Los cuatro hermanos de Samy

Relato de incesto entre una mujer y sus cuatro hermanos menores

Una chica platica sus experiencias incestuosas con sus hermanos

Me gusta que me usen mis hermanos, me da mucho morbo ser el centro de atención de su lascivia. Ellos son más jóvenes que yo y son cuatro: Alberto de 22, Julio de 19, Cesar de 17 y Mario de 15. Tengo una hermana de 13 años pero hasta ahora no ha participado más que mirándonos a veces. Papá y mamá están enterados pero no les preocupa ni se meten.

Me olvidaba, mi nombre es Samantha, Samy me gusta que me digan, tengo 24 años y esta situación empezó hace un año más o menos. Desde muy niños cuando jugábamos a las luchas se sobrepasaban un poco, me tocaban las chiches, las nalgas e incluso en la concha pero no pasaba de ahí. Me gustaba debo admitirlo, pero no imaginaba a donde iban a llegar las cosas ni tenía planes al respecto, pero ellos sí.

Ese día, el que menciono de hace un año, estábamos todos en casa un domingo lluvioso. Eran como las 3 de la tarde, yo estaba en la habitación que comparto con mi hermana y el resto de mi familia en diversas habitaciones cuando el grito de Julio me hizo salir de la novela que leía, “Sam”, así me dice él, “vamos a poner la película ya”
“Voy” le contesté gritando. Me levanté sin muchas ganas, a ellos les gustan películas de masacres, zombis y muerte en general. No me disgustan demasiado pero prefiero las románticas o las de aventuras. Pensé si debía cambiarme de ropa, me miré en el espejo pero me ganó la flojera, vestía una camiseta ligera algo corta y un corto que casi mostraba la parte baja de mis nalgas, me reí pensando en cómo se les irían los ojos a mis hermanos; era un juego que me excitaba un poco, sentir sus miradas y cuando me rozaban con sus manos incluso sin pretextos.

Aquí creo que debo explicar algo, no somos una familia típica, salimos poco y no nos gusta relacionarnos con los vecinos más que para lo indispensable. Tampoco nos gusta hacer amistad con los compañeros de clase ni a mí con los de mi trabajo. La pasamos muy bien entre nosotros pero además somos muy desconfiados con gente ajena, las razones para ello son varias y no creo que detallarlas sea necesario en este momento, baste con saber que nuestra familia ha pasado por momentos difíciles a causa de la interacción con otras personas lo cual nos ha afectado por igual todos, excepto a mi hermana la menor quien es muy extrovertida y tiene montón de amistades.

Cuando bajé ya estaba toda la familia reunida, incluso mamá y papá, me senté entre mis hermanos en un sillón enorme que sepa dios donde lo consiguió papá hace años. Comenzó la película y también los toqueteos de mis hermanos, primero estirándome el cabello, palmeando mi cabeza, cosquilleándome en el cuello y en mis costillas. No me molesta en nada ya que yo hago lo mismo con ellos. Pero esta vez algo fue diferente, como a los 20 minutos de empezada la película mi hermano Alberto, quien estaba sentado junto a mí, me pasó el brazo por encima del cuello y me acercó hacía él, yo no le di importancia ya que siempre me abrazan, pero ahora no me apretó ni me torniqueó con su mano en la cabeza como solía hacer.

Esta vez simplemente posó su brazo y se quedó quieto, pensé en un principio que estaba emocionado por la película, pero luego de un par de minutos sentí que su respiración estaba agitada. Me puse un poco nerviosa pero intenté controlarme, ya desde antes había comprendió, por sus actitudes, que deseaban llegar más allá de los jugueteos y que quizá esta vez ya se había decidido. No me sentía preparada para ello aun, quiero decir, también lo había considerado desde semanas antes; pensaba en la posibilidad de hacerlo con él ya que no conocía a ningún hombre en el que pudiera confiar y como nunca lo había hecho deseaba ya que fuera mi primera vez, aunque luego de pensarlo lo descartaba ya que me parecía ridículo hacerlo con él o con alguno de mis hermanos, pero más de una vez me sorprendí fantaseando con la idea.

