Inesperado encuentro con un motociclista

Me acaba de pasar una experiencia de lo más inesperado que creí que me pasaría.
Fui de fiesta con mis amigas a un antro y yo era la única sin pareja porque mi esposo está fuera de la ciudad por cuestiones de trabajo desde hace meses. No abundaré en eso pues así he dejado varios relatos inconclusos, así que hablaré al respecto en otro relato.
Tiene como diez minutos que aquél hombre salió de mi apartamento (si, ahora vivo en el segundo piso de un apartamento…sola por el momento) y no me puedo creer cómo ha pasado todo y por eso no quiero esperar a contarlo.
Son las 4:21 a.m. y, como dije, vengo de una reunión con mis amigos.
Como fue una salida con mis amigos (hombres y mujeres), me vestí de manera que creo sexy pero con recato. Tengo que aclarar que hoy no esperaba (ni remotamente) que pasara algo por lo que me atreví a usar una “faja”, de esas que llegan abajo del muslo y aprietan en la región abdominal pero que parecen “calzones de la abuela” si me levanto la falda. Así de “sin esperanzas” me sentí hoy. Además he reiniciado una nueva etapa de “me vale sorberte el recato y mis votos a mi esposo, si se presenta la oportunidad, la tomo”.
Esto lo menciono para justificar el que les cuente que he tenido bastantes encuentros en estos meses (puesto nuevo en el trabajo, retomar mis encuentros con mi cuñado, atreverme a meterme con mis alumnos, etc. Hablaré de todo esto después). Con lo anterior queda claro que sexo no me ha faltado y yo estaba muy contenta conmigo misma de llegar a mi cama y meterme a dormir.
Mi amiga Paola y su esposo Mariano me trajeron a mi edificio después de la fiesta pero no quise desviarlos mucho (más siendo viernes en la madrugada y en día de quincena) por lo que exigí que me dejaran a dos cuadras de mi edificio para que ellos se siguieran derecho a su casa.
Empecé a caminar hacia mi edificio cuando ellos arrancaron y, a media cuadra, recibí la llamada (¡sí! ¡a las 3 y cacho de la madrugada!) de un amigo del trabajo que también había tenido fiesta y, en las copas, le pareció buena idea llamarme para decirme lo mucho que le gustaba yo y lo enfiestado y borracho que estaba.
Ese fue el momento crítico en donde todo empezó pues me paré en mi camino para hablar con él.
Mientras estaba al teléfono, noté que una motocicleta que venía por la calle disminuyó la velocidad al verme. Aquí me voy a defender. Aunque traía los “chones de la abuela”, por encima llevaba una chamarra de piel, una blusa blanca de botones al frente y de manga larga, una falda corta (negra, al muslo y amplia), pantimedias naturales con brillo (las favoritas de mi esposo) y unos tacones de 13 cm! (tacón delgado) y, claro, mi bolso al hombro.
Mientras yo escuchaba sus incoherencias de ebrio intentando no ser grosera con él, noté que el motociclista dio vuelta en la esquina y a los pocos segundo volvió a salir por la misma calle y se subió a la banqueta en mi dirección para volver a mirarme.
Al darme cuenta sentí un fuego en el etstómago pues traía también mis copas encima y yo borracha soy muy caliente. Sin embargo esa fue la señal de alarma para continuar mi camino y recorrer los pocos pasos hacia mi edificio.
El corazón empezó a latir con fuerza por la situación que estaba viviendo pero cuando di el primer paso hacia mi destino, recobré la seguridad y desapareció la alarma.
Un taxista se detuvo por mí y tuve que hacerle señas de que se siguiera pues no pensaba tomarlo. Sin embargo caminó a mi lado esperando que me animara a ser su pasajera. Eso me reavivó el fuego. Sin embargo, con el celular en la oreja, también noté que el motociclista iba atrás del taxista, esperándome también.
Aceleré el paso y pude cortar la llamada.
Tanto el taxista como el motociclista se quedaron esperando mientras abría la puerta del edificio y entraba.
