Lupita, mi hermana, con mis amigos en el monte

Mi bisexualidad y la calentura de mi hermana nos llevaron a conocer el sexo sin límites

Lupita, mi hermana, con mis amigos en el monte

Mis andanzas con mi caliente y complaciente hermana, en uno de tantos sucesos en los cuales damos rienda suelta a nuestros deseos sexuales.

Mi hermana, Lupita, tenía una actividad sexual desenfrenada, era, y es, muy caliente, se iba con amigos al monte, por donde vivíamos había un enorme monte y unos campos de cultivo, el cual estaba cercado y delimitado por el caño de las aguas negras, a donde casi nadie se atrevía a pasar, porque había un señor que cuidaba el lugar y era de muy malas pulgas, así, todos y todas, porque también iban chicas, nos quedábamos en lo que era el monte, antes de caer la noche nos íbamos a nuestras casas, bueno, algunos…

En una ocasión que andaba yo más caliente que de costumbre, me puse las pantaletas de mi hermana, un brassier, las copas las rellené con dos pantaletas de ella y me salía dar la vuelta al centro, pues no había ninguno de mis amigos por la colonia, ya en otras veces había hecho eso, pero siempre regresaba igual; muy excitado y sin haber conseguido quien me cogiera. Esa tarde fue diferente, pues encontré a un amigo; el primero que me había penetrado. Platicamos de tonterías y después él me dijo que si me gustaría que me cogiera, ya se imaginarán, con lo caliente que estaba le dije que sí. Me invitó a los baños, pero yo no quise ir, le pedí que mejor fuéramos al monte que está cerca de mi casa y aceptó. Llegamos al lugar, le dije que nos fuéramos a un lugar discreto, porque alguien podría vernos, aunque ya estaba por oscurecer.

Nos fuimos a la orilla de un camino, justo donde delimitan los sembradíos y el monte, sabía, o al menos eso creía, que allí nadie nos miraría, pues desde donde estábamos veíamos el camino y alcanzaríamos a ver si alguien se acercaba, además pasaría a unos 20 metros de nosotros, con escondernos estaría resuelto el problema. Por el lado del sembradío nadie nos miraría, pues el señor que cuidaba ya para entonces se debía haber ido, pues por lo regular lo hacía como a las 5 de la tarde, así las cosas era el lugar perfecto.

Se desabrochó el pantalón y lo bajó hasta las rodillas, junto con la trusa, vi esa hermosa verga que tanto me había gustado y que había sido la primera que había entrado en mi ano, bajé la cabeza y comencé a mamársela. Luego de un rato me dijo que me pusiera para cogerme, le bajé el pantalón pero antes me quité la chamarra holgada que traía y se llevó una sorpresa; traía una playera ombliguera y brassier, se entusiasmó y me estuvo acariciando mis tetitas de hombre.

Se excitó cuando vio que traía puesto un biquini, no me lo quitó, lo hizo a un lado y comenzó a tratar de meterme su verga, yo me acomodé, empinado, apoyado en el tronco de un árbol y por fin logró meterla (aquí voy hacer una aclaración, aunque ya se la había mamado antes y me había cogido, solo había sido una vez y fue cuando me desquintó.

Pero me desilusioné cando sentí sus fuertes espasmos y muy rápidos jadeos; estaba terminando, me echó su tibia leche, pero yo apenas comenzaba a ponerme más cachondo.

El muy cabrón me la sacó y dijo; “bueno pues se acabó, ahí nos vemos”, se limpió la verga con su pañuelo, lo tiró y se fue, me dejó solo ahí, aún bien “prendido”

Yo me iba a masturbar y escuché unos ruidos y volví la vista a los sembradíos, allí estaba dos hombres y me miraban atentamente, yo no supe que hacer, al mismo tiempo quería subirme el pantalón y ponerme la chamarra, ellos comenzaron acercarse a donde estaba, yo estaba aterrado.

Sobre el caño de las aguas negras está un tubo metálico, grande, por donde pasa el agua a los sembradíos, yo estaba cerca del tubo y sabía que de quererlo, ellos llegarían a donde yo me encontraba, con suma facilidad. Con los pantalones a las rodillas no podría correr, mi situación era en verdad preocupante para mí. Los dos se dirigieron al tubo y sin dificultad lo pasaron, me calmé un poco al ver que su actitud era amigable.

