Aprovecho que mis tíos discuten para follármela

Mi relato comienza con una pequeña descripción de las personas involucradas en este relato, para empezar mi nacionalidad no creo que importe mucho, tengo ya cumplidos mis 17 años, soy alto casi de 1.90, un poco moreno, con ojos negros, un cuerpo atlético con músculos ya formados y por qué no decirlo, con un aparato nada despreciable de 21cm por 5 cm y mi tía es una señora con dos hijos, de 39 años, que mide 1.70 y que a pesar de haber tenido dos hijos está muy bien conservada, me refiero a que tiene unas piernas que quitan el aire a cualquiera, un culito muy parado y carnoso, ( fruto del gimnasio al que ya también asisto), unos senos aunque un poco grandes pero tentadores.

Todo empezó en el sábado 18 de marzo del 2000 después de la fiesta de mi cumpleaños en la que yo fui descubierto por mi tía teniendo sexo con mi novia. Eran las 11:30 de la mañana y tenía que estar en el aeropuerto a la 1 de la tarde, porque mis viejos se iban de viaje por razones de negocios. Yo mientras duraba el viaje iba a estar hospedado en casa de mi tía, lo que me hacía tener mucha más vergüenza por lo pasado la noche anterior.

Cuando ya se fueron mi tía dijo viéndome a la cara “vamos a la casa”y yo no estaba en posición de decirle nada. Una vez en su casa bajé las maletas y las llevé a un cuarto desocupado que queda frente al de mis tíos y ella me dijo te espero en la sala para hablar de lo ocurrido.

Cuando bajé la noté mucho más calmada y hasta me hizo una broma que al principio no me causó gracia pero de todas formas me reí.

Comenzó a decirme las típicas de viejos que eso era normal y que yo tenía la edad para empezar a tener relaciones sexuales con mi enamorada pero que tendría que usar algún preservativo, seguía hablando y yo no le prestaba mucha atención sino que veía sus enormes tetas de las cuales podía ver sin problema alguna la línea de origen ya que ella llevaba una blusa un poco escotada. Seguía hablando cuando de pronto me preguntó ¿Te gusta lo que ves? Y no lo respondí, entonces vio que me sentía un poco incómodo ya que mi aparato comenzaba a crecer de forma impresionante, entonces se desabrochó un botón de la blusa que me puso a cien y me dijo recuerda lo que hemos hablado acerca de las relaciones, y yo asentí afirmativamente moviendo la cabeza, pero la verdad es que no había prestado atención a nada por que estaba concentrado en sus enormes pechos, mi tía se levantó y se fue yo tenía la pinga crecida al máximo y estaba a punto de reventar, entonces me fui al baño y me eché una paja a salud de mi tía, mientas mi tía me decía que no se iba a ir al gimnasio ya que tenía que arreglar la casa para una reunión que había en la noche, entonces yo decidí no irme y quedarme ahí. Mi primo, el mayor, estaba pasando unos días en un paseo a causa de fin de año y mi primo pequeño estaba encargado en casa de la abuela porque mi tía no quería que interrumpiesen nada, me dijo (y ahora lo entiendo), entonces yo me puse a ver la televisión.

Casi sobre la hora mi tía comenzó a arreglarse y me pidió que le viera el vestido que más me gustara, le escogí un blanco que no necesitaba sujetador y que la falda le llegaba a los tobillos pero tenía una abertura en los lados que dejaba ver sus piernas. Cuando se lo llevé ella me miró con una cara de sorpresa y cogió el vestido riéndose.

Eran las 8:30 de la noche y los invitados comenzaron a llegar entonces mi tía me pidió el último favor diciéndome “el irresponsable de tu tío todavía no llega así que puedes por favor servir cosas de picar en la mesa y uno que otro ron mientras yo hago de anfitrión”, yo le dije que bueno y ella me sonrió. Pasado un tiempo más llegó mi tío por la puerta de atrás un poco borracho ya que se había ido a tomar unas copas con unos colegas, entonces le vio mi tía y le dijo que bajara a saludar y como él no se acordaba de la reunión se enojó y le mandó al diablo a mi tía que sólo lo oyó y se fue. Casi a las 10 de la noche ya se habían ido todos los invitados y sólo quedaba una pareja muy anciana la cual estaba dividida en dos: los hombres tomando (claro mi tío estaba más borracho) y hablando de fútbol en una sala pequeña mientras en la sala grande estaban las dos mujeres conversando de cosas sin importancia.

Cuando al fin se fueron mi tío cambió su cara y parecía el mismo demonio que iba contra mi tía, entonces los dos se pusieron a pelear pegando unos gritos que me despertaron y no me dejaban dormir, entonces me puse a ver la televisión mientras se callaban. Cuando subieron al cuarto todavía seguían peleando y mi tía le dijo a mi tío “Borracho de m. lárgate a dormir a otro cuarto”, y él se rió y le dijo “lárgate tú, esta es mi casa y es mi cama”, entonces mi tía al ver que no podía discutir con un ebrio cogió su camisón para dormir y se metió al baño a cambiarse, cuando mi tía salía del cuarto vio que yo estaba espiando lo que pasaba y ella entonces entró a mi cuarto y me dijo que estaban pasando por esos meses por una situación terrible en su matrimonio, y atiné a preguntar mientras veía sus piernas bajo el camisón “¿pelean a cada rato?” entonces me dijo que sí, y sin que yo se lo pidiera me dijo que en años no tenía relaciones con su esposo y que ella necesitaba, entonces mi pene se hinchó hasta más no poder y sentía cómo me iba a reventar mientras mi tía me contaba eso. Entonces ella al ver cómo mi respiración estaba alterada, algo sospechó y se fue al cuarto que queda al lado del mío, mi tío se había quedado dormido, y yo ya me dormía cuando de pronto sentí un gemido y me acerqué a ver que paraba ¡¡¡Era mi tía masturbándose!!!, su lengua mojaba sus labios, sus manos recorrían su cuerpo deteniéndose en sus grandes tetas, pezones rosados y perfectos… untando sus dedos en el almíbar, de un postre sobre la sábana; los cubría enteros, sus pezones estaban tan erectos que parecían piedras puntiagudas… bajaba su cabeza y jadeaba; su lengua entraba y salía… sus caderas se contorneaban y sus largas piernas bajaban de la cama…para abrirse por completo… a la vista quedaba una concha roja, húmeda y brillante…palpitaba, sus dedos se instalaron en ella y como manos de un amante perfecto la tocaba… suave y lento, presionando y rozando… su clítoris estaba dura… crecía y su color resaltaba, sus gemidos eran exquisitos, su cuerpo entero subía y bajaba, su lengua no paraba… el sudor se reflejaba en su piel… estaba caliente, extasiada…su cabeza hacia abajo, su concha chorreaba… mojada , rica, brillante y dispuesta, sus movimientos eran más fuertes, sus dedos penetraban su concha caliente cada vez más fuerte… su mano tomó un falo de látex… duro y grande… lo rozó en sus tetas suaves y mojadas… su lengua lo mamaba incansable… lo llevó a su concha y lo metió duro… sus gemidos eran fantásticos, su placer me estremecía… su jadeo me producía éxtasis, al punto de bajarme el bóxer y comenzarme a masturbar en la puerta de su habitación sin que ella lo notara.

Cuando me corrí solté un suspiro de gusto y en ese momento mi tía se dio cuenta de mi presencia y se paró yo salí corriendo y ella al salir del cuarto y ver el semen en la puerta, el piso, la entrada se dirigió a mi cuarto y me vio despierto y me dijo “masturbándote a mi salud”, mientras veía su cuerpo desnudo que no se había molestado en cubrir cuando salió del cuarto, al ver ella el bulto que se veía en mi cama me destapó y vio que no tenía bóxer porque de la prisa no pude ponérmelos y ella vio cómo de mí todavía salía el semen que no había salido por completo así que inclinándose me pegó una mamada que me excitó de una forma sorprendente mientras me mamaba con la otra mano me daba un suave masaje en las bolas, en tanta mamada me corrí en su boca que inmediatamente se llenó y al no poder tragar toda mi leche la votaba por los lados de la boca y mi leche le llegaba hasta el pecho y ella se comenzó a masturbar en mi presencia, yo me incorporé y le comencé a lamer mientras con mi mano buscaba su concha totalmente depilada y que despedía un olor a sexo impresionante, mientras le lamía ella me acariciaba el pelo y me decía:

Espeeeeeera, noooooooo, paraaaaaahhhhhhhh, y trataba de separarme, cuando lo logró le pregunté “¿no te gusta?” a lo que me respondió con la respiración bastante cortada y casi sin voz ” no es eso sino que soy tu tía y podría ser tu madre”, entonces yo le dije “para empezar no eres mi vieja, así que disfruta”, y ella otra vez dijo que NO mas enérgica, entonces le pregunté la razón de aquel mame y respondió “es que al verlo tan grande no me controlé y exploté, además ya te había contado la situación así que tienes que entenderme”, entonces se sentó en la cama para despedirse con un rico beso en la boca en el cual yo traté de meter mi lengua pero encontré ya una boca cerrada por lo que se fue.

No podía dormir así que fui a su cuarto a ver si ella estaba dormida, cuando entré sentí que de un salto se sentó y me dijo que saliera de su cuarto, mientras yo excitado más y totalmente erecto me acercaba al borde de su cama, me senté y ahora yo noté su respiración agitada, entonces di el primer paso y me lancé a jugar con su clítoris que ya estaba grande y dura, ella me dijo que me detuviera y tras unos forcejeos logré que se relajara y disfrutara tras unas cuantas caricias en su cuevita y una mamada en su botón oí un aaaaahhhhhhh que no pudo callar mi tía y sentía mi mano cómo se mojaba en su interior.

Metí otro dedo más y los dos dedos que estaban dentro de ella comenzaron a hacer un mete y saca lento que aprovechaba para ir acariciando todo su interior que latía cada vez más fuerte y me mojaba cada vez más. Con mi lengua fui recorriendo todo su cuerpo deteniéndome en su ombligo y hacer en él una especie de penetración con mi lengua, cada vez se oían los gritos desesperados hasta que escuché un leve “¡¡¡Haaaazme looooohhh que quieraaahhhaahhhs que hoooohoooy sohhhooohy tuyaaaaahhhh!!!”, esa fue mi luz verde para tener todo a mi disposición sin que me pusiera trabas, entonces seguí mi camino a sus senos los cuales lamía alternadamente mientras mi mano formaba círculos en su vagina y mi aparato rozaba su muslo.

Subí un poco más para besarle en la boca y encontré ahí una lengua juguetona que buscaba más sexo así que me di la vuelta y empezamos un 69 espectacular que tras unos minutos me corrí en su boca con la diferencia de que esta vez se lo tragó todo mientras yo succionaba todos sus jugos y metía la lengua tanto en su vagina como en su trasero que era virgen (me lo contó meses después) eso al parecer le produjo un orgasmo largo que la hacía gemir y decir estupideces que en vez de cabrearme me excitaban sobremanera y más aún cuando me dijo “méteme”, orden que fue cumplida en el acto y un vez ahí en su entrada sentía cómo salían los jugos y un calorcito. Empujé todo lo que pude y entró casi toda por que ella gritó no sé si de satisfacción o qué pero sabía que de ahí en adelante debía hacerlo más despacio, entonces comencé un mete y saca lento pero con mucho cariño ya que se trataba de mi tía, y así entró todo y yo aumentaba el ritmo y ella más gritaba cuando me corrí por última vez dentro de ella ya que caí rendido y le di un beso en la boca con pasión y ella me dijo que estaba cansada y que “mañana continuamos”, entonces le sobé las tetas y me fui no sin antes darle un gran beso apasionado y me fui a dormir yo también rendido.

