Mi hermanita Micaela y su miedo a la oscuridad…

Esto paso cuando tenía 17 años. Vivía con mi padre, mi madre y mi hermanita Micaela de unos 12 años. Ambos éramos muy unidos, siempre le decía que si la molestaba un chico me dijera, y ella cada ves que tenia miedo me lo decía y yo la alzaba en mis brazos ya que para mi no pesaba tanto. Una noche, cuando dormíamos juntos (a veces tenia que, porque le daba miedo la oscuridad) paso algo que nunca voy a olvidar…

– ¿Otra ves?

– Es que no puedo dormir….

– Bueno, pero ya a partir de mañana vas a dormir sola, ¿esta bien?

– Si, te lo prometo!

Baje de la cama de arriba, corrí las sabanas y me metí dentro de su cama, no era la primera ves que tenia que dormir con ella porque le asustaba la noche, ya que hasta hace poco empezamos a apagar la luz para dormir…

– Correte un poquito mas para halla, estoy por caerme de la cama.

– ¿Y si mejor nos cambiamos de lado? Me gusta mas dormir de ahí.

– Bueno esta bien.

Al mismo tiempo que yo me pasaba hacia el lado derecho de la cama ella, sin salir de las sabanas paso por encima mío.

– Levantate un poco más, que pesas mucho! – le dije en chiste, con un tono burlón.

– ¡No peso tanto! – Me dijo enojada – mira, encima ni siquiera estoy encima tuyo.

Se dejo caer para quedar boca abajo encima de mí y yo, en una posición muy incomoda que no me dejaba acomodarme bien (boca arriba).

– ¿Ves? No soy tan pesada malo.

– Bueno ya ya, entendí. Anda de tu lado y a dormir que mañana tenemos que levantarnos temprano.

– Noo! Ahora te voy a molestar por decirme que estoy pesada.

Había empezado a apretarme contra la cama… ella estaba en su ropa interior al igual que yo y por el calor, dormíamos sin remeras (polera)… su piel tan suave rozando la mía… fue una sensación que me excito mucho, pensé que estaba mal por lo que le dije que se bajara rápido.

– Noo! jaja – volvió a decir en tono juguetón apoyando sus manos en mi pecho y mirándome a los ojos, apretando mas en mi entrepierna ya que estaba arqueando un poco la espalda hacia arriba… mi pene que estaba muy incomodo había empezado a excitarse, me dolía un poco ya que estaba hacia un lado.

– Yaa que estoy incomodo, basta! – le dije enojado, sus movimientos me estaban volviendo loco y ya casi que jadeaba con tanta presión que hacia en mi pene, a todo esto, mi calzoncillo por culpa de sus movimientos y mi excitación, se había corrido un poco.

Cuando logre bajarla, y que se quede quieta, me di vuelta dándole la espalda e intentando calmarme, pensar en otra cosa, como los deberás que debía entregar mañana en la escuela y no había echo, o algo así… estaba demasiado excitado!.

– ¿Que era lo que tenias ahí abajo?

– Nada, no era nada… dormite ya

– ¿Eso es lo que se pone grande cuando estas durmiendo, antes que nos levantemos?

– Si, es algo que tenemos los chicos, vos no lo tense porque sos niña, ahora basta de charla.

– Quiero verlo – me dijo, esas palabras pronunciadas tan dulce y suavemente y, como ella no quería que nuestros padres nos reten por hablar mucho (como pasaba casi todas las noches), también hablaba muy bajito y casi a mi oído.

– No! Estas loca, no te lo voy a mostrar.

– Dale, es que nunca vi uno… quiero saber que es

– No basta… ya…

– Daleee! sino empiezo a molestarte otra ves – empezó a abrazarme y a querer hacerme cosquillas, las cuales odio y me tuve que dar vuelta para que parara.

– Bueno ya ya!! Pero 2 segundos y nos vamos a dormir ok?!

– Si! – asintió con la cabeza y cerrando los ojos… me gustaba mucho como hacia ese gesto, se veía tan linda…

Nos pusimos los dos de costado mirándonos de frente y rozando nuestras piernas, ya que la cama era de una sola plaza. Levante un poco las sabanas y me di cuenta que la punta de mi pene ya había empezado a sacar unas gotitas, me dio un poco de vergüenza pero ya se lo había prometido. Cuando corrí un poco más las sabanas, note que ella estaba sin su ropa interior lo que me provoco un escalofrío que hizo que temblara todo mi cuerpo y me diera una sensación de excitación muy grande. Pude ver su rayita y unos pocos pelitos muy finos que le habían empezado a crecer, por lo demás, solo pensaba en lo linda que era, su suave piel el rico olor que tenia…

– ¿Que haces en ropa interior?

