En la playa con maduras

Sucedió en una playa gaditana en el mes de Agosto a eso del comienzo de la tarde.

Lo cierto es que yo ya estaba un poco harto de familia, de la solanera que hacía que mi delicada piel quedara color crustáceo, y de ver tanta tía en pelota enseñando chocho por todos lados, y meneando las “teresas” a cada movimiento, y como no de chorbos en pelota.

Ante tanta exposición, opté por subirme hasta el pinar y buscarme un recóndito lugar entre unos zarzales para echar una siesta y soñar con todos aquellos cuerpos que a mis ojos no hacían sino que pedirme guerra.

Recogí pues la manta y me dirigí aun pequeño sotobosque de pinos y zarzales que me cubrían de miradas indiscretas, pues mi idea era echar una siestecita sin que nadie me diera la vara.

En ello estaba, soñando en ese típico duermevela en que uno coge su picha y sueña que se lleva a una de aquellas chiquillas de la playa a lo largo del malecón, donde en un rincón a salvo de voyeurs y chismosos, le va subiendo muy despacito la falda a la vez que se la va apretando contra uno, y deja deslizar su mano por aquellos pomposos glúteos, hasta encontrar la costura de la mini braga, y se deja perder por aquellas humedades que piden guerra, primero un dedo, luego dos, más tarde el pezón que no se como acaba en mi boca succionado hasta derramar unas pequeñas gotitas y cuando uno ya se disponía a sacar su herramienta para el pertinente uso….

¡ Zas ¡ El chirriante sonido de una meada femenina, me saca de mi cálido sueño, y me encuentro con mi pollón en la mano a punto de querer escupir su artificio, abro los ojos y casi frente a mí entre los arbustos entreveo una mujer de amplios volúmenes agachada y con una mano se aparta del traje de baño para dar rienda a su vejiga, ella no me había visto e ignoraba que alguien la contemplaba.

La tengo al trasluz del horizonte donde no sólo veo sus poderosas ancas y grupa, y unos inmensos pelos chorreantes de orín que restriega con su otra mano para llevársela hasta su nariz donde aspira profundamente su propio olor; sus labios dejan entrever una inmensa raja de cuarentona que todo se lo come; allí a salvo de imprevistas miradas, al menos eso cree ella, comienza el auto magreo de su peludo chocho, mientras con la otra mano restriega sus tetazas de madre entrada en años.

Se comienza a pasar por la inmensa raja todo lo que encuentra y sigue atenta a no sé que cuestión que pasa más abajo, fuera de mi campo de visión, me acerco pues lentamente, despacito sin meter ruido y cada vez veo su inmensa higa roja palpitando de placer, lo que ella ve son dos jóvenes de tostada piel retozando en un perfecto 69 chupando ambos dos, los respectivos nabos, mientras una jovencita de respingonas tetas les chupa alternativamente sus tiernos agujeritos , lo cierto es que la estampa en aquella recóndita cala era una escena de los más excitante, de ahí que mi querida voyeur, se pusiera como se estaba poniendo loca porque alguien se ocupara de ella.

Lo cierto es que ni me gusta la violencia , ni violar a nadie, pero aquella jamona allí medio tirada en el bosquecillo y restregando aquella pepitoria, hicieron que mi príapo se pusiera de un tamaño que más bien se salía de su terso envoltorio, y me pedía que guerra, me acerqué aun más a la jamona y cuando quiso darse la vuelta yo ya estaba encima de su espalda y metiéndole mi traje de baño en la boca para que no chillara, a la vez que la sujetaba entre mis piernas que poco a poco se iban enredando entre las suyas, y me daban una buena situación para ensartarle todo el pollón, busqué su enorme raja que encontré entre las costuras del traje de baño, ya inundada de caldos; ella se retorcía no sé si para escapar de aquella invasión o para que se la metiera ya de una vez, todo ello me llevaba a no pensar en nada y de un empollonazo, rasgando mi ya sufrida piel con las costuras del traje de baño, le ensarté mi buena herramienta,

