Lésbico y confidencial

Confieso que:

Al pensar en Manuelita (nombre ficticio) se eriza mi pelo púbico, el sólo imaginar su presencia me produce un escozor en el vientre, el sentir su aliento cerca humedece mi sexo. Y si en este momento dejara el bolígrafo para tocar mi vulva, seguro encontraría mis fluidos chorreando al borde de mi entrada vaginal.

Pienso en ella y se me pone la piel de gallina, me sumerjo más en el colchón de mi cama y mis pezones se ponen firmes, ahora puedo sentir el contorno de mis aureolas, mis pechos están rectos, siento el ombligo frío pero mi vientre está caliente. Abro mis entrepiernas para liberar mi sexo con todos sus vellos revueltos, siento que con la acción de abrir mis piernas se han abierto también las pieles de mi vagina, la siento como boca de pescado.

Todo eso lo produce un sólo pensamiento de Manuela, yo no me siento dueña de mí misma, no siento control sobre mi cuerpo, el sólo rozar con una de mis manos cerca de mi entrepierna, hace que los pelos de mi vagina se alboroten.

Para acomodar mis pelos, pasó un dedo de arriba hacia abajo y desde mi vientre viene y me explota una descarga por dentro, termina mi conmoción en un gemido que se ahoga en mi garganta y mis ojos se cierran. Culmino imaginando; la voz de Manuela, su aliento, sus ojos, su rostro muy cerca besándome y no quiero abrir más los ojos, quiero vivir y revivir esa imagen siempre sólo conmigo y para mí.

Este relato es parte de mi librito digital “Lésbico y confidencial” que lo distribuyo gratis a través de correo electrónico, las interesadas en leerlo completo sólo deben pedírmelo a: isabela.4102@gmail.com
Por favor solo chicas.

Publicado en: Relatos Lesbicos

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