El portero se cepilló a mi hermana

Cuando llegábamos siempre le miraba el culo y las tetas cuando subíamos la escalera

Pues mi hermana tiene cinco años más que yo, y desde muy jovencita siempre fue muy putilla jeje.

Siempre me llevaba con ella a todos lados, incluso cuando ya era más mayorcita y tenía rollos con los chicos de mi barrio. Me acuerdo cuando empezaron a salirle las tetitas y los pelos en el chochito, se bajaba las bragas delante mío y me decía: “mira…tú no tienes todavia” y se reía. Siempre estaba salida, y en verano se echaba la siesta conmigo (compartíamos habitación, porque mis padres vivían en un piso pequeño) y frotaba su chochito contra mi rodilla y me decía que apretara, o me decía que le hiciera masajes en las piernas, se tumbaba boca-abajo sobre la cama y cuando le subía por los muslos, se abría más de patas para que le pasase la mano por la raja del chocho.
Mis padres vivían en el centro, en un bloque de pisos. Había un portero de edad avanzada. Era viudo, y vivía en la planta baja del edificio. Se encargaba del mantenimiento y de la limpieza de la escalera.

Cuando mi hermana y yo llegábamos del colegio, siempre le preguntaba cosas a mi hermana, y le miraba las tetas y el culo cuando ella subía la escalera. Desde que mi hermana empezó a tontear con los chavales de mi barrio, el viejo le preguntaba cosas cada vez mas picantes, como: “nena, tienes novio ya?, nena, te han besado ya?, nena, te han sobado ya?…nena, se la has visto a tu novio ya?”

Mi hermana al principio lo llamada “tío guarro, viejo verde”, y cosas así. Pero luego se fue relajando y solo se reía cuando le decía cosas. Así que el portero empezó a tomar confianza, y en vez de sólo decirle cosas, se rozaba contra ella cuando pasaba por su lado, o le ponía la mano en el culo cuando nos pillaba solos en el ascensor, hasta empezó a darle pellizquitos en los pezones de las tetitas cuando la veía de frente…y mi hermana le quitaba la mano, pero sólo le devolvía una risita jijiji.

Una tarde, mi hermana y yo volvíamos del colegio, y estaba lloviendo mucho afuera. Al entrar en el edificio el portero nos dijo que nuestros padres habían tenido que salir de urgencias, y le habían pedido que si no le importaba que nos quedaramos en su casa hasta que ellos volvieran (mi hermana y yo aun no teníamos llaves de nuestra casa porque mi madre no trabajaba, y siempre estaba ella allí cuando nosotros volvíamos del colegio).
Así es que el portero nos dijo que podíamos entrar en su casa y ver la tele hasta que mis padres volvieran. También nos dijo que nos dejaría solos un rato hasta que terminase su trabajo en la portería, pero que si necesitábamos algo fuéramos a buscarlo.

Como a la media hora, el viejo volvió, y se sentó en el salón con nosotros y nos preguntó que si queríamos algo para merendar. Mi hermana y yo le dijimos que sí, y nos hizo un par de sandwiches de jamón y queso a cada uno, con un vaso de zumo.
Mientras mi hermana y yo comíamos, el viejo empezó a preguntarle cosas a mi hermana: “Ayer te vi por el parque con el hijo de Julián”, “y vi como os besabais entre los matorrales, cerca de la fuente de los patos”. Mi hermana se puso muy roja, pero no decía nada…seguía dándole mordisquitos a su sandwich. Y el viejo seguía: “se bajó los pantalones y te enseñó su cosa verdad?”. Mi hermana casi se atraganta cuando oyó aquello. Yo mientras tanto pretendía no poner atención a lo que decían mientras miraba hacia la pantalla de la tele, viendo los dibujos. Pero el viejo seguía como si estuvieran los dos solos en el salón jijiji.

Siguieron hablando un rato hasta que el viejo le dijo a mi hermana: “y qué, le has echo ya una pajilla?”, “no se las mamao todavía?”, te ha tocao ya el chochito?”…mi hermana sólo miraba a su plato y se reía jijiji. Entonces, el viejo le dice: “has visto ya alguna polla de verdad?”, no de los niñatos del barrio, de un hombre hecho y derecho”. Mi hermana movió un poco la cabeza como asintiento que sí había visto alguna. Al viejo se le abrieron los ojos como platos, y le preguntó: “si?, a quién?”. y mi hermana contestó tan bajito que casi no se oía lo que dijo. Y el viejo le dijo: “a quién?, dilo más fuerte que no te he oído”. “A..mi…padre”, contestó mi hermana con voz entre-cortada. Y el viejo empezó a reirse.
“jajaja…a tu padre….menudo elemento, jajaja…que cabrón”, “ya me lo olía yo…jajaja”. “Pero, se la viste cuando la tenía grande?”. Mi hermana estaba roja como un tomate, pero negó moviendo la cabeza…con una sonrisa de pícara an la cara.

El portero volvió a reirse: “jajajaja…te quedaste con las ganas eh golfilla?, jajajaja”. mi hermana volvió a asentir con la cabeza indicando que sí, que realmente se había quedado con las ganas de verle a mi padre la polla tiesa.
Al portero se le volvieron a abrir los ojos, y le dice: “si quieres ver una….aquí tengo algo yo”. y conforme decía aquello, se echó hacia atrás en la silla, y abriéndose de piernas, se pasó la mano por el paquete lentamente, sin quitarle los ojos de encima a mi hermana.
Mi hermana se volvió a reir, pero esta vez dejó el plato en la mesita de café que había entre los sillones del salón, y puso ambas manos entre sus piernas, cerrándolas mientras le devolvia al viejo una sonrisa de putita caliente.

El viejo que no perdíó detalle alguno de lo que mi hermana le decía sin palabras, se levantó de la silla, y mirándome a mi me dijo: “tu quédate aquí viendo los dibujos eh campeón, que le voy a enseñar a tu hermana las plantas del patio. Y si te portas bien, luego saldré a comprarte una palmera de chocolate”. Y tomando a mi hermana de la mano, se dirigieron los dos hacia dentro del piso por una puerta del lado del salón. Yo me quede allí, sentado en el sillón, viendo unos dibujos animados.
Cuando pasaron varios minutos, a mi me dieron ganas de orinar, y como aún no habían vuelto, me levanté, decidido a encontrar el baño por la puerta por donde ellos habían salido. Y entonces oí la voz de viejo: “así nena, así”, “qué boquita más rica tienes”, “abre un poco más preciosa”. Yo me fui acercando silenciosamente por el pasillo, hasta llegar a la habitación donde ellos estaban. La cual resultó ser el cuarto de baño, y la puerta estaba entreabierta.

Al asomar la cabeza lentamente, vi al viejo de pie, con los pantalones bajados hasta los tobillos, y la camisa subida por encima de su gran panza. Mi hermana estaba sentada en la taza del water, con la falda del colegio subida hasta la cintura, las medias y las bragas bajadas hasta los tobillos, y la blusa entre abierta, dejando ver una de su preciosas tetitas. Le estaba haciendo una mamada al viejo, y con una mano le sobaba los huevos. Mientras que con la otra mano, ella misma se estaba sobando bien el chocho, haciendose una buena pajilla.
El viejo le decía: “que bien lo haces nena”, “te gusta eh guarrilla?”. Mi hermana solo podía emitir sonidos afirmándolo, ya que tenía la boca llena con el morcillón del viejo…que entraba y salía de su boquita con mucha desesperación.

De repente, el tío se la saca de la boca, y meneándosela con fuerza, empieza a decir: “ahhhhhhhhhh, grrrrr, ahhhhhhhhhhh…que vaaa! que vaaa!”. A mi hermana no le dio tiempo ni a reaccionar, el viejo empezó a soltar chorros y chorros de lefa, los cuales le fueron a parar en toda la cara, el pelo, la boca (que aún tenía abierta), y la teta que tenía fuera de la camisa…..buff, la regó de lefa jajajaja”.
Al ver que el viejo hacía el gesto para subirse los pantalones, me fui corriendo de vuelta al salón para que no se dieran cuenta de que los había estado mirando.
A los treinta segundos aparece el viejo por la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja (el muy cabrón jejeje) apretándose el cinturón y colocándose bien los pantalones. Y me dicé: “tu hermana viene ahora…creo que está usando el baño”. “Vuelvo enseguida…que te voy a buscar la palmera de chocolate por haberte portado tan bien”.
Al rato salió mi hermana, con el pelo un poco humedo y recién peinada, y con un manchurrón de agua en la blusa. Yo la miré y le dije: “qué te ha enseñado el portero?”. Y ella me contesta: “nada…unos cactus que tenía en el patio”

Justo en eso, entró el portero con mi palmera de chocolate en la mano, diciendo: “vuestros padres acaban de llegar. Dicen que vayáis subiendo, que ya es casi la hora de la cena”
Al salir por la puerta, oí como le daba a mi hermana una palmadita en el culo….jajaja, el mu cabrón jaja!
Mi hermana ahora está casada, y tiene un niño, y en todos estos años nunca más hemos sacado el tema. Pero yo me hice muchas pajas acordándome de lo que ví aquella tarde jijiji!

########Segunda parte###########

Mi hermana siguió teniendo contactos con el viejo portero, y siempre me llevaba a mi con ella para que mis padres no sospecharan jijiji.
Se la mamó varias veces detrás de la portería, donde había un pequeño cuarto con un sofá y una tele pequeña. A mi me ponían a vigilar detrás de la cortina (el cuarto no tenía puerta), por si bajaba alguien.

Mi hermana se sentaba en el sillón, y el viejo se quedaba siempre de pie, sólo se bajaba los pantalones. Yo, detrás de la cortina, miraba de vez en cuando, y veía al viejo de lado, con su gran panza, su polla (que aunque no muy larga, era muy gorda) bien tiesa, y a mi hermana sentada abriendo la boca todo lo que podía para tragarse aquel trozo de carne en barra jejeje.
El viejo le acariciaba el pelo a mi hermana, o le sobaba las tetitas por encima de su blusa blanca.
Conforme fueron pasando los meses, el viejo se iba animando. ya no sólo le sobaba las tetitas a mi hermana, ahora también le sobaba el chochito, mientras ella se la mamaba, y le metía los dedos.

Yo siempre me quedaba detrás de la cortina vigilando, y como el truco de la palmera de chocolate ya no funcionaba, el viejo me daba dinero para que no contase nada a nadie (500 pesetas en moneda jijiji).

Hasta que el viejo pasó a mas, y empezó a desnudar a mi hermana por completo cuando se metían los dos en el cuartucho detrás de la portería. La dejaba completamente en pelota, con sus tetitas y su chochito al aire, y el viejo le lamía todo el cuerpo con una lengua gruesa y babosa, desde los pies a la cara. La abría de piernas, dejando su chochito completamente expuesto, y se lo besaba y se lo comía como si le fuese la vida en ello jijiji (y yo mirando desde la cortina jejej….me daba risa ver a aquel viejo gordo y panzón, con los pantalones bajados, y de rodillas en el suelo, lamiendole a mi hermana toda la raja del chumino jiji).

Mi hermana también parecía estar gozando. Al principio se la veía un poco cortada, pero luego se iba animando, se abría bien de patas en el sillón, completamente en pelota. Se metia los dedos en to el chumino, y miraba al viejo baboso con cara de putita caliente sacando la lengua jijijiji. El viejo se ponía como loco cuando la veía asi…..se iba acercando lentamente, con los pantalones por los tobillos, y machacándose la polla frenéticamente, la miraba a los ojos y le decía: “mira lo que tengo aquí para ti cacho puta”.
Se ponía de rodillas frente a mi hermana, la abría bien de piernas, y de un golpe se la metía en to el coño. Mi hermana daba un gemido profundo, y enroscaba sus brazos y sus piernas alrededor del viejo portero.

Yo, detrás de la cortina de la portería, veía como el viejo movía su culo peludo, embistiendo el chochito de mi hermana, en un rítmico mete-saca jejeje (ahí fue cuando me dí cuenta de que mi hermana seguramente ya había perdido la virginidad hacía mucho tiempo, porque el pollón del viejo le entraba y salía del chocho con una facilidad que no era normal para sus años).
El viejo siempre se la folló a pelo. Y muchas veces se corrió dentro del coño de mi hermana. Después de correrse, le sacaba la verga aún morcillona, y a mi hermana le rebosaba toda la leche por los labios del chochito, hasta salírsele casi toda fuera. Dejando un manchurrón blanco en el cojín del sofá jejeje.

Así estuvieron follando casi un año, y yo siempre vigilando detrás de la cortina. Hasta que un día el portero oyó a mi madre hablando preocupada con otra vecina, de que a mi hermana no le bajaba la regla. A los pocos días el viejo portero desapareció del edificio, diciendole al presidente que le había surgido una urgencia familiar (supongo que estaría acojonado pensando que había dejado a mi hermana preñada jajaja).

Lo que el viejo portero nunca supo es que mi madre llevó a mi hermana al médico, y casi al día siguiente le bajó la regla…así es que todo quedó en un susto.
Bufff, la de pajas que me hice yo con aquellas escenas, incluso de mayor y teniendo novias jajaja….

