Desde que le abri la puerta

Desde que le abrí la puerta una noche y dejé que me comiera entera, me tiene dominada. Yo tenía apenas veinte años, él ya rozaba los treinta y tenía mucha más experiencia. Fue el primero que me hizo correrme sólo con su lengua.

Recuerdo orgasmos gloriosos que él me ha provocado, si bien es cierto que desde que tengo familia y no sólo pareja, la culpabilidad afecta a la libertad de mi cuerpo… Antes de ser madre, incluso hemos follado en la misma habitación que mi marido mientras éste dormía, tal es nuestro grado de sadismo.

He tenido largas temporadas en las que he logrado ignorarlo, ser una niña buena y ni siquiera humedecerme al pensar en él, pero ya me he rendido. He comprendido que es inútil tratar de evitarlo; me excita y me encanta, “estoy hecha para que me folle…”, así qué me he abandonado a mis instintos y ahora soy yo la que lo busca y lo provoca, y adoro saber que con sólo una mirada se la pongo como una piedra.

Este verano hemos jugado mucho, envalentonados por la distancia: fotos, vídeos, mensajes…
Durante una semana me propuse mantenerlo excitado al máximo, volverlo loco, y aprovechaba cualquier minuto del día para enviarle alguna foto sugerente, o un video grabado mientras me masturbaba y gemía en su honor, o simplemente una frase, contándole lo mojada que estaba pensando en él. Lo ponía tan caliente que incluso tenía que abandonar su puesto de trabajo para ir al baño a masturbarse. Eso me hacía sentir tan poderosa… Pero sé muy bien que en realidad el poder lo ostenta él.

Se cobró su venganza. Una tarde que yo tenía un importante acto en el trabajo e iba a estar rodeada de gente, me “obligó” a ir sin ropa interior, y me excitó tanto con sus mensajes que consiguió que entrara a un baño público a masturbarme, de lo cual le tuve que enviar un video probatorio.

Hemos tenido varios encuentros estos últimos meses, siempre con un elevado riesgo de ser pillados. Ese morbo me pone a mil, pero en la última ocasión me pudo más el miedo de que mi marido nos descubriera que la pasión que despierta en mí su boca, su lengua, sus manos, su polla…

Le abrí la puerta temblando.
Torpemente sobrexcitados nos besamos, mordimos y acariciamos. Teníamos apenas quince minutos a solas… Él al borde de la eyaculación nada más llegar, yo tensa y nerviosa por si mi marido volvía del trabajo antes de tiempo…

Al fin me relajó con sus manos, acariciando mi sexo mientras me besaba los pechos; yo desnuda apoyada contra la pared… Me dio la vuelta y sentí como su enorme polla me penetraba con fuerza, con una mano en mi teta, la otra en mi boca buscando mi lengua con sus dedos, susurrándome al oído que era “su peli porno particular, su putita”, jadeando, creí enloquecer. El orgasmo fue casi instantáneo… Pero entonces la sacó, para no correrse él.

Me dejé caer de rodillas rota por el deseo. Me giré y ahí estaba su polla: esa que tanto sueño, esa que ocupa mis pensamientos mientras me masturbo, cada vez más a menudo…

Me la metí en la boca y noté ese sabor que tanto me gusta, su sabor… Me pidió que parara, que quería follarme más. Volvió a ponerme contra la pared y a metérmela, una, otra y otra vez, y otro orgasmo… Él, al notar mis espasmos y lo mojada que estaba, ya no pudo más y tuvo que sacarla. Nuevamente me arrodillé ante mi amo, para que se corriera en mi boca, mi cuello, mi pecho. Y su sabor bajó por mi garganta y su semen resbaló por mis tetas.

Me besó, nos limpiamos corriendo y se marchó deprisa para no ser descubierto.

¡Qué pena no haberlo disfrutado más, mordido más, besado más, follado más! ¡Qué pena no haberlo tenido sobre mi, y haberlo rodeado con mis piernas para apretarlo y notar su polla hasta el fondo, y haber acariciado sus rizos y haber mordido sus labios y su barbilla mientras me embistiera! ¡Qué pena no haber podido chupársela, lamérsela de arriba a abajo y haberla metido hasta mi garganta mientras le acariciara los huevos, y haberlo mirado fijamente desde abajo, y haber visto sus ojos ardiendo de placer!

Ya sólo pienso en cómo volver a encontrarme con él, a solas, y disponer de varias horas para realizar sus fantasías y las mías.
Y en el próximo encuentro, por fin, podrá correrse como una bestia dentro de mi; y yo, por fin, podré sentir de nuevo como me inunda con su semen calentito, y podré mirarlo a los ojos mientras se derrite en mi interior. El próximo encuentro, mmmm, no puedo esperar…

Y es que he de asumirlo, no soy una niña buena.. Mi cuñado, mi cuñadito, me pone a mil, me vuelve loca… Y que sea algo tan sórdido, tan sucio y tan morboso lo convierte en la aventura perfecta, ya que él nunca se lo contara a nadie, ni se enamorará de mi, ni me pedirá que deje a mi marido. Sólo me follará y me follará y me follará…

Publicado en: Relatos porno

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