Me saludaron bien, como amigos, luego me preguntaron que qué mala onda de mi amigo, de haberse ido y dejarme allí, yo no sabía que contestar, estaba asustado, nervioso pues. Me dijeron que no me preocupara, que eran buena onda y que solo querían platicar un poco conmigo, dijeron que habían visto todo.

A mí me dio vergüenza, pero ellos se seguían comportando muy buena onda, me preguntaron que dónde vivía, mi edad (tenía 16 años), total les mentí en cuanto a dónde vivía.

Charlamos unos minutos y fue entonces cuando uno de ellos me dijo que si no quería tener sexo con ellos, yo ya estaba calmado y evaluaba la situación, si decía que no probablemente se disgustaran y por la fuerza me lo hicieran y quien sabe cómo la pasaría.

De cualquier manera sabía que no tenía alternativa así es que accedí. Nos fuimos al sembradío y allí cogí con los dos, les mamé el pene a los dos, luego se turnaron para cogerme mientras yo le chupaba la verga a uno de ellos. Fueron dos palos o dos eyaculaciones que cada uno de ellos tuvo.

Al final yo me masturbé, lo hice con el biquini que traía puesto. Los chicos se extrañaron porque traía esas prendas y me preguntaron que de quién era, yo les dije la verdad, se miraron sorprendidos y luego me preguntaron que si tenía una hermana igual de caliente que yo, les respondí que sí y fui más allá, les dije que si querían la podría llevar con ellos y lo comprobarían.

Platicamos un buen rato y ellos insistían en que no creían que yo fuera a llevar a mi hermana con ellos, yo les dije que si lo haría. Nos pusimos de acuerdo. La llevaría el siguiente sábado al monte, para que la vieran y ella los viera, porque si a ella no le pasaban ellos entonces yo no la forzaría. Estuvieron de acuerdo. Sería a las 5 de la tarde.

Me fui a casa y en una oportunidad que tuve le comenté a mi hermana lo de los chicos esos, a ella, como yo lo imaginaba, le gustó la idea y estuvo de acuerdo en ir el sábado para conocerlos, en el monte.

El sábado nos fuimos al lugar previamente indicado, ella llevaba un short blanco, ajustado, y una playera, estuvimos con unos amigos y amigas, divirtiéndonos en los árboles.

De pronto vi a los dos chicos que se acercaban, se detuvieron cerca de donde estábamos y le hice una seña a mi hermana y otra a ellos, se acercaron a nosotros y nos saludaron. Vi que a mi hermana no le desagradaron.

Platicamos un rato, nos pusimos de acuerdo, iríamos a las 8 de la noche, pero entraríamos por donde está el pozo del agua, porque si cruzábamos el monte alguien podría vernos.

Nos regresamos a casa y poco antes de las 8 nos salimos, dijimos a mi madre que íbamos por unos apuntes de la escuela con un compañero. Llegamos y allí estaban ellos, pasamos por entre unos árboles y arbustos hasta el sembradío. Nos llevaron hasta una choza, de troncos y ramas, lejos, ahora sí, de cualquier mirada indiscreta.

Ninguno se atrevía a dar el primer paso, fue uno de los chicos quien se separó un poco del camino para orinar y ella se me acercó y me dijo; ya comenzamos, o hasta que horas?”.

Le dije que se acercara para que se la viera y ella lo hizo, se acercó a donde estaba el chico y se le quedó viendo directamente a la verga.

.- ¿Te gusta?, si quieres puedes tocarla.

.- ¡Claro!, todo, todo eso me voy a comer?.

.- Eso espero mi reyna, a ver si eres como no dijo tu hermano.

La abrazaron y comenzaron a besarle en la boca y el cuello, mientras le apretaban sus pequeños senos. La llevaron luego a una pequeña choza que tenían donde guardaban algunas cosas de labranza.

Allí la desnudaron, le quitaron su pequeño short y su playerita ombliguera, luego ellos también se quitaron la ropa y comenzaron a acariciarle todo su lindo cuerpecito.