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Masturbación con un peluche

Una noche, exitada y con ganas de masturbarme…vi un peluche, el cual me ayudaría muchisimo…

Una noche, exitada y con ganas de masturbarme…vi un peluche, el cual me ayudaría muchisimo…
Era ya muy noche, y yo leía relatos sobre masturbación femenina, y poco a poco me fui exitando, sentía como me mojaba poco a poco; así que caliente y cegada por mi exitación busque un objeto que me pudiera introducir en mi vagina, y lo encontre…
Un peluche de Barney.
Y no es que el dinosaurio me exite, pero se me ocurrio una gran idea…

En mi cuarto tengo una silla en la que pongo ropa, así que la quite, dejando vacía la silla, y coloque al dinosaurio panza abajo dejando su colita levantada.
Así que me sente en la silla con las piernas abiertas, y sin quitarme la ropa interior, me fui sentando en la cola del dinosaurio la cual embono perfecto en mi caliente y humeda vagina.
Así que comenze a moverme como si me estuviera autopenetrando, y fantaseando con un pene bien duro comenze a moverme, primero lento, y luego más rapido, sintiendo como mi cliritosis era estimulado de una manera muy deliciosa… Mmmm, rapido, rapido, cada vez más rapido; fantaseando que mi chico pelinegro estaba abajo de mí, gimiendo extasiado y con el placer marcado en su lindo rostro. Imaginando sus sensuales y sexys ojos negros mirandome con pasión y lujuria…

¡Así! Cada vez más rapido, ahogando mis gemidos para no despertar a mis padres; con mis mejillas totalmente rojas, sintiendo mi ropa interior mojarse mucho, tanto que incluso mojaba al peluche, pero no me importo. Seguí moviendome, sintiendo mi vagina explotar, y así pasó… Llege al orgasmo mordiendo mi labio para no gemir mientras sentía mi caliente intimidad palpitar y chorrear de placer…
Esa fue una de las mejores masturbaciones que me eh echo, y les doy un consejo…:

Masturbense con sus peluches y olviden los tabus, veran que lo van a disfrutar.

Un beso y un saludo, gracias por leer, Bye.

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EL POLLON DE MI HIJO

Un hijo pervertido que fotografia a las chicas en los baños del colegio trama un plan para conseguir tener a su propia madre como su exclava sexual

Con una fuerza bestial me metió su pollón en mi coño mientras todavía tenía el vibrador en mi culo, casi me parte en dos, era enorme, me dolía el coño un montón, pero el placer que sentí era fabuloso al tener ese pedazo de carne dentro de mí, me hacía estar en el éxtasis. Jamás había follado así, me bombeaba sin parar mientras yo no podía evitar gemir de placer, como una perra en celo me había olvidado que era mi propio hijo el que me estaba follando.

Todo comenzó hace un año cuando un día por el mediodía recibí una llamada del instituto donde estudiaba mi hijo Marcos de 18 años. Estaban escandalizados, mi hijo había efectuado fotos a las chicas en los baños mientras estas hacían sus necesidades.

Tuve que ir rápidamente al colegio ya que querían denunciar a Marcos por abusos, me costó muchísimo y tuve que rogar al director del colegio para que no informase a la policía, pero no pude evitar que le expulsaran del instituto. No podía creer que mi hijo hubiese sido capaz de hacer una cosa así, estaba indignada, durante el trayecto en el coche le dije de todo a mi hijo, pero él se mantuvo callado impasible como si no fuese con él.

Ya al llegar a casa le pedí explicaciones de su comportamiento, pero lo único que hizo fue sacar un álbum de fotos y enseñármelo, no podía creer lo que estaba viendo eran fotos de chicas desnudas, mi hijo les fotografiaba los anos, era su perversión me dijo mientras sonreía. Mi hijo era un pervertido, en que podía haber fallado en mi educación, siempre intenté educar a mi hijo lo mejor posible cuando vivía mi marido (murió hace 2 años, yo ahora tengo 40), me era mucho más fácil ya que a una madre sola le cuesta más poder estar todo el tiempo educando a su hijo, me puse a llorar, le dije que no podía hacer tal cosa que estaba mal y que podía acabar en la cárcel si continuaba haciendo tal cosa.

Marcos ni me hizo caso y se puso a preparar una bolsa con ropa, me dijo que se marchaba de casa ya que quería seguir haciendo fotos a las chicas y como en el instituto ya no podría y yo ya no le quería como hijo, se marchaba. Llorando desesperadamente le supliqué que no se fuese que yo le quería, que eso no podía hacerlo, pero era imposible convencerle y como físicamente era un chico fuerte para su edad tampoco podía imponerme a él. Desesperada totalmente de ver cómo podía perder a mi único hijo le dije sin pensar que podía hacerme fotos a mí si quería, así intentaba evitar perder a Marcos, pero esas palabras fueron el detonante de cómo comenzó mi pesadilla.

Cuando le dije que podía hacerme fotos Marcos se hizo el sorprendido (el muy malvado según me confesó tiempo después era lo que quería), pero enseguida aceptó. Totalmente avergonzada me bajé la falda para que mi hijo pudiera ver mi culo, le dije que solo podía mirar, pero él bajo la amenaza de irse de casa si no le dejaba tocar mi culo, le permití que me tocara, yo todavía llevaba puestas mis bragas, eran blancas con bordados alrededor nada provocativas ya que yo era una mujer decente aunque guardaba un secreto que nunca le había contado a nadie. Desde jovencita me encantaba masturbarme el ano, era mi vicio oculto, cuando me casé me costó mucho pedirle en la intimidad a mi esposo la penetración anal.

Mi marido que era muy decente se opuso por completo ya que lo veía indecente. Durante todos estos años en secreto cuando estaba sola me masturbaba el ano. Ahora que tenía las manos de mi propio hijo sobre mi culo temía que mi vicio oculto lo descubriese y pudiese aprovecharse de mi debilidad. Marcos me ordenó que me bajase las bragas para poder ver mi ano, me sentía humillada, pero no tenía más remedio si quería conservar a mi niño conmigo, mi hijo exclamó un ohhhhh de admiración, me dijo que tenía un ano formidable y que era comparable a todo mi cuerpo.

Yo era mujer muy atractiva 1,60, 98-60-92, morena, con el pelo corto, siempre tuve muchos pretendientes tanto de soltera como de casada, pero siempre fui fiel a mi difunto marido y fue el único hombre en mi vida, aunque reconozco que en muchas ocasiones ya no sólo por mi secretito sino porque nunca me sentí satisfecha sexualmente, pero aunque me sentía frustrada aparqué mi vida sexual para cuidar a mi hijo y mi marido, pero ahora todo iba a cambiar.

Marcos me tocó el ano con su dedo, de inmediato le dije que parase que sólo le había dicho mirar, pero con el chantaje como excusa me metió su dedo índice dentro de él. Yo estaba a cuatro patas con mis manos sobre el mueble del comedor y con mi culo hacia arriba mientras mi hijo con su dedo me masturba metiendo y sacando su dedo en mi ano, le pedía una y otra vez que parase, pero él sonriendo maliciosamente no paraba de retorcer su dedo dentro de mi ano. Aunque intentaba evitar excitarme me era imposible, mi hijo movía su dedo con una maestría increíble, no podía evitar soltar algún gemido de placer, durante cinco minutos me estuvo masturbando sin parar y aunque intenté resistirme no pude evitar correrme.

En ese momento Marcos se bajó los pantalones y… Ohh exclamé, se sacó su polla totalmente tiesa y la puso sobre mi culo, era enorme, no podía creer lo que veía, yo sólo había visto el pene de mi difunto marido (13cm), pero no se podía comparar al que mi hijo tenía (luego supe que eran 28 cm), era gordo como una lata de coca cola sus venas se marcaban grandiosas y el prepucio era gordo y rojo intenso. Me quedé impresionada, pero era mi hijo no podía pensar en cosas raras, temiendo lo peor le dije que éramos madre e hijo que tenía que parar, pero él me dijo que sólo quería que le masturbara, no tenía más remedio que acceder si no quería que mi hijo se fuese de casa.

Agarré su pollón con mis dos manos, no me cabía en las manos, madre mía era dura como una estaca, no podía creer que existiese una polla así, comencé a mover mis manos arriba y abajo, mientras mi hijo me metía sus dedos en mi coño humedecido y me preguntaba si me gustaba su pollón, aunque yo le decía que no y que teníamos que parar, mi cuerpo estaba excitadísimo y mis ojos no podían apartar la mirada de su inmensa polla mientras le masturbaba. Tardó más de 15 minutos en correrse, yo ya tenía las manos cansadas fue una corrida increíble me echó una cantidad de leche en la cara enorme, era calienta y espesa, jamás había sentido algo, así a mi marido nunca le había masturbado y menos que alguna vez me echase su leche en mi cara.

Creí que mi hijo ya estaba satisfecho, pero entonces sacó de una bolsa un vibrador enorme y me obligó a masturbarme el ano delante de él, estaba tan excitada que ya no razonaba me puse como una loca a masturbarme el ano, mi ojete a pesar de ser virgen lo tenía dado de sí, ya que cuando estaba sola me masturbaba con todo tipo de objetos. Mientras me miraba como me masturbaba mi hijo se rió a carcajada limpia, me llamó puta viciosa y que sabía mi secreto ya que me había visto muchas veces masturbarme en mi habitación. Estaba humillada, pero la excitación del momento no me permitía razonar.

Marcos metió su pollón en mi boca casi me ahogo, jamás había tenido una polla en la boca ni siquiera la de mi esposo (mis relaciones sexuales con mi marido eran muy monótonas y siempre lo hacíamos con la luz apagada), y ahora tenía la polla de mi propio hijo y que polla.

Le chupé la polla como una loca, mi mente me decía que tenía que parar, pero era imposible, estaba ardiendo me encanta ese pollón en mi boca, Marcos se corrió en mi boca y me hizo tragarme su esperma que barbaridad pensé, fue increíble la cantidad de leche que salía de su polla. Estaba extenuada, pero mi hijo al instante tenía su polla tiesa como una roca, no era posible pensé si ya se ha corrido 2 veces.

Entonces me agarró y me abrió las piernas, le rogué que no me la metiese que era su madre que ya habíamos cruzado muchos límites, pero con una fuerza bestial me metió su pollón en mi coño mientras todavía tenía el vibrador en mi culo, casi me parte en dos, era enorme, me dolía el coño un montón, pero el placer que sentí era fabuloso al tener ese pedazo de carne dentro de mí, me hacía estar en el éxtasis.

Como se movía Marcos, era bestial jamás había follado así, me bombeaba sin parar mientras yo no podía evitar gemir de placer como una perra en celo me había olvidado que era mi propio hijo el que me estaba follando, pero estaba gozando tanto que me daba igual, mi coño ardía mientras mi hijo me follaba era increíble sentir un pollón así, pero mi locura total vino cuando después de correrse 3 veces en mi coño me la metió por mi ano, parecía que me iba a cagar me dolió un horror ya que el pollón de Marcos me hacía daño, pero a él le importaba poco, me agarró entre sus brazos y poniéndome encima de él, me follaba mi ano sin descanso mientras me pegaba azotes en el culo y me ordenaba que yo misma le dijera que me follase sin parar.

Durante 6 horas me folló sin descanso una y otra vez por el coño y el ano, su potencia sexual era increíble y su experiencia follando para ser un muchacho, formidable. Así es como me convertí en la esclava sexual de mi hijo, las primeras veces intenté evitarlo, pero me convirtió en una mujer lasciva y al cabo de 2 semanas era yo misma la que le pedía que me follase ya que él no paraba de enseñarme cosas que jamás creía que existían en el sexo. Marcos es un sátiro cada día me hacía ir por casa completamente desnuda sólo con una tanga y las medias puestas, casi no salíamos. Marcos me folla durante todo el día, sólo parábamos para comer y ducharnos, dejó de ir al instituto, yo ya no tengo ninguna influencia sobre él, soy su perra y le obedezco en todo.

Cuando salgo de casa para comprar me hace vestirme con ropa muy pequeña y provocativa, paso mucha vergüenza ya que la gente me mira, suelo salir con una minifalda muy corta y una camiseta de tirantes ceñida a mi cuerpo que casi ni me tapa las tetas. Muchas veces salimos juntos y me folla en el parque o en los baños de los grandes almacenes. Marcos no tiene límites conmigo, me hace lavativas mientras me graba con la cámara para luego poner la película mientras follamos. Yo me he vuelto una pervertida ya no puedo pasar sin su pollón y sin el sexo bestial que me proporciona mi hijo. Los viernes por la tarde invita a 2 amigos suyos del instituto y me follan entre los tres. He dejado que mi hijo haga conmigo lo que quiera, pero no me importa ya que estoy en el éxtasis.

Publicado en: Relatos porno

Rachelita mi sobrinita

Rachelita es mi sobrinita, pero su instinto sexual afloró y yo tuve que calmarlo.

-estéee, es mi..pene-, -haz visto uno?-, Rachelita movió su cabeza negativamente. –Y por que está hinchado?-, calmadamente le dije (no se de donde lo saqué) -es que tu eres muy bonita y cada vez que te veo me sucede-, Rachelita me vio a los ojos –me estas vacilando tío_, -no Rachelita, (sabiendo de su interés en el sexo), eres una nenita linda y me caes bien, asi que lo que ves es tu culpa-

-Y te duele?- me preguntó ella ya más interesada en mi erección. –Un poco, quieres acariciarla para quitarme el dolor?-, ella me vio otra vez y movió su cabeza positivamente. Asi que me bajé el boxer y ante ella salió como desesperada mi verga que se levantaba erguida, colorada y con algunas venas debajo de la piel. Ella tuvo miedo de tocarla, asi que le tomé la mano y se la llevé de modo que ella envolvio con su palma mi grueso miembro. Ella fue acariciandolo, le enseñé a mover su mano de arriba abajo, como dàndome una pequeña paja..