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Follando el culo de una gordita juguetona

Eran las once de la noche, y yo me paseaba en mi carro, a la espera de cualquiera mujer que pudiese satisfacer mis necesidades. En ese momento vi a una mujer de unos 45 años, extremadamente gorda, que esperaba locomoción para dirigirse a su casa, en los alrededores de la ciudad. Como hacia mucho frío y empezaba a llover, me acerqué y le pregunté si se dirigía a Colina, ( yo sabía que sí, pues es el único lugar donde se espera esa locomoción ). Ella se acercó a la ventana y me dijo que sí. La invité a subir y ella aceptó. Una vez dentro me agradeció, ya que hace más de veinte minutos que esperaba locomoción y no pasaba nada, y que se estaba muriendo de frío. Yo encendí la calefacción a todo lo que da y le sugerí que se sacara el abrigo, que estaba un poco mojado. Ella se lo saca, dejándolo en el asiento trasero. Al darse vuelta rozó mi brazo con una de sus tetas, que eran de un tamaño sorprendente. Como el viaje dura aproximadamente 20 minutos, mis movimientos tenían que ser rápidos.

– ¿ Tu marido no te dice nada por estar hasta tan tarde en la calle? – No – me dijo – mi marido trabaja en Rancagua y llega sólo los fines de semana, además yo trabajo en un hotel y ésta es mi hora de salida. ¿No te da miedo andar a esta hora en la calle? – La verdad que sí, yo nunca antes me había subido a un auto con un desconocido, pero tú tan jovencito me inspiraste confianza. – No te confíes, tú no sabes si yo puedo ser un depravado o un psicópata – ella se ríe, – no le creo, con esa cara de angelito, además no creo que te intereses en una gorda como yo y tan vieja. – Al contrario – le dije -, como yo soy tan flaco siempre me han atraído las personas gordas, y con respecto a la edad, es el sueño de todo adolescente estar con una mujer mayor, que tenga experiencia. – Se ríe – No te lo puedo creer – Es cierto, mi sueño siempre ha sido estar con una mujer mayor que yo y si tiene unas tetas como las tuyas, sería una fantasía hecha realidad. La gorda en ese instante cambio su tono de voz, se sentó de lado mirándome y me pregunto – ¿ No me dirás que yo te caliento? – no sabes cuánto, le respondí – En ese momento su mano me toca mi polla, que estaba a punto de reventar, y me dice que es cosa que yo diga y que haría todo lo que yo diga.- Le pido que me baje la bragueta – Ella con las dos manos me baja el cierre pantalón, saliendo mi polla en todo su esplendor… – ¡ qué cosa tan grande! – En realidad sí bien es cierto lo que le falta de gruesa le sobra de larga, 28 cm. – Sus manos gordas la aprietan con fuerza y empiezan a manosearla de arriba a bajo con mucha suavidad, yo mientras, con una mano en el volante y la otra entre sus piernas, buscaba un sitio apartado, donde estacionar. – De tener dinero, te llevaría inmediato al motel que pasamos, pero a falta de eso te partiré en dos en el asiento trasero – Eso sí que no, – me dijo – esta oportunidad no se me presenta dos veces en la vida, da la vuelta, que yo pago. – En minutos estábamos en el motel – cuando volví de cancelar la habitación, con el dinero que ella me dio, la encontré ya bajo las sabanas. En dos segundos me desvestí y me acosté a su lado, no sin antes observar el tremendo pedazo de mujer que me iba a comer. Le dije que se sacara el brasier, lo que me dejo ver un par de tetas más grande que mi cabeza. Como desesperado empecé a chupar ese par de tetas, como si se fueran a terminar. Tenía que agarrarlas con ambas manos, ya que una no era suficiente, mientras ella me apretaba la cabeza contra su pecho. Me senté sobre ella y le puse mi polla entre sus tetas, me empecé a mover mientras ella se las agarraba y me la apretaba. Mis movimientos cada vez se acercaban a su boca y en cada movimiento ella acariciaba mi punta con su lengua. Le puse una almohada detrás de la cabeza, y sosteniendo mi polla con una mano se la metí en la boca. Ella soltó sus tetas y me agarró mi polla con fuerza y empezó a chuparla desesperada. Yo mientras jugaba con sus tetas entre mis bolas. Estaba a punto de acabar, así que le dije que se diera vuelta que se la metería por detrás. Ella me dijo que no, que por detrás nunca lo había hecho y que daba mucho miedo. Yo le dije que se diera vuelta que se la metería por su concha. Me bajé de ella, poniéndose ella en cuatro patas me dejó delante de una cola de tamaño descomunal. Tuve que abrir sus nalgas con mis manos, ya que tal trasero no me dejaba ver dónde meterla. En un abrir y cerrar de ojos, yo estaba con mi polla dentro de ella, aferrando con mis manos sus tetas. A la gorda parecía que se le iba a acabar el mundo, gritaba de placer. Yo tiraba de sus pezones, le agarraba su culo y trataba de meterle el dedo en su culo, pero estaba demasiado apretado. Así que mi dedo se fue a su concha y mojándolo con sus líquidos empecé nuevamente a tratar de meterlo. Como no podía me salí de ella y abriéndole sus nalgas, deslizaba mi lengua entre su raja hasta llegar a su concha, ella con sus manos se sujeto sus nalgas, dejándome libres las manos para meterle mis dedos en su concha, mientras con mi boca mojaba su hoyo, metiéndole la lengua lo más adentro posible. Ella en ese momento se corrió lanzando gritos de placer, dejándome la mano toda mojada. Yo me levanté y le coloqué mi verga a la entrada de su hoyo, ella se echó un poco adelante y me dijo que por ahí no. Yo le supliqué que me dejara acabar ahí, pero que no la penetraría. Ella accedió (ingenua), mientras abría sus nalgas, yo coloqué la punta en la entrada de su hoyo penetrándola sólo un centímetro, ella se quejó y me dijo que hasta ahí, no más. Yo ya no podía aguantar y cuando empecé a acabar se la metí toda de golpe. La gorda dando un grito de dolor quedó tendida de boca, mientras yo botaba mis últimos borbotones de leche. Sin sacarla, me quedé sobre ella, mientras le decía que no la sacáramos para que se fuera acostumbrando, ya que ahora no estaba tan dura. Con movimientos suaves mi verga volvió a crecer dentro de ella, esta vez, ella empezó a gozar, ya que mientras la metía por detrás, mis manos jugaban rápidamente con su clítoris. Mi polla estaba a cien y mis movimientos eran cada vez más bruscos, lo que provocó dolor otra vez en ella. Me pidió que por favor la sacara y que me haría terminar en su boca. Dicho esto me coloqué de espaldas y me empezó a dar una mamada como si se estuviera vengando por el dolor que le hice sentir. Como no me gusta ser egoísta le pedí que hiciéramos un 69, colocándome lógicamente yo arriba. Como ella me lo chupaba tan rápido, no pude durar mucho tiempo, llenando su boca con semen, del cual la gorda no se perdió ninguna sola gota, acabando ella en el mismo instante apretando mi cabeza con sus piernas.

Una vez que la dejé en su casa me dijo que ella esperaba todos los días locomoción a esa hora y que cuando yo quisiera la tendría. Yo por mi parte quedé más que satisfecho, pero vamos a dejar pasar un tiempo antes de volver a llamar a la gordita.

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Secuestro y violación a una compañera de clase

Esto sucedió cuando yo tenía unos diecisiete años. Salía del instituto, iba con una compañera de clase, la chica me gustaba mucho. Tenía cara de cría, pero evidentemente su cuerpo era ya el de toda una mujer, y eso a un chico de diecisiete años, se la ponía muy tiesa. Iba hablando con ella por la calle, pasábamos al lado de una vieja fábrica, era el camino de todos los días, la verdad es que nunca había mucha gente.

Entonces vimos cómo una furgoneta paraba delante de nosotros, se bajaban varios hombres con los rostros tapados. Nos quedamos parados, no sabíamos qué hacer, pero antes de que pudiéramos reaccionar, nos habían me habían puesto un pañuelo tapándome la boca y la nariz, a los pocos segundos estaba inconsciente.

Lo siguiente que recuerdo es tener la manos atadas a la espalda, estaba tumbado en el suelo, cuando desperté, vi que mi amiga estaba a mi lado, también tumbada y atada. Evidentemente eso era un secuestro, mis padres eran muy ricos, y aquello tíos seguro que querían pedir un rescate por mí, lo que no sabía era por qué la habían cogido a ella.

Intenté moverme, lo hacía de mala manera, casi arrastrándome conseguí llegar hasta su lado, al momento despertó ella, empezó a llorar, la intenté calmar. En ese momento se abrió la puerta, entraron varios hombres, todos con los rostros tapados.

“Idiotas, para qué la habéis traído a ella” – dijo uno de ellos.

” Estaban los dos juntos, no teníamos otra opción” – dijo uno de los que iban en la furgoneta.

“Malditos idiotas” – volvió a decir el que parecía el jefe.

“Bueno jefe, podemos pedir un rescate también por ella”

“Ya veremos, ya veremos” – masculló el jefe. Yo pensé que aquello no tenía buena pinta, Quizás mis padres podrían pagar un rescate, pero sabía que ella era de familia humilde, tenía una beca y por eso podía ir al mismo instituto que yo, a pesar de ser tan caro. Intenté tranquilizarla, y así pasamos esa noche.

Al día siguiente volvieron a entrar otra vez los hombres por la mañana.

“Maldita sea, la familia de esta chica no tiene ni un duro, no podremos sacar nada por ella” – dijo el jefe.

“Sí, pero esta muy rica”- contestó uno de los de la banda- “al menos podemos aprovecharla para un polvete, eh jefe…”

El jefe se quedó mirándola, ella estaba aterrorizada.

“No, por favor, no, no diré nada, lo prometo ,pero déjenme marchar, por favor” – suplicaba la pobre.

“Sí, la verdad es que esta muy bien, creo que podríamos sacar por ella un buen dinero en el mercado de trata de blancas”

“NO, no , por favor, por favor” – lloraba la pobre muchacha.

“Sí, creo que sacaremos un buen dinero, además se me ocurren más cosas”- dijo mientras salía por la habitación con sus secuaces.

La pobre chica se quedó llorando y suplicando ayuda, yo no sabía qué hacer o qué decirla. Intenté desatarme para salir de aquella situación, ella me imitó, se la veía desesperada. Pero no conseguimos nada. Al momento volvieron a entrar. Uno de ellos cogió a la muchacha y la levantó, ésta intentó patalear, pero con las piernas atadas poco tenía que hacer, lo único que consiguió era que otro de los de la banda ayudara a su compañero para llevarla, otro me cogió del cuello de la camisa y me llevó arrastrando detrás por el suelo.

Nos llevaron a una habitación, había una gran cama , una cámara con un trípode y poco más, a mí me dejaron en un rincón, a ella la tiraron encima de la cama. Uno de ellos se puso a grabar, mientras el jefe y dos más se arrojaron sobre ella como fieras. Empezaron a arrancarle toda la ropa a jirones. La pobre no hacía más que gritar y resistirse, pero entre tres tíos que la doblaban en tamaño, poco tenía que hacer.

Evidentemente la iban a violar, que iban a grabar todo y que luego lo venderían en el mercado porno a buen precio, unos auténticos cerdos. Yo no hacía más que gritarles para que la dejasen, pero la verdad es que cuando empecé a ver cómo la desnudaban, no pude por menos que excitarme, el ver su cuerpo semidesnudo, cómo le arrancaban las bragas a tirones y finalmente el sujetador, esos pechos duros y grandes, se me puso la polla como un palo.

Ahora ya estaba completamente desnuda, seguía atada de pies y manos, así que era casi como un guiñapo en sus manos, el jefe la cogió, se tumbó a su lado y la metió una enorme y afilada polla por la boca, la pobre no daba a basto con tanta carne en su boca, le costaba respirar.

“Chupa puta, chúpamela” le decía, mientras otro de los secuaces se había puesto detrás a su lado y no hacía más que magrearle los pechos, el tercero estaba entre sus piernas, le chupaba su sexo mientras que empeza a meterle varios dedos.

