Historia lesbica en canada

Soy un alto ejecutivo de una gran compañía que opera en Canadá. Aunque sea española, trabajo aquí desde hace ya unos 8 años. Al principio me costó adaptarme, pero ahora estoy muy a gusto aquí en Canadá y acostumbrado al tiempo.

Cuando vinimos aquí, éramos un grupo de unos 15 trabajadores, de los cuales actualmente quedamos 5 ahora, tres chicos y dos chicas. Compartimos una enorme casa, que fue decida por la empresa. La convivencia fue difícil en los primeros días, pero luego nos fuimos adaptando unos a otros hasta lograr vivir en respeto y armonía.

Las 2 chicas son unos verdaderos monumentos altas y con unos cuerpos de infarto. En especial una de ellas. En la oficina todos la miramos cuando pasa. Su larga melena morena, esos pechos grandes y firmes, sus caderas junto con su cintura estrecha. Más de una vez fantasee con ella bajo mis sabanas.

Una fría noche que no podía conciliar el sueño, puesto que se nos había estropeado la calefacción. Me levante a eso de las 3 de la mañana y me dirigí a la oficina. Ya que no podía dormir decidí adelantar algo de trabajo. Además allí teníamos calefacción, en mi despacho había un gran sofá en el que podía descansar si me apetecía, tenemos duchas por lo que podía asearme por la mañana, ya que el aspecto en mi trabajo es muy importante.

Cuando llevaba un rato trabajando, sentí música y algunas puertas. Me dirigí hacia donde había sentido el ruido para ver si había entrado alguien. Según me acercaba escuchaba risas, por lo que suponía que era alguien que estaba trabajando como yo. Cuál fue mi sorpresa cuando al acercarme sigilosamente para ver qué pasaba. Eran mis compañeras de piso en el despacho de una de ellas. Por un hueco de la puerta me quede mirando para no ser descubierto. La morena estaba con su melena suelta, de espaldas a mí con un conjunto de lencería negro precioso, un liguero a juego con sus medias de liga y camisa blanca encima totalmente abierta. Si era preciosa vestida no os imagináis como estaba semidesnuda. La otra compañera de piso que también está para comérsela. Desnuda totalmente sentada en el sofá con unas medias de liga y un largo collar blanco en su cuello. Me quede atónito. Pero lejos de marcharme me quede mirando. Era demasiado bonito para dejar de mirar.

La que estaba en el sofá le dijo a la otra que le comiera el coño que estaba muy cachonda, como una perra para ser exactos. La morena se acerco a ella para coger su rostro y besarla apasionadamente. Nada más verlas besarse mi polla se enderezo apretándome debajo de mis pantalones por lo que me desabroche dejándola libre. Ellas seguían besándose, sus lenguas se entrelazaban sensualmente, pasaban sus manos por sus pechos duros, sus pezones grandes y erectos. Tocaban sus coños poniéndose cada vez más húmedas. Entonces la morena comenzó a bajar por el torso de la otra que tenía una larga melena pelirroja. La besaba con mucha sensualidad hasta que llego a su coño, se estremecía arqueando su espalda diciéndole, si, si, cómemelo, comételo todo por favor.

Yo estaba cada vez mas excitado. No pude evitar coger mi polla y comenzar a masturbarme ya me dolía de estar tan empalmado tanto tiempo.Entonces ellas se colocaron en posición 69 para comerse el coño la una a la otra. Estaba súper cachondo de verlas gemir chorreando de placer. Ver como pasaba sus pechos por la boca de la otra antes de acercarse a comerle el coño. Lamian sus coños jugosos super rasurados y metían sus dedos, chupaban sus clítoris rompiendo en gemidos de placer. Yo tenía muchas ganas de abrir aquella puerta y follarme a las dos, pero no podía hacer eso, no tenían ni que saber que las había visto. Seguí allí tras la puerta masturbándome sin cesar viendo como ellas dos gozaban la una de la otra dándome mucha envidia por no ser yo quien les comiera sus coños, sus pechos su todo.

Siguieron hasta que una de ellas, no me acuerdo cuál de ellas se levanto para sacar de su bolso un vibrador con el que sentándose al lado de su compañera comenzó a besarla a lamer sus pezones y la penetro. Ella la ayudaba sujetando el vibrador también, para marcar el ritmo. Tenía un pequeño saliente que se movía, enseguida me di cuenta que era un estimulador de clítoris. Como gemía la muy cachonda yo me masturbaba imaginándome que era yo quien se la follaba. Ella gemía y gemía cosa que me ponía cada vez más cachondo por lo que nos corrimos casi a la vez. Ella retorciéndose tapando sus gemidos con los labios de su compañera y yo masturbándome e intentando aguantar los míos para no ser descubierto.

No me fui, quería verlas acabar. Pero en ese momento sentí una puerta, salí corriendo hacia mi despacho con los pantalones colgando. Eran las del servicio de limpieza que madrugaban mucho y ya habían llegado. Allí me quede en mi despacho intentando saber cómo acabaron. Acabe aquella historia lesbica yo más de una vez en mi imaginación. En mi casa cada vez que las veía, no dejaba de pensar en aquello. Se bañaban juntas y yo me masturbaba en mi cuarto pensando lo que pasaría en ese baño. Vamos que me mataba a pajas pensando en aquellas dos follando.

Publicado en: Relatos Lesbicos

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