-Te gusta que te lo haga asi?- me preguntó Rachelita. Yo cerraba los ojos cada vez que me pajiaba la verga. –Sii!. Sigue asi, asi-

Ya después ella me lo hacía como una experta. Luego con la lujuria que me embargaba le pedi que me lo hiciera con la boca. Ella me dijo que no, traté de convencerla y la tomé de la cabeza, yo sé que ella lo quería, lo vi en sus ojos, la llevé y sus labios tocaron mi verga, luego sus labios lo fueron envolviendo, sentí su aliento y su tibia saliva alrededor de mi glande, fue exquisito. Luego, no se si por instinto, pero ella comenzó a chuparlo como si fuera un chupete. Su inexperiencia le dio un mejor efecto, mi verga estaba por reventar.

Yo estaba boca arriba acostado, ella estaba en cuatro chupándomela. Asi que le dije que me pasara la pierna encima, que asi lo podría hacer mejor, lo que yo buscaba era que quedaramos en una 69, su traserito me quedó frente a mi, levanté su blusón y me quedó enfrente su calzoncito y pequeño bollito que se dibujaba dentro de el.

Mientras ella seguía besàndo y chupando mi pene duro, comencé a darle besitos a sus nalguitas siempre sobre su braguita, le daba besitos también encima de su cuquita, ella movía su traserito en señal de que le gustaba lo que yo hacía. –Estate quieto tio!- me decía Rachelita, pero si hacer nada por impedir mi manoseo.

Luego me centré más en su cuquita, comencé a lamer encima de su braguita su pequeño bollito. Le agarré sus nalguitas y presioné su cuquita con los labios y con la lengua, fue alli cuando ella gimió de placer, -tio, tio!!, que me haces?-, me decía. –Te gusta, verdad Rachelita, dime la verdad, te gusta!- le pregunté. Ella movió su cabecita positivamente.

Asi que con esa confesión, tome mayor confianza. Le hice a un lado su braguita y comencé a lamer sus pequeños labios vaginales, con la punta de la lengua se los abrí y pude sentir el sabor de su juguitos agrios, la nenita se estaba mojando en serio. Yo también esta embargado de lujuria, lami su rajita como si tratase de mi amante, mi lengua siguió derechito hacia su ojito del culo, lo lamí con pasión, ella se sintió incomoda y quiso quitar su traserito, pero yo sujetándola no la deje quitarse de allí, seguí comiéndome su pequeño orificio, hasta que me sacié de lamerlo.

Los chupones de Rachelita aumentaron en fuerza, su excitación la desahogaba mamando con fuerza mi verga. Yo ya no aguantaba, comencé a pistonear mi verga en su boquita que me servía como vaginita. Sin avisarle, empecé a correrme dentro de su boquita, ella cuando sintió mi lechita, se sacó mi verga de sus labios y ante mi sorpresa siguió chupando mi verga que seguía sacando mi venida.

Ella se desmontó y comenzó a limpiar su carita llena de mi leche. Se compuso su calzoncito y su blusita. Yo me guardé mi verga que empezaba a perder rigidez. Rompí el silencio –Estuviste muy bien sobrinita, a ti te gustó también?- ella respondió –ay si tio, pero me da pena..- -que no te de pena Rachelita, eso es lo que hacen los hombres y las mujeres-, asi que no te dé pena… vienes mañana?- ella se quedó pensando un rato, -esta bien tio, nos vemos mañana- y ella se retiró.

A la noche siguiente, alli estaba Rachelita sin falta. Ahora la acosté y fui besándole desde sus piecitos, la fui desvistiendo conforme la besaba, en diez minutos, la dejè en cueros, ella se sintió incomoda y le dije que yo también lo haría. Me desvestí. Le abri sus piernitas y le mamé su rajita, ahora si le di una monumental mamada de coñito. Mi sobrinita gemía y gemía, hasta que se corrió entre grititos . tio!, tio!, ya no! Ya noo!-, yo me tragaba sus juguitos intimos. Luego la voltee y ahora me comencé a comer de nuevo su pequeño orificio anal. Le comencé a joder su culito metiéndole la punta de uno de mis dedos y increíblemente la hice correrse con estas caricias.

Asi terminó esa segunda noche. Me comi los dos hoyuelos de Rachelita.

Les comentó que los primeros cinco meses, solo hicimos sexo oral. Rachelita se tomaba ya toda mi lechita casi sin perder una gota.

Después de cumplir sus catorce, la convencí en entregarme su bollito, le eché cremita en su cuquita, porque yo la sentía muy estrechita. Escogimos una noche cuando salieran sus padres, ella estaba nerviosa, empezamos como siempre chupándo nuestros sexos, Rachelita ya se había convertido en una experta en ese arte. Me coloque finalmente encima de ella, llevé mi verga a su rajita lubricada, clavé primero mi glande dentro de su orificio vaginal, ella me metió sus uñitas en mis brazos, cerro sus ojitos, seguì metiendosela y mi verga la penetró otro poco, ella volvió a gemir. Ella me jaló y nuestros labios se juntaron eso aplacó sus quejidos.

Seguí envistiendo y le llegué hasta las tres cuartas partes del largo de mi verga. La chiquilla soltó mis labios y gimió de placer y dolor al mismo tiempo. Me quedé con ella un tiempo sin movernos, mientras su vagina se acoplaba al grueso y largo de mi verga. Luego de unos minutos yo empecé a moverme dentro de ella lentamente. Ella elevó sus piernas, creo que asi lo sentía mejor y le causaba menos dolor. Conforme pasaban los segundos, le fui imprimiendo más velocidad al pistoneo dentro de su cuquita. Cuando Rachelita empezó a gemir de placer, gemidos que yo ya conocía, me tranquilizó y ahora venía solo gozar.

La cogí luego en dos posiciones más, una ella encima de mi, pude ver un poco de sangre en el tronco de mi verga, pero al parecer ya no le causaba dolor a Rachelita, ya que aprendió a cabalgarme rico la verga, tuve que detenerla en sus movimientos pélvicos para no correrme. Luego la puse en cuatro y la penetré completa hasta el fondo de su bollito. Rachelita se corrió tres veces esa noche, una en cada posición. En mi caso me logré venir dos veces, y una en el bollito de Rachelita, lo que me hizo velar su próximo periodo menstrual. Pero todo salio bien.

Cerca de su quince, Rachelita era una experta en darme placer, la chiquilla estaba enamoradísima de mi, lo cual me daba pena, porque para mi era un excelente sexo, pero no era amor realmente.

Para ese tiempo, a veces cuando nos quedábamos solos, alquilábamos algunas películas triple x (porno) y tratábamos de copiar poses y fantasías sexuales, Rachelita era una cera caliente, se adaptaba a todos mis deseos. En las películas habían escenas de sexo anal y yo le pedía a Rachelita que me diera también esa virginidad.

Esa vez me la llevé a un cuarto de alquiler en un motelito. Llevaba conmigo un aceite para bebé, el cual le unté en su orto, luego de tener sexo oral y vaginal, con mi verga bien dura y erguida, la fui penetrando en su estrecho culito, me costó una barbaridad metersela un poco, ella no se relajaba. Por fin se la clavé hasta la mitad y ese día no pasé de allí, ella era demasiada estrecha de su ano. La follé con media verga y al menos le abrí su orto y me corrí dentro de el, llenándoselo de lechita.

Para sus quince años, Rachelita me pidió una noche de placer, pero con la condición de que fuera una noche completa, quería amanecer conmigo. Lo planee, ella pidió permiso para ir a dormir a la casa de su mejor amiga, la llevé a un bonito hotel, follamos toda la noche, la ensarté por sus dos hoyitos que yo desfloré, amaneció entre mis brazos. Ahora no se si estoy enamorado de ella, pero yo tengo 29 años y ella 15 y además soy su tio.

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Ebrio me cogi a mi sobrina

Esa noche habia bebido con mi cuñado dos botellas de whisky, estaba realmente mareado, la habitación quedó a oscuras y luego paso todo.

Esos días estuve de huésped en la casa de mi hermana Flor, quien me invitó a dormir en su casa, esa noche tomé algunos traguitos con mi cuñado José. El tenía dos hijas, quiero referirme a una de ellas, de nombre Jennifer, de 17 años, de tez blanca, ojitos café claro, desde pequeña tuvo dos lindos melones por senos, que destacaban en su figura delgada.

Esa noche nos fuimos a acostar a eso de las 12:00, ya estaba yo un poco mareado por los traguitos. Apagué la luz de la mesa de noche, mi habitación estaba en el primer nivel, mientras que mi hermana y mi cuñado estaba en el segundo nivel. De pronto sentí entre mi sueño, que alguien entró a la habitación. Se metió entre mis sabanas, luego lo siguiente que puedo recordar, fue una manos femeninas acariciaban mi falo sobre mis calzoncillos.

Lo siguiente fue que sacó mi pija, la masajeo hasta casi erectarla por completo y luego comenzó una rica felación. La chica me hizo estremecer se placer. Yo creia que era un sueño húmedo y no quería despertar. Su boca lamía y chupaba cada centímetro de mi pija, luego lamió completamente mis cojones, al mismo tiempo con su mano me hacía una rica paja. No pude más y me vine a chorros. No se si ella tragó algo, pero la venida me hizo despertar y volver a la realidad.

La chica quiso irse, pero yo la tomé del brazo y le dije en plena oscuridad que ahora me tocaba a mi, ella dijo que no, que quería irse, hasta en ese momento, supe que era Jennifer por la voz. La acosté en la cama, le quité entre jalones y empujones, el pantalón de su pijama le abri las piernitas y comencé a lamer su chuchita, a pesar que ella seguía oponiéndose su rajita se mojó toda y eso me hizo saber que la chiquita la estaba pasando bien.

Dos minutos más tarde, cesó Jennifer de patalear y jalarme el cabello, sus gemidos se hicieron sonoros, sus jaleos de cabello se hicieron delicados, su bollito estaba caliente, inserté el dedo medio de mi mano en su chuchita mientras le lamía el clítoris, a pesar de los traguitos el saber tratar el bollo de una mujer no se olvida. Jennifer gemía como si se estuviera ahogando, señal de que le estaba gustando mucho.

Cuando sentí que la chica estaba lista, su bollito lleno de líquidos lubricantes, como pude me bajé el calzoncillo, me subí sobre ella y sin mucha oposición la penetré, subi sus piernas y le llené su chuchita de pija, hasta adentro, ella gimoteo y pujó, pero no se opuso, es más ella misma elevó más sus pies, abriendo más su rajita y dando más comodidad a mi pija, la follé primero lento, pero después la cama rechinaba de la dureza que yo la penetraba, la chica trataba de no gritar, se oía pujar para aguantarse. La clavé sin piedad por varios minutos, la oí correrse, pero mi ímpetu no la bajé, seguí martillando su bollito.

Más por cansancio que por correrme, dejé de bombearsela. Me hice a un lado para dejarla respirar, tenía sudor en la frente, al igual que ella. A los dos minutos, ella que estaba boca arriba, se volteó como ofreciéndome su parte trasera, yo que aún estaba excitadísimo, me abalancé sobre ella, le penetré su rajita casi de inmediato, por lo mojado de su bollito, mi pija se deslizó hasta el fondo y comencé a moverme sobre ella, metiendo y sacándola con frenesí. Jennifer empezó de nuevo a gemir de placer.

De pronto el diablo entró en mi cabeza y como la tenía a mi antojo, la saqué de su chuchita y la intenté sodomizar, ella reaccionó tratando de levantarse, pero con fuerza la sostuve y le fui penetrando su culito, ella siguió de oponerse, pero eso causó que yo se la clavara aún más en su recto, le dije un poco fuerte que no se opusiera y que se relajara, ella dejó de resistirse y asi la pude meter toda en su culito, luego lentamente, la fui cogiendo rico, su culito apretadito me estaba llevando al no regreso, le besé el cuello y la espalda, lo cual la fue excitando y ahora empezó a mover su trasero al ritmo de la follada de su culo. Mis gemidos y los de ella se unieron y de pronto explotamos los dos, primero yo le llené de leche su culito apretado, luego ella mordió la almohada para ahogar los gemidos de su orgasmo.

Nuevamente me separé de ella y fui estabilizando mi respiración. Ella se levantó de la cama se puso la pijama y asi como entró salio de mi habitación. Yo me quedé completamente dormido y sentí hasta el otro día. Solo una mancha de semen mezclado con los líquidos íntimos de Jennifer que estaba en las sabanas, comprobó que no había sido un sueño, sino que si me había cogido a mi sobrina por sus dos hoyuelos.

Al otro día ella se había ido a su colegio como siempre, yo con sentimiento de culpa y de un probable problema familiar, me fui a donde vivo. Más tarde me comuniqué con ella y me dijo -tio que malito fuiste conmigo, me la metiste en mi culito!-, -pero te gusto, dime la verdad!- le dije, solo se oyó del otro lado del teléfono -la verdad, si!-.

Ahora la decisión, coger o no coger de nuevo con mi sobrina?

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La secretaria de mamá

Barquito cuenta… de como una jovencita es introducida al sexo lésbico por la empleada de su madre

La secretaria de mamá

Camila realmente necesitaba el consejo de una mujer, ya que en los últimos días extraños desórdenes se manifestaban en su bajo vientre, evidenciando que eran de indudable origen ginecológico: no era que a sus quince años ignorara nada con respecto a la genitalidad y aunque no tenía experiencia sexual alguna, sus manos se habían hecho duchas para aliviar instintivamente algunos escozores que habitaban su cuerpo y no eran precisamente de origen epidérmico.
Ella era consciente de que despertaba golosos deseos en los hombres, ya que a su corta edad había alcanzado un perfecto desarrollo de sus formas y su cuerpo esbelto mostraba la contundencia de unas ancas tentadoras y las tetas no le iban en zaga a las de su madre, salvo por la sólida turgencia que los mantenía en una constante erección a pesar de la consistencia gelatinosa que les otorgaba turbadoras oscilaciones.