Así la tuvieron un rato, luego decidieron desatarla, ahora entre dos de ellos la sujetaban los brazos, el jefe se había puesto entre sus piernas y se disponía a perforarla. Los otros dos mientras la sujetaban la magreaban los pechos y no paraban de insultarla “Putita, te vamos a reventar’ , ella lloraba desconsoladamente, entonces se paralizó, su cuerpo se combó y estiró y dio un gran grito, el jefe se la acababa de enchufar entera.

“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH”

Fue su única respuesta, ahora el jefe mientras que se la follaba la podía sujetar mejor, así que los otros empezaros a aprovechar para pasear sus pollas por sus pechos o metersela por la boca, la pobre casi no podía moverse, el jefe la perforaba con una violencia increíble. El tiempo parecía prolongarse hasta el infinito. No sé cuánto tiempo la estuvo follando el jefe, pero acabó con una increíble corrida, la mitad la echó dentro de ella, la otra mitad por encima de su cuerpo, a la vez otro de los de la banda se corría en su boca y la obligaba a tragárselo todo, la pobre casi no tenía ya fuerzas, pensó que aquello había acabado, pero al salir el jefe de su coño, su hueco fue ocupado por el tercero que todavía no se había corrido, tenía una polla más pequeña, así que le fue menos doloroso, pero éste se movía como una mala bestia. Los otros estaban sentados a su lado, restregándose la polla contra el cuerpo de la joven, que no hacía más que lloriquear y patalear con las pocas fuerzas que le quedaban. Al poco el tercero se corrió, la pobre recibió toda la carga dentro, pensé que con los empujones que la daba le iba a salir el semen por la boca.

Yo estaba más excitado de lo que había estado en mi vida, la polla estaba a punto de reventarme los pantalones, y la verdad sea dicha es que mi polla era considerablemente mayor que la del jefe, por lo que el bulto era más que evidente.

“Mira el chiquillo,” – dijo uno de ellos “Has visto cómo se ha puesto”- dijo señalando mi paquete.

“Traedle aquí” dijo el jefe, mientras todo esto seguía siendo grabado, los dos tíos me cogieron y me pusieron encima de la cama, vi a mi amiga, estaba acurrucada llorando y temblando. Los tíos me bajaron los pantalones y los calzones, mi polla saltó como un resorte.

“Vaya pollón que tiene el chaval. Y parece que todo esto le pone”

“Te gusta que se follen a tu amiguita, ¿eh chico? Pero seguro que te gustaría que te la chupase” dijo el jefe, yo no supe qué decir, pero mis ojos y mi polla me delataban. “Venga putita, queda bien en la siguiente escena, se la vas a chupar a tu amiguito” la dijo el jefe.

“No, por favor, déjenme, no puedo más” lloriqueo ella, pero el tío la cogió, la puso a cuatro patas delante de mí y le metió literalmente mi polla en su boca. ¡¡¡Oh!!! Dios mío, qué placer sentir su boca tan caliente en mi polla, estuve a punto de reventar en ese momento, la pobre me miró, tenía una mirada extraña, mitad dolor, temor, pero había algo más.

“Chúpasela, chúpasela” gritaban los demás. El cámara cogió la cámara y se puso a un lado de la cámara para filmar mejor. Mi amiga enpezó a chupármela de una manera increíble, ahora no sólo usaba la boca, también empezaba a usar las manos, su lengua recorría todo mi capullo, aquello era la gloria.

Entonces vi cómo su rostro se torcía, sacó mi polla de su boca y dio un grito más terrible que cuando se la habían metido.

“AAAAAAAAAAAAUUUUUUUUUUUUUUGGGGGGGGGGGGGGHHHH”

Había perdido de vista todo lo que pasaba, entonces vi que el jefe estaba detrás de ella, y por el dolor y cómo le temblaba el cuerpo a ella, y los esfuerzos que hacía él por hincarle su polla, evidentemente pude adivinar que la estaban sodomizando.

“Qué culito más estrecho tienes puta!!! ábrete!!!” la gritaba, ella apenas tenía fuerzas, se retorcía, gritaba y jadeaba, su espalda se movía como si fuese un gato, tras un rato, pareció que el jefe consiguió el propósito de endosarle toda la polla en su culo, ahora empezaba a taladrarla, adentro y afuera, ella había cambiado la cara, ahora su cara era de increíble placer, jadeaba como una zorra, estaba sudando, ahora se arrojó de nuevo sobre mi polla, empezó a succionarla como si le fuese en ello la vida.

“Mira cómo goza la puta” dijeron todos, yo no pude aguantar más y me corrí en su boca, me corrí en la boca de mi amiga, pero la muy zorrita se lo tragó todo, al final terminó relamiéndose. Ahora se movía al compás según la daban por culo. Volvió a cogerme la polla y a chupármela, me la pajeaba de tal manera que al rato la tenía otra vez completamente dura y empalmada, mientras ella seguía aceptando la polla del jefe, que acabó por correrse en su culito.

Para entonces yo ya estaba otra vez a tope, todavía más excitado que antes. No hizo falta que la dijesen nada. En cuanto su culo quedó libre, se arrojó sobre mí y se clavó toda mi polla en su coño, lo noté tremendamente húmedo y caliente, empezó a cabalgar sobre mí, sus pechos se balanceaban sobre mi cara, intentaba cogerlos con la boca, ya que estaba atado. Al momento otro de los de la banda, se puso detrás, la abrió el culo y se la metió de un empujón, ella se retorció, pero siguió balanceándose ahora con las dos polla en sus agujeros.

Aquello era una locura, ella jadeaba y pedía más, así que el tercero en discordia se la clavó en la boca, ella la cogió con las dos manos para chupársela mejor. Así estuvimos follándola los tres hasta que primero uno reventó en su boca, su culo y su coño se cubrieron de semen al momento, ella se arrojó sobre mí y pude sentir sus pechos húmedos y duros en mi cara, me corrí como un semental. Ella cayó a mi lado desmayada, ¿de placer? ¿de cansancio?.

Así nos dejaron en la habitación. En cuanto salieron ella despertó, me besó y me desató, aprovechamos que ellos dormían para escaparnos.

Sólo contamos que nos habían raptado y que nos escapamos, pero nada más. Desde entonces quedamos y nos escapamos juntos y follamos como locos.

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Dejo a mi mujer prostituirse

Me llamo Alicia, tengo 31 años y soy la esposa ideal: joven, delicada, atractiva, elegante, de buen cuerpo y ardiente, y mi marido tiene 34 años y es el ideal también: guapo, fuerte, varonil y comprensivo. Comprende mis necesidades. Comprende que mi cuerpo necesita caricias, que mis senos necesitan ser apretados por manos varoniles, que mis piernas ansían rodear un torso varonil, que mi delicado bollito necesita su ración de carne.

No sólo comprende mis necesidades, sino que, con mucho amor, me ayuda a satisfacerlas. Sabe que necesito macho y está presto a complacerme. Yo lo adoro por todo eso y porque tengo su autorización para tener novio, el primero que tengo en mis ocho años de matrimonio.

Desde hace un año tengo autorización para tener novio y cuando estoy con él, no dejo de besarlo y acariciarlo mientras vamos al cine, comemos o paseamos por el malecón de un puerto cercano al lugar donde vivo.

A mi novio lo conocí por cuestiones laborales y al poco tiempo nació entre nosotros una “chispa”. Por las noches, en mi casa, jugaba cartas con mi marido y nos retábamos, hasta que me prometió dejarme tener novio “oficial” si le ganaba. Y gané, por lo que de inmediato exigí cumpliera y le dije que ya tenía un candidato que hacía se me mojara las panties. Ahora, gracias a la comprensión y apoyo de mi querido esposo, tengo un noviazgo con Jorge desde hace un año.

Los fines de semana, mi esposo me lleva a la ciudad donde vive mi novio, mientras él se dedica a su trabajo. Sin embargo, en una ocasión, mi Jorge tuvo que viajar por cuestiones de trabajo y durante dos o tres semanas no lo vería.

En el segundo fin de semana que no vi a Jorge, me sentía desesperada. Pasé el viernes haciendo el amor con mi marido en esa ciudad, pero me hacía falta el enorme miembro de Jorgito partiéndome en dos.

El sábado como a las 9 de la noche estaba en el hotel, esperando el regreso de mi esposo y pensando en Jorge, cuando me decidí. Si Jorge había tenido el valor de dejarme sola tanto tiempo, podría divertirme en la disco un poco.

Me bañe y me preparé: el vestido corto de lycra dejaba ver mis pequeños pero atractivos senos y mis delgadas piernas. Me vi en el espejo y me observé ¿cómo este cuerpo tan delgado y delicado se come el enorme miembro de Jorge? Me preguntaba mientras me acomodaba los ligueros y mis medias blancas. Con zapatillas altas, mi maquillaje, el vestido corto y mi figura, estaba segura que tendría varios hombres dispuestos a bailar conmigo.

Pedí un taxi y salí a la disco. Al entrar busqué sitio y encontré una mesa cerca de la pista, pues estaba medio solo aún. Bebí un poco de Amaretto y me invitaron a bailar. Bailé con tres hombres y estaba contenta, pero pasó lo inesperado.

Estaba bailando unas baladas con un hombre mayor que yo y mientras platicábamos sobre el lugar, el hotel donde me hospedaba y otras cosas, comenzó a manosearme el trasero. Desde luego que opuse resistencia, pero la debilidad femenina es nuestra perdición cuando se está en brazos de un portento de hombre como éste, que no podía yo contener.

“¡Basta!” Le dije de repente separándome de él. “¿Cuánto cobras por toda la noche?” me dijo así de repente y aunque me sentí ofendida, sentí como tenía la pantaletita empapándose por el agasajo que me dio.

“Cobro muy caro, pero ya tengo cliente”, le dije, armándome de valor y tratando de disuadirlo.

“Pago lo que me pidas y hasta te voy a hacer llorar”, me contestó al momento que me decía que me buscaría en el hotel al día siguiente.

Salí del lugar mareada y con la entrepierna ardiendo.

Cuando llegué al hotel, mi marido estaba acostado viendo la tele y casi lo violé. En poco tiempo estaba sobre su tranca brincando y viniéndome una vez tras otra.

Cuando nos relajábamos, me preguntó si había visto a Jorge, porque me notó caliente, y sin pensarlo, empecé a platicarle la agasajada que le dieron a su mujercita en la disco.

“¿Así que quería bombearte?” me dijo. “Pues hasta dijo estar dispuesto a pagar lo que pidiera por pasar la noche con él”, le dije ya excitada otra vez, por lo que empezamos nuevamente a hacer el amor.

“¿Y si viene a cogerte?” decía mi marido mientras me bombeaba lentamente. “Que me coja” le decía yo, ya fuera de control.

No se tocó más el tema y dormimos abrazados.

Ese día pedimos el desayuno a la habitación y seguimos en cama, haciendo el amor y fantaseando sobre como sería mi “debut” como prostituta.

De repente me dijo que quería verme con la ropa que teníamos preparada para la ocasión: medias, ligueros, zapatillas y un camisón transparente. Me dio el labial y me pinté nuevamente la boca.

Estuvimos fantaseando sobre mi supuesto “cliente” y me pidió la tarjeta que me había dado por la noche, en la disco.

Tomó su celular y me dijo que mientras yo iba al sanitario, bromeó diciendo que él se pondría de acuerdo con mi “cliente”.

“No tarda en venir a cogerte, mi amor”, me dijo con una enorme y visible erección.

De inmediato tomé su miembro, que estaba durísimo y traté de sacárselo de la ropa, pero me dijo que no, que esperara por mi “cliente”.

Yo seguí el juego y le decía: “¿y si tiene el miembro muy grande? ¿y si quiere que le dé el trasero?”