Bueno, ahí estaba yo pensando en la posibilidad de qué fuera a suceder cuando sentí que acercó su cara a mi cuello y me lo besó. Me asusté un poco pero también me causó un gustito delicioso aunque estaba muy desconcertada. Luego, para mi enorme sorpresa, Cesar, quien estaba a mi izquierda, me puso la mano en el vientre, pero sin cosquillear como era su costumbre, sino que comenzó a sobarme despacito y dirigiéndose hacía abajo. Miré su cara y vi decisión en su mirada, eso me paralizó totalmente ya que esperaba ver cautela, nerviosismo o inseguridad en su expresión, “aja”, pensé, “ya lo han estado planeando” y eso en vez de hacerme enojar me calentó en extremo, ansiaba saber hasta dónde estaban dispuestos a llegar.

Supongo que al notar que no oponía ningún tipo de resistencia eso los alentó a continuar, Alberto me tomó de la barbilla con la mano, giró mi cara y me dio u beso riquísimo en la boca mientras Cesar comenzaba a meter sus dedos en mi corto el cual era muy holgado por lo que no batalló para introducir incluso la mano. De un momento a otro, así sentí el paso del tiempo, Alberto me besaba y masajeaba mis pechos y Cesar me sobaba la concha con sus dedos. Pensaba en mis padres quienes estaban detrás nuestro, pero eso no me impidió gemir aunque procuraba hacerlo los más bajo posible. Me deslicé para quedar semiacostada y abrí las piernas para que Cesar no tuviera obstáculos, por mi mente pasaban muchas imágenes e ideas, me imaginaba haciéndolo con los dos y hasta con los cuatro, “si”, me decía mi inconsciente, “hazlo, que sea ya y sin marcha atrás”, pero me angustiaba que estuvieran mamá y papá, ¿se opondrían? me preguntaba y en eso oí la voz de papá: ¿qué le hacen a tu hermana?

Me asusté y me volví a acomodar en el sillón, pero Alberto siguió acariciando mis pechos, “nada papá, estamos jugando”
Papa de nuevo, “pues no dejan ver la película a gusto, váyanse a jugar a otro cuarto si no la van a ver”
Alberto me miró a los ojos y yo a él, y sin decirnos nada, nos levantamos al mismo tiempo seguidos de mis otros 3 hermanos. Mi corazón latía a mil por segundo, sabía que no había paso atrás. Nos fuimos al cuarto de ellos, yo en primer lugar de la fila, me paré en medio del cuarto para mirarlos a los ojos, como queriendo imponer condiciones pero lo que vi en sus rostros me bajó las pretensiones, yo era ahí su objeto, la mujer con la que se iban a satisfacer hiciera lo que hiciera, me senté en la cama de uno de ellos y asumí la actitud de sumisión. Ellos se acercaron, Cesar me tomó de las manos, Julio y Mario tomaron mis piernas y Alberto comenzó a deslizarme el corto y la braga. Cuando ya me tuvieron desnuda Alberto se bajó el pantalón y se acercó con su verga erecta.

Me la metió y comenzó a cogerme, él parado y yo acostada sobre la cama sujeta de las manos y de las piernas por mis otros hermanos.
La situación me era muy morbosa, me sentía sometida al extremo y expuesta totalmente. Me sobaban con sus manos libres, Alberto me la metía y sacaba con fuerza y yo me convulsionaba por el placer. Los cuatro me poseyeron, fue la primera vez que hacía el amor y fue fantástico.

Desde entonces me lo hacen todos los días, excepto cuando me arde por el continuo rozamiento, pero luego de un par de días ya estoy lista para recibirlos dentro de mí. He sido absolutamente pasiva, he dejado que usen de mí a su antojo, uno, dos, tres o los cuatro al mismo tiempo.

Papá y mamá no me han dicho nada, y claro que se dan cuenta, desconozco el porqué de su actitud, pienso que quizá están más a gusto así, que mis hermanos me lo hagan a que vayan con gente extraña. Varias veces mamá ha entrado a donde estamos haciéndolo y simplemente desvía la mirada y acomoda lo que trae en las manos, ropa recién lavada generalmente, pero últimamente se ha tomado las cosas más a la ligera, una vez le dijo a Cesar medio en broma “hijo, caray, denle un respiro a su hermana” y mi padre me llevó al ginecólogo hace como 3 meses para que me recetara pastillas para no salir embarazada, pero no me dijo nada en todo el trayecto, ni de ida ni de regreso, quizá le avergüence tocar el tema, aunque una vez lo vi por la rendija de la puerta mirándome hacerlo con uno de mis hermanos y se tocaba el bulto del pantalón. Es un hombre viejo, ya de 65 años, pero algún día, pronto, le daré la oportunidad de poseerme.

Publicado en: Relatoseroticos

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