Noche de perversión en publico (El semen que lubrica la ciudad)

Era una noche oscura, tan negra que sobre una banca de la plaza aprovechamos. Yo sentado sobre la banca lo recibí, él se puso sobre mis rodillas, se acomodó bien y empezó a besarme frenéticamente, agarró mi mano y comenzó a pasarla encima del bulto que hacían en su pantalón su pene y sus testículos, pasaba mi mano con torpeza, hasta que soltó mi mano y abriéndose el pantalón sacó su verga y rápidamente puso mi mano sobre ella para que se la agarrara, apenas sintió mis dedos cerrarse alrededor de su pene siguió besándome como si estuviera hambriento de sentir mis besos.

Se agarraba con fuerza de mí, me abrazaba agresivamente como queriendo llevar todo el peso de su cuerpo encima del mío, pero así y todo parecía un muñeco sentado en mi regazo, y yo le estaba manipulando el pene a mi antojo, en poco se lo puse más duro que un mástil y estaba calientito, luego bajé la mano para acariciarle los testículos hasta meterle la punta de mis dedos dentro de su ropa y alcanzar levemente su culo, los testículos los tenía firmes como queriendo salirse de la piel que los cubría.

Se notaba algo agitado y empezó a darme besos cortos en la boca, nuestras bocas sonaban en medio de la oscuridad al juntarse, yo apenas podría distinguir sus ojos mirándome y él feliz me miró por unos segundos y luego me lleno de besos la cara apretando sus brazos alrededor de mi cuello. En seguida, él mismo agarro su verga para darse un manoseo y me pidió que me la metiera a la boca, elevó un poco el cuerpo como queriendo alcanzarme la verga a la boca, pero desde mi posición de sentado era algo incómodo y no alcanzaba a poner mis labios siquiera en la punta de su tierna verga.

Entonces él insistía en que me metiera a la boca su verga y yo le pedí que nos acomodáramos mejor, que solamente así era posible alcanzar su pene con mi boca, él es incorporó levantándose de mis piernas, al pararse se fueron su pantalón y su bóxer hasta abajo, entonces se quedó ahí parado frente a mí con la verga parada y el culo al aire por detrás, pero a él no le importó nada de eso y más aún se jaló el suerte hacia arriba dejando totalmente descubierto su vientre y su abdomen, me excitó verlo ahí parado con las piernas, el sexo y hasta medio pecho desnudo, estaba así para mí, entregándose a media intemperie, pidiéndome que con mi boca hiciera mía su verga.

Yo, con toda la excitación que eso me causaba, de inmediato cogí su verga en mi mano y me la metí en la boca, me puse a chuparla y mi otra mano la metí en sus testículos acariciándolos suavemente, mientras en mi lengua, en mi paladar podía sentir su verga dura y el sabor tan dulce de esa piel de verga que me llenaba la boca, su verga alcanzaba a momentos mis mejillas por dentro y a momentos la sentía golpeando y resbalando encima de mi paladar superior, la tibieza y finura de esa punta era sumamente agradable y me hacía dar unas ganas de chupársela con todas mis fuerzas, sin parar, azotando esa verga dentro de mi boca, metiéndomela más hacia el fondo en cada tragada que daba sobre ella.

Ya no aguante más y en un exceso de excitación apreté sus testículos con mi otra mano, él entre su agitación lanzó un quejido de dolor, pero al parecer eso le gusto, pues tomó fuerza con las piernas y abalanzó más su verga mandándola más adentro de mi boca, yo la recibí con toda mi boca, alcancé a sentir el roce de sus testículos firmes en mi quijada y la punta de esa verga casi alcanzando mi garganta, aquella tragada casi me dejó el aire cortado y apenas me recupere aspirando aire por la nariz, con ese aire se metió el olor penetrante de su genital en mi nariz, lo que casi hizo que me asfixiara y termine deteniéndome para soltar un rato esa verga y poder toser, pero de inmediato, acabando de toser cogí nuevamente ese pene con mi mano y me lo metí por completo a la boca para terminar de chuparle hasta que él quedara satisfecho.

Y quedó tan satisfecho con el sexo oral que le proporcionaba, que tomando mis manos desde abajo hizo que le acariciara las nalgas con ambas manos. Tenía las nalgas frías pero aun así me gustaba tocárselas, eran unas nalgas redondas y pequeñas por lo que cabían en mis manos perfectamente, y yo se las acariciaba mientras jugaba con la redonda punta de su verga sobre mis labios, haciendo que esa punta se meneara de un lado al otro como un péndulo y al pasar de un lado al otro rozara mis labios, a lo así bajé mis manos a sus muslos, gruesos y firmes soportaban el peso de su cuerpo, esos muslos llenos de pelillos delgados que apenas rosaban mis manos, fui subiendo mis manos por sus costados alcanzando sus caderas y luego asomé las manos hasta juntarlas en medio acariciando su abdomen.

Era tan delicioso tocar su abdomen que quise hacerlo sintiendo su verga nuevamente dentro de mi boca, mis manos se deslizaban por todo su abdomen mientras mi boca se cerraba alrededor de su verga para chuparla, mi lengua por debajo de su verga atrapaba su sabor y lo degustaba en cada chupada que le daba, mis manos acariciaban con precisión cada centímetro de ese cuerpo, se deslizaban hacia los lados hasta alcanzar sus costados y luego volvían acariciando lentamente hasta juntarse en el centro de su abdomen, y mi boca, lo mismo, se chupaba esa verga lentamente, juntando mis labios a su alrededor, succionándola ahí dentro hasta sentir el tallo de su verga completamente en mi boca, sentía que aprisionaba su verga hasta sacarle el máximo de sabor para tragármelo junto a mi saliva, sin descanso seguía chupándola incansablemente.

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Publicado en: Relatos eroticos gays

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