En eso estábamos cuando tocaron a la puerta y mi esposo fue a abrir. ¡Era el presunto cliente y le dijo a mi marido que yo le esperaba!

De inmediato mi esposo, que ya estaba vestido, le dijo que enseguida salía y cerró la puerta.

“Cóbrale caro y disfruta mucho”, me dijo al autorizarme a debutar como una prostituta. Yo estaba sorprendida.

“Pues bien, si quieres que me prostituya, te complaceré”, pensé al tiempo que se me mojaba la entrepierna.

“Hola”, le dije al abrir la puerta y se quedó de una pieza cuando me vio así, vestida especialmente para “prostituirme”.

“Mi masajista ya se va”, dije al tiempo de despedir a mi marido, que con la mirada me rogaba le dejara ver la escena. Tuvo que salir ante la mirada lujuriosa del “cliente”. Ni modo, tendría que conformarse con imaginar lo que estarían haciendo con el cuerpo de su mujercita durante las siguientes horas.

Mi cliente estaba desesperado. De inmediato me abrazó y comenzó a besarme mientras, con rudeza, metía sus manos entre mis piernas. Comencé a desvestirlo y pude observar con satisfacción que se trataba de un hombre de cuerpo atlético. Se me hacía agua la boca al mirar su miembro queriendo salir de su ropa interior.

Se acostó y tomando con sus manos mi cabeza la acercó a su entrepierna, indicándome lo que quería. Posé mis labios pintados en su trusa, dejando una marca de labial y pegué mi nariz a sus partes, ¡qué delicioso olor a macho emanaba por entre la trusa!

No lo pude resistir, le quité su ropa interior y me abalancé hambrienta a besar, chupar y saborear ese hermoso y gordo miembro. Era más grande que el de mi esposo y para mis adentros me felicité por tener la suerte de tener mi primera experiencia como prostituta con verdadero macho.

Con mis manos acariciaba sus testículos y sus piernas mientras chupaba y chupaba. De repente sentí que terminaría y me detuve.

“Me debes setecientos pesos”, le dije de repente, añadiendo que serían mil doscientos pesos si deseaba enfundarme su miembro en mi nidito.

Creí que iba a protestar y no. Se levantó de la cama, sacó su cartera y me entregó billetes de cien pesos; “vaya negocio”, pensé.

Enseguida guardé el dinero y me tomó con violencia arrojándome a la cama boca arriba. Con rudeza metió su cabeza en mi entrepierna y comenzó a darme la mamada más violenta de mi vida. Sentía que quería meterse por mi nidito.

Con mucha fuerza sorbía mis jugos y sentía que se me salía hasta el alma por ahí. Creo que mis gemidos se escuchaban hasta afuera del cuarto.

No sé cuántas veces me vine, pero cuando se retiró de mi vagina estaba mareada y débil.

Se acostó y tomando su miembro con una mano me dijo que tenía que comérmelo.

Apenas pude incorporarme y meterme en la boca su fierro. Estaba grande, tieso y caliente. Mientras chupaba como desesperada me di cuenta de que sentía las piernas empapadas. Las medias estaban pegadas a mis piernas con mucho sudor. Nuestros cuerpos estaban empapados.

De repente su miembro empezó a crecer aún más y sentí que me ahogaba; me tomó de la cabeza con sus manos y aunque quise retirarme no me dejó. Empezó a vaciarse en mi boca, sentía el esperma muy adentro de mi garganta. Era la primera vez que comía macho así.

Parecía que nunca terminaría… pero al final, retiró un poco su miembro y pude tomarle sabor a su leche, ¡de lo que me estaba perdiendo! Ni siquiera a mi marido le había permitido terminar en mi boca.

Los dos desfallecidos quedamos acostados, uno al lado del otro. “Estuvo delicioso”, me atreví a decirle al levantarme para tomar mis ropas, pero no me dejó, me dijo que venía lo mejor, para lo que había pagado.

“¿No está satisfecho señor?” Le pregunté y sin responderme me cargó y me arrojó a la cama boca abajo. Me colocó en rodillas y manos y comenzó a acariciar bruscamente mi trasero.

“Por ahí no”, le dije cuando trató de meterme un dedo en el ano.

Pero me dijo que lo que más anhelaba era entallarme la vagina con su miembro.

Con rapidez sacó un preservativo y se lo colocó en el miembro mientras yo observaba y me preguntaba si después de tanta leche depositada en mi boca, tendría más para rellenar el preservativo.

Sin demora, me entalló toda su virilidad hasta el fondo. Mi apretado bollito tardó unos segundos en amoldarse al miembro. Se quedó así, sin moverse. Apenas unos segundos, y de repente comenzó a bombearme frenéticamente, como si nunca hubiera tenido una mujer.

De tan rápido que me bombeaba se llegó a salir varias veces. No pude resistir, me vine nuevamente y sentí morirme de excitación cuando con sus manos intentó tomar toda mi cintura.

Me tenía bien entallada y mi nidito, de tanta venida, ya no tenía fuerza para apretar su hombría.

Por un rato así estuvimos, luego me acostó boca arriba y se llevó mis piernas a sus hombros. Dice mi marido que en esa posición la penetración es total y le creo, porque hasta veía estrellitas. “Ya, ya”, le decía entre gemidos y grititos.

Él seguía embistiendo con una fuerza increíble. Me sentía morir de tanto orgasmo.

Bajó mis piernas y con ellas rodeé su cintura y a cada arremetida me arrancaba gemidos de placer y de dolor. En esa posición, de repente, me penetró hasta el fondo mientras su brazo izquierdo lo pasaba por debajo de mi cintura estrechando aún más el abrazo sexual, y con la otra mano se agarraba de la cama, gimiendo de placer.

Recuerdo que pegué un grito que seguramente se escuchó en todo el hotel. Se estaba viniendo. Le creció tanto el miembro que sentía que iba a reventarme. Comprendí lo que ocurría: el condón se había roto y sentía su leche inundando mi vagina.

¡No! ¡no!, le dije gritando pero al parecer se excitó más y siguió bombeando a fondo.

Por fin me dejó. Al sacar su pene se escuchó un sonido y empezó a salirme grandes cantidades de leche.

Se vistió rápidamente y me dijo que querría verme otra vez.

Al marcharse me dio un ligero beso en los labios y me dejó ahí, bien cogida y agotada.

Casi de inmediato, entró mi marido. Se le notaba una fuerte erección y una mirada lujuriosa. ¿Cuánto le cobraste? Me dijo, y le dije la cantidad.

Me sugirió que con ese dinero comprara más lencería, pues tenía hechas garras las medias. También me propuso comprar vestidos sexy.

Se acercó y al desnudarse le vi su tremenda erección. Se acostó a mi lado y empezó a acariciarme con ternura. Me quejé de que me dolía la vagina y todo el cuerpo.

“Ya pasó, mi vida”, me dijo al tiempo que con su mano sobaba mi entrepierna, embarrándose del semen de mi cliente. Aunque le dije que esperara a que me bañara, no quiso, me dijo que si llevaba ya dentro el semen de otro hombre, no tenía remedio.

Me besó en la boca y me puso el pene en la cara. Estaba tan cansada que no podía chupárselo; pero él se puso en posición del 69 y empezó a besar mi vagina, sorbiendo el esperma que tenía ahí.

No podía más y creo que me desmayé de tanta excitación. Su lengua limpiaba mi interior con cariño, con ternura. No culpo a mi marido por beber golosamente la leche que ahí tenía, ¡es tan deliciosa!

Me quedé dormida y al rato, cuando desperté, se estaba masturbando furiosamente con una mano. Lo vi eyacular y me abracé a él. Nos besamos y me dijo que estuvo muy bien mi debut.

¿No te importa que me hayan dejado agotada? “No importa, porque yo gocé escuchando al otro lado de la puerta la cogida que te dieron”, aunque, me dijo, personal del hotel pasaba por el pasillo cuando él estaba atento a mis gemidos, y alcanzaron a escuchar uno de los gritos que me arrancó aquel desconocido.

Platicamos y acordamos no mencionarle nada a mi novio Jorge, porque mi esposo se había comprometido con él, cuando formalizamos mi noviazgo Jorge y yo, que solamente él, mi marido, podría follarme, siempre y cuando me cuidara para que Jorge pudiera entallarme su virilidad por lo menos cada semana.

“No te apures, mi amor, si me dejas trabajar de vez en cuando, con clientes así de potentes y bien dotados como éste, diré a mi Jorge que me cuidas mucho y que sólo tú me haces el amor, además, podría ayudarte a comprar el otro carro que quieres ¿no?”

Luego nos dormimos abrazados, al fin y al cabo somos una pareja muy feliz. Yo tengo mi novio y la comprensión de mi marido, el mejor esposo que cualquier hembra pueda desear.

Publicado en: Relatoseroticos

Una joven empieza su nuevo trabajo como sirvienta

Mi nombre es Julia, soy natural de un pueblecito, cuyo nombre no diré de la provincia de Guadalajara. Llevo varios años viviendo en Madrid, trabajando en diversos trabajos, pero aún recuerdo mi primera experiencia laboral en Madrid, como chica de la limpieza en un barrio residencial de alto standing.

Era una chica acatetada, de diecinueve años de edad. Tuve que cumplir mi mayoría de edad y alguno más para decidirme a abandonar el nido y marcharme con una hermana mía que ya vivía allí a buscar trabajo en la urbe.

Fui también animada por la recomendación que había hecho un matrimonio de Madrid que tenía una casona en el pueblo, recomendación para servir en la casa de una aristócrata viuda de Madrid. Me habían hablado de ella, de lo encantadora que era ella y su difunto marido y de sus hijos, una pareja de diablillos adorables que echaban a todas las chicas del servicio a la primera de cambio. Bueno, yo estaba segura que conmigo no podrían ese par de mocosos.

Fui a la entrevista a casa de la condesa. No debía de ponerme nerviosa pues la recomendación era bastante firme, a pesar de ello, estaba muy nerviosa. La condesa tenía una elegancia innata. Me hizo una oferta generosa por entrar de asistenta, aunque la oferta era mucho más generosa si me quedaba de interna. Al final acordamos una solución intermedia que consistía en estar interna casi toda la semana y medios días libres los fines de semana.

Me comentó que el problema eran sus hijos, un par de diablillos que no la aceptarían nunca si no le gustaba y que a pesar de todo, eran consentidos y a menudo había vuelto del cine y se había encontrado con la chica haciendo las maletas. Si su difunto marido viviera, entonces estarían más educados por que lo que les faltaba era una buena mano dura que los supiera conducir.

Me presento a sus vástagos. Juanito era un chico de unos diecisiete años, muy educado y comedido. No sé por donde le venía la fama de diablillo. Un chico bastante largo para su edad, delgado y con un porte intelectual adorable. ¡Qué pena que no tuviera cinco años más! La otra hija era Leticia. Era una chica de diecinueve años, muy elegante, como la madre, rubia de pelo lacio y manos exquisitas. Una chica de aspecto juvenil y alegre que me pareció adorable. Quedé encantada y esperando a trabajar al día siguiente, pues los chicos le dieron la aprobación a la madre, después de mirarse confabulándose. Era la aprobación un trámite ineludible.

Comencé a trabajar en la casa de la condesa. Me trataban los tres de manera exquisita, cariñosa, casi parecía que no estaba sirviendo. Qué bien me quedaba mi uniforme, de color azul oscuro. La falda me llegaba un poco más arriba de la rodilla. Era una falda ni estrecha ni ancha que me sentaba muy bien pues dejaba ver mis pantorrillas carnosas a través de las medias azules y dejaba adivinar mis muslos perfectos. El color azul me hacía más alta de lo que era en realidad. Tengo una altura normal, bueno, era tan alta como Leticia y Juanito.

Mi cintura era estrecha y este hecho quedaba recogido por el diseño del uniforme, que unía un corpiño a la falda, corpiño que se enganchaba por dos tiras que venían desde atrás y se enganchaban a un delantal que cubría por encima del pecho. Un pecho generoso, firme y juvenil que era la admiración del pueblo. Debajo, una camisa blanca.