Uno de los chicos se bajó a mamarle la vagina mientras al otro ella comenzó a mamarle la verga, yo no me quedé atrás y al que le mamaba la vagina se la comencé a mamar, ella ya no gemía casi gritaba, suplicaba se la cogieran. Solita se puso de perrita y uno de los chicos se puso detrás de ella, le acomodó la verga en la vagina y se la dejó ir, ella casi gritaba: ¡Así, así, dale más fuerte, más, más, maaassssss!.

Mientras el otro chico le lamía los senos y yo le metía un dedo en el culo, ella estaba frenética, se movía como poseída pedía, exigía; ¡todos, quiero verga de todos, leche de todos! .

Mientras su cogedor se movía con más fuerza y yo le dejaba ir ya dos dedos en el ano y el otro le mordisqueaba los senos. Veía fascinado como entraba y salía el miembro del chico por la vagina de mi hermana.

Le pedí que parara un momento, que la sacara, lo hizo y aproveché para mamársela. Los jugos de mi hermana sabían deliciosos, siempre me han gustado, luego puse a trabajar mi lengua, le lamía su vagina, hice juguetear mi lengua en esa zona.

Lupita casi gritaba de placer. Luego me quité y dejé que el chico continuara con el mete y saca. No tardó en terminar, le arrojó su buena dosis de semen en la vagina. Cuando el chico se retiró siguió el otro. Le acomodó su tranca en la vagina y comenzó con lentos movimientos, luego arreció, ante los largos gemidos de mi hermana, que evidenciaban que había tenido otro orgasmo. Luego éste también acabó en la vagina.

Cuando él se salió, ella se volteó, y se sentó sobre un tronco. Me acerqué para ahora hacer lo mío, mi delicia, ella ya sabía que hacer; abrió las piernas y acerqué mi rostro su sexo, con la lengua comencé a limpiarle el semen, confundido con sus jugos vaginales, ella continuaba excitada, de decía; ¡Así, así, que rico lo haces José Luis, sabes cómo me gusta esto! .

Seguí con mi trabajo y ocurrió lo de casi siempre; Tuvo un orgasmo en mi boca, rico como todos los que tiene. Habían pasado pocos minutos y ya los chicos estaban listos para continuar, pero ella, como hermanita amorosa y comprensiva pretextó que quería descansar un poco y propuso que ahora me cogieran a mí.

Los chicos, igual que siempre, se portaron a la altura y uno de ellos me puso la verga en la boca y comencé a mamársela, luego el otro se acomodó por detrás y me penetró, luego de un rato cambiaron posiciones y el chico a quien se lo mamaba ahora me penetraba y al otro se lo mamaba, previamente se había limpiado con agua y un pañuelo el miembro.

Luego se acercó mi hermana y dijo; bueno, ya descansé, vamos a seguir , dejaron de atenderme para irse con ella; Se portaron muy bien atendiendo a mi hermano y solo por eso voy a dejar que me lo hagan por atrás .

Uno de los chicos se acostó boca arriba y ella se subió encima de él, se acomodó la verga en la entrada del ano y poco a poco se fue sentando. Su rostro reflejaba toda la calentura del momento, mientras el otro chico le ponía la verga en la boca y ella mamaba con gran delicia, yo no me quedé atrás, me acerqué a ella y luego de mamarle los senos me bajé hasta su vaginita y se la mamé.

De nuevo sus gritos, sus prolongados gemidos. Finalmente el que la tenía ensartada terminó, ella se levantó y de inmediato el otro chico ocupó el lugar de su compañero y de la misma forma mi hermana se volvió a montar, era una escena de lo más caliente.

Luego de gritos y orgasmos de mi hermana él terminó, ella se levantó y yo me acerqué a ella, para lo mío; mamarle su panochita, saborear la leche que le habían echado, luego me pasé a su culito, también para dejárselo limpiecito.

Nos vestimos y nos acompañaron a salir del monte, para que no fuéramos a tener algún encuentro imprevisto y tal vez ¿desagradable?. Jajaja.

Llegamos a casa y ella estaba feliz, satisfecha de esa pequeña orgía y, me dijo, le gustó bastante, con la promesa de que volviéramos otro día a visitarlos, para repetirlo.

Publicado en: Relatos porno

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