Chantaje Parte I

Cuando mi marido se encontraba en vida gocé de los privilegios que el dinero y la posición social otorgan. Nuestra casa, una de las más grandes mansiones de aquella ciudad era el tema recurrente de todos los que alguna vez pasaron por allí. Sus grandes puertas, su arquitectura victoriana y sus decorados jardines atraían la mirada y por su puesto la envidia de muchos. En cuando a mi matrimonio, debo decir que me case bastante joven, tendría apenas 18 años cuando Carlos, el hombre mas afincado de la región me enamoro con su caballerosidad y conocimiento del mundo. Durante el tiempo que Carlos vivió conmigo viajamos mucho y como consecuencia de ello adquirimos varias obras de arte únicas las cuales con el paso de los años se valorizarían tremendamente.

Sin embargo, ese idílico mundo de comodidad se vino abajo cuando una enfermedad acabo con la vida del único hombre que me ha hecho suya. Dos meses después de su muerte empecé a ver crecer las deudas y a preguntarme como me las arreglaría para mantener la mansión a flote.

Dicen que los funerales son para los vivos más que para los muertos y fue en el de mi difunto marido cuando comprobé esas sabias palabras. Recibí numerosas condolencias de hombres que en su mayoría estaban solteros y buscaban reiniciar su vida marital con una mujer como yo, la cual apenas rondaba los 34 años y que durante los años de su matrimonio se dedicó a cuidar no solo su hogar, sino además de su cuerpo. Y es que contrario a la pasividad y sedentarismo de mi marido, yo siempre he mantenido una vida basada en la actividad física. Con una disciplina casi militar me levanto todas las mañanas al gimnasio de mi casa a tonificar y levantar mis glúteos, los cuales han adquirido gran volumen y destacan sin duda alguna en cualquier atuendo que lleve.

Mis atractivos físicos se componen de una figura esbelta, atlética, con 1,67 metros de estatura que complemento con los usuales tacones de 12 centímetros, mis senos retocados quirúrgicamente me dan la figura que los hombres llaman de una S, es decir un trasero prominente, una cintura pequeña y unos senos voluptuosos. Mi rostro es lo que más adoro, una perfecta combinación de color trigueño y blanco, con unos labios carnudos y ojos color café claro. Todo adornado por un cabello rubio cuyo largo alcanza a tocar mi cintura.

De más esta decir que todos los hombres con los que me he encontrado se detienen a mirarme y solicitarme una cita, algunos son más atrevidos y buscan los placeres del sexo sin mediar. No obstante ninguno lo ha logrado y así pensé que seguiría hasta que me vi en la penosa necesidad de vender algunas de las obras de arte más valiosas que tenía. Todo debía hacerlo en secreto ya que si la familia de mi esposo se enteraba de mis deudas, seguramente tomarían el control de mi casa y el poco dinero que aún quedaba en la cuenta bancaria.

Fue así como contacte con un profesional de artes el cual me hizo una generosa oferta por las obras de arte que deseaba vender. Si concretaba dicha venta lograría salir de muchas deudas y podría continuar con mi estilo de vida. Aquel hombre en realidad era un intermediario de un poderoso hombre de negocios de la ciudad. No supe su nombre sino solamente que deseaba comprar las obras.

Fue asi como logre vender aquellas piezas de arte, las reemplace con falsificaciones y de un momento a otro mis problemas financieros desaparecieron. Todo parecía andar normal hasta el momento en el cual recibo una carta firmada por aquel hombre de negocios que sin peros ni quejas accedió a comprar mis obras. En aquella carta se proponía un chantaje, si no accedía a sus peticiones del modo exacto como él las ordenaba la familia de mi esposo conocería la verdad y tendría serios problemas judiciales.

En la misma carta se me indicaba una cita con hora exacta por video cámara en internet. También se me decía que en las próximas horas llegaría una caja a mi hogar, la cual contenía las instrucciones que debía seguir al pie de la letra.