Me sentí muy bien. Tanto el taxista como el motociclista se habían sentido seducidos por mí y eso me hizo entrar finalmente a mi departamento con una sonrisa pícara.
Por alguna razón, después de prender la luz, me quedó la duda de si todavía estarían afuera esperándome, tal vez, ubicando mi departamento y esperando verme. Así que salí al balcón (tengo balcón en este departamento) y, al asomarme, noté que el motociclista estaba parado sobre la banqueta y mirando hacia mí.
No supe qué hacer. Ese fuego creció, quemándome por dentro y solo atiné a regalarle una sonrisa desde la distancia.
Nos quedamos mirándonos un momento. Yo desde arriba y él bajo su casco levantando la cabeza.
¿Qué pasaría? ¿Qué tenía qué hacer? ¿Era esa una de las “oportunidades” de las que no podía dejar pasar?
Nos quedamos unos largos segundos así. Mirándonos.
Finalmente decidí hacer una mueca con la cabeza :”¿Qué quieres?”, le dije con ese movimiento.
Eso lo animó a acercarse bajo mi balcón y se llevó una mano hacia la altura de la boca como pidiendo un cigarro.
Pensé un momento y claro, si quiere un cigarro, ¿por qué no dárselo?
Bajé de nuevo y abrí la puerta. Ya no llevaba el casco cuando bajé y noté que era un tipo que no era mal parecido.
Estaba a punto de sacar los cigarros de mi bolso cuando me dijo “¿Puedo pasar?”
Desconcertada le dije que sí y me hice a un lado para que ingresara. Cuando voltié a mirarlo me hizo una expresión con la mano. Ahora era la mano como si sostuviera un tubo y se lo llevaba a la boca con movimiento repetidos. Era muy claro. Quería que le hiciera sexo oral.
Me quedé fría un segundo y noté que sí, que esa era de las “oportunidades”, así que después de pensarlo, sólo le dije que si.
-¿Vamos a tu departamento?
Lo volví a pensar. Era un extraño. Un completo desconocido y me estaba pidiendo a mí, una extraña, que le brindara un espacio privado en donde pudiera meterme su pene en la boca con discreción.
El alcohol es traicionero, así que le dije que sí y subimos a mi departamento. Yo por delante (un caballero lo hace al revés) y supe que quería verme por la espalda mientras subía las escaleras.
Entramos al departamento e inmediatamente se abrió los pantalones y me mostró su pene erecto ¡Qué rico se veía! No lo medí, por supuesto, pero estaba en los 15 o 16 cm según mi experiencia, jajaja. La tenía en punta pero de buen grosor.
Ya estaba ahí dentro de mi departamento y con el pene de fuera, erecto. Mi loquera alcohólica me hizo asumir sin reparos la situación y saqué un condón de mi bolso (sí, siempre llevo al menos uno) y le dije: “Será con condón, ¿no importa?
– No, por mí mejor…con protección.
-¿Dónde quieres? ¿Así de pie o te quieres sentar?
Mis palabras salían de mi boca sin poder creer lo que yo misma decía.
– Aquí (sentándose en la silla más cercana).
Sus pantalones estaban ya en los tobillos, al igual que sus bóxers (¡cómo me encantan los hombres con bóxers!) y sentado con las piernas abiertas ofreciéndome su pene erecto, firme y lleno de sangre.
Le puse el condón e inmediatamente me hinqué entre sus piernas y metí su miembro en mi boca.
Empecé a chuparlo con deseo. Alternando de vez en cuando con sus testículos contraídos, metiéndomelos en la boca.
– ¿Te gusta? – Me dijo
-…Sí…a tí?…
– Sí…
Seguí comiéndome ese tronco hincada entre sus muslos a los cuales me agarraba y acariciaba de vez en cuando mientras mi boca subía y bajaba presionando con mis labios.
– ¿Te gusta así? – pregunté en un momento
– Me gustaría más metértelo….
– ¿Qué?
– Me gustaría más metértelo…
Paré el felatio al escuchar eso. ¿Estaría bien? Digo, la tiene durísima y muy rica…¿me animo?
Después de unos segundos le dije que sí:
– Espérame un poco…- le dije con algo de vergüenza -…traigo “chones de la abuela” y quiero quitármelos antes
– Está bien

