mi vecina, su madre

Soy soltero y vivo solo en un barrio de clase media de la provincia de México, tengo 30 años y un buen empleo que me permite ciertos lujos. Mis vecinos desde hace diez años que llegue a vivir a esta casa por motivos de estudio, son una familia compuesta por Felipe, el padre, Emilia, la madre y tres hijos, la mayor con 20 años llamada Mariana, le sigue Claudia y Rubén con 18 (son gemelos).

Felipe doctor de profesión es buena persona y amable con todos, por trabajo viaja seguido y a veces tarda semanas en volver, Emilia de 40 años era una hermosa mujer madura de cuerpo precioso, unas grandes tetas, cintura pequeña que hacia resaltar más aun ese par de tetas que era la tentación de todos los vecinos, con un culo grande y firme por tantas horas de gimnasio y piernas torneadas, cara bonita, piel blanca, ojos color miel y pelo castaño.

Solo era opacada en belleza por sus dos hijas que habían heredado su afición por el ejercicio, Mariana era muy parecida pero pelirroja, sin las tetas tan grandes pero un culo igual de apetecible y cuerpo bien torneado, Claudia era mas bien rubia con mirada inocente pero lujuriosa, como de niña traviesa con ojos verdes y un cuerpo que se notaba aun en desarrollo pero ya muy apetecible, también hacia ejercicio y se notaba.
Desde que los conocí había quedado impresionado con la belleza de Emilia sin fijarme aun en sus hijas que en ese entonces no me llamaban la atención por ser unas niñas aun, no así su madre a la que dedique una buena cantidad de pajas y sueños húmedos. Por cuestiones de trabajo y estudio no pasaba mucho tiempo en casa y los pequeños momentos en ella eran para descansar y hacer algún pendiente del hogar, todo cambio cuando habiendo terminado la escuela y ascendido puestos en mi trabajo podía pasar más tiempo en casa y así con más tiempo libre empecé a notar mas a mis vecinos, incluidas las hijas del doctor Felipe que con los años habían adquirido la belleza de su madre y aun mas.
Con el tiempo comencé a coincidir con ellas en algunos puntos cercanos a nuestras casas y en algunos restaurantes que sin ser nada finos cumplían muy bien la necesidad de una cena bien preparada fuera de casa. Así fue como pude platicar más seguido con Mariana y a conocerla mejor, esta de mas decir que si nunca había podido realizar mis fantasías con su madre, con ella tenía algunas oportunidades pese a la diferencia de edad, y empecé mi conquista. Ella era muy amable y no rechazaba mis acercamientos e incluso me buscaba en ocasiones para salir a algún bar y platicar, cuando pasado un tiempo corto de conocernos y en una salida en un bar empezamos a besarnos al calor de las copas y a meternos mano por donde la ropa y la demás gente lo permitían.
Ese día ella llevaba una falda corta y pegada al cuerpo que hacia voltear a cualquiera para apreciar esas piernas y ese culo resaltado por unos tacones altos y un contoneo natural, arriba llevaba una blusa que no dejaba ver mucho por ser algo floja, pero no me importaba, tenía a mi alcance ese par de piernas que pude acariciar mientras nuestras lenguas se tocaban una a otra, ella separo un poco las piernas y entendiendo la señal subí mi mano por el interior de sus suaves muslos y cuando toque con un dedo la humedad de sus bragas ella soltó un suspiro y apretó mi cuello con su mano, esto me dio pie a seguir con las caricias e hice a un lado esa tanga que estorbaba y por fin pude tocar sus húmedos labios, pase mis dedos por toda su rajita que tenia depilada casi totalmente a excepción de una pequeña matita de pelitos bien recortados coronando sus labios, metí un dedo en ese cálido rincón y ella apenas pudo ahogar un grito mientras mordía mi labio inferior, me dolió un poco pero no importaba, quería disfrutar de esa rica sensación que apenas comenzaba a disfrutar cuando un pequeño empujón de algún cliente del bar me hizo caer en cuenta de nuestra situación, estábamos sentados en la barra de un bar que sin darnos cuenta se llenó, nuestros cuerpos sudaban ya por el calor del lugar y nuestra propia calentura, ella sentada a mi derecha con sus piernas separadas y mi mano izquierda en su rajita mientras nos besábamos apasionadamente.
El barman nos veía con una sonrisa cómplice y decidí que era mejor seguir lo nuestro en otro lado, haciendo un esfuerzo saque mi dedo del interior de su cueva me separe de ese beso que nublaba mis sentidos y pedí la cuenta, ella al notar lo mismo se separo apurada con su rostro ruborizado y me aviso que iría al sanitario mientras pagaba las bebidas que no habían sido pocas.

