Los Mochileros me dejaron Culo para arriba

Volví a mirar por la ventana y una sonrisa se dibujó en mi rostro, un sueño que parecía inalcanzable estaba ahí frente a mí. Siempre había imaginado un lugar como ese para vivir.
Sin embargo, a veces me ensombrecía la alegría recordar a mi ex marido; hacia algunos meses que él me había dejado a raíz de mis tontas infidelidades, digo tontas porque tontas habían sido las situaciones que me habían llevado a dejarme abrir por otros hombres.
Hace algunos años, el verdulero del barrio me había partido a vergazos entre los cajones de verduras sobre un colchón sucio y maloliente. Ese mediodía mi marido me vio llegar con inocultables signos de haber sido totalmente culeada, enfurecido a cintazos me marco las nalgas para que aprenda a cerrar el culo a las pijas ajenas… Pero no aprendí, pese al miedo a mi marido seguí bajándome la bombacha muchas veces más, hasta que unos meses atrás me encontró en la cocina con la pollera enroscada en la cintura volcada sobre la mesada y con una considerable poronga midiéndome el aceite. Al tipo lo corrió a trompadas, a mí me recago a cintazos y me dejo. Del divorcio me quede con una camioneta y una abultada cantidad de dinero.
Compre un cómodo y cálido chalet en un pueblo cordillerano de la Patagonia y aquí estoy ahora mirando el lago y a lo lejos el pico de un volcán nevado con un verde bosque de telón.
Ya hace más de 15 días que estoy aquí, he conocido, el pueblo, y en fin me estoy adaptando a este lugar tan distinto al de dónde vengo.
Quien piense que este lugar es aburrido se equivoca, aquí como en cualquier otro lugar pueden pasar cosas y yo la verdad es que tuve 3 días bastante moviditos.
Llegue un Domingo por la tarde, el martes siguiente me levante temprano tome la camioneta y me dirigí al pueblo a comprar provisiones, entre las diferentes paradas ingrese en la ferretería para comprar unos accesorios de baño que faltaban en casa.
El ferretero hablaba con 2 jóvenes algo desaliñados con mochilas que evidentemente estaban de paso por nuestro pueblo.
– Chicos, les repito que lo lamento pero no tengo soportes para las carpas. Lo máximo que puedo hacer para ustedes es pedirlos a la capital para que lo manden pero no creo que llegue hasta el viernes. Les decía el ferretero.
– Pero señor que vamos a hacer nosotros 3 días sin carpa, de noche hace mucho frio. Se lamentaban los jóvenes.
– Lo sé. Asintió el comerciante – Pero mas no puedo hacer
Los jóvenes se retiraron del lugar y el ferretero me atendió a mi, pedí las cosas y antes de retirarme pregunte al ferretero si conocía alguien que trabajara haciendo reparaciones para el hogar.
El ferretero pensó, y me comento que Don Miguel, el que hacia las reparaciones de ese tipo en el pueblo había viajado por algunos días. Hizo una pausa y me propuso al ver mi gesto de desánimo:
– Mire, Señora Dolores, ese trabajo es muy simple lo puede hacer cualquiera, si yo pudiera se lo haría con gusto pero no puedo dejar mi negocio. Hizo una pausa y siguió…
– Si le parece adecuado esos dos chicos que se fueron son conocidos en el pueblo pasan todos los años por aquí y le aseguro que son buenos muchachos y muy educados. Les puede ofrecer a ellos que le hagan el trabajo y los estaría de paso ayudando.
Mire al ferretero y solo le dije gracias.
Me fui de la ferretería con el pensamiento en la cabeza, no solo pensé en la instalación en el baño, otras cosas también pasaron por mi cabeza.
Vi a los chicos sentados en una baranda de la ruta. No lo dude, pare la camioneta a su lado y les dije.
-Escuche sus problemas en la ferretería. Yo necesito que me instalen unos accesorios en el baño. Les pagaría bien. ¿Aceptan?
– Claro me dijeron ambos al unísono.
Pusieron las mochilas en la caja de la camioneta y ellos subieron a mi lado.
No me di cuenta hasta que subieron que mi vestido estaba tan arriba que se me veía la bombacha blanca. Pensé en acomodarme pero me dio algo de vergüenza… Además no soy tonta y sabía que alguno de esos chicos me terminaría garchando
Charlando me entere que eran amigos y que viajaban todos los años juntos de mochileros, ellos se enteraron que era divorciada y no les oculte que la razón del divorcio había sido la forma en que me encontró mi marido, al contarles esto vi un brillo distinto en sus miradas.
Cuando llegamos me baje primero, intencionadamente baje de tal manera de exhibirles mi gordas nalgas cubiertas con la bombacha que seguramente estaría bien metida en la zanja del orto.
Le expuse mi oferta: ellos instalaban los accesorios del baño y a cambio yo les pagaba una suma y los dejaba dormir en sus bolsas de dormir en la sala de la casa. Obviamente aceptaron agradeciéndome con énfasis.
Les dije como poner los accesorios y me dedique a hacer la comida.
No tardaron más de media hora en terminar el trabajo y vinieron a la cocina
Les dije que en un rato estaría la comida.
Marcos, el más robusto de los chicos me dijo que era hermosa la vista que se veía por la ventana que estaba frente a mí. Le dije que sí y le indique que mirara el volcán que le señalaba con el dedo, él se acercó por atrás para mirar por la ventana y me apoyo la pija en la zanja de mi gorda cola, por un impulso yo me tire para atrás refregándome en su bulto que parecía ya parado y poderoso. Fue un roce rápido pero me indicaba que las cartas estaban echadas.
Comimos, Darío, el otro muchacho, se quedó dormido en el sillón de las sala. Le indique a Marcos que podían tirar las bolsas de dormir donde creyeran conveniente y me dirigí a mi habitación, me quite el vestido y el sostén quedando solo en bombacha, cuando iba a acostarme escuche que se abría la puerta del baño, mirando por la rendija de la puerta vi que era Marcos, cuando cerró la puerta del baño, aproveche para salir e ir a la cocina a buscar un vaso de agua.
Salí, así, solo con el calzón y con las tetas al aire. Me dio algo de vergüenza pensar que si Marcos salía en ese momento del baño iba a ver a una gorda madura en tetas y calzones, También sabía que si el muchacho quería sacarse la leche probablemente yo terminaría con los agujeros abiertos.
Cuando estaba en la cocina, Marcos apareció detrás de mí y me dijo:
– ¿No tienes miedo que estos dos muchachitos que están en tu casa te quieran zurcir a pijazos al verte así tan puta?
Me sonreí como tonta y le respondí
– Jajá, no creo que dos chicos apuestos como ustedes quieran cogerse a una vieja gorda como yo
-Hummm, te equivocas… dijo Marcos mientras se agarraba la pija por arriba del pantalón. Ponte en 4 y te dejo gordo el orto de la leche que te riego.
No dije nada y me di vuelta para volver a mi cuarto, cuando pase a su lado Marcos se me puso delante y me metió una mano en la concha que casi me hace caer. Me clavo la lengua en la boca y me comenzó a manosear la nalgas.
Me dijo – Vamos a tu cama putona te voy a enseñar cómo me cojo a las gordas busconas y me empezó a nalguear duro haciéndome ir para el lado de mi habitación