Afortunadamente, su estatura y la informe cualidad del uniforme escolar, más las medias tres cuartos sumada a los zapatones con suela de goma, acentuaban su aire adolescente y sólo en los fines de semana su cuerpo surgía como una crisálida para convertirse en una espléndida mariposa. El sexo no le era indiferente en absoluto, como había comprobado con sus exploraciones nocturnas y los consiguientes placeres que obtenía de ellas, pero consideraba a los muchachos unos verdaderos patanes que, ignorándolo todo de las mujeres salvo que eran dueñas de aquello que ambicionaban poseer, buscaban torpemente acceder a su objetivo sin importarles sus sentimientos.

Como no estaba dispuesta a ser sometida a torpes y humillantes relaciones vejatorias para ver si obtenía aquello que conseguía en la intimidad de su cama, no hacía caso de los avances que sus compañeros de estudio le proponían y vivía encerrada en su propia cápsula.
Sin embargo esas manifestaciones que parecían horadar sus entrañas y hasta llevaban inquietantes destellos hormigueantes a la misma vagina, la preocupaban y como sus padres, profesionales los dos, se encontraban en un congreso de Derecho Internacional desde hacía cinco días y aun permanecerían quince días más en Panamá en unas merecidas vacaciones, no sabía a quien recurrir, ya que la señora que estaba a su cargo era una mujer de más de sesenta años en la cual no depositaba tanta confianza como para hacerla partícipe de su desazón.

Esa tarde y tras salir del colegio, sumida en sus pensamientos y casi sin proponérselo, se encaminó al despacho de su madre. Recién cuando Magdalena le abrió la puerta, se dio cuenta que inconscientemente había buscado que su presencia tranquilizadora aquietara sus tribulaciones. Es que desde siempre, la gentil secretaria de su madre había actuado como un bálsamo y predisponía su ánimo positivamente, como desde que, aun en la primaria, la hiciera partícipe de sus problemas de escolaridad.

En ese momento y cuando ella tenía doce años, los diez que le llevaba la mujer no la ponían en el casillero de los “viejos” pero sí en el de una joven adulta en la que podía confiar. Ahora nuevamente, la resplandeciente sonrisa de la alta y delgada muchacha que más parecía una modelo que una empleada de oficina, ponía un sedativo a su inquietud y la siguió con alegre predisposición cuando aquella la condujo hacia el despacho de su madre, donde ella se sentó con todo desparpajo en el gran sillón giratorio que estaba detrás del escritorio.

Desde que sólo era una niñita y aun Magdalena no estaba en la oficina, el asiento ejercía sobre ella una fascinación que iba más allá del juego. Si bien el impulsarse y girar en redondo mientras contemplaba pasar las paredes del cuarto como desde un carrusel la contentaban, una eufórica sensación de poder y superioridad la embargaba al aferrarse a los brazos y recostar su cuerpo en el mullido tapizado de cuero.
De la misma forma y para disimular la turbación que reproducía el confiar sus intimidades a alguien que, en definitiva no era más que una empleada de su madre y mientras de su boca surgía la confesión que estaba segura ni a su madre hubiera hecho, giraba sin cesar en el sillón.
Atenta al relato de sus inconvenientes físicos y las presunciones sobre su origen, Magdalena paseaba lentamente su figura alrededor del escritorio en una especie de contradanza por lo que la veía en esporádicas ráfagas al cruzarse en el girar contrapuesto. El fugaz entrecruzamiento no le impedía admirar la silueta magnífica de la alta muchacha que, vestida con una ajustada falda y una sencilla camisa, exhibía la contundente esbeltez de sus largas y torneadas piernas que sostenían una sólida grupa y los botones de la camisa masculina parecían incapaces de aguantar la pujanza de las tetas.
Aparte de esa figura privilegiada, lo verdaderamente atractivo de Magdalena era su cabeza. De proporciones perfectas, el rostro se veía iluminado por el fulgor de unos ojos inmensamente verdes que realzaban la tupida oscuridad de sus largas pestañas y la corta nariz levemente respingada se asentaba sobre el trazo exquisito de una boca no demasiado grande pero cuyos mórbidos labios daban marco apropiado a la blancura de los dientes, menudos y perfectos. Dando remate a tanta armonía, el fino y negro cabello estaba cortado en cortos mechones que le otorgaban un aire entre salvaje y masculino pero que realzaba acabadamente la escultórica belleza de la muchacha.

Cuando la muchachita terminó de contarle con farfulladas frases que a veces entrecortaba la emoción provocada por el pudor natural en una chica de su edad, Magdalena, que se había detenido a sus espaldas a escuchar atentamente los detalles de cómo la niña se autosatisfacía con primitiva intuición, detuvo el rotar del sillón y apoyando sus manos en los hombros de Camila, comenzó a explicarle con su voz baja y seductoramente oscura que los caminos del sexo no se reducían al trillado camino con los hombres ni a la obtención gozosa del alivio a sus urgencias mediante la masturbación, sino a una alternativa por demás placentera que no revestía peligros de enfermedades venéreas ni indiscreciones comprometedoras..
En tanto Camila escuchaba pasmada el relato minucioso de cómo las mujeres podían encontrar no sólo consuelo sino verdadera satisfacción a sus necesidades con el concurso de otra, comprobó como las delicadas manos que se posaban en sus hombros, descendían por sobre la camisa escolar para asentarse sobre la prominencia de sus tetitas y, aun a través de la tela y el corpiño, sintió por primera vez qué se experimentaba al ser suavemente sobada por manos que no fueran las suyas.

Naturalmente que ella sabía del lesbianismo y por rumores que circulaban entre sus condiscípulas, tenía una vaga conciencia de que no era tan infrecuente como la gente presumía pero no conocía de qué manera se lo practicaba. El plácido jugueteo de los dedos en sus pechos, instaló sentimientos encontrados de sorpresa y ansiedad que la paralizaron y alelada, confundida y desasosegada, esperó la evolución de los hechos mientras en su mente bullía un turbión de emociones que inexplicablemente se traslado a su bajo vientre colocando aquel indefinido escozor pulsante en la vagina.

Como complacida por su aquiescencia, la mujer dejó que los dedos desunieran prestamente los tres primeros botones de la camisa para luego recorrer acariciantes el pecho y escurrir dentro del corpiño hasta envolver tiernamente la sólida copa de las tetas. El contacto de otra piel sobre la suya la conmovió y un leve pinchazo se instaló en los riñones mientras susurraba su complacencia mezclada con una leve protesta que se acalló cuando los dedos convirtieron la caricia en un más acucioso estrujar de las carnes y sintió como buscaban y hallaban a los pezones para restregarlos con malévola insistencia.
Magdalena comprendió que aquella era la sublimación a las angustias de la chiquilina cuyo progresivo desarrollo venía siguiendo y apreciando desde antes que se convirtiera en mujer. Sin dejar de sobar las tetas pulposas que iban adquiriendo solidez en respuesta a sus manoseos, fue colocándose de lado para finalmente quedar acuclillada junto al sillón y acercando su cara a la de la agitada muchacha que exhalaba su ardiente aliento en medio de quejumbrosos gemidos de los que ni tenía conciencia, rozó con sus labios los de Camila.

La imaginación de las fantasías que acompañaban a sus masturbaciones tenía la inconsistencia de lo ignorado y cuando sintió los labios perturbadoramente reales de la mujer rozando levemente los suyos, adelantó su cabeza con animal predisposición para que ambas bocas se fusionaran apretadamente. Ante esa respuesta de la chiquilina, Magdalena se acomodó mejor y en tanto una mano apresaba la nuca de Camila y la otra incrementaba el sobar a la teta, la boca se unió como una ventosa a la inexperiente de la chica al tiempo que la lengua se introducía agresivamente en búsqueda de la suya.
Una extraña avidez contraía el vientre de la chiquilina y acudió en procura de la satisfacción ladeando el cuerpo y, mientras su lengua sorprendida iniciaba un novedoso pero ávido escarceo con la diestra de la otra mujer, aferró a su vez la nuca de Magdalena para dar mayor fuerza a la unión entre las bocas e instintivamente se abrazó a la cintura de la secretaria para tratar que los cuerpos entrarán en contacto.
El silencio sólo era quebrado por los suspiros y gemidos que proferían las mujeres, especialmente Camila, a la cual el descubrimiento de las verdaderas sensaciones del sexo anonadaba y compelía a desear saber más.
Con esa habilidad de hacer dos cosas simultáneamente que da la experiencia y sin dejar de besar frenéticamente los labios vírgenes de la chica, Magdalena había despojado a la chiquilina de la camisa y tras desabrochar el corpiño, las dos manos se aplicaron a su estrujamiento e índices y pulgares se complementaron para imprimir suaves pellizcos a los pezones que provocaban sobresaltados respingos en la chica quien, en su ansiedad miedosa de no saber hasta donde llegaría la mujer, se asía fieramente a su cabeza con las dos manos mientras gemía broncamente.

Por unos momentos se debatieron una contra la otra, la una sojuzgando y la otra admitiendo con sumisión sus embates, hasta que Magdalena se deshizo de las manos de la chica para llevar su boca a los pechos. Camila jamás había imaginado la suavidad que unos labios de mujer pueden transmitir a otra con tan sólo una levedad de pájaro; la lengua abría el camino en sinuosos sinuosidades húmedas por sobre esa piel jamás hollada y los labios enjugaban el caracoleante sendero en tiernos chupones que casi ni tocaban la piel, haciendo que el cosquilleo de las entrañas se trasladara a la zona lumbar y desde allí emprendiera un lento ascenso a lo largo de la columna vertebral.

Con los ojos cerrados por el placer, Camila volvió a colocar las manos entre los suaves mechones renegridos de Magdalena como para conducir la cabeza en esa enloquecedora caricia de los labios que ya se había transformado en delicados chupones a las carnes de gelatinoso oscilar y la lengua trepidante se descargaba contra las aureolas que se habían oscurecido.
Concentrándose en la teta derecha y en tanto la otra mano rascaba la granulosidad de la aureola del izquierdo, la lengua fustigó duramente al pezón que había crecido casi desmesuradamente y cedía flexible a sus embates. Camila susurraba desesperadamente su asentimiento y entonces fue la boca toda la que se apoderó del pezón en hondas succiones que complementaba con el empuje de la lengua contra los dientes hasta que por los retorcimientos y rempujones de la pelvis, la muchacha evidenciaba estar alcanzando su orgasmo o por lo menos una eyaculación. Entonces fueron los dientes quienes acudieron en auxilio y en tanto la combinación de labios y dientes estiraba hasta la desmesura la mama, las uñas de pulgar e índice de la mano se clavaban impiadosamente en la carnes de la otra.

El disfrute había hecho perder la conciencia de sus actos a Camila y en tanto clavaba sus dedos engarfiados en la espalda de la mujer, corcoveaba descontroladamente al influjo de su eyaculación y abriendo desmesuradamente las piernas, se elevó en una flexión final hasta que de su sexo brotó lo que le pareció una cálida catarata de fragante alivio.
Aun gemía sordamente y de sus ojos entrecerrados brotaban lágrimas de felicidad, cuando Magdalena se deslizó frente suyo y arrastrándola por las piernas hasta el borde del sillón con el cuerpo solamente apoyado en su zona lumbar, le levantó la corta pollera tableada del uniforme y levantándole las piernas abiertas, se abalanzó sobre la concha.
La pequeña trusa estaba empapada de sudor y flujo y la lengua se deslizó sobre la tenue tela para degustar los sabores de ese sexo todavía virgen. La delgadez del tejido lo hacía casi inexistente y la poderosa lengua se escurrió de arriba abajo sobre la abultada vulva, haciéndole experimentar a la chiquilina sensaciones desconocidas cual si estuviera desnuda. Virgen o no, los sabores vaginales son casi idénticos y su fragante flujo motivó la gula de la mujer. Tras dejar a la lengua recorrer varias veces al triángulo de tela, abrió la boca para abarcar golosamente el bulto y encerrándolo como una ventosa, chupó vorazmente hasta que la chiquilina sintió duramente a labios y dientes.

Por la posición casi acostada en el asiento, sus ojos sólo alcanzaban a ver la cabeza de la mujer entre sus piernas y como si la hubieran atraído magnéticamente, Magdalena alzó los párpados para clavar en ellos una lasciva mirada que le proponía la introducción a mundos desconocidos del placer. Camila sabía positivamente la magnitud de lo que estaban haciendo y no le importó nada; lo que habían hecho hasta el momento superaba largamente cualquier goce sexual conocido y si ese precoz primer orgasmo había sido solamente el prólogo de lo que vendría, esperaba ansiosamente su concreción sin importar el precio que tuviera que pagar en el futuro.

La angustia que la espera ponía en su mirada dijo a Magdalena cuanto deseaba esa mujer-niña que prosiguiera y entonces los dedos apartaron suavemente la bombacha para que ante sus ojos apareciera el panorama que esperaba pero magnificado por la opulencia del sexo; contra todo lo esperable en una chiquilina de su edad, la vulva abultaba en dos gruesos promontorios que estaban atravesados por una fina raja en cuyo vértice asomaba apenas un clítoris un tanto largo. Tal vez lo que contribuía a hacer más notable ese tamaño, era la alfombrita cuidadosamente recortada de vello púbico que como su cabello era intensamente dorada y que convergía desde las ingles hasta los bordes mismos de la rendija.
Alucinada y haciéndosele agua la boca, la mujer besó tiernamente la satinada capa de vello al tiempo que excitaba sus glándulas olfativas con los aromas que emanaba el sexo. Al descender hasta el agujero vaginal por el que rezumaban gotas de la anterior eyaculación, observó la extraña apariencia del culo de la chiquilina, cuyos bordes se elevaban como un diminuto volcán y sus laderas estaban surcados por los frunces que se unían en un profundo agujero intensamente rosado que devenía a negro en el centro.