– Se me salio cuando estaba jugando… se fue por debajo de la cama entre las sabanas, después la busco… ¿ya puedo verlo?

– Bueno ya… – Levante un poco el elástico de mis boxer, dejando ver la cabeza aunque no se notaba mucho ya que estaba muy oscuro

– ¡No veo nada! No se vale… quiero verlo.

– Ya ya no te desesperes… que molesta.

Me baje mi ropa hasta casi mis rodillas y ya se podía ver mi pene que estaba súper excitado y tenia muchas ganas de pajearlo… pensaba “apenas termine voy al baño a echarme una, no aguanto mas”.

Ella se quedo callada mirando con curiosidad mientras yo con la mano mantenía levantada las sabanas. En un descuido no vi que acercaba una mano y lo agarro por la cabeza, dios!… casi me vengo en el momento pero me aguante.

– ¿Porque esta mojado? ¿Te hiciste pis? Jajaj te hiciste pis!!…

– No es pis tonta, y no te deje que lo tocaras, saca la mano.

– Nooo, quiero tocarlo un poco más…

Entonces puso su otra mano mas abajo, estuve a punto de sacarla pero se sentía tan rico que me deje. Empezó a tocarme los genitales suavemente, con esas manitos chiquitas que tiene y luego subió pasando por todo mi pene hasta tocarle la cabeza.

Bajo la piel, lo que me hizo dar un suspiro ya que quería hacerlo hace rato… pero la muy maldita empezó a jugar con las gotitas que salían y a desparramarlas por toda la cabeza

– ¿Porque haces esos ruidos? ¿Acá también tense cosquillas?

Empezó a masajear mi pene con mas intensidad, medio brusca por lo que no hizo que me venga (por suerte) pero se sentía muy rico.

– Mica… ya… ¿Queres que juguemos a algo?

– ¿A que? – me dijo con una sonrisa en la cara y ojos de inquieta.

– Mira, vos ya me tocaste ahí por un rato largo… ahora me toca a mi, y después otra ves a vos ¿dale?

– Mmm, bueno…

Luego se hizo un pequeño silencio… comencé a tocarle su pancita su ombligo que era un pequeño huequito, dibujaba a su alrededor con mis dedos y acariciaba sus piernas. Ya cuando tuve mas confianza comencé a pasarle un dedo por encima de su conchita, por los costados, luego fueron dos, desde arriba hacia abajo sin hacerle mucha presión. Ella arqueo un poco sus caderas como pidiendo que le presionara, le hice caso y empecé a apretarle poco a poco mientras subía y bajaba. Luego de un rato, sus labios empezaron a separarse por lo que uno de mis dedos al pasar se perdía entre medio para luego salir subiendo por su rayita. Cuando pasaba por la parte de más arriba ella pegaba un saltito como si le diera cosquillas. Ya había empezado a humedecerse un poco y estaba resbaladizo, entonces antes de que se me ocurriera meter un dedo, me dijo entrecortadamente:

– Hermanito… me toca a mí.

Saque mi mano, que estaba mojada con sus jugos y la deje medio en el aire para no desperdiciarlos y no secarme en el colchón. Ella tomo con una mano mi pene y empezó a acariciarlo suavemente, aunque bastante torpe a decir vedad, entonces tome su mano con la que había estado masturbándola, procurando dejarle lo que de su entrepierna había salido, en su mano y mi pene sus propios fluidos…

– ¿Ves? Así…. De arriba hacia abajo, no para los costados… despacito y sin hacer mucha fuerza… ya… ahí esta bien…

Sin decirle nada empecé a acariciarle otra vez con mi mano derecha en su entrepierna mirándonos muy cerca (ya que la cama no era muy grande).

Seguí acariciándola y empecé a meter un poco mi dedo, cuando apenas entro sentí que se asusto un poco, y me miro fija sin decirme nada

– ¿Pasa algo?..

– No, nada… seguí….

Ella siguió masturbándome y cada tanto paraba para acariciarme la cabeza lo que me volvía loco y me daba muchas cosquillas. Yo ya tenia mis dedos bien húmedos y había empezado a masturbarla mas rápido, había encontrado donde le gustaba porque sus movimientos me habían indicado donde sentía mas rico…

De repente dejo de acariciarme, sentí que empezaban a contraerse sus músculos un poco por lo que le frote mas rápido y cada tanto le metía uno o dos dedos … entonces pego un gritito casi sordo y se abrazo a mi con todas sus fuerzas apoyando su entrepierna contra la mía dejando mi mano entre mi pene y su conchita.

