Ines, mi madre y yo

Señoritas parece que la pasaron bien, yo no salía de mi asombro, estábamos las dos desnudas y yo con las piernas abiertas aún. Fue muy lindo y excitante verlas, mientras nos decía esto mi madre deslizó una de sus manos sobre el vientre de Inés.

Hace casi un año atrás Julieta nos contó su historia de sus relaciones con sus hijos y contó una anécdota en el hiper de mi ciudad. Bueno yo soy Gaby y al lado mío está Inés

Hoy tengo 18 años, a los 16 debuté con mi novio y a los 17 debuté en las relaciones lésbicas con mi mejor amiga (amiga de toda la vida) y luego en relaciones con mi mamá.

Con Inés siempre hemos compartido todo, incluso las masturbaciones. No desnudas, quiero decir que si bien nos habíamos visto desnudas en el transcurso de nuestra amistad, nos masturbábamos por sobre la bombacha, si estábamos en pollera nos la subíamos o nos bajábamos los pantalones y nos frotábamos. Yo siempre he usado tangas chiquitas (tipo hilo dental) y ella bombachitas chiquitas con dibujitos de el gato Félix o Snoopy o algo por el estilo. Nos excitaba mucho las películas porno de zoofilia (mujeres con animales, preferentemente perros) si bien nunca nos animamos a concretar nada, nos enloquecía conseguir esos videos e irnos a mi cuarto a acariciarnos hasta acabar.

En una ocasión Inés había conseguido un CD con una película brasilera de zoofilia que mostraba 2 mujeres jóvenes y bastante bonitas haciéndolo con un perro y luego orinándose una encima de la otra. Estas cintas o CD`s los veíamos siempre en casa, ya que si bien mi papá es muy puritano mi mamá por el contrario. Ese día estábamos solas y nos dispusimos a verlo y masturbarnos, las dos nos sacamos los pantalones y nos tiramos en la cama a verlo y a hacer lo nuestro con nuestros deditos. En esa faena nos encontrábamos cuando nos sorprendió la voz de mi vieja diciendo “Señoritas no sería mucho mejor que fueran más cuidadosas con sus intimidades”, no sabíamos donde meternos. Yo me moría de vergüenza, pero Inés no podía ni respirar.

Menos mal que mi vieja es re piola, y nos dijo que debíamos tener más cuidado, que si nos íbamos a masturbar que cerráramos la puerta o le avisáramos a ella para que nadie subiera “no sería la primera vez que tu hermano, Inés, viene a buscarte y lo hago pasar, y no se olviden después de lavarse bien la entrepierna y las manos”; dicho esto cerró la puerta y se fue. Nosotras nos quedamos de una pieza, semisentadas en la cama, abiertas de piernas y con nuestras manos en nuestras vaginas, yo pensé que ahí terminaba todo, pero Inés me convenció de lo morboso de la situación y no solo nos pajeámos por la película sino por que nos habían descubierto.

Cuando, después de higienizarnos, Inés se fue, mi vieja ni tocó el tema, es más le dio un beso a ella y me pidió que le ayudara poniendo la mesa para la cena. Llegó mi papá y todo transcurrió normalmente. Por la noche, bien tarde ya, yo estaba en la cama (con mi ropa habitual de dormir remerón largo sin nada abajo) leyendo y llegó mi vieja con su ropa de dormir. Uds. deberían ver los graciosos que son mis padres a la hora de dormir, mi viejo con un pijama que se lo abrocha hasta el cuello, y mi vieja con un camisolín muy transparente (parece que fuera de vidrio), y con solamente una tanga cola less.

Bueno el caso es que ella se acercó y se sentó en mi cama y me dijo que quería preguntarme algo, que si me molestaba que me hiciera una pregunta íntima, le contesté que no que ella sabía bien que no había secretos entre las dos ni siquiera de cosas íntimas, y me dijo” ¿Gaby vos e Inés mantienen relaciones?”, yo me tenté, y ella siguió “no es que me moleste, pero que sé yo quisiera saberlo, vos sabés que fue y es una de mis más grandes fantasías estar con otra mujer o como les pasó ayer que alguien las descubra, pero viste como es tu papá, él solo lo hace en la cama y entre nosotros dos, no se le pasa nada nuevo por la cabeza, es cierto que hay días que se esmera y tenemos relaciones fabulosas, pero a veces falta algo de picante”, no mamá le dije yo “entre Inés y yo no pasa nada, nos gusta mirar pornos y hacernos una paja, más ahora que estamos sin novio las dos, pero no pasa de ahí; a veces algún piquito o una tocada de teta cuando queremos eludir la mala suerte, pero nada más que eso”.