Soy morena, de ojos oscuros y boca discreta, ni grande ni pequeña, ni labios gordos ni delgados, mi cara redonda, mi nariz recta y ligeramente puntiaguda. Tengo el pelo largo, pero en casa de la condesa me lo recogía en una coleta.

La actitud de los chicos era de una corrección intachable cuando su madre estaba presente, pero cuando la condesa salía , para dedicarse a sus campañas de beneficencia, a tomar café con las amigas, etc… las cosas cambiaban.

Me sorprendió el primer día que aquello sucedió, ver que Juanito se había colocado una cazadora de cuero sin manga y de color crema y una lista de plumas alrededor de la cabeza. Llevaba un hacha de plástico entre la correa y el cinturón y la cara embadurnada de crema roja y amarilla. Yo había visto los tarros de pintura pero creía que eran para ir a animar a la selección.

Me miraba como espiándome. Parecía un completo estúpido. Leticia lo vio y dijo -¡Ya está el vaina este jodiendo la marrana!- Me sorprendieron estas palabras en la hija de la condesa, máxime cuando la suponía tan modosita. Juanito me espiaba escondiéndose en los lugares más insospechados. Lo veía en el pasillo, delante mía, intentando adivinar mi trayectoria para introducirse en el cuarto y esconderse.

Estuvo así hasta que Leticia, cuando hube acabado mi trabajo y estaba descansando tomando la merienda bajo la atenta mirada de Juanito, que escondido detrás de la puerta miraba debajo de la mesa para ver si algo se me veía, lo que no podía ser, pues cerraba las piernas y se jodía el gran jefe indio “Capullo Loco”. Vino Leticia a enseñarme sus discos y estuve en su cuarto, sentadas las dos en la cama , hablando distendidamente sobre el tipo de música que me gustaba. Pensé que era como una amiga.

Reíamos. Leticia me apartó los pelos que se había descolgado de mi coleta y me dijo, que era muy guapa. No lo tomé por mal, pensaba que era un cumplido. Seguimos hablando. Leticia me miraba de una manera muy rara. No la supe identificar en su momento pero desde esta experiencia no se me olvidará jamás.

Digo que la actitud mientras estaba la señora condesa presente era exquisita, pero no era igual cuando su madre no estaba. Juanito se dedicaba a hacer el indio. Me escondía la escoba en mis descuidos e incluso, me tiraba flechas de juguete con un arco de idéntica naturaleza. Valiente capullo estaba hecho este indio. Leticia me rescataba y me llevaba a la habitación, pero empezaba a olerme aquellas confianzas muy raras. Yo no suelo beber y Leticia un día se empeñó en darme vasitos de una botella de Ginebra que tenía escondida, bebimos varios vasos y comencé a marearme.

Leticia comenzó a acariciarme las piernas. Mis padres me habían dicho que si un muchacho me tocaba las piernas, le pegara una hostia, pero no me habían dicho nada sobre si me tocaba una pierna una mujer. De todas formas, me resultaba agradable.

-¿Te ha besado alguna vez un chico?- Leticia me preguntó.- Bueno, a veces…- le dije, haciéndome la interesante, aunque de hecho, sólo me había besado en las fiestas con el Domingo, un amigo de mi hermana. -Yo nunca me he besado con ningún chico… Me encantaría saber como es un beso… Tú podrías enseñarme.- o me parecía bien la idea, aunque si era para enseñarle a Leticia, bueno.

Junté mis labios a los suyos. Leticia ponía cara de corderito degollado. Junté los labios, digo y me encontré la boca de Leticia mucho más receptiva de lo que cabía esperarse. Su lengua entró en mi interior. Aquel beso no tenía nada que ver con el que el Domingo me había dado, que era más un empachurramiento de labios que otra cosa.

Nuestros labios se separaron despacio tras permanecer un rato unidas nuestras bocas. No dejé de sentir unas cosquillitas en la barriga que me llegaban hasta el toto. -Tu novio.. ¿Te tocaba mientras te besaba?.- No quise decirle que el Domingo no era mi novio.- Sí, un poco.- ¿Dónde?.- Aquí y ahí.- Le dije señalando mi pecho y entre mis piernas.

Leticia comenzó a introducir su mano elegante de dedos largos por mi falda mientras me besaba de nuevo. Sentía subir su mano en contacto permanente por mis muslos. Sentía excitarme. Sentía que las cosquillas se convertían en una presión, como cuando veía en el campo a los animales aparearse.

Su mano me palpaba por encima de las bragas. Mis piernas se abrían inconscientes, tentadoras. Sentí la otra mano de Leticia desbrocharme los tirantes y la tela del delantal cayó por su propio peso, luego me desabrochó un botón de la camisa e introdujo su mano, bajándome unos de las tirantes del sostén en mi pecho que contenía mi acelerado corazón. Me negaba a aceptar aquello aunque me agradara, pero sentía la amistad que me había demostrado, su superioridad social. No me atrevía.

De pronto la puerta se abrió y apareció el gran jefe indio Capullo Loco, -¡Ya estás otra vez jodiéndome, nene de los cojones!.- Ese era el vocabulario que empleó la hija de la condesa.- ¡Toma, pues claro! ¡Si te crees que te la vas a comer tú sola estás equivocada!.- ¡Quién se la está comiendo, capullo loco!.- Evidentemente hablaban sobre mí. Juanito salió y yo detrás, aunque Leticia me pedía e insistía en que me quedara. Juanito fue muy oportuno. Por primera vez fueron los indios y no los yankees los que salvaron a la dama en apuros. Se me quedó grabado aquello de capullo loco, y desde ese día, cuando no me oía la condesa, le llamaba a Juanito Capullo Loco. A veces le daba el tratamiento de Gran Jefe Capullo Loco, a lo que él sonreía y me decía – ¡Ya verás cualquier día!.-

No volví a entrar en la habitación de Leticia a confraternizar. Ella lo notó y me miraba haciéndome reproches con la mirada. El Gran Jefe me vigilaba cada vez con más insistencia. Sabía que me miraba el culo. Más de una vez lo encontré escondido en mi cuarto, a veces lo echaba y otras veces me hacía la despistada y sospecho que más de una vez me vería cambiarme de ropa.

Un día sentí los susurros de los chicos detrás de la puerta de la habitación de Juanito. Abrí la puerta despacio. No quería creer lo que veía. Leticia estaba desnuda, sólo con las bragas. Tenía un cuerpo blanco y sensual, con unos pezones grandes del color del helado de fresa en un pecho adolescente y consistente, sus muslos aparecían preciosamente formados. Se besaba en la boca con Juanito. Parecía que la corta lección que le había dado le había servido de mucho. (ingenuamente me creía lo que me había contado). Me fui antes de que me descubrieran.

No me descubrieron o no les importó en absoluto, ya que siguieron en lo suyo. Lo siguiente que pude ver, asomada por la grieta que se abre entre la puerta entreabierta y su marco, fue a Juanito mamando del pecho de su hermana. Juanito mamaba mientras acariciaba su otro seno y le acariciaba por detrás, posiblemente las nalgas.

Leticia lo miraba con paciencia, entre cariñosa y expectante. Me fui, intenté no volver, pero sentía la curiosidad, como cuando en el pueblo seguí a mi hermana al río y la vi fornicando con el Fernando. Me asomé de nuevo y vi que Leticia le había sacado la picha a Juanito, que estaba tiesa, más tiesa que la picha de los caballos, aunque más pequeña. Leticia la agarraba con la mano y le chupaba la cabecita, mientras Juanito ponía cara de felicidad y agarraba los pechos de su hermana.

Vino entonces la “gran cascada”. Leticia apartó la cara y la picha de Juanito empezó a soltar el líquido. Nunca había visto aquello. Yo sabía por los comentarios de las chicas que aquello existía pero no sabía cómo era lo de correrse y lo del líquido, que era muy peligroso porque te podías quedar preñada si lo tocabas.

No pude dormir bien esa noche imaginándome la escena, que me daba vueltas a la cabeza. Me agradaba ver a los animales, pero no puedo decir que me gustara ver a mi hermana en el río, aunque la escena en sí me gustó, pero lo de Juanito y Leticia me había atraído y me asustaba, por el tema de que eran parientes. En una ocasión me propuso mi hermana que como no teníamos novio yo podía ser su novio, pero al besarla, no sentí nada y me dio cargo de conciencia.

La señora condesa salió aquella noche con la advertencia de que se iba a una gala y se tardaría. Los dos hermanos se miraron conchabados. Era evidente que algo tratarían. ¿Volverían a obsequiarme con una mamada?.

Me equivoqué. Leticia me miró con cara de avaricia, como me miraban los chicos en el pueblo. Juanito no tardó en aparecer vestido de indio y Leticia se quitó de en medio. Hice mis labores más vigilada y hostigada que nunca por el Gran Jefe. Luego me fui a ducharme y cometí el error de no cerrar la puerta de mi dormitorio mientras me duchaba en la ducha del pequeño servicio. Salí con la toalla puesta al dormitorio, y allí me encontré al aguerrido guerrero sioux, que había cerrado la puerta del dormitorio y la había obstaculizado con un sillón.

– ¡Jau! Tú ser mi prisionera.- Me saludó, y se acercó hacia mí con la intención evidente de agarrarme. Me escabullí y comenzamos una persecución. Tiró de la toalla y quedé desnuda. No se cortó un pelo y siguió intentándome pillar. Tuve tiempo de apartar la silla y abrir la puerta y salí al pasillo pidiendo la ayuda de Leticia que no salió.

– El apache era más rápido que yo y me cogió del pelo, parando mi escapada, Chillé. Pero cedí ante el dolor que me causaba. Me llevó a su cuarto, que estaba más cercana que el mío. Me llevó a rastras, por la fuerza y me encerró allí.

-¿Qué vas a hacer? Le dije mirándole a los ojos, reflejando el miedo y nerviosismo en mi mirada.- Tu ahora ser mujer yunta awa Kan.- La frase me sonaba de una película. Sí un hombre llamado caballo. Lo recuerdo porque unos días antes la habían echado por la tele. Estaba desnuda tumbada sobre la cama, mirándolo cuando vi que se desabrochaba los pantalones vaqueros y descubrí que no llevaba calzoncillos, como si fuera un salvaje de verdad. Su miembro estaba ligeramente empalmado.

Se aproximó a mí con deseos de abalanzarse, pero opuse seria resistencia, se llevó más de una patada. Al final consiguió ponerse encima mía, pero no atinaba a meterla, pues aunque me cogía de ambas manos, yo defendía mi inocencia. No podía controlarme, así que me descabalgó.

Cambió de táctica. Le vi abrir el cajón de su mesa de estudio y sacó una cuerda que tenía hecho un lazo y vino hacia mí. Esta vez no le costó cogerme una mano con el lazo y luego unir mi otra mano. A pesar de ello me defendía a puñetazos. Cuanto más le daba más encono ponía. Al final me agarró las dos manos al cuello. Poca resistencia podía hacer ya. Sólo podía defenderme con los pies y algún que otro puntapiés se llevó, pero no sirvió de nada. Se deshizo de la correa del cinturón y la utilizó para atarme los pies. Me quise poner de pié, pero bastaba un simple empujón para hacerme caer.

Me estuvo toqueteando los senos y las nalgas, amasándolas sin decoro y susurrando -Yunta awa kan yunta awa kan…- Para que no tapaba la boca que yo deseaba morder pero que no podía. Leticia no aparecía a pesar del gran alboroto que armábamos. La llamé y Juanito me dijo: -Tú querer ver bruja…Yo llevarte ver bruja…-

Me ayudó a incorporarme y fui avanzando pasito a pasto hacia la habitación de Leticia. Me sorprendió que no le importara a Juan que su hermana supiera lo que había hecho conmigo. Me fui temiendo que estaban confabulados.