Una vez salió del baño, tomo mi brazo y me dijo: no sé que me hiciste que perdí noción de todo, pero quiero seguir esto.
Sin esperar, la abrase y salimos del bar hacia el estacionamiento, rodeamos mi auto y abrí la puerta trasera, ella quedo unos instantes dudando hasta que sonriendo con ojos de lujuria entro al auto corriéndose hasta el otro extremo y jalando mi brazo. Una vez dentro me tomo por sorpresa cuando beso mis labios mientras su mano tocaba mi verga que estaba como fierro por sobre el pantalón y la recorría apretándola fuerte, yo por mi parte volví a buscar entre sus piernas y encontré que ahora no había resistencia, se había quitado las bragas cuando fue al baño y al notar mi cara de asombro las saco de su bolso haciéndolas girar en su dedo me las paso por el rostro diciendo:
-están muy mojadas y creo te estorban, te molesta?
-para nada, me encanta esa sorpresa

Dicho esto seguí metiendo mi lengua en esa boca que me volvía loco y mi dedo en su rajita, después de un rato así quise meter otro dedo pero se aparto un poco y comenzó a desabrochar mi pantalón, bajo mi boxer quedando mi verga por fuera, ella dejo de besarme para contemplarla y con un poco de sorpresa dijo:
-valla! Es bastante grande y dura
-así esta por ti
poniendo cara de niña traviesa la rodeo con sus dedos mientras subía y bajaba masturbándome deliciosamente.
Esa pequeña mujer me estaba calentando a más no poder y decidí hacer lo mismo con ella, la aparte un poco y la coloque al centro del asiento, tome sus piernas y las subí al respaldo de los asientos delanteros, como pude me hinque en medio y pude contemplar por primera vez esa rica rajita en todo su esplendor, tenia los labios hinchados y húmedos como invitándome a tenerlos y no me hice esperar, baje mi cabeza por sus piernas mientras besaba y mordía la parte interna de sus muslos hasta llegar a sentir sus líquidos que empezaban a dejar una mancha en el asiento, pase mi lengua desde la parte baja hasta su mata de pelitos rojizos y ella dio un grito reprimido por su propia mano y con la otra me tomo de la nuca y empujo con fuerza para clavarme entre sus piernas.