Nunca había visto algo así y eso provocó en ella una acuciante necesidad. Sin meditarlo, instintivamente, su lengua se extendió y la punta tremoló delicadamente alrededor de ese promontorio para luego dedicarse a escarbar delicadamente su centro; para Camila aquello resultaba insólito; ella jamás había imaginado que esa abertura por la que desechaba la materia fecal podría convertirse en ese centro de placer que la excitaba tan profundamente y cuando la mujer combinó la lengua con la acción de los labios en delicados chupones, creyó desmayar de goce.
Respondiendo a sus velados gemidos, la mujer se dijo que ya estaba bien y entonces la lengua ascendió trepidante por el perineo, enjugó los jugos que manaban del agujero y recorrió el camino inversamente, lubricando la raja con su saliva. Al llegar al tubito carneo del clítoris comprobó que aquel se presentaba erguido y un tanto más grueso, por lo que lo atrapó entre los labios para someterlo a profundas chupadas, sintiendo como el delicado clítoris cobraba mayor consistencia y tamaño.

Dejando a los dedos índice y pulgar la tarea de frotarlo en una verdadera paja, con la otra mano separó los labios mayores de la vulva para presenciar un espectáculo maravilloso. Los labios menores circundando al fondo eran un delicada filigrana de frunces que se arremolinaban para desarrollar una caperuza al clítoris en la parte superior y en la inferior entretejer una corona alrededor de la entrada a la vagina. El fondo mismo tenía un aspecto de madreperla iridiscente y un poco por debajo del centro, se abría el agujero de la uretra.
Tremolante pero delicadamente, la punta de la lengua se abatió sobre esta última y tras excitarla con suavidad, se dedicó a recorrer morosamente todas y cada una de las revueltas de los membranosos tejidos, degustando con deleite el sabor que las hormonas colocaban a sus exudaciones; la muchachita no daba crédito al placer que la inundaba con múltiples y desconocidos cosquilleos que recorrían aleatoriamente distintas partes de su cuerpo y la paciente exploración de esa especie de víbora animada junto a lo que los dedos realizaban estrujando al clítoris, la iban introduciendo a una crispación anhelosa por los goces que aun la esperaban. Independientemente del resto de su cuerpo, la pelvis se agitaba ondulante hacia arriba y abajo como acompasándose al ritmo de la lengua que cada vez se hacía más rápido y acuciante.
Al ver como ella aferraba y encogía instintivamente aun más las piernas abiertas, Magdalena hizo que la boca toda se apoderara del sexo y en una elaborada mezcla de lengua y labios, fue succionando las carnes al tiempo que ascendía y descendía a lo largo. El sabor y la consistencia de esas carnes vírgenes enardecieron a la mujer mayor y resollando fuertemente, incrementó el accionar hasta arrancar grititos y ayes dificultosamente reprimidos en la chica; Magdalena sabía que se encontraban en la recta final del acto y complementando el frotar de los dedos sobre el clítoris, introdujo la lengua debajo del capuchón para detectar la prominencia del glande diminuto y ovalado como la cabeza de una bala y allí se extasió en su maceración en tanto que un dedo palpaba diplomáticamente la estrecha entrada a la vagina.

Ya la ansiedad histérica colocaba una crispación angustiosa en Camila que creía imposible poder disfrutar más y en tanto alentaba a la mujer con susurradas frases de pasión, sintió como aquel dedo que exploraba la periferia de la entrada, se introducía apenas en la vagina. En sus más fervorosas pajas, ella no se había atrevido a más por aquello del mentado himen y ahora comprendía que finalmente iba a convertirse en mujer.
Como tal, Magdalena sabía lo que significaba la pérdida de la virginidad y puso toda su experiencia para que la penetración no le resultara traumática a la chiquilina. Empapada por los jugos internos y la saliva, la estrecha entrada parecía no ofrecer oposición al dedo y este fue introduciéndose lentamente. Milímetro a milímetro, centímetro a centímetro, el invasor fue separando los prietos tejidos y aunque pasó limpiamente entre los prietos músculos, sentía como las carnes ardientes se comprimían contra la extremidad en una instintiva negación.

Sin apuro alguno y mientras sus labios y lengua que se habían apoderado totalmente del erguido clítoris con succionantes chupones multiplicaban su fervor, el dedo penetró limpiamente en toda su extensión sin encontrar el obstáculo membranoso. Una vez dentro, curvó la falange y ese gancho improvisado fue recorriendo el derredor por los suaves tejidos del áspero conducto al tiempo que le imprimía un despacioso vaivén adelante y atrás.
A pesar de la delgadez del dedo, a Camila le parecía que algo enorme iba separando sus carnes en caricias que la transportaron a una dimensión distinta del placer y en tanto le manifestaba a quien la poseía lo lindo que era aquello, acarició vehemente la cabeza de su violadora; ahora, quien estaba fuera de control era Magdalena y ya sin contemplación alguna, añadió otro dedo a la penetración para buscar la leve callosidad que existiría un algún lugar de la cara anterior. Rápidamente la ubicó muy cerca de la entrada y su tamaño similar al de una moneda, le dijo que la muchachita estaba anatómicamente predispuesta para el goce. Cuando comenzó a restregarlo con las yemas de índice y mayor, un respingo y el leve bramido de Camila le hicieron ver que no estaba equivocada.
Satisfecha por las respuestas que obtenía de la jovencita, la boca tornó a los frunces de los labios menores pero ahora atrapándolos entre los suyos para tironear de ellos y luego soltarlos como si quisiera comprobar su elasticidad y mientras el pulgar y el índice retorcían masturbatoriamente al ahora grueso clítoris, tres dedos constituyeron la cuña con que fue sometiendo a Camila; excitada hasta lo imposible, la chiquilina clavaba los dedos en sus propios muslos encogidos y la pelvis había alcanzado un cadencioso ondular con el que acompañaba la penetración al tiempo que proclamaba su satisfacción y la histérica necesidad de terminar con ese delicioso suplicio.

Ducha de toda habilidad, Magdalena acomodó sus dedos de manera que, mientras la cuña penetraba la vagina hasta que sólo el obstáculo de los nudillos le impedían ir más allá, el dedo meñique fuera estimulando los fruncidos esfínteres anales que cubiertos del pastiche de flujo y saliva, poco hicieron para resistirse y el fino dedo invadió al recto con la misma suavidad que antes mostrara el índice con la vagina; la multiplicidad de cosas que estaban ocurriendo en su sexo, interna y exteriormente, no le impidieron a Camila cobrar conciencia de que estaba siendo penetrada analmente y como al principio con la lengua, la sorprendió la lábil complacencia de sus esfínteres y del placer inédito que el dedo le procuraba. Al mismo tiempo, sentía como su pecho bombeaba el aire agitadamente y sus sienes latían casi ruidosamente por la tensión sanguínea. Aunque ella creyera que esos alivios obtenidos por su masturbación superficial y el mismo obtenido pocos minutos antes eran orgasmos, sólo eran eyaculaciones corporales que poco tenían que ver con un verdadero orgasmo donde juegan mancomunadas todas las emociones psíquicas y físicas.
Era tal el maremagnum de sensaciones que la invadían, que por momentos deseaba expresar en risas su contento y en otros su miedo por aquellos ahogos que parecían impedirle respirar y la fugaz caída en pozos de pérdida de conciencia que la hacían sollozar atemorizada como la niña que aun era.
Enfurecida por esa emoción que nublaba su cordura, Magdalena estaba a punto de alcanzar su orgasmo sometiendo a la chiquilina e incrementó el vaivén de su mano al tiempo que le imprimía una rotación de ciento ochenta grados y la otra mano, dando lugar a que la boca volviera a apoderarse del clítoris, se instaló en la hendidura entre las nalgas para que su dedo pulgar buscara los esfínteres anales que liberados del meñique pulsaban dilatados, penetrando honda y repetidamente la tripa.

Aquello era el epítome del placer para Camila y las sensaciones excedieron la capacidad de la muchacha que, estallando en gritos que evidenciaban su enajenación, corcoveó repetidamente hasta que las fuerzas parecieron abandonarla y cayó en la pequeña muerte de su primer orgasmo verdadero; mientras aun flotaba en una bruma rojiza y llevaba aire a sus pulmones ardientes, la chiquilla percibió apenas como Magdalena seguía saboreando hasta la última gota de esa efusión uterina inaugural y sólo cuando la satisfacción la alcanzó plenamente a ella, abandonó su entrepierna.
No supo cuanto tiempo se dejó estar en esa dormilona beatífica, pero cuando abrió los ojos vio como Magdalena la contemplaba amorosamente desde un sillón próximo. Un prurito de natural vergüenza o pudor le hizo tratar de explicar su pasividad ante la relación pero, mientras le imponía silencio con un gesto, la secretaria se acercó a ella y mientras le ayudaba a colocarse el corpiño y cerrar la camisa, le explicó con dulzura que no había que buscar justificaciones a cosas que dicta la naturaleza y que ellas habían hecho lo que el instinto les dictaba.

Cuando la chiquilina hubo calmado su inquietud y en medio de caricias y besos a todo su rostro e imponiéndose a ella por la diferencia física, Magdalena la exhortó a llamar por teléfono a la mujer que la cuidaba. Ella misma ratificó sus explicaciones a la anciana diciéndole que Camila permanecería en su casa durante el fin de semana y que se encargaría personalmente de llevarla de vuelta el domingo por la noche para que pudiera ir al colegio al día siguiente.
Tras colgar el teléfono, la expresión de ambas era diametralmente opuesta pero las dos evidenciaban un mismo propósito; el rostro de Magdalena tenía un gesto mefistofélicamente goloso como el de una gata en celo y en cambio, el de Camila expresaba todas las dudas y miedos propios de una chica de quince años pero que eran superados por el deseo de explorar y obtener mas goce de aquel sexo maravilloso.
Haciéndola pasar al baño privado de su madre, la mujer le hizo entrega de una bombacha propia para que la cambiara por la que estaba olorosamente empapada. Una vez que Camila se higienizó y recuperó su aspecto de inocente colegiala, Magdalena cerró la oficina y la condujo a su departamento a pocas cuadras de distancia.

Nada en la decoración del departamento dejaba en evidencia las inclinaciones sexuales de su propietaria y lo conservador del moblaje pareció calmar los nervios de la chica que, con sus fantasías desbocadas, tal vez esperaba una manifestación más crudamente salvaje de homosexualidad femenina.
Diciéndole que se acomodara libremente en la casa, encendió las luces del living y la dejó en él para ir a darse una ducha y cambiarse de ropa. Media hora más tarde y en tanto la jovencita se entretenía viendo televisión, Magdalena volvió fresca y tonificada por el baño, vistiendo solamente una camisa de hombre que oficiaba de corto camisón y entregándole una muy parecida, le dijo que aprovechara para bañarse mientras ella preparaba algo de comer.
El baño le resultó tan placentero y reconfortante que perdió la noción del tiempo que permaneció bajo la ducha y, cuando tras secarse, se colocó la holgada camisa que la cubrió hasta mediar los muslos, volvió al living, para encontrar que la mujer había servido en la mesa de la cocina una ensalada fría y ante su presencia, sacó dos bifes humeantes del fuego.

Ninguna de las dos hizo una referencia explícita a lo sucedido y era evidente que las dos habían aceptado la situación de hecho. Durante la cena conversaron de banalidades acerca del viaje de sus padres y de algunos problemas que ella tenía con ciertas materias. Terminada la frugal comida, Magdalena acomodó los utensilios en un lavaplatos automático y después de apagar la luz de la cocina, le preguntó si quería ver un rato de televisión o prefería que fueran a la cama; con intencionada y pícara sonrisa, la menuda jovencita le dijo que estando con ella no había otra elección posible que el lecho. Apagando las luces a su paso, la condujo a un dormitorio que sí, estaba evidentemente preparado como una verdadera cámara sexual.
A la luz indirecta sabiamente escondida en estratégicos rincones, se sumaban dos grandes espejos en cada pared paralela y un espectacular cuadro de dos mujeres enredadas en lasciva postura presidía una cama matrimonial más amplia que lo acostumbrado. Descalzándose y sin quitarse la camisa, la mujer la invitó a imitarla mientras se acostaba sobre unas sábanas de aterciopelado satén azul oscuro.
Aquello había vuelto a intimidar a Camila, quien nerviosamente se quitó las pantuflas y al acostarse con temeroso cuidado sobre la lujosa ropa de cama, se descubrió reflejada por otro espejo redondo que ocupaba el cielo raso. Sonrojada, se encontró con los claros ojos de su recién estrenada amante y con una risita nerviosa, se dio vuelta hacia el centro para descubrir que la mujer había hecho otro tanto; centímetros las separaban y sin embargo, ninguna hizo el menor gesto de aproximación. Frescas y fragantes por los delicados aromas de los exquisitos jabones, se dejaron estar con los ojos enredados en los ojos, diciéndose mudamente cómo y cuánto se deseaban.