Uno de mis dedos había quedado adentro y sentí como unos chorritos salían humedeciéndome toda la mano y también mi pene un poco. No saque mi dedo y ella seguía apretando contra mi haciendo que cada ves entrara más y más… en esa posición después de quedarnos quietos un rato, empecé a metérselo mas profundo y luego el otro, abriéndole un poco los labios para intentar meter un tercero… mientras con la otra mano, que pasaba por debajo de su cuerpo, la apretaba desde su cola hacia a mi.

Ella jadeaba y parecía que se desmayaría pero solo movía sus caderas haciendo más fácil mi tarea. Saque mis dedos y los pase por su rayita que estaba bien dilatada y subiendo un poco por su pansa dejándole un rastro de sus jugos…

– Mica… ahora vas a sentir más rico, te va a doler un poquito al principio pero no te preocupes.

Bueno – dijo entre suspiros y con su cabeza en mi pecho.

Con la mano con la que la había estado masturbando, que aun tenía un poco de sus fluidos, me lubrique el pene y lo apunte hacia su agujerito que ahora se había apretado un poco por dejar de masturbarla. Puse la punta en su entrada y de a poco fui metiéndola hasta que entro la cabeza y sentí que estaba muy estrecho, tenia miedo de lastimarla por lo que le pregunte si estaba bien, me respondió con un si muy bajito y empezó a moverse ella metiéndolo un poco mas… sentí que algo me frenaba…

– Mica… te va a doler un poquito, no te preocupes…

Y con un golpecito… ella dio un pequeño grito; “hay!…” arañándome y clavándome sus uñas… me detuve para que se calmara y sentí una fuerte presión que poco a poco fue aflojando. Estaba muy caliente ahí dentro, podía sentir su respiración, su latido… la abrase fuertemente metiéndole mis últimos centímetros mientras ella también, me abrasaba.

La vi fijamente y al fin abrió los ojos, en ese momento supe que la quería más que a nadie, le di un beso suave y tierno en sus labios…

– Te ves muy linda así…

Empecé a moverme despacio y a sacar y a meter mi pene, estábamos en una posición un poco incomoda por lo hice que la puse boca arriba y yo encima de ella. Comencé a penetrarla mientras podía ver sus lindos pezones, no les había prestado atención antes pero eran muy lindos en verdad, como habían empezando a crecer sus aureolas y en tamaño también.

Le daba besos en su cuello, sus pezones y en su boca mientras me miraba y cerraba los ojos, los dos, moviéndonos al mismo ritmo. Cuando se acostumbro mas a mi comencé a moverme mas rápido, su conchita ya se había dilatado y mi pene aunque seguía apretado podía moverlo con facilidad, cada ves que llegaba hasta el fondo de ella largaba un pequeño gemido que me hacia excitarme cada ves… cada ves mas y mas era mi penetración hasta que no aguante y con un ultimo movimiento y el mas profundo de todos me vine, dejando salir todo mi semen y jadeando, totalmente agotado…

– Esta latiendo, ahí adentro… tu cosita

Como podía decirme eso, me sentía tan feliz, le di un beso pero esta ves quería enseñarle lo rico que era besar… como ella no sabia me costo que entendiera que quería meterle mi lengua, aunque acepto y se dejo llevar.

Pensé que como era inexperta no sabría como, pero empezó a abrasar mi lengua con la suya, a darle vueltas y creo que sin querer, le dio un mordisco chiquito…

Saque mi pene que aun seguía erecto y decidí que por esa noche ya debíamos terminar, mas que nada porque al ver sangre me asuste un poco, sabia que era porque ella era virgen pero igualmente pensé que lo mejor seria limpiarnos y dormirnos.

Saque unos pañuelos que tenia en una mesita de luz al lado, y comencé a limpiarle despacito “voy a necesitar muchos” pensé. Pero bueno, había suficientes. Ella solo me miraba, parecía que buscaba algo en mi no lo se, se levanto un poco y me beso otra ves, un beso muy tierno y esta ves ella metió su lengua, que recibí calidamente en mi boca. Seguimos besándonos un rato hasta que le dije que debíamos dormirnos.

Termine de limpiarnos, saque las sabanas que estaban todas manchas, busque unas en el armario y las cambie, luego nos acostamos los dos… ella me abraso y enredo sus piernas en las mías, era muy lindo sentir su piel con la mía.

– ¿Puedo dormir mañana con vos otra ves? Si me da miedo…

– No se, vamos a ver.

– Bueno, te quiero hermanito

– Te quiero Mica… que duermas bien…

Publicado en: Relatoseroticos

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