Abrió la puerta Juanito y allí estaba Leticia. Se había echado gomina y laca en el pelo y aquello le daba un aspecto estropajoso. Con lápiz de ojos se había marcado unos ojeras y se había echado unos polvos que le daban a la cara un aspecto demacrado.

-Por fin gran jefe indio Capullo Loco trae a rostro pálido a sufrir tortura india. Tú, rostro pálido ser culpable de mis males. Yo tener que hacer mamada a gran jefe para que él traer aquí. –

Leticia llevaba puesto sólo una falda hecha jirones. Andaba sin nada arriba y tenía un collar llenos de objetos que hacían las veces de amuletos. Leticia se me acercó y me cogió la cara con una mano, mientras me daba un beso apasionado que se transformó en un posesivo mordisco con sus labios. La bruja ordenó al gran jefe que buscara un sitio en que atarme. Para la gran ceremonia.

Juanito encontró el sitio para atarme. Era un armario empotrado de esos que tienen arriba para meter las maletas. Abrieron las puertas de abajo e hicieron un hueco detrás del armario entre los trajes, luego, Juanito se subió a una silla y me desabrochó las manos del cuero para atarlas al picaporte del maletero. Mi cuerpo quedó sin la protección de los brazos, totalmente estirados.

El nabo de Juanito estaba a la altura de mis senos, al subirse a la silla. Leticia le empujó suavemente y sentí el tacto de aquello sobre la piel de mi pecho. Leticia repitió la operación dos o tres veces hasta que ella misma se acercó y comenzó a acariciarlos, a amasarlos y oprimirlos y a pellizcar mis pezones y a estirarlos al ver que respondían a tal trato con orgullo, poniéndose más tensos. Me besaba entre tanto en la boca de nuevo, penetrándome con la lengua, a lo que recibió un intento de mordisco, lo que fue respondido por su parte agarrándome el labio inferior con sus dientes y estirando de él tierna y lentamente, pero con firmeza. Luego su lengua volvió a entrar y esta vez no le opuse ninguna resistencia.

Juanito nos observaba y se puso detrás mía. Podía sentir su polla caliente entre las nalgas, que me apretaba con las manos, mientras me mordía el cuello. Leticia comenzó a bajar la mano hasta mi tupida entrepierna y entonces me dijo.-Tu no estar preparada…Tu no tener coño rasurado…-

Leticia sacó una bacinilla con agua y una brocha y una cuchilla desechable y empezó a hacer espuma sobre mi sexo, sentada en una silla enfrente mía. Metía la brocha por todas partes, haciéndome muchas cosquillas. Juan ahora me agarraba las tetas.

No hacía más que mirar expectante y suplicar que tuviera cuidado. Juanito cogió un pañuelo de tacto agradable, posiblemente del armario de su hermana y me tapó los ojos. Pedí chillando que me soltara de una vez y entonces me tapó la boca con un pañuelo de iguales características. No podía oponer ningún tipo de resistencia. Empecé a sentir cómo me rasuraba. Me quedé quieta. Sentía la hoja de la cuchilla en mi piel, recorriéndola metódicamente.

Leticia sugirió a Juanito que me soltara los pies, pues tenía que afeitarme en el interior, entre los muslos. Me soltó, pero atándome una de las piernas al respaldo de la silla, apoyando mi cuerpo en la otra. La cuchilla recorría los rincones de mi entrepierna inexorablemente y yo sentía casi como si desnudaran la última parte de mi cuerpo que me quedara por cubrir.

Me limpiaron de jabón y me soltaron las piernas, pero haciendo que las mantuviera separadas. Luego me quitaron el pañuelo de la boca, pero no el de los ojos. Sentí la mano de los dos hermanos posarse sobre mi sexo, la chica por delante, a la vez que se acercaba para morderme el lóbulo de la oreja y el chico, metía las manos entre las nalgas y me acariciaba el sexo por detrás.

-Mira, la rostro pálido tiene el pezón excitado,- Dijo Leticia, pellizcándolo. Juan me agarró el otro pezón acariciándolo suavemente con el dedo.

Juan fue a por zumo de naranja para dar de beber a la rostro pálido, o sea, a mí. Recibí el zumo con deseo pero me lo dio más rápido de lo que podía beberlo. El zumo se me derramó por las comisuras de los labios y se esparció por el canal del pecho. Leticia se apresuró a beber para que no se desperdiciara nada. Juanito comenzó a desparramar el zumo por mis senos y Leticia me succionaba del pezón como si fuera la fuente del zumo. A continuación empecé a sentir al gran jefe mamón imitar a su hermana.

Mi respiración empezó a entrecortarse por el deseo de explotar. Las cosquillitas que descubrí con Leticia aquel día evolucionaban agresivamente, pero le faltaba un roce en el sexo, una respiración más fuerte que otra, para estallar. Leticia volvió a dejar caer el zumo sobre mi cuerpo, pero lo puso entre mis senos y el chorrito se dirigió guardando equidistancia hacia mi sexo desnudo, lo sentí caer por el vientre hasta el pubis y luego enderezarse para inundar mi clítoris. La boca de Leticia recogió el zumo de esta fuente. Su lengua golosa exploraba la comisura de los labios y el clítoris buscando un resquicio de zumo. Pronto sentí la misma operación, sintiendo caer el dulce y algo viscoso líquido por mi espalda hasta llegar a las nalgas. El zumo se desenvolvía entre ellas e iba a parar detrás de mi sexo, y la lengua de Juan me lamía, jugando entre mis nalgas y la parte posterior del sexo.

Fue lo justo y necesario para correrme allí como una loca. Era la primera vez que me corría. En el pueblo había tenido algunas experiencias, pero no dejaban de ser meros revolcones. Nunca había sentido una lengua más abajo del cuello, ni una mano más allá de las bragas y el sostén.

Me dejaron así un rato, sin limpiarme bien el zumo de naranja que se secaba sobre mi cuerpo. Luego me desataron del armario. Era lo que ellos llamaban la “doma del caballo”. Leticia estaba sentada en la silla y yo tuve que ponerme de rodillas, y luego a cuatro patas. Me acerqué ciegamente, guiado por Juan hasta las ingles de Leticia, que había dejado su sexo descubierto entre la falda hecha jirones.

Me sorprendió su fuerte olor y fui reticente. Leticia me agarró del pelo y dijo

– Vaya, parece que esta puta quiere que le arranquemos la caballera.- Oír aquello me hizo sentir humillada, pero no sé por qué fue un estímulo para lamer aquel sexo que tenía el privilegio de conservar todo su pelo. Para colmo, Juanillo se puso detrás mía y me achuchaba para que no me separara del sexo de su hermana.

No había comido un coño en mi vida, ni lo hé vuelto a hacer. No sabía lo que tenía que buscar. Lamía inconscientemente, pero parece que era suficiente. Me concentré sobre el clítoris, que sobresalía entre los labios del sexo y pronto el sexo de Leticia comenzó a rezumar humedad. Sus flujos se mezclaban en mi barbilla junto al zumo de naranja. Leticia comenzó a restregarse contra mí más violentamente, respirando profundamente hasta soltar un gemido de placer tras otro. Me vengué de ella restregando a su vez mi boca violentamente contra ella. De poco sirvió mi venganza más que para darle más placer.

Capullo Loco pedía ahora su parte del botín. Se sentó sobre la cama y Leticia me dirigió hasta allí. Tomé su miembro empalmado en mi boca. Juan notó enseguida y lo hizo saber que tenía madera de gran mamadora. Efectivamente, mi marido hoy opina igual. Me metí su miembro en la boca todo lo que pude y lamí su capullo con la lengua. Leticia se uso a mi lado, de rodillas Me tomó de los pelos para dirigir mi lamida, obligándome a sacar y meter en mi boca una parte considerable de la verga de Juan alternativamente.

Cuando parecía que tomé el puntillo a la cosa, comencé a sentir la mano de Leticia en mis nalgas, me acariciaba y dirigía su mano hacia el sexo, lentamente pero sin parar. De repente sentí meterse levemente el dedo en mi sexo. Nunca me habían profanado de aquella manera. Sólo mi dedo se había atrevido a franquear esa barrera en mi adolescencia. Al primer dedo le siguió un segundo dedo. Yo seguía con los ojos tapados y parecía que ello estimulaba la percepción del tacto y la sensibilidad de mi piel.

Los dedos comenzaron a introducirse en mi interior a la velocidad con que me comía el rabo de Juan, al principio era mi boca la que mandaba en su mano, peor no tardó Leticia en darle la vuelta a la tortilla y en ser su mano la que mandaba en mi boca.

La relación se rompió violentamente, al estallar en mi boca el pene de Juan, con todo su semen dulzón y espeso. No me dio asco, al revés, lo noté en mi garganta mezclado con el sabor a zumo de naranja, aunque luego lo escupí.

Leticia interrumpió su posesión sobre m sexo para ordenar a Juan que atara mis brazos a una pata de la cama y ordenarme que me tumbara en el suelo frío, mirando hacia el cielo. Luego se puso entre mis piernas y comenzó a introducirme los dedos de nuevo, pero jugando también con su boca sobre mi clítoris, maltratándolo, pues me lo cogía con los labios y lo arrastraba en el mismo sentido que mi raja. Juan me miraba de pié, agotado. Entonces le dijo a Leticia -¡Quiero follarla!.- Espera tu turno.-

Leticia comenzó a introducir su dedo con toda la fuerza, como si me envistiera con un pene minúsculo y pronto sentí una gran sensación de doloroso placer. Mis cinturas se arqueaban sin control El dolor aumentó a la vez que el placer, hasta que al fin se hizo evidente mis sospechas.- ¡Áaaala! ¡La has hecho sangre! ¡Salvaje!.- Leticia se justificó.- La he debido desvirgar!.- Efectivamente, me había robado mi inocencia. El dolor me fue desapareciendo poco a poco, pero sentía aún una sensación frustrada de placer no consumado.

Leticia y Juan se preocuparon mucho pero no se molestaron en soltarme. Me limpiaron bien. Por suerte no sangraba mucho. Me tuvieron sobre la cama un rato, atada, vigilando mi sexo.

Juan no se olvidó, a pesar de todo de sus deseos y comenzó a venir a cuatro patas , por la cama hacia mí. Lo veía, pues ya me habían quitado el pañuelo. Leticia le dijo que quizás era mejor dejarlo para otro día, pero no le hizo caso. De nada sirvió que cerrara las piernas, pues puso todo su cuerpo entre ellas y de nuevo ató las manos al cuello. Introdujo su pene despacio en mi estrecha vagina. Lo sentía avanzar, rompiendo lo que pudiera quedar de mi virgo, avanzando hasta acoplarse a mí.

Se empezó a mover y yo sentía sus embestidas en mi vagina, como una playa salpicada por la furia de las olas del mar, que acaban venciéndote y arrastrándote por la resaca en sentido inverso, en una sensación de vértigo que te lleva, que te transporta hasta que te convierte en el propio mar, hasta que sientes que tú misma eres la marea que te empuja a moverte, que vuelca tu barca y te inunda el interior del agua salada en forma de semen mientras tu y el hombre sois una misma cosa, un mismo objeto que se complementan para proporcionarse un mutuo placer.

La señora condesa debió de lamentarse mucho cuando vio que me había ido y que no volvería más, Supongo que buscaría a otra cateta como yo y se olvidaría pronto de mí y comentaría a sus amigas adineradas lo malo que estaba el servicio. Bueno. Yo tengo que decir que aquella experiencia me sirvió para despabilarme y quitarme todo el atolondramiento que traía del pueblo.