Entré a mi cuarto (estábamos en el comedor que es lo primero que te encuentras al entrar a mi departamento) y procedía quitarme las medias y luego mis “pantis” de viejita. Dudé un momento si ponerme de nuevo las medias o salir con las piernas desnudas…Decidí que con medias pues así es como había llamado su atención en un inicio.
Sakí y le pregunté:
-¿Dónde?
Me señaló la silla en donde estaba él sentado y me dijo: “aquí”
-Sólo un poco…le dije como puta arrepentida
-Sí – fue su respuesta por lo que me puse con las rodillas apoyadas en el asiento y la cara viendo al respaldo.
Me bajó las pantimedias a medio muslo.
-Qué buen culo tienes….- escuché mientras acercaba su tronco duro a mi entrada vaginal.
Fue metiendo su pene con calma. Metiéndolo y sacándolo cada vez más profundo y cada vez más rápido.
Yo pasé mis manos entre mis piernas abiertas para acariciar sus testículos. Entonces me abrió las nalgas con ambas manos…meneándolas un poco mientras me lo clavaba más profundo.
Me tomó de las caderas y empezó a penetrarme con mayor velocidad. Yo estaba que no pensaba en nada más que en ese pene duro y sabroso que me estaba penetrando hasta ademtro.
Desde que me tomó de las caderas, haciendo suyo el control de la penetración, empecé a gemir rápido y no muy fuerte.
-¿Te gusta? – me preguntó mientras me montaba
-Sí…a…tí?
-Sí…qué rico culo tienes!
Después de unos minutos la sacó y se puso firmes con las piernas abiertas y su pene erecto entre su mano izquierda.
No tuvo que decirme nada. Sabía qué tenía que hacer.
Me hinqué de nuevo y empecé a chupársela con ganas. Mi mano derecha acariciando sus testículos contraídos y mi otra mano aprovechando para acariciar su buena pierna.
Así estuve un buen rato y empecé a cansarme pero no quise que lo notara por lo que seguí esforzándome en darle placer con mi boca.
Finalmente me dijo:
– ¿Te la puedo meter de nuevo?
Después de meditar lo mismo un segundo, le dije que sí
– ¿Dónde me pongo?
– Donde quieras
Me encanta que me tomen de espaldas y de pie, así que me arrimé a la orilla de la mesa del comedor y le ofrecí de nuevo mi culo.
Me acomodó su pene sin mucha puntería por lo que usé mi mano para dirigirlo.
Las cortinas del balcón, que estaba en frente, estaban abiertas y podía ver claramente el edificio de enfrente de la calle (en donde vive un chico que le gusta mirarme). La imagen que tenía ese chico de mí, inclinada sobre la mesa, de frente a él y un hombre rico que me poseería en un instante me puso más caliente y no dejé de mirar hacia enfrente mientras el palo duro de mi motociclista lograba entrar de nuevo en mí.
Cuando lo sentí dentro, no supe más de lo que pasaba afuera. Me incliné sobre la mesa y me concentré en ese fierro que me daba un placer prohibido para una mujer casada como yo.
Sus manos se adueñaron de nuevo de mis caderas y el ritmo era marcado por él.
-¿Te gusta mami?
-S…ssi….
– ¿Nunca has tenido una como la mía?
– No…- mentí a medias…he tenido más grandes y potentes pero estaba gozando de lo rico y estimularle su hombría era para beneficio mío.
Comencé a gemir de nuevo de la misma forma mientras ese miembro rígido me hacía suya.
De repente paró y me la sacó lentamente:
-¿Terminaste? – Le pregunté mientras me giraba concentrada en su pene y el condón con la punta llena de sustancia blanca.
– Sí – me respondió mientras se retiraba con cuidado el condón.
Me acomodé las medias, la falda y la blusa que se me había desfajado un poco.
– ¿Puedo usar tu baño?
– Sí, claro…
Salió del baño ya arreglado y me preguntó:
– ¿Cuándo puedo verte de nuevo?
– Este…mmmm….no sé…¿el siguiente viernes?…¿a qué hora pasas por aquí?
– 3 o 3:30…
– Ok…¿tienes cláxon en la moto?
– Sí nena, yo toco el cláxon.
Me dio la mano, un beso en la mejilla…y se fue.
Me quedé boquiabierta. Es la primera vez que un hombre no me come la boca a besos o me pasa las manos por todo el cuerpo o me desnuda teniendo la oportunidad…

Veremos qué trae el siguiente viernes.

(P.D. Las fotos son de otros encuentros…obvio no hubo ahora pero no quería dejar el relato sin imágenes de mí)

Publicado en: Relatoseroticos

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