punta de uno de mis dedos y increíblemente la hice correrse con estas caricias.

Asi terminó esa segunda noche. Me comi los dos hoyuelos de Rachelita.

Les comentó que los primeros cinco meses, solo hicimos sexo oral. Rachelita se tomaba ya toda mi lechita casi sin perder una gota.

Después de cumplir sus catorce, la convencí en entregarme su bollito, le eché cremita en su cuquita, porque yo la sentía muy estrechita. Escogimos una noche cuando salieran sus padres, ella estaba nerviosa, empezamos como siempre chupándo nuestros sexos, Rachelita ya se había convertido en una experta en ese arte. Me coloque finalmente encima de ella, llevé mi verga a su rajita lubricada, clavé primero mi glande dentro de su orificio vaginal, ella me metió sus uñitas en mis brazos, cerro sus ojitos, seguì metiendosela y mi verga la penetró otro poco, ella volvió a gemir. Ella me jaló y nuestros labios se juntaron eso aplacó sus quejidos.

Seguí envistiendo y le llegué hasta las tres cuartas partes del largo de mi verga. La chiquilla soltó mis labios y gimió de placer y dolor al mismo tiempo. Me quedé con ella un tiempo sin movernos, mientras su vagina se acoplaba al grueso y largo de mi verga. Luego de unos minutos yo empecé a moverme dentro de ella lentamente. Ella elevó sus piernas, creo que asi lo sentía mejor y le causaba menos dolor. Conforme pasaban los segundos, le fui imprimiendo más velocidad al pistoneo dentro de su cuquita. Cuando Rachelita empezó a gemir de placer, gemidos que yo ya conocía, me tranquilizó y ahora venía solo gozar.

La cogí luego en dos posiciones más, una ella encima de mi, pude ver un poco de sangre en el tronco de mi verga, pero al parecer ya no le causaba dolor a Rachelita, ya que aprendió a cabalgarme rico la verga, tuve que detenerla en sus movimientos pélvicos para no correrme. Luego la puse en cuatro y la penetré completa hasta el fondo de su bollito. Rachelita se corrió tres veces esa noche, una en cada posición. En mi caso me logré venir dos veces, y una en el bollito de Rachelita, lo que me hizo velar su próximo periodo menstrual. Pero todo salio bien.

Cerca de su quince, Rachelita era una experta en darme placer, la chiquilla estaba enamoradísima de mi, lo cual me daba pena, porque para mi era un excelente sexo, pero no era amor realmente.

Para ese tiempo, a veces cuando nos quedábamos solos, alquilábamos algunas películas triple x (porno) y tratábamos de copiar poses y fantasías sexuales, Rachelita era una cera caliente, se adaptaba a todos mis deseos. En las películas habían escenas de sexo anal y yo le pedía a Rachelita que me diera también esa virginidad.

Esa vez me la llevé a un cuarto de alquiler en un motelito. Llevaba conmigo un aceite para bebé, el cual le unté en su orto, luego de tener sexo oral y vaginal, con mi verga bien dura y erguida, la fui penetrando en su estrecho culito, me costó una barbaridad metersela un poco, ella no se relajaba. Por fin se la clavé hasta la mitad y ese día no pasé de allí, ella era demasiada estrecha de su ano. La follé con media verga y al menos le abrí su orto y me corrí dentro de el, llenándoselo de lechita.

Para sus quince años, Rachelita me pidió una noche de placer, pero con la condición de que fuera una noche completa, quería amanecer conmigo. Lo planee, ella pidió permiso para ir a dormir a la casa de su mejor amiga, la llevé a un bonito hotel, follamos toda la noche, la ensarté por sus dos hoyitos que yo desfloré, amaneció entre mis brazos. Ahora no se si estoy enamorado de ella, pero yo tengo 29 años y ella 15 y además soy su tio.

Publicado en: Relatoseroticos

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