Una vez llego aquella caja dude en abrirla por temor, sin embargo la necesidad pudo más y tome valor para destapar aquella terrible encomienda. Al abrirla me sorprendí muchísimo y a tal punto que casi empiezo a reír. Adentro se encontraba una fina pieza de lencería. Era una malla de color blanco, de las que usamos las mujeres sobre todo el cuerpo, con encajes y una abertura en la parte de la vagina, la acompañaban unos tacones de 12 cm color rosado. Junto a esta se encontraba un enorme pene de goma, el cual de largo tenía unos 18 centímetros, un grosor significativo y una base compuesta de unos testículos enormes. Me sorprendió mucho la calidad de aquel producto, era como si el material del cual estaba hecho fuera piel y el nivel de detalle en el glande del falo era tan alto que parecía una escultura del pene de algún famoso actor porno. Junto a los dos objetos que me causaban temor y sorpresa se hallaba un papel que contenía un usuario de video chat el cual debía agregar. Al final de la nota se podía leer en perfecta caligrafía:

Tienes que vestirte con lo que encontraste en la caja. Te espero a las 11 pm. No olvides el consolador o pagaras las consecuencias.

Ante tan abrumadora orden, preferí obedecer y evitar la vergüenza que sentiría si la familia de mi esposo se enteraba de mis negocios. Era preferible vestirse como una actriz porno que soportar el peso de la vergüenza.

Faltarían apenas unos 30 minutos para aquella misteriosa cita cuando decidí prepararme. Intenté calmar los nervios con una ducha caliente y un trago de wiski. Posteriormente me vestí con ese atuendo tan cautivador. Al colocarlo lentamente sobre mi cuerpo desnudo pude sentir lo fino que era el encaje, definitivamente debía costar varios pesos. Me sorprendí al verme en el espejo, la malla se ajustaba perfectamente a mí, mi trasero y mis senos lucían como los de la diosa afrodita y un aflorado olor surgía de aquel atuendo que me llevaba a desear usarlo en una ocasión menos desafortunada. Me puse los tacones y empecé a caminar con preocupación y angustia hacia el cuarto estudio donde estaba mi computador. Después de agregar al usuario, una solicitud de video llamada apareció. Tenía miedo, ya que con un atuendo como ese cualquiera pensaría que trabajaba en una webcam de sexo. De nuevo las preocupaciones llegaron a mi mente y sin pensarlo mucho acepte la video llamada. Del otro lado, se veía a un hombre con el torso desnudo y bastante bien formado, su musculatura me causo admiración y respeto, su rostro no era visible ya que la luz de una tenue lámpara apenas permitía observar el pecho y los abdominales.

Cuando escuche su voz pensé que iba a desmayar,

–          Hola Dania, realmente te vez hermosa

Tome aliento y dije:

–          Así que usted es el pervertido que me está chantajeando…

El continúo con una sarcástica risa:

–          Jajajaja… Dania, me encanta ver en ti algo de coraje, pensé que por tu rostro ibas a desmayarte.

Pensé: Maldita sea este hombre sabe que estoy muerta del miedo y además se atreve a jugar conmigo como si fuera su prostituta personal…

–          No pienses que porque accedí a vestirme así vas a lograr más cosas, todo tiene un límite y …

Me interrumpido con una risa aún más cínica, y acerco a la pantalla su celular, el cual mostraba el contacto del principal abogado de la familia…

–          Dania, Dania, Dania… SI llamo a este hombre creo que vas a estar en serios problemas, no creo que tengas el dinero suficiente para afrontar un juicio por haber vendido las obras de arte que legalmente no solo te pertenecen a ti, sino al resto de familia de tu difunto esposo.

Al escuchar esas palabras el nivel de ritmo de mi corazón se disparó, sentí un frio inmenso que rodeaba todo mi cuerpo, tal fue la reacción que mis pezones se endurecieron y crecieron al punto de que salieron de la sensual malla que vestía…

–          Parece que tus pezones me acaban de responder…

Respondí:

–          Eres un maldito, cuando esto acabe…

De nuevo me interrumpió y dijo:

–          Esto acaba de empezar. Trajiste el Segundo regalo que te di?

Cuando dijo eso, sujete con mis manos el enorme pene sintético que reposaba sobre mis piernas, lo tome con tanto temor que casi lo boto al piso, sin embargo con timidez lo coloque en frente de la cámara y dije:

–          Acá está. Quiero que sepas que no lo usare.

–          Dania creo que no tienes opción.

En seguida una pantalla que ocupo la mitad del monitor apareció. En ella se apreciaba una intensa escena sexual entre una chica delgada como una modelo europea y un hombre negro que la penetraba sin piedad sujetando sus caderas por detrás.

El hombre con quien hablaba noto la sorpresa de mi rostro, mi boca quedo abierta y mis labios rojos brillaban de la impresión que me causaba la escena sexual que estaba viendo y la situación desafortunada a la cual me llevaba este hombre.