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Mis experiencias veraniegas

Me dirigiré ya a la historia que, sin tanta retórica, les explicaré:

Precisamente fue en un camping de los inmorales donde me sucedió, lo que hará para algunos más excitante mi relato, mientras que a otros les dará exactamente igual. Disculpen que me desvíe, ya prosigo: Contaba yo con 17 años, cuando comenzaron mis vacaciones del año 97. Partíamos un uno de agosto y no regresaríamos a casa hasta entrado el mes de septiembre, mes y un poco en el que recorreríamos la costa mediterránea española casi al completo, unas veces por placer, y otras por deber (sí, hasta en vacaciones tenía compromisos mi padre).

La primera parada era en este camping, del cual no remitiré su nombre ni su emplazamiento. Posee mi familia una bonita caravana, alegre por lo distinta y distinta por un suceso acontecido antes de que yo tuviera conciencia de mi propia vida, allá por el 89 o el 90, año en que mis padres a bordo de esta caravana, emprendieran completa la romería del Rocío, en la que no tuvieron más brillante idea que decorar su exterior con cantidad de circulitos de papel charol, de distintos colores y diámetros, repartidos de forma equidistante unos de otros, lo que tuvo que llevar su tiempo (o quizá no).

El caso es que la caravana yace allí todo el año, en el aparcamiento de dicho camping, y cuando llegamos sólo hemos de pedirle a los mozos de mantenimiento que la coloquen en una parcelita libre, la cual nos guste, cerca de la playa, de la piscina, del bar, con sombra…

He de confesar que aquel año, al llegar, la mayoría de las plazas estaban cubiertas, y que nos tuvimos que conformar con una grande pero desolada parcela donde sólo crecía un insignificante almendro. En cambio, y aunque a mis padres no le afectara, fue la mejor posición que podía haber encontrado nunca. Una vez orientado como mi madre quería (que si aquí no porque no sé qué del sol, aquí tampoco que es el sur…), me di cuenta de que la ventana que había junto a mi litera me mostraba otra caravana (algo más antigua que la mía), que en el momento de mi llegada yacía sin habitantes…

El día fue pasando mientras adecentábamos la caravana, pero tras el nimio almuerzo, mi padre me dio libertad para ir a encontrarme a mis antiguos amigos.

Pensé que lo más probable era que estuviesen en la piscina, como todos los años atrás que había venido, pero no era así, habían madurado y ya no les gustaba la piscina (que a mi nunca me había gustado), sino la amplitud y la belleza del mar (que yo siempre había adorado).

Estaban sentados en uno de los extremos de la prolongada playa, junto a las rocas, incluso algunos encima de éstas, como nos solíamos sentar nosotros, haciendo una gran toalla que pudiera abarcarnos a todos en comunidad.

Desde la apartada lejanía puede reconocer a las cuatro chicas de la pandilla que no habían faltado a su cita anual, y, los chicos, tres, que, más calenturientos que nunca e incapaces de defenderse de las acometidas de sus hormonas, hacían por meterle mano a las indefensas féminas, quienes por su lado, se mostraban en toda la exuberancia que sus cuerpos daban de sí, no pudiéndose describir ninguna como inatractiva o desagradable.

Estaban en el apogeo de sus respectivas bellezas, aunque eso sí con estilos distintos. Se podía distinguir así a Noemí, mi favorita, una vallisoletana de mi edad, quien lucía unos senos preciosos, pero no abultados, con unas formas como de limón partido… Bah, no llegaría a describir ni la mitad de su belleza aunque escribiera todo un libro sobre ellos, así que sigamos:

Su entrepierna se veía marcada por la moda de la depilación meticulosa, formando su vello la mitad de un triángulo acutángulo con el piquito orientado hacia su perfecto ombligo situado geométricamente donde debía de estar en un físico perfecto. Un cuerpo para no decir palabra.

Las otras, en la que no me entretendré mucho más, eran: Tamara, una valenciana con unos ojos preciosos, emplazados por desgracia en una cara y un cuerpo no tan agraciados (pero que suplía con un aguzado fantástico sentido del humor, por otra parte, no demasiado inteligente), Luna, también valenciana, pero justo al contrario, intelecto de cero para todo y diez en cuerpo (si bien no lo cambiaría ni después de una ruda sesión de tortura por el de Noemí, pues sus pechos eran de esos clasificables, quizá, en tallas especiales) y Elke, una holandesa la cual hacía mucho que se había despojado de su virginidad, poseyendo el mayor promedio de veces hecho el amor a gente recién conocida, achacándole el problema, en un mal castellano, al libertinaje sexual que recorría su país.

Entre los niños contaban, todos con la misma descripción, (puercos, salidos y borrachos) Joel, catalán, Lolo, cordobés, David, valenciano y, una excepción que confirmaba la regla Carles, también catalán, de quien más tarde si viene al caso hablaré.

Y allí estaba yo, desnudo, impúdico, no se imaginen que excitado ni erecto, sino como se sale normalmente de fin de semana, con frac si hace falta, totalmente relajado. Al fin y al cabo yo no tenía ninguna expectativa que cubrir, pues ya salía con una chica en mi Málaga natal. Su nombre era Carmen y cinco años después a sus oídos nunca a llegado esto.

Me acerqué con descaro, nadie se había percatado de mi presencia, así que estire mi toalla ayudado por la brisa marina y me quede de pie, contemplando el mar. Cuando escuché que los ánimos se habían calmado en las profundidades hablé:

¿Todo bien en vuestros planetas, chicos?

Tanto como en el tuyo, cabrón – me espetó Joel, de mi misma envergadura, saltando sobre mí y haciéndome caer.

Cuando me zafé fui saludando una por una a las chicas, y a Carles, y por último a los otros dos chicos restantes. Me entretuve un poco más en Noemí, y de manera ladina, en su busto, para luego acabar tumbándome en mi toalla y preparándome para pasar una tarde llena de alusiones a juegos eróticos, bromas pesadas y baños locos. Cuando el sol se puso en el horizonte, quedamos en el parque del camping y nos fuimos a arreglarnos. Cual fue mi sorpresa cuando Noemí comenzó a caminar a mi lado.

¿A dónde vas, guapa?

A mi casa – dijo, refiriéndose a su caravana que asombrosamente resultó ser la que se contemplaba desde mi ventana.

Tras algunos devaneos infantiles ella se introdujo en su caravana y me despidió. Yo me introduje en la mía, tras gritar que me marchaba al bar a comer algo, ya que mis padres no estaban, cosa que resultó ser verdad y de la que me enteré leyendo esta nota:

<>

Bastante concreta, por cierto.

Me alegré y me dispuse a observar la ventana de la caravana de Noemí, desde la mía, o mejor dicho desde el resquicio que había entre la pared y la persiana que eché para pasar desapercibido mientras le espiaba. La tenue luz de una maldispuesta farola, me permitía ver lo que allí ocurría

Quiso el destino que su cama estuviese también tras aquella ventana, y pude ver, desde la sobriedad de la noche, como la chica se tumbaba sobre la cama a juguetear con su perrito, totalmente desnuda

Creyéndose segura por el silencio de la noche, abrió la ventana y resopló debido al calor que hacía, luego, tras mirar en todas direcciones, sacó una de las pantorrilla por la ventana y comenzó a dirigir sus manos a su entrepierna. Yo sentí una terrible erección, la primera en aquel camping, que, debido a los juegos que se irían perfilando directa o indirectamente a través de aquella escena, no sería la última…

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Acude a una entrevista y acaba siendo violada por la jefa y dos compañeros

Esta es la historia que le ocurrió a mi queridísima mujer, ella no se atreve a contarla, por lo humillante que resulto, pero tantas veces me lo ha contado que os contare paso a paso lo que le ocurrió como si lo contara ella:

Era la oportunidad de mi vida, (o eso creía) para entonces tenía 23 años , recién llegada a Madrid, y con muchísimas ganas de triunfar como modelo o actriz mis medidas casi perfectas 60-85-60 chica con estudios, con estilo, mona de cara con mis labios carnosos y mis grandes ojos marrones.

El anuncio decía:

– IMPORTANTE EMPRESA NACIONAL: ACTRICES MODELOS Y AZFATAS:

Busca chica joven, con aspiraciones a artista, para promocionarla como Modelo Actriz o Azafata. Dispuesta a pasar un duro plan de selección y tras un periodo de formación exhaustivo de un mes en Segovia, cobraría un sueldo fijo de 200.000 ptas al mes , más 50 \% comisión sobre los trabajos a realizar.

Parecía hecho a medida, no tenía problema por desplazarme fuera y total sólo un mes y qué pedazo de contrato sería.

Llegué a la empresa de modelos, situada en el centro de Madrid, me había citado con una señora llamada Almudena Sánchez, unos 40 años, alta, fuerte, morena vestida en plan ejecutivo. Me hizo mil preguntas, algunas me parecieron fuera de tono, pero las ganas podían conmigo:

¿ Eres virgen? Sí bueno tocamientos pero nada más

¿Te masturbas? Eh bueno me he acariciado pero, esto no

Muy bien ahora quiero ver tus aptitudes como actriz, espera por favor . (Llamó por interfono) Juan avisa a Pablo que igual os puede interesar la entrevista, venir por favor.

Entraron los Juan y Pablo, no hubo presentaciones se sentaron y me miraron, uno era joven unos 30 años , guapo, vaya muy interesante el otro era un gordo con cara de salido.

De repente me dijo Almudena: Bueno veamos que tal actriz eres: coge este libro, vete al centro de la sala y lee el primer párrafo.

Me esmeré todo lo que puse leyendo con atención, me sentía observada. Una vez leído el primer párrafo me callé esperando nuevas ordenes y llegaron ya lo creo que llegaron:

Muy bien dijo el gordo ahora haz lo mismo pero desnuda.

Mire directamente a Almudena a la cara y me hizo un gesto como diciendo venga que esperas. Era verano y tan solo llevaba un vestido azul celeste mi sostén y mi tanga . Me miraban esperando a que empezara a realizar un pequeño stip tease, me retiré los zapatos, retiré de mis hombros las dos tiras del vestido y este cayó dejando poco a poco ver mi impresionante cuerpo hasta caer al suelo, di un paso adelante me agaché para recogerlo y lo coloqué en la silla, me volví al centro de la habitación y cogí el libro, cuando iba a empezar me paró y con tono enfadada soltó Almudena: Rosa te han pedido desnuda y no lo estás, ¿realmente te ves capacitada para este puesto? POR SUPUESTO contesté yo , desabrochando mi sujetador, saliendo mis bien formadas tetas con esa aureola perfecta y pezones semi erectos por el frío del aire acondicionado, estaba nerviosisima pero quería el puesto, me coloqué en el medio y bajé mi tanga hasta las rodillas levantando el pie para que pudiera salir y cogiéndolo con la mano lo tiré en el sillón.

Traté de taparme con el libro pero tenía que leer y eran letras pequeñas por lo que me arrimé el libro mostrando mi monte de Venus perfectamente aseado y depilado suficientemente para broncear gran parte de mi zona sexual. Los ojos de los dos hombres se clavaron en mi sexo, ella me miraba con una pequeña sonrisa sádica. Empecé a leer y para los nervios que tenía no lo hice mal.

Muy bien, ahora siéntate en ese sillón que tienes detrás. Me ordenó Almudena.Era un sillón de madera tipo clásico para una persona. Me senté aprovechando la posición para taparme con libro brazos ,manos Bien ahora a ver si tienes memoria esta es la prueba final, no es fácil, pero estoy segura que la pasarás. Quiero que sueltes el libro y me recites el primer párrafo, es muy cortito o sea que esmérate, porque a cada olvido, te diré lo que viene a continuación, pero deberás de empezar de nuevo y en posturas y situaciones distintas. ¿LISTA? EMPIEZA

Empecé tenía gracias a los estudios bastante capacidad de memoria pero claro falló. Bien la continuación es “y la vi florecer” empieza de nuevo pero antes sube tus pies al borde del sillón y colócalos a cada extremo del mismo.

