MI HIJA DIANA

TRATA DE UNA SEÑORA QUE DESCRUBRE A SU HIJA TENIENDO SEXO CON SU MASCOTA

Hola mi nombre es Maritsa, actualmente tengo 40 años. Mi hija se llama Diana y tiene 12 años. Mi esposo trabaja por las mañanas y regresan al anochecer, yo igual trabajo pero en casa, donde tengo una estética, y eso me ayuda para atender a mi hija, llevarla al colegio y cuidar de que haga sus tareas. Nuestra casa tiene en la parte trasera un jardín bastante amplio, y también tenemos un perro de raza pastor alemán llamado Copo. Hace unos días, después de ir a recoger a mi hija del colegio, me puse a atender a unos clientes en la estética.

Terminé de atenderlos y le dije a mi hija que tomaría una siesta y mi hija me dijo que aprovecharía esa tarde para bañar a Copo; yo aceptó y ella llamo a Copo el cual comenzó a dar vueltas alrededor de la casa sospechando lo que le ocurriría, ya que mi hija es laque se encarga de darle de comer y bañar al perro debido a que fue un regalo por sus 9 años. Mi hija Maritsa corrió detrás de él y logró atraparlo, entonces lo amarró a un árbol del patio. Yo le acerqué la manguera a mi hija para que bañara a Copo y después me fui a mi habitación. Al llegar a mi habitación me asome a la ventana que da hacia el patio y vi que mi hija comenzó a bañar a Copo. El perro estaba quieto, y mi hija le pasaba el jabón por todo el cuerpo; pero noté que ella comenzó a lavarle la entrepierna de Copo, y a Copo se le comenzó a salir su miembro de su funda. Yo bajé rápidamente de mi habitación y fui donde estaba mi hija, al estar frente a ella la noté sonrojada y un tanto nerviosa me dijo que el perro estaba enfermo y que el baño le había hecho daño; yo le dije que no estaba enfermo, que esa cosa roja que veía era el pene del perro y le dije que siguiera bañando a Copo pero sin volverlo a tocar ahí otra vez. Yo volví a mi habitación y desde la ventana, seguí observando a mi hija. Después de unos minutos noté que el miembro del perro ya se había desinflamado y mi hija ya había terminado y procedía a secar a Copo. Es entonces cuando comienzo a observar una conducta extraña en el perro, pues el no se deja secar el pelaje y se sacude violentamente, luego empieza a

querer jugar con mi hija, quien toma las cosas a la ligera y termina completamente mojada. Noté que su falda ya no la tenía puesta y supuse que fue por el forcejeo con Copo al querer jugar con ella. Claramente pude ver que Copo comenzó a olfatear la entrepierna de mi hija y ella no le dio importancia, es más, el perro no se apartaba de ella y veía que le lamía las pantys de mi hija. Ella simplemente se quedaba quieta y trataba de apartarlo a empujones, lo que supongo que el perro lo interpretó como una clase juego. En uno de esos movimientos mi hija calló al suelo quedando boca abajo y al tratar de reincorporarse, Copo la tomó de la cintura y comenzó a moverse rápidamente como tratando de copular con ella. Desde mi ventana observé cómo mi hija lo permitía al perro que lo hiciera y entre risas sólo le decía: ¡¡Déjame!! ¡¡Déjame!! Pero el perro se aferraba más, y fue cuando me percaté de que el miembro de Copo se encontraba totalmente fuera de su funda y a poca distancia de la entrepierna de mi hija. No sé porqué, me quede observando y no hice nada, simplemente seguí observando desde mi habitación, pero minutos después se alejaron un poco y ya no los veía, pero de pronto escuché un grito y mi hija decía: ¡¡Hay, me lastimas!! Yo bajé lo más rápido que pude de mi habitación, al llegar donde estaba mi hija me quedé impactante al ver que Copo tenía introducido su miembro en el ano de mi hija y seguía moviéndose para introducir mas. Noté que mi hija tenía rasgadas sus pantys. Yo me acerqué a mi hija, y ella con las mejías sonrojadas me dijo que le quitara al perro de encima; pero por más que trataba de hacerlo, Copo me ladraba de forma amenazante. Yo sin saber que decir, le dije a mi hija Copo solo estaba jugando y que pronto iba a acaba. Pero ¿de qué servían mis palabras? Si Copo seguía penetrando a mi hija por el ano; noté que mi hija comenzó a dejarse hacer. Por lo que asumí que mi hija, a sus 12 años de edad, había comenzado a sentir placeres en sus partes íntimas. Yo no sabía qué hacer, simplemente le acariciaba el cabello a mi hija mientras Copo seguía penetrándola. Finalmente el perro se quedó quieto y supuse que ya todo había terminado, pero no fue así, pues observé que Copo tenía una especie de bola en la base de su miembro y que intentaba a toda costa introducírsela en el ano de mi hija.