Lamí, bese, mordí y acaricie toda la zona de su cueva y ella más me apretaba y cada vez soltaba mas jugos, cuando ayudándome con dos dedos separe sus labios y metí mi lengua me presiono la cabeza con sus piernas y mano mientras convulsionaba y tapaba su boca con su mano libre soltó una gran cantidad de líquidos que intente recoger y degustar completos, había tenido un orgasmo en mi boca y sabia delicioso. Seguí chupando la zona y recogiendo líquidos unos minutos y cuando empezó a bajar la intensidad de sus temblores me incorpore un poco para poner la punta de mi verga en la entrada de su coño, en ese momento puso su mano en mi barbilla y me dijo:
-espera, quiero que esto sea especial, no quiero que mi primera vez sea en un auto.
-como?
Viendo mi cara de duda y un poco apenada dijo:
-es que… No he estado con ningún hombre antes…bueno, sí, pero no así… Es decir… Nunca lo concrete con nadie, te parecerá bobo o infantil pero esperaba a alguien que me hiciera sentir especial, y creo que lo encontré en ti… Pero no quiero que sea así, te molesta?
-claro que no me molesta, es solo que no imaginaba que fueras virgen.
-perdóname si no te dije nada pero no sabía si eso te apartaría de mi.
-no te preocupes hermosa, vamos a hacer de este un día especial que recordaras toda tu vida, para empezar vámonos de aquí.
-gracias por comprender- dijo esto con una sonrisa en sus labios y enseguida me beso. Como pude me zafe de ese beso me acomode un poco la ropa y me pase al asiento delantero, no quería perder tiempo, ella siguió mis movimientos y emprendimos el camino.
En cuanto tome una calle principal pensaba en la situación actual, tenía a mi lado una mujer bellísima, mucho más joven que yo y que quería entregarme su virginidad, no creí que pudiera ser más afortunado hasta que sacándome de mis pensamientos sentí su mano intentando desabrochar mi pantalón otra vez al reaccionar vi su tierna mirada de niña buena mientras decía:
– me toca regresar el favor
Saco mi pene de su encierro y sin pensarlo lo tomo con su mano y se agacho hacia él, casi pierdo el control del auto cuando sentí la primer caricia que hacía con su lengua en la punta, lamia todo el largo y daba besitos en la punta, después de unos minutos así, abrió su boca y sentí sus labios rodear mi verga y empezar a meterla lentamente, cuando llego a la mitad se regreso y volvía a bajar, la verdad no lo hacía muy bien, o no sé si eran mis ganas de llegar para dejar su boca y meter mi verga en su virginal vagina pero no estaba disfrutándolo como quería.
Cuando llegamos a la calle donde vivo fue como si me echaran encima un balde de agua helada, sus padres estaban afuera subiendo cosas al auto y en cuanto vieron las luces de mi auto saludaron, Felipe sin mucha atención pero Emilia con gesto de duda, no sé de donde se me ocurrió apretar el control del portón automático para meter el auto a mi casa antes de que viera a su hija entre mis piernas y cerrarlo nuevamente.
Había sido un idiota, acostumbrado a llevar a mis chicas a mi casa sin ningún reparo y con la calentura encima nunca pensé que este podría ser un escenario obvio, sus padres vivían al lado de mi casa y sabían que habíamos salido juntos, no podía llegar a saludarlos y después oír los gritos cuando desvirgara a su hija a menos de 10 metros de ellos.
Como pude grite a Mariana que estaban sus padres aquí y ella rápidamente se levanto y vio donde estábamos y asustada pregunto:
-nos vieron?
– no lo creo
-pero ese es el problema, como voy a bajar del auto si no me vieron al pasar?
-es de noche, digamos que se te callo tu bolso y lo recogías mientras pasamos
Bajamos rápido del auto y salimos a la calle donde Emilia veía hacia mi casa con una mirada de enojo, Mariana la saludo como si nada pasara.
-hola ma, que hacen fuera tan tarde?
– hola, tu padre tiene que salir de viaje de improvisto y estamos subiendo su equipaje, lo llevare al aeropuerto
-o que pena, creí que pasaríamos juntos el fin de semana, iré a ayudarle
Decía esto mientras caminaba hacia el interior de su casa huyendo del interrogatorio que sabíamos todos Emília tendría en mente, ella al ver alejarse a su hija dirigió su mirada y sus pasos hacia mi
-no nací ayer y se perfectamente lo que venían haciendo en el auto, puedes explicarte como te atreves a pasar así frente a nuestra casa? Sabes que no estoy de acuerdo con su “amistad”, eres mucho mayor que ella y tienes fama de traer a tus golfas cada fin de semana a tu casa, ella es inocente y no voy a permitir que tu…
En eso apareció Felipe que venía con un abrigo y un maletín algo apurado y al verme me sonrió y se acerco a nosotros
-hola que bueno verte, necesito pedirte un gran favor de vecinos
– si claro, lo que necesiten- dije aliviado por haber desviado la conversación con Emilia
– tengo que salir en un viaje inesperado y urgente, mi esposa me llevara al aeropuerto pero siendo tan tarde quisiera que la acompañaras para que no regrese sola a altas horas de la noche, me podrías ayudar a estar más tranquilo?
-si claro, yo los acompaño.

Nueva situación, manejaba el auto de mis vecinos, con Felipe al frente, a mi lado que no paraba de agradecer mi amabilidad al llevarlo, y Emilia en la parte trasera que aunque por algún motivo no dijo nada a su marido, sabía perfectamente que minutos antes su hija mayor venia en mi auto haciéndome una mamada y esperando ser desvirgada momentos después.

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