Mis 16 gays (El semen que lubrica la ciudad)

Y estaba ahí, con mis 16 centímetros de erección, 16 igual que mis años de vida, emocionado y al mismo tiempo asustado, parado frente a la puerta del salón donde iba a iniciar mi vida gay, curioseando más que mirando tras su puerta de vidrio y su letrero luminoso que decía “El atracaxxxte”, no tarde mucho en ingresar, había un enano tras la recepción, al que le pregunté que debía de hacer para poder pasar, inmediatamente me dijo cuanto debería de pagar para ocupar “el piscinazo” que así se llama su salón principal, y no podía creer que debía de pagar para lo que me esperaba dentro de ese salón, pero en fin, lo hice.

Después de pagarle el importe que pedía, el enano me condujo al salón en cuestión, yo lo seguí por detrás como perro a su amo, abrió una doble puerta que eran como la entrada a una sala de cine y me dejo entrar. Se trataba de un amplio salón cuadrado sin ventanas, con dos puertas de acceso, una por donde me había ingresado el enano que era la más grande y la otra al otro extremo del salón de puerta simple, las paredes estaban pintadas del color de la madera, el piso era de mármol color piedra de río y en medio había una fosa del mismo color que parecía una piscina vacía, es decir sin una gota de agua. Una vez dentro mi guía me dijo que me prepara, cuando le pregunte como debería hacerlo, me respondió que desnudándome y se largó cerrando la doble puerta.

Di unos pasos y lo primero que me sedujo de ese lugar fue su olor a semen que parecía concentrarse en el aire. Lo primero que me quite fueron los zapatos y me metí a la fosa que había en medio, ahí parado en el centro me puse a contemplar aquel ambiente vacío y por el olor que circulaba y que parecía que se me impregnaba en el cuerpo, comencé a tocarme la verga encima el pantalón, sentía como se había mantenido erecta todo este tiempo, deslizaba mi mano por toda su extensión y la podía sentir casi palpitándome, me empecé a desnudar y quise hacerlo a la par que me masturbaba, por lo cual lo siguiente que saqué fue mi verga erecta abriéndome la bragueta, agarré mi verga con una mano y comencé a frotarla mientras que con la otra mano jalé mi ropa hasta descubrir mi pecho, pase mi mano por mis pezones y el poco pelo que tenía, luego por mis hombros hasta dejar libres de ropa mis brazos y la caída de mis brazos me condujo a tomar mi verga con ambas manos y darme una buena masturbada ahí parado, dándole duro con mis dos manos a mi verga dura hasta dejar la punta totalmente descubierta y luego jalar la piel de su alrededor a merced de mis manos hasta dejar rojizo el tallo de mi verga, así logré llegar a una gran excitación que casi hizo que eyaculara, pero antes que eso pasara, decidí meter mis manos más adentro y tomar mis testículos, uno en cada mano, sujeté bien mis pelotas y eso hizo que mi verga se sacudiera sola, llegue a sentir un aire frio en la punta de mi verga, ese mismo aire que estaba impregnado de olor a semen; y quise sentirme desnudo por completo para que ese olor tome mi cuerpo, así que dejé que mi pantalón cayera hasta abajo, luego con una mano bajé mi calzoncillo hasta que cayera abajo también y ya ambas cosas me las quite de entre los pies.

Sentirme desnudo con la verga totalmente erecta, en medio de esa fosa y ese ambiente vacío me hizo sentir como un niño indefenso y volví a tomar mi verga entre las manos, sacudía mi verga con ambas manos arrugando su piel, cubriendo y descubriendo la punta con cada sacudida; mientras me masturbaba con los ojos cerrados por la excitación que sentía, un goce exquisito de mi propio genital me llevo a sentarme en la fosa apoyando la espalda en el borde y seguir disfrutando de mi verga agitándola con fuerza hasta sentirla más dura y apuntando hacia arriba, de pronto escuché una voz grave que me decía “hazlo más fuerte, con todas tus ganas”, y ahí fue que abrí los ojos y vi que un grupo de hombres que se habían puesto a mi alrededor, estaban al borde de la fosa mirándome como me masturbaba, los conté a prisa y eran 15, todos traían puesto solamente su ropa interior, unos sus bóxer otros simplemente un calzoncillo, y todos al unísono tenían la mano metida tocándose mientras apuntaban sus miradas a mi verga, nunca había sentido que me miraran tanto.

A muchos de los que estaban sentados a mí alrededor se les notaba una verga tan dura como la mía, había negros, rubios, latinos, altos, gordos, jóvenes y maduros, hombres de todo tipo rodeándome, acechándome con sus miradas lujuriosas, excitados masturbando sus vergas dentro de su ropa interior, haciéndoselas parar hasta conmocionarse y mirándome con sus sonrisas pícaras. Hasta que todos se pusieron de pie y se comenzaron a sacar sus interiores y me los lanzaron a la cara como una lluvia de prendas íntimas masculinas. Y quedaron desnudos al igual que yo, con sus vergas colgando como mástiles de todos los grosores y formas, ver todas esas vergas rodeándome me hizo dar cuenta en lo que me había metido y aunque no me sentía preparado, si sentía que estaba en el momento y lugar correctos para lo que había decidido hacer. Y entonces le di el último manoteo a mi verga, en realidad fue una masturbación masiva de hombres, conmigo al centro como aperitivo del cual se iban a servir.

Si quieres leer completo éste y otros lujuriosos relatos incluidos en mi libro digital: “El semen que lubrica la ciudad” escríbeme a mi correo: ellibrodegonzo@gmail.com

Publicado en: Relatos porno

Deja un comentario