En seguida mire fijamente lo que parecía ser su rostro bajo la sombra. Él dijo:

–          Espero que estés calentándote como yo, dentro de poco lo disfrutaras.

Seguramente una larga noche de humillación y lujuria seria el deleite de aquel hombre al cual ya odiaba con todo mí ser.

A pesar de que quería salir corriendo, no lo hice. Tome un respiro, suspire profundamente, sujete mi cabello rubio agitándolo un poco, tratando de hacer con él lo que se hace con un abanico. Sentí que la presión era tanta que iba a desfallecer. Finalmente recobre la compostura y dije:

–          Dime que deseas y lárgate de mi vida para siempre.

–          Tranquila amor, por ahora nada malo te pasara si obedeces mis ordenes

Al transcurrir unos minutos empecé a percibir que el aroma del atuendo que llevaba era mas intenso. Sentí un calor que provenía de mi vientre e inexplicablemente entre en un estado de relajación. Aun así la situación me molestaba y sentía que dentro de poco perdería el control.

Aquel hombre misterioso dijo:

–          Supongo que ya notaste el olor que acompaña el atuendo que llevas puesto. Es un desinhibidor muy potente, penetra la piel y también entra por el olfato. Dentro de poco te sentirás mejor…

Pensé en salir corriendo. Un desinhibidor era lo que menos necesitaba. Sin embargo se sentía bien y la escena de sexo que observaba en la pantalla se volvía cada vez más intensa, no podía quitar la mirada de aquella pareja y en especial del pene de aquel actor. Sin darme cuenta tenía sujetado el pene de goma con firmeza y mi boca empezaba a salivar con más generosidad.

–          Dania veo que estas sintiendote mejor.

Yo respondí:

–          Dime que quieres de una buena vez.

–          Quiero que te comas el pene de goma que tienes en tus manos, recuerda que puedo hacer la llamada al abogado ahora mismo.

Sin opción alguna y con gran vergüenza sujete el pene de goma con ambas manos y suavemente lo puse en mis labios, luego metí su glande en mi boca, lo empecé a mamar suavemente. En ese momento me sorprendió notar que estaba realmente mojada, la silla de cuero sobre la cual me sentaba estaba húmeda e inexplicablemente empecé a insertar el consolador en mi boca más y más profundo.

–          Parece que vas entendiendo Dania. Ahora probemos que tal se siente una penetración. Quiero que lo ubiques en la mesa y que te penetres con él.

Al escuchar eso note que estaba completamente drogada. Aquel desinhibidor y el temor a las consecuencias me controlaban por completo. Coloque el pene sobre la mesa y dándome vuelta me lo metí lentamente hasta llegar a la mitad.

Podía notar la satisfacción que ese hombre estaba sintiendo, más sin embargo no contento con verme humillada, prosiguió.

–          Ahora hazlo más rápido.

Empecé a subir y bajar mis caderas con más intensidad. Mi culo golpeaba la mesa. Aquella posición dejaba al descubierto  mi vagina y mi ano. La vergüenza que sentía iba en aumento, también lo hacía a la par el placer, ya que hace mucho tiempo no sentía una penetración tan placentera. Al ver el video y las expresiones de satisfacción del maldito que me estaba humillando, no tuve más opción que dejar salir unas cuantas palabras:

–          Se ve que lo estas disfrutando desgraciado. Cuando esto acabe me la vas a pagar

Soltó una carcajada. Disfrutaba hasta el éxtasis verme penetrada por aquel enorme pene, vestida como una puta de clase alta. Mientras continuaba masturbándome, mis jugos vaginales mojaban el pene de goma, yo lo miraba con furia.

Seguí penetrándome hasta que alcancé el límite. Apretaba mis senos intentando controlar la sensación el orgasmo que se avecinaba, pero era inevitable. La droga deshinibidora que estaba en mi me llevaba a estados orgásmicos que nunca había experimentado. La sensación fue abrumadora a tal punto que cuando alcance el orgasmo un grito de placer salió de mí.

–          Ahhhhhh…. Te odio desgraciado.

El éxtasis fue tan profundo que caí sobre la silla, con mi culo y mi vagina mojados en frente a la cámara. Me escurrí lentamente hasta que perder el conocimiento. Solo recuerdo estas palabras:

–          Dania, lo has hecho muy bien. Recuerda que esto hasta ahora comienza.

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