Esta una vez se sintió empitonada, hizo tales ejercicios y brincos, que si había algo que había quedado fuera de mi polla, con éstos malabares fui absorbido hasta las mismas pelotas, seguía retorciéndose y dándome placer a mansalva pues sentía como mi polla era retorcida y exprimida en aquella húmeda cueva, sentía como aquellos largos pelos se entrelazaban con los míos a modo de tentáculos, aquellas contracciones pronto dieron como fruto un buen chorro de semen y una flojedad en mi tenaza, la jamona pareció quedarse también satisfecha de aquella inundación de semen, que empezaba a aflorar en medio de un chop, chop…

Cuando me dí cuenta la jamona se había, no se cómo levantado de un soplo, arrojándome de su lomo y teniéndola yo a ella encima, y escupiéndome el diminuto traje de baño que pronto ocupó un nuevo lugar, en mi boca; -… ahora cabrón me toca el turno de poner las cosas en su sitio, polvo por polvo, te gustó endiñármela a traición eh, jodido niñato… ahora sabrás lo que es bueno, veo que no estás aún empalmado, pero eso lo arreglo yo en un instante…se echó sobre mi vientre dejando caer todo su peso sobre él, me echó las tetazas encima y sentí que me faltaba el aire, echó una mano atrás y retorció mis pelotas, pronto mi pirula se disparó de tal forma, que en pocos segundos alcanzó una buena dimensión, se restregó sobre ella su buen pirulillo clitoridiano, y dejaba salir sus ayes de placer, levantando sus inmensas mamas para que recobrara el aire, pues sentía que empezaba a ponerme morado, en una de esas inmersiones sentí que de nuevo cogía con una mano mi polla se la restregaba por toda su amplio fondo y se la encalomaba ahora en una zona más estrecha que identifiqué como su culo.

Levantó sus tetazas de mi cara, me apretaba el plexo solar para subirse y luego dejarse caer sobre mi dolorida polla; ah… mira que me han dado por el culo, pero hasta ahora esto ha sido lo mejor, ha sido toda una suerte niñato que te hayas decidido a violarme, pues he encontrado la horma que necesitaba, así mi niño levántate un poquito y clava a tu mamaíta ese zurriagazo tuyo tan hermoso- y así fue como me corrí de nuevo, viendo al revés , cabeza abajo al trío, como uno de los muchachos se follaba a la niña de los erizados pezones, y el segundo hombre le daba por el culo al primero y acompasaban sus vaivenes…

Mi querida amazona ahora me sacaba el traje de baño de la boca y me daba a chupar sus grandes pezones y echaba la mano a su entrepierna y a mi príapo y con todo aquél mejunje me restregaba la cara y sus tetas; la placidez tras las dos corridas me dejó medio adormilado y más cuando mi amante amazona se dedicó a limpiar mi polla con una experta lengua, en ello estaba dejándome acunar en esa placidez y volviendo al limbo de los sueños, cuando sentí que se daba vuelta sobre mi vientre ésta vez dándome la espalda y volvía a chupar el pubis y mi polla… en esto que sentí un dolor en un muslo, no podía levantarme, tan solo lanzar débiles puñetazos a su espalda, sentía como rasgaba la fina piel del muslo con algo punzante, a la vez que estiraba con su boca mi flácido pene.

Cuando se levantó, vi algo sobre mi dolorido muslo, no podía creer lo que había pasado en tan solo unos minutos dos violaciones entre dos contrincantes, y unos números en mi muslo.

…Ese es mi número de teléfono, si quieres ya sabes donde encontrarme y seré tuya, y gracias por todo…,- se restregó su mano de nuevo por el chochazo me lo pasó por la cara, y este es mi grato recuerdo …-recompuso su traje de baño y se fue tan campante , dejándome con un par de narices y más chupado que la pipa de un indio.

GERVASIO DE SILOS

Publicado en: Relatos porno

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