Boyeras se lo montan en casa de papa

Ya nos habíamos calentado suficiente en el coche. Conduje rápidamente hasta mi casa, sin quitar mi mano de entre sus piernas. Subimos las escaleras yendo de lado a lado entre besos y sin quitarnos las manos de encima.

Cuando llegamos a la puerta de mi casa, la empotré contra la pared del descansillo, le aparté el pelo a un lado, le lamí el cuello de abajo a arriba, le di un pequeño mordisco en la oreja y le susurré:

– Tienes que ser silenciosa, que mi familia está en casa y si no, nos pillarán. De ahora en adelante, mando yo. ¿Te queda claro?

Ella me miró sonriendo y mordiéndose el labio inferior. No me contestó, e hizo el intento de seguir metiéndome mano, así que, la cogí de ambas manos y las puse contra la pared a la altura de su cabeza.

Acerqué mi boca a la suya, y le dije:

-Te he dicho, que si te ha quedado claro. Responde.

Ella, asintió con la cabeza, mientras ansiosa buscaba mis labios.

Me alejé, abrí la puerta mientras ella seguía contra la pared, encendí la luz de mi habitación, que es la primera de la casa, y volví a por ella. La cogí por detrás con mis manos rodeando su cuerpo, mi boca en su cuello, guiándola hasta mi cama.

Cerré la puerta de casa, y la de mi habitación, en ambas puse el pestillo.A ella la puse de cara a la puerta de mi armario, con mi mano dentro de su pantalón, jugueteando entre sus piernas.

-Girate.

Ella, obediente, se puso de cara a mi, y empezó a desvestirse.

-¿Te he mandado a quitarte la ropa?

Ella, me dijo que no, mirándome con curiosidad.

-¿Te he dicho que puedes hablar?

La miré sonriendola mientras me acercaba a su boca

-Aquí, la única que puede quitarte la ropa, soy yo.

Mientras la besaba y ella se dejaba hacer, fui quitándole la ropa, hasta quedarse en ropa interior. Le desabroché el sujetador, y voló a la otra esquina de la habitación.Ya solo quedaban unas braguitas de encaje azules oscuras.

-Ábrete.

Fui bajando por su cuerpo entre besos, lametones y mordiscos hasta llegar a su cadera. Empecé a darle mordiscos por encima de las braguitas de encaje hasta que acabe quitándoselas.

Puse mi cabeza entre sus piernas y mi lengua empezó a jugar con su clítoris.

Estaba empapada por el calentón y el morbo de no poder hacer nada sin mi permiso.

Después de estar un ratito jugando con ella, me levante, la besé y la eché encima de la cama, volví a recorrer todo su cuerpo que tenía la piel erizada por el contacto frío de la cama.

Me puse entre sus piernas, besando cada centímetro de ellas, hasta llegar a su clítoris. Le di un lameton, me aparté, y le di un pequeño mordisco.

Subí dos dedos hasta su boca para que los lamiera, y se los introduje muy despacio. Empezó a gemir y subí la mano para taparle la boca.

Empecé a meterselos una y otra vez, mientras le comía el clítoris. Al poco tiempo, ya estaba a punto de correrse. Pare en seco. Me puse encima de ella y empecé a quitarme la ropa.

Cada vez que ella intentaba tocarme, le bajaba las manos hasta la cama.

-No juegues, o tendré que exposarte.

Ella, sonrió y volvió a intentar tocarme, así que, me levante, abrí la mesilla, saque las esposas, y puse sus manos por encima de su cabeza, y le puse las esposas.

Acabé de quitarme la ropa y me puse sobre ella.

-Comeme.

Ella, muy obediente, empezó a comerme, mientras yo jugaba con sus tetas.

Baje para comermela y hacer que se corriera mientras ella ya estaba metiéndome dos dedos.

Al poquito se corrió en mis dedos, los lamí, y seguí jugando con ella hasta que acabé corriendome en su boca.

-No te has portado bien, esta noche. Voy a tener que castigarte.

Le dije mientras bajaba otra vez a sus piernas.

Publicado en: Relatos Lesbicos

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