“Te cuento algo, dijo mi vieja, ayer me dejó re excitada verlas a las dos mientras se pajeaban, por ahí está mal que te lo cuente pero bueno, y hoy tu papá no se salva, me pienso echar un polvito completo”. Y se fue, sentí que cerraban la puerta de su dormitorio.

Al otro día me fue a despertar mi vieja, seguía en camisón transparente pero sin nada abajo y con los pezones re parados, “hola buen día, me dijo” “hola má, le contesté yo, como te fue anoche”, “no me ves la cara de alegría, me dijo”, en ese momento reparé que aparte de estar desnuda estaba totalmente depilada, me refiero a su pubis y se lo dije. “Ay Gaby no te parece que queda buenísimo, no me digas que vos no te los afeitás”, “no mamá, le contesté, después te salen unos pelos re duros”, “dejate de joder me dijo, ahora vienen unas cremas que te las ponés después de afeitarte y los pelitos crecen re débiles” dicho esto se levantó el camisón y pude ver de lleno la vagina de mi mamá si un solo vello, y ella delante de mí se acariciaba el pubis y estoy segura que deslizó un dedo entre sus labios mientras me decía lo suave que quedaba esa zona. Terminó la demostración y me dijo que me esperaba con el desayuno; yo no terminaba de salir de mi asombro (y de mi excitación), mi vieja se había manoseada la concha delante de mí.

Bueno me vestí, desayuné y después del mediodía la fui a buscar a Inés para que se viniera a escuchar música a casa, cuando nos encontramos lo primero que me preguntó fue si mi vieja me había dicho algo sobre cuando nos encontró en mi pieza, y le dije que no que sólo me preguntó si lo hacíamos entre nosotras y después le conté lo del polvo, y lo que había pasado esa mañana. Inés me dijo “menos mal que tu mamá es así, mirá si nos encuentra pajeándonos mi vieja, a mí me echan de mi casa o me matan, tu vieja es re piola. Aparte de eso está rebueno lo de afeitarse los pelitos, no te animás a que lo hagamos” yo le dije que no que si ella quería yo la ayudaba pero que yo prefería tener mis pelos, tanto me jodió que accedí a que las dos nos lo hiciéramos, así que nos fuimos a mi casa y justo la enganchamos a mi vieja que salía, la paré y le dije que había prendido su idea de afeitarse la conchita, y que las dos lo íbamos a hacer.

“Bueno, dijo mi vieja, en mi habitación en el primer cajón de la cómoda hay un estuche que tiene una crema especial para pasarse la maquinita, y otra crema para después de afeitarse, tengan cuidado, primero se recortan bien cortito con la tijera, se pasan la crema masajeando, se pasan la maquinita, se enjuagan bien con agua tibia, y después se masajean con la otra crema, y ojo háganlo con la puerta cerrada, por lo menos mientras yo no estoy, para que no les caiga de sorpresa nadie y las vea metiéndose mano” dicho esto nos dio un beso y se fue.

Con Inés nos fuimos al baño y nos empezamos a desnudar. “Yo primero, dije” “mírala a la que no quería saber nada de afeitarse la zorrita” y nos reímos. Bueno Inés era la peluquera en este caso, y empezó a recortarme los pelitos, y de vez en cuando, como sin querer, algún dedito rozaba mis labios o directamente la concha. Y después empezó a masajearme con la crema, acá la cosa ya pasaba a mayores ya que me distribuía la crema por todos lados y aprovechaba a manosearme, y yo aprovechaba a disfrutarlo. Dejó la crema agarró la maquinita y empezó a afeitarme, era una sensación especial, distinta, cuando terminó y echó agua tibia para ver como había quedado me dijo “estás realmente hermosa así te merecés un beso” y empezó a besarme y a chuparme la vagina, yo al principio quería detenerla pero luego me dejé llevar y lo disfruté, no acabé pero gocé.

