La putona de los Gendarmes

Nunca me cuide demasiado en las cuestiones del pudor. He sido muy descuidada en las cuestiones de exhibir accidentalmente o no las partes más reservadas de mi cuerpo.
Esa particularidad la registraron mis agujeros en muchas oportunidades. Si un hombre te ve el culo y siente que a ti no te importa lo más probable es que la verga se le pare y quiera “profundizar” hasta llegar al fondo de tu concha, o de tu culo y por supuesto de tu boca.
A 50 metros de casa vive Adolfo, un gendarme Mendocino de 41 años, casado. Su familia vive en Mendoza y el la visita cada 3 o 4 meses.
Adolfo no extraña demasiado a su esposa: cuando empieza a extrañarla viene a casa y me caga bien a vergazos para sacarse la leche. Yo no le digo que no, en mi cama el me hace sentir que él es un macho que necesita cogerse a una mujer.
Por la forma en que me garcha siempre me imagine que extraña mucho a su mujer por lo cual necesita dejarme cada vez que me baja la bombacha culo para arriba cagando leche. Es un bruto pero yo lo quiero mucho.
Adolfo me había estado dando pija toda la noche el sábado pasado, a la mañana luego de tomar un café me empezó a besar el cuello y sentí que se pajeaba a mis espaldas, luego de un rato sentí que me acababa unos buenos chorros de leche en las nalgas, nos besamos un rato, se fue a su guardia en la ruta y yo me quede sola.
Me puse a hacer algunas cosas de la casa olvidándome de la guasca que Adolfo me había regado en mi cola.
A los pocos minutos golpearon a la puerta de casa, pregunte quien era y alguien me respondió:
– Soy compañero de trabajo de Adolfo, vengo a buscar una credencial que se le olvido.
– Bueno. Dije, espéreme que me visto.
– No te preocupes, Sé que Adolfo te dejo desnudita y destapadita.
Azorada, solo atine a decir
– Pe… Pe… ro. Bueno, por lo menos déjame ponerme una bombacha.
Corrí a mi habitación y me puse la bombacha que había tenido la noche anterior.
Abrí la puerta, y ahí estaba, un hombretón enorme con uniforme de fajina.
Me miro de arriba abajo y me dijo.
– La credencial se le cayó cuando te cogió.
– En mi cuarto dije algo cohibida.
Cuando me di vuelta para ir a mi dormitorio recordé los lechazos en mis nalgas sentí una gran vergüenza
– Ja Ja, parece que te gusta la lechita caliente. Es cierto lo que dice Adolfo.
– ¿Y qué dice Adolfo? Pregunte en un murmullo.
– Dice que sos una gorda putona que se deja hacer cualquier cosa. ¿A ver qué te hace Adolfo culona traga leche?
Como no le respondí el siguió.
– ¿Te coge por la boca, te hace el culo, te dice lo puta que sos, te nalguea?
– Si. Le respondí – Me hace de todo
Encontramos la credencial, estaba en el piso, al agacharme a levantarla sentí su paquete en mi culo.
La verdad es que este tipo me dio mucho miedo, lo notaba implacable, mi experiencia me decía que esa mañana me iban a dejar renga.
Le avise preocupada que Adolfo me había montado toda la noche y que estaba dolorida de tanta pija.
– Putona culoroto, te crees que no me di cuenta que estas bien enlechada, ¿te culeo duro Adolfito? Me pregunto mientras me daba una sonora palmada en la cola.
– Pues… Si… me dio muy duro.
– Y si ahora te quiero garchar yo ¿Qué vas a hacer?
Dude en responder, pero me salió decirle la verdad.
– Nada puedo hacer, tu eres un macho fuerte y los hombres como tú le hacen lo que quieren a las mujeres culonas y fáciles como yo. Aunque este dolorida me vas a coger igual hasta hacerme llorar.
– El Gendarme, que después supe que lo llamaban Gringo me paso la lengua por la mejilla y me agarro duramente las dos tetas, estuvo metiéndome mano durante un rato, le dije que tenía que ir al baño y se rio diciéndome:
– ¿A cagar la leche de Alfredo? Puta, concha abierta.
Mientras caminaba para el baño, el me seguía escupiéndome las nalgas.
Entre al baño y me senté en el inodoro, El gringo entro y se sacó la pija por la bragueta, era la verga más cabezona que vi en mi vida, también me sorprendió el tamaño de los huevos del tipo.
Me la comenzó a pasar por la cara ordenando que se la chupe. Juro que esa cabeza no me entraba en la boca, eso lo enojo e intentaba con fuerza metérmela pero debió conformarse con que le pase los labios por el tronco de la verga.
También le chupe bien los huevos que estaban durísimos y calientes.
De pronto el no aguanto más y en un estado de abuso extremo me levanto de los pelos y me inclino sobre la pileta y me la clavo en el orto. Sinceramente debo contarles que había terminado de hacer caca. Aunque parezca extremo, la verdad es esa. Este Gendarme reemplazo el papel higiénico con su poronga y me limpio bien el culo, mientras me bombeaba me nalgueaba duro y me escupía insultándome con las palabras más soeces.
Llore mucho y en realidad no fue por el dolor. Lloraba por no poder evitar ser tan regalada, por ser puta como las gallinas. Y lo peor, es que era inevitable que en los corrillos de hombres se hablara de mí. Me moría de vergüenza imaginando las charlas de esos hombres contando como me habían bombeado el ojete o como me habían hecho tragar leche.
El gringo me daba como un caballo contra el lavatorio del baño, sentía esa poronga dura escarbando mis tripas con ímpetu, implacable, poderoso, dominante. En realidad así se comportaban las vergas de los buenos machos en los boquetes de las gordas faciles.
Me culeo por un rato y luego me la saco, quede volcada contra la pileta con el culo abierto
– Vamos a la cama, puta. Me dijo. Y me empezó a nalguear
Corrí para el dormitorio para evitar las nalgadas y el venia atrás mío. Me gritaba que era una puta y me me iba a recagar a pijazos hasta reventarme.
Yo temblaba de miedo y lloraba como una condenada.
Se me tiro encima y me la clavo por la concha. Me besaba con toda su lengua en la boca.
El gringo me creaba muchos sentimientos: mucho miedo pero mucha seguridad, él era un verdadero hombre, un hombre que se estaba saciando con mis orificios pero que me metía la lengua en la boca con una gran ternura. Para el, el amor era eso: darle todo a una hembra, y para mí el amor era eso dejarme abrir por un macho.
Me cogió un largo tiempo, me daba con dureza y me gustaba. Estuvo desde la mañana hasta la noche en mi cama. Me cogió 3 veces por la concha, 4 por el culo me hizo tragarle la leche, me hizo mimos, me hizo tenerle la pija mientras meaba.
Ante de irse me la clavo por última vez en el orto, me lo lleno de leche, me lo limpio con la bombacha que tenía cuando lo conocí, así enlechada se guardó el calzón en el bolsillo. Me beso y me dijo que le dijera a Alfredo que era cierto… Que era cierto que Yo era una Gorda putona.

Publicado en: Relatoseroticos

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