¡¡¡QUE HORROR!!! Pero ya estaba casi al final y lo hice, separando inevitablemente mis muslos y piernas, subí a cada extremo del sofá ,mis pies. Vente más al borde. Cosa que hice exponiendo absolutamente mi vagina entreabierta con sus labios superiores lo suficientemente separados como para ver mi clítoris, toda mi zona rosita y mi cueva, así como más abajo podía ver mi estrellita o sea mi ano también entreabierto.

Histérica por la situación , deseaba acabar y empece a recitar, pero los nervios me volvieron a traicionar y vi como Almudena sacó una cámara de vídeo del cajón. NO grité juntando mis piernas y tapándome, eso ya no. Vamos a ver Rosa me dijo el de 30 años que no habia abierto la boca y al cual se le veía un buen bulto entre los pantalones ¿tu quieres ser actriz no es cierto? Pues esto no es mas que una cámara, tranquila que la tendremos apagada, es para ver como actúas con presión.

Dicho eso me coloqué una vez más pero esta vez noté cómo mi sexo estaba humedecido no entendía el por qué pero esa situación me excitó. Empecé de nuevo mi recital, Almudena sujetaba la cámara y la arrimaba entre mis piernas y al subir la cámara para sacar mi cara vi como el piloto rojo de grabación estaba encendido y por supuesto paré y me quejé. Vamos a ver me estoy empezando a cansar, no te preocupes que la cinta te la entrego al final si no quedas contratada, me dijo Almudena, pero ves por tonta ahora te toca una complicación más.

Arrimaos aquí, le dijo a ambos hombres, se colocaron de rodillas frente a mi sexo, notaba en mis muslos la respiración de ambos, Almudena grababa. Bien dijo empieza es probable que notes algo ahí abajo pero te confirmo que como vuelvas a pararte o equivocarte no quedaras contratada.

Me esperaba cualquier cosa, empecé y no había acabado la primera frase que tenía 4 manos en mis muslos a escasos centímetros de mi sexo abierto y brillando por el flujo de mi excitación. Me callaba dos segundos seguía como podía, hasta que noté como un par de dedos separaban mis labios inferiores, abriendo así mi cueva vaginal. Me callé , Almudena me miró y conseguí continuar está el puesto en juego. De repente entre los dos dedos sentí uno más grueso, me imagino que el del gordo y empezó a restregar las paredes de mi cueva y cada vez lo hacía más dentro, hasta que noté el dedazo entero, los otros dedos jugaban con mi clítoris, obligándome a soltar ciertos quejidos pero continuando con mi trabajo. Con la misma mano del dedo que tenía dentro de mí noté que seguramente sería el pulgar intentaba abrirse paso por mi ano, pegando un ligero saltito, éste al ver la estrechez de mi culo, optó por un cambio drástico, sacó su dedo de mi dolorido pero mojado chocho y me metió sin contemplaciones 2. Me dolió machismo, grité y paré. Chica aquí acabas de arruinar tus proyectos de cara a ser actriz, me dijo Almudena te puedes vestir y marcharte.

No por favor me puse a llorar estaba en el medio de la sala desnuda, haré lo que queráis pero darme una ultima oportunidad.

Muy bien, chicos iros desnudando ella estaba sentada, se levantó de su silla sin levantarse en exceso la falda estrecha que llevaba se bajó y quitó las bragas, quédate de rodillas y así ven hacia mí quiero ver y oír como recitas cuando tienes un trabajo que hacerme en mi adorable coco.

Pretendía que le chupara el ¡¡¡coño!!! Ok me fui de rodillas hacia ella, ya tenía subida la falda y con su coño peludo entreabierto, el delgadito cogió la cámara y se puso a grabar, estaba desnudo tenía un cuerpazo y un miembro fino pero muy largo y lo tenía en plena erección. A mi derecha vi al gordo asqueroso con una barriga horrible, lleno de pelos y un mini miembro.

Mi cara estaba pegada al sexo de mi futura jefa, olía a flujo y notaba hasta el calor, saqué la lengua, ya no había marcha atrás posible, empecé a lamerme la zona clitorial esta cerró los ojos, me acerqué a su túnel y le introduje mi lengua, ella me presionó más la cabeza hacia su sexo para notar como entraba más y más mi dolorida lengua.

De repente el de 30 años le entregó la cámara al gordo que se estaba masturbando y no tardé en notar por detrás como un miembro durisimo trataba de abrirse camino por mi coñito, quizás deseoso de que le hicieran caso, notaba como sus testículos me golpeaban los muslos y nalgas la tenía totalmente dentro, de repente noté como mi cueva se encharcaba con su liquido, yo seguía mi trabajo. BUENO QUÉ ¿RECITAS O NO ¿

DIOS pretendían que recitara con la excitación que tenía empecé entre lengüetazo y mordisqueo de clítoris a recitar. Cuando iba por la mitad vi como el de 30 años sujetaba la cámara y tenía su pene hecho una birria. Mi sorpresa fue cuando sentí dos manos en mi cintura y al gordo por detrás mío.

SIGUE SIGUE, me dijo cuando ya notaba su glande en mi agujerito negro, la cámara se dirigió allí, que es donde venía el plato fuerte, casi de dos hincadas me clavó su dura pero afortunadamente pequeña herramienta, GRITÉ, pero seguí y acabé de recitar, sacando bruscamente de mi culo la pichita de aquel elemento y diciéndoles YA ESTÁ, cuándo empiezo.

Almudena recolocándose la falda saco de su carpeta un contrato, que leí y firmé.

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Pelirroja desconocida me hace una paja en el cine

Estaba un poco aburrido la otra noche así que me fui al cine que me queda cerca a ver la película de Leonardo di Caprio “El Renacido”.

A mi derecha y dejando una butaca libre se sentó una chica de unos 30 años, pelirroja con pecas y muy buenas tetas, la observe pues me encantan las coloradas smile
La película era bastante pesada y aburrida por cierto no me gustaba demasiado así que me puse a observar a la pelirroja hasta que ella se dio cuenta que la estaba mirando todo el tiempo.
En un momento ella estiro una pierna y me rozo la mia y no de casualidad sino con intención de hacerme notar que se di cuenta como la miraba, no reaccione pero ella volvió a hacerlo y ya no había dudas que no había sido casualidad.

Tome agallas y me moví a la butaca libre que había entre nosotros y nos sonreímos sin hablar.
Sin decir palabra le tome la mano y ella no opuso la menor resistencia asi que luego de un par de minutos de tener nuestras manos juntos conduje su mano hasta mi entre pierna haciéndole notar mi polla.
Ella no solo no opuso la menor resistencia sino que luego de 3-4 minutos de tocarme por arriba de mis pantalones, me bajo el cierre y metió su mano bajo mi bóxer y comenzó a masturbarme y manosearme la polla que se endureció casi en forma instantánea.

Para no ser menos yo comenze a tocarle una teta que esta re dura y luego baje mi mano explorando bajo su falda avanze hasta sus bragas corriendolas para llegar a su coño mojado.
Asi estuvimos un buen rato, ni me pregunten que pasaba en la pelicula pues ni idea, habia perdido todo interes en Leonardo de Caprio y estaba totalmente concentrada con esa peliroja caliente que no dejaba de masturbarme y yo con mis dedos en su coño que estaba humedo y caliente.

No podia aguantarme mas al cabo de un rato explote con una gran cantidad de semen en sus manos, ella siguio manoseandome la polla y los huevos unos par de minutos y luego se lamio los dedos haciendo mmmmm…..
Yo seguia con mis dedos en su coño y para no ser menos tambien me lami mis dedos con sus jugos que eran realmente muy sabrosos.

No miramos con una sonrisa y sin decir palabra se levanto y se fue dejandome con la polla llena de semen fuera de mis pantalones.
Lamentablemente hasta que logre acomodar mi verga dentro de mi boxer y en mis pantalones ella ya no estaba en la sala y pese que la busque afuera no la pude encontrar……

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Dulce Posesion

Las piernitas flacas, las manos cruzadas a la altura de su bajo y vientre
y solo mirando el piso; tipica villerita…. Habia quedado a cargo de la tía al morir sus padres y esta que mas de una vez se acostó conmigo me la ofreció por un buen precio…el único encanto que tenia era su virginidad. Tratala bien me pidió su tutora y ex-amante; fuimos a la pieza y la senté al borde de la cama acariciando su huesudo cuerpito al tiempo que le decía palabras de tranquilidad buscando besarla pero ella me negaba sus labios y solo aceptaba unos pocos besuqueos. La recosté y empece a desvestirle mientras mi lengua saboreo sus incipientes tetitas bajando mas allá del ombligo teniendo que separar sus manitos que cubrían en una inútil resistencia su inmaculada conchita. Lamí sus muslos internos y llegue a sus labios vaginales con el olorcito a jabón de tocador barato como su perfume y comencé a chuparla…al cabo de unos minutos gimió retorciéndose y eso me enloqueció de sobremanera poniendo mayor dulzura en la practica del sexo oral. Entrelazamos los dedos y cuando sus labios vaginales se hincharon chorreando flujo a granel decidí empezar a subir; cuando mi pene llego a la altura de su ardiente vagina se mordió el indice implorando que no lo hiciera. Entre de una haciéndola gemir y retorcerse mientras lloraba y yo bombeaba buscando meter mi lengua en su boca la cual me fue negada. Me dedique a coger y agradecerle el honor de ser el primer hombre en ella, le acabe en la pancita y quedo en posición fetal semi tapada con las sabanas mientras me limpie y retire después de saludar a su tía pagando el “contrato”. Después de un par de meses me conecte por llamado de su nueva “mama” e intrigado fui al café donde nos encontrábamos. “quiere verte” la mire con curiosidad y ella agrego “fuiste su primer hombre y la trataste bien; dale no la desprecies” Volvimos a encontrarnos y pese a su decisión de verme aun seguía tímida. La acaricie y busque su boca que encontré mas generosa que antes hasta llegar a besos de lengua que nos ahogaban, seguía flaquita y dulce, cogimos con pasión y mas sueltos, ella arqueo su cuerpo ofreciéndome la vagina para que la lamiera y cuando le pregunte quien le enseño a hacer eso me contesto que se le ocurrió en las pajas que se hacia pensando en mi. Chupe con devoción las tetitas y de a poco le fui abriendo la cola. Empezamos a tener varios y repetidos encuentros hasta que en una oportunidad me detuve a mirarla mientras se vestía; estaba realmente muy buena, sus tetas tenían un tamaño ideal; sensuales y de un tamaño que permitía libarlas con dulce placer, la cola había crecido en una forma increíble en tamaño redondez y dureza. Cualquier hombre soñaba con ese cuerpo, en el living le toque el culo a su tia y esta me reto diciendo que si quería que ella la odiara dado el metejon que tenia conmigo.Venia para mi amante el cumpleaños que mas celebra una mujer y le pregunte que quería: que amanezcamos juntos dijo sin pudor alguno- como marido y mujer agrego suplicando. Tenia una casa standar en un barrio bajo super tranquilo y las mude ahí sacándolas de la villa haciendo un testamento para ambas sin que lo supieran. Ese día lleve sandwich tortas y bebida para los tres mas un montón de ropa para ambas de las cuales ella eligió para andar en la casa una bata roja de seda corta la cual uso sin nada en su parte superior y yo me servia a gusto de sus pechos en cualquier momento. a la madrugada nos fuimos a dormir y nos amamos como locos; hizo arcadas cuando me chupo el culo y me tomo el semen por primera vez. Rato después me levante a orinar y al volver cuando levante las sabanas vi con otros ojos su fabuloso cuerpo, era menor a mis nietas y tenia mas lomo que hijas y nueras y era mía….mía. Me acosté y tomándola del hombro la gire para dormirnos abrazados, estaba calentita dura y sus sabrosas tetitas quedaron contra mi pecho y mi mano se poso en su cola. Cuando cerré los ojos escuche su vocecita suplicando que la cogiera de nuevo; no hay mejor potenciador que la calentura en si y como pude imprudentemente le acabe adentro durmiéndonos después.

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