MIS 16 GAYS (El semen que lubrica la ciudad) parte 2

Comenzó un negro con verga enorme y testículos colgándole, que se puso a mi cabecera al borde de la piscina y asechándome con su verga por lo alto de mi cabeza, la sacudió hasta que se vino con tremendo chorro encima de mi cara y mi boca, al otro costado uno de piel blanca y verga delgada comenzó a manotearse hasta que un chorro de semen blanco vino a dar sobre mi cuello y luego unas gotas espesas cayeron sobre mi labio superior y su olor fuerte entro por mi nariz hasta casi dejarme ahogado.

Ahí abajo yo me la estaba pasando bien porque después de todo me gustaba tener tanta verga encima de mí, así que acomodé mejor mis hombros al borde de la piscina, el siguiente fue un rubio, joven y bien dotado que se puso de rodillas al borde de la fosa y sacando su verga hacia adelante me la entrego con tremendo esmero en su manoseo tratando de sacarse la leche, hizo varios intentos y en uno de esos le dieron ganas de mear y para no mojarme entero y hacer el espectáculo ahí mismo, inclinó su verga a tiempo con una mano y su meo fue a dar al interior de su muslo llegándome a la mejilla apenas gotitas que rebotaban en su piel, al final creo que tanto él como yo disfrutamos de su meada pues al momento que se levantó con la mano que había hecho su verga a un costado, rozo mi mejilla dejándomela mojada y siguió masturbándose pero cedió el puesto para que el siguiente viniera.

Y era un hombre maduro que tenía pelos blancos hasta en la verga y tomaba su tieso miembro con fuerza, se agitaba, lanzaba gritos de placer, hacia su pelo hacia atrás con una mano y con la otra seguía sacudiendo su miembro hasta que se vino lanzándome unos buenos chorros encima, con cada poderoso chorro que me disparaba desde la punta de su verga sus piernas se arqueaban quedando temblorosas. Luego un obeso de verga abultada y pelo en todo el pecho, se acercó y se puso en posición semi sentada, yendo a dar mi testa y mi frente entre sus piernas, desde ahí abajo podía ver perfectamente sus testículos y parte de su culo, sus chorros de leche fueron a parar a mi cuello y parte a mi pecho por lo que se retiró algo decepcionado al no acertar a darle a mi boca.

Para salvar la situación se puso de costado un joven algo rollizo y piel flácida, con lentes pesados que casi se le caían de la cara por la acción de su masturbación, pero me dio una generosa roseada desde su verga, dejándome su baba espumosa encima de la nariz y la mejilla, por el otro costado se acercó un mulato de pies grandes y verga oscura y alegremente se vino encima de toda mi cara dejándome prácticamente empapado de su semen.

Con el espectáculo que había acabado de dar el mulato sobre mi cara todos quedaron más que entusiasmados y el próximo que venía no se dejó esperar y en lo que se acercaba se comenzó a derramar dejándome unas secreciones por encima del pelo y la frente, sus últimos goteos fueron a dar encima de mis parpados y mis pestañas casi entrándose a mis ojos, ya después de eso los demás se acomodaron en conjunto por encima de mi cara, cada uno agarrado de su verga y a medida que se venían, se acomodaban uno detrás de otro dejándome su semen en la cara, uno de ellos, queriendo acercarse más a mi boca, bajó una de sus piernas hasta el interior de la fosa y semi sentado puso lo más cerca que pudo de mi mejilla la punta de su verga y en un instante supo soltar un par de chorros espesos dentro de mi boca, lo demás lo derramó en mi mejilla.

Y así uno detrás de otro pasaron los quince para dejarme su leche encima, era tan abundante que cuando moví la cara, las gotas de semen se escurrían por mi cuello y otras caían suspendidas desde la punta de mi nariz, y cuando yo ya daba por terminado y consumado el hecho, a lo así llega apresurado un gordo cuarentón, bigotón y ya con poco cabello, pidió perdón por entrar tarde pretextando que su mujer lo había retrasado. Pero entusiasmado, agitado y acelerado, el gordinflón se metió a la fosa hasta donde yo me encontraba y agarro su verga para comenzar a masturbarse intentando acabar rápido, pero ni con todo el ímpetu que le daba a su manoteo pudo apresurar su corrida por lo que ya me estaba impacientando, hasta que a lo así, arqueó las rodillas hacia afuera, se estiro hacia arriba y sometiendo su verga apretándola hacia sus testículos, lanzó un alarido y comenzó a correrse lanzando largos y gruesos chorros blanquecinos, eso comenzó a gustarme de él así que me acerqué con la boca abierta para recibirlo y dejé que me descargara dentro de la boca sus últimos chorros.

Después de eso, todos comenzaron a dispersarse dejándome en la fosa bañado en semen, yo por mi parte disfruté de ese instante recordando cada una de esas vergas que salpico su semen en mi cara, me seguí masturbando en solitario, sonreía de gusto acariciando mi verga desde mis testículos hasta la punta. Hasta que viéndome solo se me acerco nuevamente el gordo y me dijo: “¿puedo?”, apuntando mi verga con su dedo índice, yo le dije que sí sonriéndole y se acercó a chupármela, luego de un rato quiso soltarla pero me gustó tanto que le pedí que siguiera y lo sujeté de la cabeza para que continuara haciéndolo hasta que me corrí de forma continua y abundante en su boca, salpicando su labio superior hasta cubrir en parte sus fosas nasales, cosa que tanto para mí como para él fue satisfactorio, nos miramos a los ojos, y nos dimos cuenta que nos miraban, para no seguir haciendo más espectáculo él se alejó y yo también.

Posteriormente cuando me fui a los lavaderos vi aquel gordo que se secaba con una toalla y me miraba de reojo, luego de vestirse se me acerco algo tímido, dudoso, como cuidándose que nadie más lo vea, y me dijo: “te espero afuera para que me rompas el culo” y se retiró a prisa.

Me termine de vestir y salí de ese lugar, no vi a nadie afuera en la calle por lo que pensé que el gordo finalmente se había desanimado y se había ido a su casa a seguir su vida de casado, emprendí mi camino y a los primeros pasos que di, apareció a un costado de la calle un carro, y me sonó el claxon, voltee y lo miré, era el gordo, me miro y me dijo que entrara. Fuimos a su casa y ahí se lo hice, le rompí el culo y él me lo hizo también, acabamos y me confeso que en realidad su mujer lo había dejado y que vivía solo con su pequeño hijo, que su vida se había convertido en un desastre, perdió el aliento y se echó a llorar, como a mí no me gustan los lloriqueos, menos de un hombre me quise ir, pero secó sus lágrimas y me pidió que no me fuera.

Pasado algún tiempo continué teniendo sexo con aquel gordo pero al acabar de hacérselo me vestía y me iba rápido, hasta que una noche me dejo que le hiciera muy intenso y me lo hizo muy intenso también, incluso me quede dormido y desperté a la mañana siguiente, quise irme rápido antes que su hijo nos viera pero él me detuvo, me dijo que esperara porque quería mostrarme algo, bajábamos por las escaleras pero nos quedamos a medio camino porque alguien toco el timbre de la puerta, era la empleada, al verla él dijo: “justo a tiempo” me hizo quedar ahí sentado en las escaleras para espiar y comenzó el espectáculo de su pequeño hijo y la empleada.

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Publicado en: Relatoseroticos

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