“Loca que te pasa” le dije cuando dejó de chuparme y me empezó a pasar la crema refrescante. “Que no te gustó, me pareció que los gemidos eran tuyos, ah y tenés un sabor muy rico; termino y te toca a vos”, “ni esperes que te la chupe” le dije. La cosa es que se repitió el ritual de mí hacia ella, y no pude combatir la tentación de acariciarle la entrepierna, ella obviamente se dejó. Y después de enjuagarla se abrió de piernas ofreciéndose y yo accedí (soy mujercita de palabra) y empecé a saborearla y ella a gemir, “vamos a la cama, me dijo”, así que las dos desnudas salimos del baño y nos metimos en mi cuarto (puerta abierta, cosa que nos dimos cuenta después), ahí dimos rueda suelta a nuestros deseos, nos pusimos una sobre la otra (69) Inés abajo, acomodó su cabeza con la almohada para quedar a la altura de mi vagina.

Nos bebimos una a otra, las lenguas se deslizaban por las conchas y los dedos acompañaban, y a veces se perdían adentro de nuestros anos. La primera en venirse fue Inés, y realmente no fue que acabó sino que era como que se había echo pis, era realmente una ACABADA, y la bebí toda sin desperdiciar nada. Luego de eso me puse boca arriba en la cama, con las piernas separadas y dobladas e Inés se ubicó al medio y comenzó a lamerme y penetrar con sus dedos, primero por la concha y luego por el culo, estando en esa posición me di cuenta de la puerta estaba abierta, y no solo eso sino que mi mamá estaba parada en la puerta mirándonos, no hice nada, me dejé llevar por le placer y la sensación de ser observada, mi mamá al darse cuenta que yo la había visto comenzó a desnudarse hasta quedar en ropa interior, en ese momento tuve un orgasmo FENOMENAL.

Cuando terminé de acabar, Inés se quedó un ratito más bebiendo y lamiendo todos mis jugos, y luego subió besándome, la panza los pechos, hasta que nos fundimos en un beso. Al momento de separarnos estaba mi mamá (en corpiño y tanga) al lado nuestro, mejor dicho al lado de Inés. Se sentó en la cama, nosotras no reaccionábamos “Señoritas parece que la pasaron bien”, yo no salía de mi asombro, estábamos las dos desnudas (yo con las piernas abiertas aún). “Fue muy lindo y excitante verlas” mientras nos decía esto deslizó una de sus manos sobre el vientre de Inés y la dirigió a su (pelada) concha “Hmm que suave quedó” y siguió más abajo hasta que acarició la entrepierna “¿cuanta húmedad, y vos hija?” y estirándose hizo lo mismo conmigo, por mi cabeza pasaban miles de cosas, y mi cuerpo por el contrario reaccionaba, pese al reciente orgasmo, con placer.

Volvió su mano a Inés y se inclinó a lamerle las tetas, luego se levantó y se terminó de desnudar, separó las piernas de mi amiga y se sumergió entre ellas a lamerla mientras sus dedos hurgaban en mi concha, luego de chuparla a Inés cambió su posición y empezó a chuparme a mí, “mamá …” fue lo único que atiné a decir, y luego se desató la locura. Deben haber sido 20 minutos de desenfreno, de lenguas, dedos, caricias, besos. Los distintos sabores de la concha de mi mamá y de la de Inés, la distinta dilatación del culo de mi mamá (que evidentemente en ese momento y luego lo confirmé, practicaba el sexo anal) y el de Inés.

Terminamos las 3 rendidas dándonos unos besos de satisfacción en nuestras bocas, después de un rato de estar acostadas las tres, mi mamá en medio de nosotras, se levantó, recogió su ropa y nos dijo que nos higienizáramos y nos pusiéramos la crema que nos había dado otra vez, y se marchó. Inés me miró y me dijo “Una Diosa tu vieja” y se fue al baño, yo me quedé tendida en la cama pensando que unos segundos había tenido a mi mamá y a mi mejor amiga con sus bocas y dedos entre mis piernas y que yo había estado entre las de ellas.

La cabeza me daba vueltas, Inés volvió del baño y fui yo, me lavé bien, me encremé, salí del baño e Inés ya no estaba, me vestí y fui a la cocina y ahí estaban las dos de gran charla intrascendente, como si nada hubiera pasado, o como si lo que había pasado fuera de lo más normal. Me uní a la conversación y luego de un par de café Inés se marchó, “mamá, le dije, tenemos que hablar de esto” …

Publicado en: Relatos Lesbicos

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