Luego Copo pasó unas de sus patas por encima de la espalda de mi hija y se quedaron ambos dándose la espalda. Noté que Copo parecía estar pegado a mi hija, por lo que le pregunté si sentía algún dolor, y ella me respondió que sólo un poquito. Pasaron varios minutos cuando Copo de un tirón sacó su miembro del ano de mi hija. Al hacerlo se oyó un fuerte chasquido, yo rápidamente me puse a examinar el ano de mi hija, pude notar que estaba muy dilatado y que tenía en su interior un líquido blanquecino, lo que supuse que era el semen de Copo. Al terminar de revisar a mi hija, le pregunté que si le dolía, y ella me respondió que no; entonces le dije que se fuera a bañar. El perro por su parte se fue al final del jardín y comenzó a lamerse su miembro hasta que volvió a su tamaño normal.

Después de lo que pasó, entré a la casa y esperé a que mi hija saliera del baño. Cuando salió nos fuimos a mi habitación y le explique en términos entendibles lo que le había sucedido, mi hija se quedó pensando y me preguntó que si ella podía quedar embarazada de Copo, a lo que le respondí que eso no era posible. También le dije a mi hija que lo que pasó iba a ser un secreto entre ella y yo, ya que si su papá se enterara podría enviar a Copo a la perrera. A partir de ese día y los demás, observé que Copo era muy dócil con mi hija, cuando llegábamos del colegio no la dejaba ni un instante sola, a donde ella iba, Copo la seguía.

Así pasaron varias semanas, hasta que un día que me encontraba acostada en mi cama escuché los ladridos de Copo, entonces me asomé por la ventana y vi que el perro de mi hermana (mi hermana, la tía de mi hija Diana, se llama Karen y vive con su esposo y su familia justo al lado de nuestra casa) se había metido al jardín y se encontraba jugando con Copo y mi hija. El perro de mi hermana es un perro de raza gran danés, muy grande y de color negro. Eso me pareció muy extraño y le grité a mi hija desde la ventana preguntándole por el perro; ella me contestó que lo dejaron en la mañana, ya que sus tíos salieron de paseo y que regresarían hasta el día siguiente en la noche y como ellos no querían dejarlo solo en su casa, ella de había ofrecido para cuidarlo. Yo, no estaba tan convencida de que se quedara ese perro en casa, por lo que le dije a mi hija tuviese cuidado, ya que es muy grande y podría buscar pelea con Copo. Volví a acostarme y seguía escuchando ladridos y carreras en el Jardín, pero unos minutos después todo estaba en silencio, por lo que movida por la curiosidad, me asomé nuevamente por la ventana, y no vi ni a mi hija ni a los perros. Movida por la curiosidad, decidí ir a investigar y me asomé sin hacer ruido por la ventana que desde la cocina da al garaje y vi a mi hija totalmente desnuda y los dos perros cerca de ella; Copo la estaba lamiendo por detrás y Negro (el danés) le lamía su vagina. Yo me quedé asombrada, por lo que seguí observando. Después veo que mi hija, se pone en 4 patas y deja que Negro se monte en ella, pero Copo al observarlos trata de quitar a Negro con un ladrido, pero Negro da un gruñido y Copo se queda nada más mirando cómo Negro trata de copular con mi hija. Yo seguía observando, y noté que el danés como es más grande que Copo, su miembro pasaba por encima de la espalda de mi hija, pero creo que ella también se dio cuenta porque enseguida levantó un poco sus caderas, para Negro pudiese colocar su miembro en la vagina de mi hija. Negro tenía un miembro muy grande, y cuando logró penetrar a mi hija, ella trató de escapar (me imagino que le habrá dolido) pero el perro tenía sujetado fuertemente a mi hija de la cintura y comenzó a moverse. Noté que mi hija, poco a poco se fue acoplando a los movimientos de Negro, pues oía sus gemidos y veía que levantaba más sus caderas.