Luego de un tiempo sin tiempo, con tímida aprensión y como si emprendiera un acto prohibido, fue Camila quien extendió una mano para que las yemas de sus delgados dedos rozaran con levedad la mejilla de Magdalena y luego, fueron deslizándose suavemente hasta la boca para acariciar los labios plenos que a su contacto se unieron en un tierno beso.
Aquello pareció animar a la jovencita que hizo descender la mano para que fuera desabotonando la holgada camisa y casi reverencialmente apartó la tela para observar fascinada por primera vez las tetas de su amante; aunque las suyas no eran pequeñas, la estatura de la otra mujer no las hacía parecer notables pero verdaderamente tenían un volumen extraordinario. Cierto era que nunca había contemplado un seno aparte de los suyos y el aspecto de aquellos ponía un cosquilleo goloso en sus entrañas.
A pesar de su tamaño, no eran tan gelatinosos como los suyos y la firmeza de sus carnes hacía que, puestos de costado, el superior se volcara apenas sobre el de debajo. Sí era notable el aspecto de sus vértices, donde las aureolas cobraban un papel destacado; como en todas las morochas, su tinte oscuro entre marrón y violáceo, ponía en evidencia su lustrosa superficie carente de gránulo alguno y lo más extraordinario era su elevación que las hacían aparecer como otro pequeño seno, un cono volcánico en cuya cima se erguía pujante un largo y puntiagudo pezón.

Con la boca reseca por el deseo y un alboroto en el pecho que la hacía temblar, aproximo la cara a las tetas y su lengua salió apenas entre los labios para rozar la rosada punta del alzado pezón. El casi inexistente contacto fue suficiente para que en ella se esparciera una ferviente angurria y la respiración agitada de la otra mujer fue el incentivo para que la boca toda se abatiera sobre el pecho y con glotón mamar infantil, succionara apretadamente la mama.
Pidiéndole calma y explicándole dulcemente que ya habría tiempo para todo, Magdalena terminó de quitarse la camisa y tras hacer lo propio con la de ella, tomó entre sus manos la carita de la chiquilina para llevarla hacia arriba y ofrecerle la voraz morbidez de sus labios experimentados. Resollando fuertemente por las narinas dilatadas, la chica aceptó en convite y cuando Magdalena acomodó su torso boca arriba, se acostó encima de ella para que, en tanto sentía el roce de las otras tetas contra las de ella, se entregaba con ávida gula a someter la boca viciosa de la mujer.
El combate desigual entre sus labios y lengua carentes de experiencia alguna contra los hábilmente perversos de la secretaria, terminaría como era dable de esperar en una fulgurante victoria de la mujer quien, hundiendo sus fortísimos dedos en la melena rubia de la chiquilina para impedir a la boca escapar rendida, la sometió brutalmente hasta que, agotada ella misma por tan fervoroso empeño, la apartó de sí para pedirle que le chupara las tetas.
Dejándose resbalar hacia abajo y recordando lo que hiciera en sus pechos tan sólo horas antes la secretaria de su madre, dio un torpe tremolar a la lengua que al contacto con las carnes ardientes fue cobrando ritmo y diestra continuidad. Humedecido por su saliva, el órgano recorrió serpenteante la cálida redondez en lento trajinar que la iba acercando a la meta de la aureola.

La excitación no sólo había inflamado y endurecido las carnes, sino que la protuberancia pulida de las aureolas había cobrado un color ennegrecido y un volumen que invitaba a ser chupada. Como si estuviera frente a un delicioso helado, la lengua se empeñó en fuertes lamidas que culminaban indefectiblemente fustigando al elástico pezón para que luego la boca encerrara al conjunto y chupara rudamente hasta sentir la excrecencia entre el filo romo de sus dientes menudos.
Magdalena estaba feliz por la entusiasta respuesta de esa chiquilla que hasta pocas horas antes era virgen de toda virginidad y guió su mano para que los dedos emprendieran la deliciosamente tarea de restregar, retorcer y pellizcar con las uñas la otra mama. Comprendiendo la idea, Camila se aplicó a hacer que sus dedos complacieran a quien le estaba dando tanta felicidad y prontamente comprobó que su diligencia rendía frutos ante el reclamo caluroso de la mujer para que alternara la tarea de manos y boca entre ambas tetas.

Los lamentos y ayes que profería su amante la llevaron a pensar, independientemente de su inexperiencia, en otras partes de la anatomía de la mujer considerando lo que ella misma estaba sintiendo en su entrepierna. Poniéndose de lado pero sin abandonar ni por un momento la gratificante tarea de sojuzgar los senos, dejó escurrir su otra mano a lo largo del musculoso vientre para comprobar con cierto desasosiego, que el Monte de Venus, elevadamente huesudo, carecía absolutamente de vello alguno así como todo el resto del sexo que recorrió tan ávida como curiosamente con sus dedos.
Una acuciante y primitiva urgencia parecía vibrar en su bajo vientre y en una respuesta tan animal como las de todas las personas que, sin que nadie les enseñe cómo, sostienen los más satisfactorios actos sexuales, dejó que su boca abandonara las tetas para deslizarse con succionantes besos a lo largo del vientre hasta arribar al depilado promontorio.
Sabiendo lo que Magdalena esperaba de ella y conocedora de que ella misma lo deseaba como nunca hubiera deseado otra cosa en la vida, lamió curiosa las canaletas de las ingles para dirigirse tangencialmente a su objetivo; los fragantes efluvios que brotaban del órgano femenino, en vez de repelerla como hubiera esperado, no hicieron otra cosa que incentivar su insatisfecha gula y aspirando fuertemente esos aromas, pareció guiarse como un sabueso a la búsqueda de su presa.

Magdalena había abierto las piernas encogidas y el sexo femenino expuesto con la crudeza de la desnudez total se ofrecía a sus ojos alucinados con un aspecto casi siniestro; la depilación total parecía poner más en evidencia la fuerte carnadura de la vulva que se alzaba hinchada y cubierta de un fuerte rubicundez que se ennegrecía conforme se acercaba a la raja que, oscuramente bordeada, se entreabría para dejar vislumbrar la fortaleza de los pliegues internos.
Con intuitiva certeza de lo que debía realizar pero recordando inconscientemente lo que sintiera cuando Magdalena lo hiciera en ella, acercó la boca al nacimiento de la hendija donde ya surgía abultado un recio clítoris y la lengua tremoló como lo hiciera sobre los pezones, pero el sabor nuevo e inefable que la inundó no la dejó pensar; mezcla de un néctar meloso por aspecto y gusto, tenía un dejo de acidez y allá, en el fondo, el salobre gusto marino de todos los jugos femeninos.
Al terminar la larga lamida, un impacto desconocido se instaló en su bajo vientre y entonces, como si hubiese hecho aquello toda su vida, la hembra primigenia la impulsó a acaballarse invertida en la mujer y metiendo sus dos manos por debajo de las nalgas, hundir la boca en el sexo mientras presionaba los glúteos para alzarlos y tener acceso hasta el último rincón; obviamente, Magdalena acompañaba eufórica aquel arranque de la chica y forzó el encogimiento de las piernas para facilitarle el trabajo al tiempo que acercaba su boca a la entrepierna desnuda para formar un dúo de incomparable apetito sexual.
Al ahorcajarse sobre su amante, Camila no había especulado con aquella posición que desconocía, pero ahora recibía alborozada la boca de su maestra fustigando sus tejidos. Abriendo con los dedos la raja latente, dejó al descubierto dos grandes colgajos de arrepollado tejido que brotaron como las barbas carneas de un viejo gallo y, sabia de toda sabiduría animal, inició un ralentado camino en el que lamía, chupaba y hasta mordisqueaba esos tejidos tan gustosos que la inspiraban a realizar las cosas más fantásticamente indecentes.

Lógicamente, era lo que la perversidad innata de la mujer hacía en su sexo la que la conducía a esa desesperación por martirizar al sexo de esa manera y, cuando sintió como su amante introducía dos dedos a la vagina para comenzar con ese maravilloso movimiento de vaivén que la sacaba de quicio, hundió dos de los suyos en la dilatada entrada a esa vagina chorreante de aromáticos jugos; nunca había imaginado que el someter sexualmente a una mujer pudiera llevarla a ese grado de enajenación y al tiempo que meneaba inconscientemente su pelvis para disfrutar aun más de la boca y los dedos de Magdalena, agregó un tercer dedo a la vagina mientras su boca se refocilaba en una incruenta carnicería de labios y dientes al clítoris.
Imbricadas como un mecanismo perfecto a pesar de la diferencia de contextura física, la mujer mayor había abrazado a la jovencita por la cintura y con sus fuertes brazos, la mantenía reciamente apretada contra su boca laboriosa y manejaba el ondulado meneo de su pelvis para impedir que el sexo se separara de ella Respondiendo intuitivamente a ese reclamo, Camila clavaba sus dedos en las nalgas poderosas para elevarlas y conseguir que su boca no dejara un solo centímetro del baqueteado sexo sin ser pasto de su gula.
Y así, se perdieron por un rato en el sojuzgamiento mutuo hasta que Magdalena se dijo que ya estaba bien de aquello y rotando hábilmente en la cama, hizo que la muchacha quedara boca arriba para luego incorporarse y salir del lecho. Falta de aliento por su mismo frenesí y agotada de tanto trajín, la jovencita permaneció acezante por uno momento despatarrada en la cama mientras relamía los exquisitos jugos que mojaban su boca en tanto que la mujer aprovechaba la oportunidad para colocarse rápidamente un arnés en la entrepierna.

Volviendo apresurada al lecho, acomodó a la pequeña y, colocándole las piernas encogidas contra su pecho, aproximó la punta del consolador para estregar suavemente los tejidos inflamados y mojados por su saliva y los fluidos corporales; súbitamente, Camila cobró conciencia de que iba a vivir su primera desfloración por un falo y aunque ya no era virgen, un temor atávico la hizo crisparse. Abriendo los ojos, contempló el físico estupendo de la mujer y su aspecto no sólo la tranquilizó sino que la excitó; el cuerpo de perfectas proporciones y dorado por el sol, brillaba satinado por una fina capa de sudoración, lo que magnificaba la contundencia de las tetas y la trabajada musculatura de la esbelta figura.

Pero por sobre todo ese conjunto, era el rostro o mejor dicho, la cabeza toda de la mujer la que contribuía a seducirla; la fina perfección de sus rasgos y la profundidad acuosa de sus ojos irradiaban una mezcla de dulce felicidad con una lascivia incontrolable que ponía acentos de lúbrica incontinencia en el rictus de la hermosa boca y el corte del negro cabello, sin hacerle perder un ápice de su feminidad, le otorgaba un halo de masculinidad que la colmaba de arrebatada pasión.
Susurrándole que no sintiera temor porque no la lastimaría, Magdalena estimuló los tejidos de la vulva y al mismo clítoris con un glande de tersa elasticidad e inexplicablemente, un cosquilleo intenso en la zona lumbar la hizo desear sentirlo el falo en su interior; era tal el ansia que expresaban sus ojos y la semi sonrisa que iluminaba su rostro que, inclinándose un poco sobre ella y mientras con una mano sobaba tiernamente las tetas conmovidas, la otra condujo la cabeza de la verga contra el agujero vaginal y con sólo el peso de su cuerpo, hizo que fuera penetrando lentamente la vagina.
Tal vez porque la finura de los dedos o el ángulo con que la penetrarán fuera distinto, pero la masa consistente del falo no tenía nada que ver con aquello. No le hacía falta verlo para darse cuenta de que su grosor no era común e, íntimamente, sentía como las protuberancias y anfractuosidades de su superficie iban lacerando y desgarrando los suaves y finos tejidos vaginales.

Aun con los labios apretados, le era imposible reprimir los gemidos del sufrimiento pero, contradictoriamente, sentía un placer inmenso por ver concretado su reprimido sueño de una verdadera cogida. Despaciosamente, el falo había llenado toda la cavidad vaginal y la punta del glande dilataba el pequeño cuello uterino. Cuando toda la verga estuvo en su interior y viendo como su cuello se tensaba hasta parecer que venas y músculos estuvieran a punto de estallar, Magdalena apoyó sus fuertes brazos a cada lado del cuerpo para luego flexionarlos e, inclinándose, dejar a la boca posesionarse de suya, acallando el farfullado asentimiento con que expresaba su alegría por esa violación, consentida pero violación al fin.
Ese movimiento había hecho que sus piernas se doblaran dolorosamente contra su pecho pero al mismo tiempo hacía dilatarse a la pelvis, facilitando la cogida. Cogida que ni siquiera había comenzado sino que la verga permanecía quieta, pareciendo llenar todas sus entrañas, pero cuando la mujer inició un leve movimiento por el que se movía levemente adelante y atrás, las excoriaciones que provocara al penetrar cobraron su verdadera dimensión.
El roce del balanceo hacía insoportable el escozor de las heridas pero sin embargo, ese mismo sufrimiento desencadenaba en ella una serie de sensaciones angustiosas en las que deseaba ver calmada esa irritación por mayor vigor en el frotar y, aferrándose con los dedos engarfiados a los antebrazos de su amante, hizo ondular su cuerpo al tiempo que le pedía que no cesara de penetrarla de esa forma.

Comprobando cuanto estaba gozando la chiquilina a pesar del sufrimiento que ella sabía debía de producirle el tamaño desusado de la verga, Magdalena fue incrementando el hamacar de su pelvis hasta hacer que casi todo el miembro saliera de esa vaina carnea para luego volver a introducirlo hasta que la copilla del arnés golpeaba reciamente contra los tejidos soflamados de la vulva; a pesar del dolor, Camila estaba gozando esa primera cogida de una manera como jamás imaginara y su boca buscaba golosamente la de su amante al tiempo que proclamaba roncamente su satisfacción por ser forzada de esa forma tan violenta con palabras soeces que ni imaginaba conocer.