Ya frente a la cama pelo la poronga de caballo que tenía y me la apoyo con fuerza haciéndome caer boca abajo en la cama, luego se me tiro encima y mientras me lamia la oreja me avisaba que se iba a culear a una gorda putona, su pija ya parada se paseaba por mi profunda raya me nalgueo un par de veces y yo me queje como una gatita en celo. Mire a mi costado y allí estaba el amigo de Marcos, Darío con una pija gruesa y cabezona en la mano.
Darío parecía aún más caliente que Marcos, el chico me agarro de los cachetes del rostro y comenzó a refregarme la cara contra su pijota.
Me la metió en la boca y me cogió bien por la boquita mientras marcos ya había acomodado su verga en la puerta de mi concha
– Te voy a desconchar Gorda Puta. Fue lo que me dijo cuándo me empezó a garchar. Marcos me abría la concha mientras Darío me quería dejar la boca como la de un payaso.
A los pendejos les encantaba someterme y me cagaban a puteadas. Desde gorda puta a vieja tragaleche, desde putona a tetona culo roto. Me decían de todo y me molieron a pijazos.
Los 3 días que tuvieron que quedarse me recagaron a cogidas. En las noches dormíamos los tres en mi cama.
Me hicieron tragar mucha leche. Les fascinaba hacerme tragar la guasca que se les acumulaba en sus pesados y peludos huevos.
Se fueron el Viernes a la tarde con la pija vacía de leche. Mire las manchas de guasca en las sabanas de la cama, los chupones en las tetas, los moretones de las nalgadas y tome conciencia de la fiesta que esos chicos se habían hecho conmigo.
Pero lo que más me llamo la atención es la facilidad con la que cague esa tarde, los pendejos me habían dejado el ojete como un bebedero de patos.

Publicado en: Relatos porno

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