Mi madre y yo en la iglesia

Hasta los 17 años, yo pensaba que mi madre era cristiana, como yo. Íbamos todos los domingos a la iglesia durante un par de horas, bendecíamos la mesa… todas esas chorradas.

Yo soy bastante agraciada y no tengo problema en decirlo. Tengo un buen cuerpo, con todo en su sitio y soy rubia, con el pelo largo. Mi madre es como yo, sólo que tiene unos 45 años. Aún así se conserva perfectamente, parece que sea mucho más joven, y es muy guapa.

Un domingo, mientras el cura hablaba, me entraron ganas de ir al baño. Cogí mi bolso y salí de la sala para dirigirme al lavabo. Cuando terminé y salí del cubículo, vi a mi madre en el baño. La saludé e intenté salir, pero ella se interpuso en mi camino, agarrándome de los hombros. Me miró a los ojos como nunca antes lo había hecho, con picardía y deseo, lo que me extrañó.

-Te quiero, cariño- me dijo.
-Y yo a ti, mamá- le respondí yo, sin entender muy bien lo que estaba pasando.

Pero no me dio tiempo a averiguarlo. Ella me abrazaba y movía sus manos por mi espalda. Empezó a besarme el hombro, luego el cuello, la barbilla y, finalmente, en la boca. Yo no sabía cómo responder. Su lengua acariciaba mis labios suavemente, pero no tenía nada de dulce. Traté de decir algo, pero ella me besaba, y yo empezaba a excitarme, a perder el control de mí misma.

Empecé a devolverle el beso, primero poco a poco, acariciándola, sintiendo su calor, pero nos aceleramos, besándonos con pasión. Me llevó al cubículo del que acababa de salir y yo no me resistí. Se separó un momento de mí para cerrar la puerta y cuando se giró me miraba con ojos encendidos, ávidos de placer. Pero entonces reaccioné, me di cuenta de la locura.

-¿MAMÁ, QUÉ HACES, QUÉ HACEMOS? Esto esta mal, tu eres mi madre, y yo tu hija, y Dios…
-Shhh- me interrumpió mientras ponía un dedo en mi boca- ¿Dios? Yo me cago en Dios.

Nunca había visto así a mi madre, y aunque estaba nerviosa cada vez estaba más excitada. Ella abrió mi bolso y sacó una pequeña Biblia de bolsillo que llevaba ahí. La abrió delante de mí, cogió mi mano y arrancó con ella una página. Yo estaba alucinando, no podía creerlo. Era como un sueño.

Volvió a decir “me cago en Dios” y arrancó otra página, que fue al suelo. Lo repitió un par de veces más. Antes de que ella volviera a hacerlo lo hice yo rápidamente, la miré a los ojos y dije: “me cago en Dios”. Ella dejó tiró el libro al suelo y volvimos a besarnos totalmente desinhibidas.

Nos giramos y ella apoyó mi espalda en la puerta del cubículo. Bajo sus besos de mi boca a mi cuello mientras subía mi camiseta. Me la quitó y volvimos a besarnos. Volvió a bajar lentamente hasta mis pechos, cubiertos todavía por el sujetador, que me apresuré en desabrochar. Con mis tetas al aire, ella empezó a chuparme los pezones, y yo me estremecí.

Toqué sus tetas por encima de su blusa. No podía creerlo. Ella se puso de rodillas y desabrochó mis vaqueros, para bajármelos hasta los tobillos, y lo mismo hizo con mis braguitas. Volvió a subir hasta mi boca para darme un morreo largo. Yo estaba muy mojada.

Entonces volvió a coger el libro y arrancó unas cuantas páginas, escupió en ellas y empezó a pasarlas por mi sexo húmedo. Comencé a gemir de placer. Jamás me había masturbado y aquello era genial. Mi madre comenzó a subir, de nuevo hasta mi boca, sin dejar de masajearme el coño con las páginas de la puta Biblia. La besé con intensidad, con todas mis fuerzas, mientras empezaba a notar una sensación muy fuerte y placentera que subía desde mi entrepierna.

Yo jadeaba y ella también, porque casi sin darme cuenta yo había empezado a hacerle un dedo por debajo de sus pantalones. Notaba la humedad y el calor en mis dedos y eso me excitaba todavía más. Sin poder remediarlo y con un hilo de voz que gemía, me corrí en sus manos y en los maltratados pedazos de papel.

No paré de masturbarla, sino que lo hice más rápido, mientras la besaba agradecida y tocaba sus senos con mi mano libre. Noté que ella se contraía un poco y que se corría en mi mano. Nos besamos un rato más, me volví a vestir, tiramos por el retrete las páginas arrancadas y salimos en silencio del baño.

Hablamos del tema días después, y desde entonces seguimos manteniendo estas relaciones de vez en cuando, a veces incluso en los baños de la iglesia donde lo hicimos por primera vez.

Publicado en: Relatoseroticos

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