Viéndola gozar de esa forma y considerando que ya estaba lista, Magdalena comenzó a dejarse caer hacia atrás, arrastrándola con ella hasta que la menuda chiquilina estuvo acaballada sobre su entrepierna. Manteniendo el falo en su interior, le hizo acomodar las piernas acuclilladas y diciéndole que subiera y bajara, la estimuló con el movimiento de su propia pelvis; comprendiendo lo que quería su amante, Camila flexionó las piernas y ante ese vaivén ascendente y descendente, sintió como el miembro realmente se movía como un pistón en su interior, traspasando decididamente las aletas cervicales para permitir que se deslizara profundamente en el cuello uterino, otorgándole una sensación de plenitud que no esperaba.
Frenando un poco su ímpetu, la mujer le dijo que se calmara para que ambas pudieran gozar como la ocasión se merecía y haciéndole colocar las manos en sus hombros, logró que con esa inclinación las tetas oscilantes quedaran al alcance de sus manos que los estrujaban prietamente al tiempo que elevaba las caderas en un envión que se acompasaba al subir y bajar del cuerpo de la chica.
Encontrada una cadencia, se mantuvieron por unos momentos en ese acople que satisfacía a las dos hasta que Magdalena, sin indicación verbal alguna, fue haciéndola rotar sobre el eje del falo hasta quedar de espaldas a ella. Alzando las piernas encogidas, propició que Camila se tomara de sus rodillas para darse envión en tanto ella la ayudaba a impulsarse asiéndola por las caderas. El nuevo ángulo satisfizo tanto a la muchacha que, entre complacidos ayes gozosos, le hizo saber de su placer.

Las manos de Magdalena no se contentaron con darle impulso, sino que se dedicaron a recorrer la superficie conmovida de las nalgas y acariciar su concha, allá, donde el consolador se hundía en la vagina, haciendo que lentamente el pulgar fuera introduciéndose junto al tronco hasta que todo él estuvo adentro en móvil suplemento de la verga.
Los jadeos estertorosos de la chiquilina le decía del placer que experimentaba y entonces, complementándose con el pulgar en deliciosa tenaza, el índice fue introduciéndose suave pero inexorablemente al culo, que la posición inclinada favorecía en su dilatación. Proclamando estentórea su goce con repetidas confirmaciones de que así era como deseaba ser sometida, mientras le rogaba que la hiciera llegar nuevamente al orgasmo, Camila meneaba su grupa espasmódicamente y entonces la mujer decidió dar satisfacción a su reclamo con un epílogo digno de aquel acople extraordinario.
Saliendo diestramente de debajo de ella, la acomodó para que, arrodillada, quedara apoyada en sus codos y alzándole la grupa mientras se inclinaba sobre ella, volvió a introducir la verga en la conchita y sus manos se dedicaron a sobar y estrujar las tetas bamboleantes. Los espejos reflejaban multiplicada la imagen casi mitológica de las dos hermosas mujeres en la que Magdalena ocupaba el lugar de un licencioso fauno poseyendo a una núbil doncella; las exclamaciones de goce y los gemidos desaforados que el placer colocaba en sus bocas llenaron el cuarto, hasta que Magdalena sacó la verga chorreante de jugos vaginales para apoyarla sobre el hoyo del culo y empujar sin contemplaciones, convirtiendo los quejidos en estridentes gritos de dolor.

A Camila la había complacido intensamente la introducción del dedo en el recto pero no imaginaba que su amante quisiera culearla de una forma tan violenta; cuando el pulido glande dilató hasta lo imposible sus esfínteres y el tronco anfractuoso lastimó la tersura de la tripa, lloró y suplicó a su amante para que no la sometiera a tan martirizante humillación pero, mágicamente, cuando desoyendo sus súplicas aquella lo introdujo hasta que la copilla se estrelló ruidosamente con las nalgas mojadas, un nuevo placer que partía desde el mismo culo, subió a lo largo de la columna vertebral, se alojó en la nuca para estallar en su mente y desde allí se esparció para ocupar hasta el mínimo recoveco de su cuerpo.
El llanto y los balbuceados gemidos se transformaron en la gozosa proclamación de su contento y dándose ella misma impulso en los brazos doblados, colaboró en el vaivén necesario para que la verga prodigiosa se moviera en su interior proporcionándole el más alto goce que hubiera experimentado jamás; con los ojos cerrados y la boca entreabierta por la que se derramaban bendiciones a su amante mezcladas con hilos de una fina baba que chorreaba por su mentón, se apoyó en el hombro izquierdo para liberar su mano derecha que se ocupó de estrujar las colgante tetas y con el ondular de su cuerpo, cuando Magdalena incrementó la velocidad de la culeada, clavó reciamente las uñas en un pezón hasta que el voluptuoso sufrimiento se equiparó al que le proporcionaba la verga.
Al conjuro de sus tan entusiastas exclamaciones, la mujer sacó el falo del culo para volver a introducirlo en la concha e iniciar de ese modo una alternancia entre ambos agujeros que terminó por enloquecer a la chiquilina que envió su mano a estimular rudamente al clítoris, sintiendo que semejante cópula la elevaba al cenit del placer y que en su pecho y bajo vientre la satisfacción se manifestaba en mínimas explosiones que provocaban convulsivas contracciones en sus entrañas deseando expulsar el alivio del orgasmo.

Comprobando que la hermosa niña se sacudía como si extrañas descargas eléctricas la recorrieran y de su boca ya no partían sino roncos estertores, Magdalena continuó con el acople animal hasta que la chica se envaró por unos momentos en los que la líquida manifestación del alivio escurrió de esa concha casi infantil entre chasquidos que provocaban los últimos remezones del tronco y, sintiendo ella misma el advenimiento de su orgasmo, se derrumbó sobre el cuerpo menudo con las últimas y espasmódicas convulsiones de la pelvis en una ya innecesaria penetración.

Publicado en: Relatos Lesbicos

Mi pequeña Rosita

Esta es la historia de una pequeña adolescente, hija de un predicador, que cambió mi vida completamente.

Hola chicos y chicas. Soy Carlos de 31, antes de todo quiero indicarles que no soy pedófilo, nunca lo he sido, asi que todo lo que a continuación sucedió, fue travesura del destino.

Me mude a una ciudad, que no menciono por cuestiones obvias, además los nombres han sido modificados también, por cuestiones de trabajo profesional, soy soltero aún, tez blanca, ni delgado ni gordo, me encanta el sexo de diferentes formas, no tenía novia en ese momento.

Al lado de la casa viven Ana y Rene, de 38 y 40 años, él es predicador evangélico, tiene dos hijos, Adrian de 16 y la pequeña Rosita de 13. Me hice amigo de ellos, pero al conocer a Rosita quien es una linda chiquilla pre-adolescente, sentí algo que me tocó el pecho, ella es un panecito de dios, es extremadamente bella, con cabello guerito, ojos como azules, algo llenita, su trasero forma un lindo circulo, casi sin senos. No sé que me pasó pero la atracción fue inmediata y de alguna forma también sentí que yo le atraje a ella. Asi que mis atenciones y regalos fue para ella.

Cierto día, estaba en el living, platicando con Rene sentados en el sofá y de pronto llamaron al teléfono que está a unos cuantos metros de allí, Rene contestó y se quedó hablando con alguien, en eso entró Rosita y al saludarme se quedó sentada sobre mi, su traserito se colocó contra mi paquete, al sentir ese lindo trasero como si fuera algodón, mi paquete fue reaccionando, ella mientras hablaba conmigo movía traviesamente sus nalguitas, sin que se diera cuenta ella, le jalé el vestido que tenía hacia afuera, con eso lograba que directamente su cuquita se frotara directamente contra mi bulto en el pantalón, solo cubierta por su delgada braguita. Mi verga fue creciendo y poniéndose dura dentro de mi pantalón; Rosita se siguió moviendo y creo que sintió mi bulto contra su sexo, porque se puso un poco pensativa y seria, para romper eso, me puse como hacerle cosquillas y ella siguió frotándose contra mi paquete, de pronto oi que sus risitas se intercambiaban por pequeños gemidos, yo ya tenía una enorme erección.

En eso, Rosita cerró sus ojitos azules y bajándose de mis piernas se fue corriendo de allí sin siquiera despedirse. Me miré el pantalón y había un gran halo de humedad, al principio pensé que había sido yo, como Rene seguía hablando por teléfono, me levante nervioso y le hice señas que regresaba al rato. Ya en casa, me fui al baño, pero me di cuenta que mi calzoncillo no estaba manchado, que no había segregado yo liquido pre-seminal, había sido la pequeña Rosita, lo que tenía en mi pantalón era humedad de la rajita de ella, me quité el pantalón y me llevé la humedad a la nariz para oler por primera vez la intimidad, la eyaculación prematura de Rosita, luego me hice una masturbación alocada, oliendo mis pantalones.

Ese fin de semana, después de lo del pantalón. Estaba en mi casa y se me ocurrió ir a visitar a Rene, aunque lo que buscaba era ver a Rosita, antes me dije de frente al espejo que yo estaba loco por pensar en esa chiquilla. Llegué a la casa, entrando por el patio lateral, pasé junto a una casa de muñecas que Rene le había regalado a Rosita la navidad pasada, era una casa grande de muñecas, tal vez de 3 x 3 mt, oi ruidos adentro me acerqué y allí estaba Rosita jugando, la saludé y ella se paró para saludarme de besito en la mejilla, tenía puesto un vestido de princesa (largo hasta los tobillos), realmente se veía como una princesa. Le pregunté por su papá, me dijo que había ido al culto con su mamá y su hermano, -entonces estás sola?-, pregunté. –No! Dentro de la casa está la sirvienta, pero está con su novio y siempre se encierran en su habitación- me dijo inocentemente Rosita.

-puedo entrar?- le dije. Me dijo afirmativamente, entré agachándome por la puerta principal, había una cocina, un comedor con su mesa y una camita pequeña al lado.
-Carlos, quieres jugar conmigo?- me preguntó Rosita.
-Claro que si!, a que jugamos?- respondi y pregunté.
-No sé!- dijo ella. –Que te parece a papá y mamá- le dije ya con morbo.
-Sale!- dijo ella con una sonrisa.

Ella me hizo como desayuno y me decía que luego me fuera a trabajar, era parte ya del juego, hice como que comía con platos y vasos vacíos. -Bueno ya me voy!- le dije le tomé la cabeza con una mano y le estampé un besito en los labios. Ella se quedó sorprendida, pero luego se puso colorada y me sonrió. Hice como que me iba de allí y solo llegué a la puerta. Yo esperé un rato para ver su reacción, luego le dije que ya había trabajado y estaba por llegar a la cena, entré a la casita de nuevo y como hice la primera vez, le busqué la boquita para besarla de nuevo, ella ya estaba preparada en ésta ocasión, sentí sus labios restregarse contra los míos, tardamos unos cinco segundos, luego al soltarme ella se río y yo fui quien se puso colorado.

Hicimos como si cenaramos, ella siguió con el juego preguntándome como me había ido en mi trabajo, yo también seguí el hilo, pero el tiempo apremiaba, yo no sabía en que momento la sirvienta dejaría de atender al novio, asi que le dije, -bueno, todo estaba rico, ahora vamos a dormir-, yo me levanté, siempre agachado por la altura de la casita, me fui a sentar a la cama, que tenía solo cubrecama, le dije que se sentara a mi lado, la pequeña Rosita caminó y se acercó, la tomé de la cintura y la senté en mis piernas, le hice a un lado el vestido de nuevo para que su traserito tapado por su braguita se posara de nuevo sobre mi pantalón y sobre mi paquete.

Le dije al oído –Rosita, te gustó lo del otro día en mis piernas?, porque a mi si me encantó-. Rosita me vió con sus lindos ojos y me contestó tímidamente –Sii, don Carlos, me gustó, pero me sentí rara-.
-No me digas don Carlos, solo Carlos, acuérdate que en este momento eres mi esposa- le dije a Rosita.
-Si Carlos- contestó

El vestido de princesa apenas tenia dos tirantes para los hombros, por lo que comencé a besarle sus hombros, ella al principio movia sus hombros como tratando de quitarme de allí, pero seguí besándoselos a pesar de ello. Ella se empezó a mover como la vez anterior en su casa, mi bulto estaba colocado por debajo de su rajita tapada solamente por su braguita. Los movimientos de Rosita eran excitantes, sentí como crecía al máximo mi erección, ella también comenzó a gemir un poquito, señal que le estaba gustando. La calentura nos fue envolviendo, se me ocurrió en un movimiento rápido, sacarme la verga del pantalón, y en otro movimiento le fue bajando su braguita a los muslos, la volví a sentar, ella volvió a su movimientos de trasero, pero ahora mi verga se friccionaba directamente contra su cuquita, piel a piel.

Que rico se sentía eso. Mi verga hinchada frotarse contra su pequeña frutita, era de locos!, por momentos sacaba mi cabeza por una ventana que me quedaba cercana para ver si no se acercaba alguien. Al ver que no había nadie aún, acosté a Rosita en la cama con su culito hacia arriba, le terminé de sacar su braguita, y empecé a besarle sus rosadas nalguitas redondas, lamía y chupaba sus tiernas carnes.
-qué me haces Carlos?- preguntaba entre gemidos Rosita.
-mi amor, es lo que hacen los esposos en la cama- le dije y volví a chupar sus nalgas.

Luego le abrí sus redonditas nalgas con mis manos y divisé su lindo ojete de culo, inmaculado, arrugadito, mi lengua comenzó a degustar de su erótico orificio, ella intentó quitarme la cabeza de entre sus nalguitas, pero no la dejé, -espera, te va a gustar en un momento!- le dije, y seguí chupando su lindo orto. Un minuto después Rosita estaba gimiendo de gusto de la chupada de ano que yo le daba. Yo la estaba llevando a una excitación total, la pequeña gemía mucho, la tomé de ambas manos y le dije que ella misma se abriera las nalguitas, lo hizo y tuve más facilidad para comerle su orto.