Fueron muchos minutos que el danés tardó copulando con mi hija, a la que podía escuchar claramente como jadeaba. Después de algunos minutos más, Negro pasó una de sus patas traseras encima de mi hija quedando pegado a ella; yo pensé sacaría su miembro de la vagina de mi hija en poquito tiempo al igual que Copo, pero no fue así; pasaron como unos 20 minutos cuando Negro sacó su miembro de mi hija. Cuando terminó Negro de copular con mi hija, Copo se acercó a ella y se puso lamer su vagina y casi inmediatamente se le montó a ella. En ese momento fue cuando comprendí que mi hija estaba acostumbrada a que Copo la montara, ya que el perro la penetró sin dificultad alguna y en poco tiempo quedaban tan acoplados. Copo copuló con mi hija varios minutos, al cabo de un rato ella y el perro quedaron pegados y al cabo de unos 7 minutos Copo se salió de mi hija. Ella después de haber tenido sexo con los dos perros, recogió sus ropas y mientras caminaba noté cómo de su entrepierna le salía semen de los dos perros. Yo me quedé en la cocina, quieta sin hacer ningún ruido, mientras que mi hija se fue a su habitación y los perros se quedaron acostados en el garaje lamiéndose sus miembros. Mi hija se dio una ducha y no salió de su habitación hasta que llegó mi esposo del trabajo. Cuando era hora de la cena, mi hija bajó a comer y cuando mi esposo se retiró a ver la tv, yo le pregunté a mi hija que si se encontraba bien, a lo que me respondió se sentía de maravilla. Luego mientras lavábamos los platos de la cena, le pedí que me platicara acerca de lo que había hecho con los perros; al principio me dijo que le daba pena pero luego me confesó que no eran los únicos que habían copulado con ella.

Al día siguiente, después de recoger a mi hija del colegio, llegamos a la casa y preparamos el almuerzo. Después de almorzar mi hija se fue a su habitación y minutos después fui yo; entré a su habitación, me senté en su cama y le dije: ¡¡Hija, es hora de que tengamos una conversación sobre nuestro pequeño secreto!! Ella al oír mis palabras se sonrojó pero me dijo que estaba de acuerdo.

Mi hija me empezó a platicar que todo había comenzado hacía un año atrás; cuando descubrió lo que era la masturbación y que una noche cuando mi esposo y yo dormíamos bajó a la cocina y tomó una salchicha del refrigerador, y en la soledad de su habitación se introducía la salchicha en su ano porque le gustaba mucho hacerlo y porque pensaba que ahí era el lugar correcto. Mi hija me dijo que cuando hacía eso con la salchicha no sentía ningún dolor pero que notaba que su vagina quedaba muy húmeda. También me dijo que la salchicha la tuvo adentro de su ano unos diez minutos, y que cuando se la sacó, se fue de nuevo a la cocina para ponerlo en el bote de basura y que

en la cocina se encontró con Copo, y que Copo no dejaba de olfatearla. Mi hija me dijo que el perro le pasó su lengua entre sus nalgas y que sintió un calor intenso dentro de ella. Me dijo que pensó que el perro la estaba limpiaba y lo dejó hacer. Mi hija dijo que aprovechó que nosotros estábamos dormidos para ir al baño y al entrar en él, se quitó las pantys. Me dijo que separó con sus manos sus glúteos y dejó que el perro le pasara la lengua por orificio anal. Me hija dijo que comenzó a sentir nuevamente que su vagina se humedecía y que los lengüetazos de Copo le producían contracciones en su ano, pues mi hija me dijo que sentía que Copo trataba de meter su lengua dentro de su ano y luego lamía desesperado su vagina.

Mi hija me dijo que esas sensaciones eran ricas, pero que le dio miedo de que mi esposo o yo la viéramos, y entonces sacó a Copo al jardín y subió de nuevo a su habitación. Entonces, me dijo mi hija que a la noche siguiente, esperó a que nosotros estuviéramos durmiendo y subió a Copo hasta su habitación, cerró la puerta con llave, y se quitó la ropa. Me dijo mi hija que comenzó a ofrecerle su vagina a Copo, y que tenía muchas ganas de que el perro la lamiera; me dijo entonces que se sentó en al cama con las piernas abiertas y que Copo la lamía desesperado, y que luego de varios minutos se bajó de la cama y se colocó de 4 patas, estando así, mi hija me dijo que sintió que Copo la agarraba con sus patas delanteras de su cintura, y que se movía tratando de meterle su miembro. Mi hija me dijo que se acomodó de tal forma que ella con una mano dirigió el miembro de Copo hasta su ano, porque ella pensaba que ahí era donde se hacía.

Mi hija dijo que cuando logró introducirse el miembro de Copo, el perro comenzó a moverse rápidamente y que sintió al principio como si le ardiera su ano, pero que movía las caderas hasta que logró acoplarse a los movimientos de Copo. También me dijo mi hija que no sabía que el perro tenía una bola grande en su pene y que le dolió cuando el perro se la introdujo en su ano, entonces me dijo que el perro pasó unas de sus patas por encima de ella y quedó pegada al perro. Mi hija dijo que por un momento se le olvidó que nosotros la podíamos descubrirla, pero su excitación pudo más que el miedo.

Publicado en: Relatos porno

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