Yo ya estaba a mil, super excitado, ya no pensaba en riesgos, en ser sorprendido. Tenía que hacerla mia. Me bajé por completo los pantalones y de mi cartera saqué un condón de esos que son muy lubricados, me lo puse, me fui subiendo sobre el culito de Rosita quien me veía con interrogante, froté mi verga entre sus tersas y suaves nalgas, era deliciosa la sensación. Luego le abrí sus piernitas para que la cabeza de mi verga, que es un poco gorda, se frotara directamente contra su rajita. Lo hice varias veces, Rosita comenzaba a gemir de nuevo, y yo veía que su vaginita era demasiado cerrada, aún no estaba lista, intenté dos, tres y hasta cuatro veces empujar para penetrarla, pero mi verga se movía, se iba para otros lados, Rosita estaba muy cerradita todavía.

Asi que mi calentura me llevó a la segunda opción, ponerle mi verga en su ano, empujé y ella gritó, le dije que se calmara, que se relajara, que le iba a gustar. Seguí empujando y su frágil esfínter se abrió y dejó pasar mi cabezota, ella volvió a gritar, volví a empujar con un poco más de fuerza y comencé a meter el tronco de mi verga en su culito, ella como chillaba sin lagrimas. Me moví en un vaivén lento sin dejar de empujar hacia adentro, poco a poco su culito se iba tragando mi verga dura. En pocos segundos ella dejó de quejarse, solo gemía. Seguí un rato más con el vaivén, su esfínter se abría al máximo, mi verga siguió su camino, ya se la tenía hasta la mitad. Luego me apoyé en la cama con ambos brazos y comencé a moverme en un mete-saca, lento, pero cuando se la hundía le ponía un poco de fuerza para clavarla más. Pero sentí que mi verga ya topaba con algo dentro de su culito, asi que me quedé cogiéndola por el culo con dos terceras partes de mi verga.

Rosita gemía y gemía, yo le decía cositas lindas –eres una linda niña Rosita-, -que rica estas Rosita, siempre quise hacerte esto-, -te amo Rosita, me quieres tu?- le decía, y ella movía su cabecita positivamente, mientras le ensartaba mi verga lubricada por el condón en su lindo culito, que dicho de paso lo tenía apretadito y eso me producía un placer intenso. Mientras la enculaba le besaba el cuello y los hombros. Ella gemía y cerraba sus ojitos, cada vez los gemidos indicaban mayor placer. Sin embargo, yo estaba al borde de mi venida, en los últimos minutos aceleré la penetración y la respiración de Rosita era profunda. Finalmente eyaculé en el condón, fue una tremenda cantidad como pocas veces lo había hecho en mi vida. Le saqué la verga a Rosita de su estrecho recto, el esfínter lo tenía coloradísimo, al ano le había quedado en forma de una “0” grande, pero poco a poco se le iba cerrando.

Me subí el pantalón y los calzoncillos, ella aún permanecía acostada boca abajo, fui con ella a besarle la boca y las mejillas, ella poco a poco se fue sentando en la camita, le recogí su braguita para que se la pusiera. Ella con movimientos lentos se fue poniendo su ropita interior. Me senté con ella y le expliqué que desde hace semanas ella me gustaba mucho y lo que acababa de pasar era porque yo quería que fuéramos novios (fue lo primero que se me ocurrió), ella me abrazó la cintura y subió la boca para que yo le diera un besito rápido. Eso fue suficiente para ella. Además le dije que sería nuestro secreto, ella aceptó.

A los dos días, casi sucedió lo mismo (la sirvienta con el novio dentro de la casa), con la diferencia que yo me la llevé a mi casa, ya no llevaba el vestido de princesa, comenzamos con los besitos, le metí la mano debajo de su faldita del colegio y le toqué su rajita que se mojo entre mis dedos. Quise bajar mis dedos a su colita, pero ella me dijo que no, que aún le dolía su culito por lo de hace dos días. Asi que acepté no volverla a coger por su orificio trasero. Pero en lugar de eso la acosté en mi cama, le quité sus braguitas y comencé a comerme su rajita ya humedecida. Sus labios vaginales eran rosaditos y delgados, le lamí con mucho cuidado, mi lengua pasaba entre sus pliegues hasta llegar al botoncito de su clítoris, donde mi lengua le dibujaba pequeños círculos alrededor que la volvían loquita en la cama.

Rosita daba varios gemidos de todos tonos, hasta parecía que estaba chillando de placer, en ocasiones le llegaba la lengua hasta su ano y le decía con cariño –este es mi hoyito adolorido, humm! que rico está aquí!- y ella se sonreía. Luego volvía a su rajita para seguir comiéndosela, esa tarde Rosita se corrió dos veces en mi boca, pude sentir sus juguitos íntimos sabor agridulce.

La siguiente mejor tarde fue dos semanas después, Rosita ya llegaba a mi casa a toda hora para estar conmigo, aveces sin tiempo por lo que solo nos besábamos, o con poco tiempo para que yo le comiera su rajita y su culito, o con bastante tiempo para que yo me la enculara y eyaculara en su recto, ya sin condón ahora. Esa vez ella me dijo que sus papis se habían ido con su abuelo y que regresarían hasta tarde. Yo estaba preparando panqueques y la invité a comerlos. Los besos y las tocadas no tardaron en llegar. La senté en la mesa de comedor y le quité la blusita y su sostén para adolescentes, le mamé sus tetitas, eso la ponía a ella muy cachonda, tenía sensibles sus pezoncitos. Luego suavemente la acosté, siempre en la mesa, y le quité su braguita, le abrí las piernas y comencé a darle sexo oral, ella me tomaba del cabello y me restregaba su rajita en la cara cuando se excitaba mucho o cuando le sobrevenía un orgasmo.

Pero esa tarde sería diferente. Luego de comerle su rajita, ella se bajó de la mesa e hincándose frente a mi, me bajó el cierre y con su manita sacó mi verga erecta. Nunca en las tres semanas juntos, yo le había pedido que me la mamara, pensé que se podría escandalizar y poner fin a este prohibido idilio, pero ella la sacó y se la metió a la boca, chupándola y succionándola, como me pareció raro, le pregunté donde había aprendido a hacer eso, -lo vi en un video de mi papá y he visto también a Dorelia (la sirvienta) que se lo hace a su novio en la casa- me contestó Rosita.

La dejé que experimentara con mi verga parada, solo emitía yo un gemido de placer, para que ella se motivara a seguirlo haciendo. La chupó toda, le pasó la lengua de principio a fin y le dio muchos besitos. Mi verga ya emitía líquidos pre-seminales que ella se tragó sin asco. Yo estaba ya sumamente excitado.

Le dije que se detuviera, que ahora me tocaba a mi. La volví a acostar en la mesa, le dije que abriera sus piernitas lo más que pudiera. Yo estaba decidido a cogerla por la rajita y desvirgarla de una vez por todas. Puse mi verga entre los labios de su vagina y empujé por turnos, ella gemía y se quejaba. En uno de esos empujones, sentí que mi verga ingresó y se fue dentro de su rajita, ella gritó y casi se sentó en la mesa, yo no se la saqué, más bien la tranquilicé y la volví a acostar en la mesa, ella puso su mano cerca de su rajita por instinto, mi glande había desvirgado su cuquita, empujé ahora con menos fuerza y la tomé por los tobillos de cada pierna y las elevé para mejorar la penetración.

Me empecé a mover con el clásico mete-saca de nuevo, tuve paciencia para esperar que su vagina se dilatara, con eso mi verga entró casi por completo en su rajita. Ahora si, me puse a darle duros pistonazos, yo estaba muy excitado y quería gozarla todita. Los gemidos de Rosita ahora fueron solo de placer. La estuve ensartando varios minutos allí sobre la mesa. Tomé la miel de maple que había en la mesa por los panqueques y tomando uno de sus pies, le quité los zapatos y la calceta, puse miel en su pie, en sus deditos y los lamí, yo sentí que eso hizo que Rosita acabara en otro orgasmo. Hice lo mismo con su otro lindo pie, quité zapato y calceta y roseándole miel, le lamí todo su pie y me metí cada dedito en la boca para chuparlos. Hasta después me di cuenta que mi verga entraba y salía de su rajita con un poco de sangre, señal de su desfloramiento.

Por último, me corrí dentro de su rajita, otra cantidad tremenda de semen salió de mi verga y se alojó en su vagina. Cuando ella se estaba poniendo su calzoncito, me dijo que algo le salía por su cuquita y bajaba por sus muslos, era mi semen que caía de su rajita.

Estamos muy enamorados Rosita y yo. Pero tengo miedo que al enterarse sus padres de su relación conmigo, la lleven a un médico, y al saber que su hija ya no es virgen de ninguno de sus hoyitos, me den una demanda. Vivo con ese temor casi todo el tiempo, solo se me olvida cuando le hago el amor a la pequeña Rosita. Pero por ahora bien vale la pena.

Publicado en: Relatoseroticos

DESCUBRI QUE MI ESPOSA ES BISEXUAL

Hola les voy a contar como descubri que mi esposa es bisexual y una vecina del edificio también.

Por Razones de mi trabajo yo tengo que estar viajando, en una ocasión que estaba de viaje y se suponía que iba a demorarme una semana por fuera, los planes cambiaron y me toco devolverme a mitad de semana, no quise comunicarle esto a mi esposa para darle una sorpresa. Ese jueves llegue a mi casa como a las tres de la tarde, me pareció que no había nadie en casa, de todos modos abri con mucho cuidado para no hacer ruido y cuando iba subiendo la escalera oi unos gemido, era claro de alguien que esta teniendo placer. Me quede paralizado no sabia que hacer, me baje a la cocina con la maleta agarre un cuchillo e iba dispuesto a matar al que fuera, cuando llego al segundo piso la puerta estaba abierta y por el espejo del tocador se veian claramente las dos personas era mi mujer con la vecina, creo que el morbo que me dio hizo que mi rabia se me pasara y buscara una ubicación de donde pudiera ver al máximo sin ser visto, fue un espectáculo extraordinario, decidi coger la maleta salir a dar una vuelta en un taxi y llame a mi mujer y le dije que en una hora estaría en casa, es mas o menos el tiempo que se demora del aeropuerto a la casa. Cuando llegue ella estaba toda arregladita, como a esa hora no hay nadie en casa decidi llevármela a la cama para ver cual era su respuesta y la verdad que tuvimos sexo de maravilla, para mi fue algo espectacular ya que me acordaba de las imágenes que se habían quedado en mi memoria de ella con la vecina.

Me asesore con alguien que me ayudo a poner unas cámaras estratégicamente ubicadas en la habitación y que grababan con la deteccion de movimiento. Fue espectacular porque los primeros videos que tuve fue teniendo sexo con mi mujer, es curioso verse uno mismo como actor porno y mas con la mujer como actriz. Volvi a estar por fuera de la casa una semana y cuando regrese busque afanosamente las grabaciones y me puse a contemplarlas, hubo una donde quedo bien grabada las escena de mi mujer con la vecina, ellas entraron a la habitación, se besaban apasionadamente, acariciándose los senos por encima de la ropa, sacaban la lengua y las rozaban una contra la otra, se la chupaban, mi vecina le fue quitando la ropa a mi mujer quedo solo con la ropa interior, ella bajo besándole el cuello, el pecho le quito el brasier y le chupaba los pezones mi mujer se retorcía de placer, ella comenzó también a quitarle la ropa a la vecina mientras se acariciaban, la vecina quedo en unas tanguitas blancas, se acosto y mi mujer le sobaba el dedo por toda la rajita mientras también le chupaba los pezones, ummm se me para de solo acordarme. Hicieron un 69 y se lamian de lo mas bueno, gemían y hasta gritaban, luego se abrazaron y rozaban pezón contra pezón se besaban y tocaban la concha la una a la otra.

Luego se entrecuzaron las piernas y cada una se abrazo a la pierna de la otra y se sobaban una concha contra la otra, debían tener bastante humedad porque el sonido que se escucha en el video es de locura, vi como mi vecina comenzó a temblar y casi que enseguida mi mujer también entro en trance, se aferraban cada una fuertemente a la pierna de la otra y se restregaban la una contra la otra el sonido que se escucha es melodía espectacular se les notaba humedad entre las piernas cuando se separaron, se acuestan una al lado de la otra y se besan sin apuros pausadamente, se acarician y se quedan dormida un buen rato, después se meten al baño y como me arrepentí de no haber puesto cámara ahí, ya que los gemidos que se escuchaban eran fenomenales. Regresan a la habitación con el pelo mojado completamente desnudas se visten, se dan un beso y salen.

Mirando todos los videos me percate de algo y es que ellas nunca se meten nada que no sean los dedos o la lengua, que con el solo frote de las conchas unas contra otra se les nota que tienen unos orgasmos espectaculares. Claro esta que esa observación me ha servido para cuando tengo sexo con mi mujer en algunas ocasiones omito penetrarla y la acaricio la sobo solo le paso la punta de la verga por toda la raja y veo como se estremece de placer y me la moja toda con la cantidad de jugos vaginales que bota, cuando hago eso despues que ella termina me recopensa con una mamada que me deja viendo estrellitas.

Publicado en: Relatos Lesbicos

Pobre mi novio, soy una putita caliente..

A veces pienso, pobre.. por que le hago esto, pero cuando estoy en una situacion caliente, no puedo parar, y lo gozo al maximo.

Tengo 19 años, me llamo Lucila y soy mala, bastante, pero siempre cuando pasa algo entre Martin y yo. Ultimamente veniamos discutiendo mucho, y casi nos distanciamos por unos dias, pero todo termino en una pelea de gritos en la que el se fue de mi casa golpeando la puerta y yo quede llorando y mal.
Llamo a una amiga y le cuento, me consuela como puede peor no era suficiente, y me propone ir a la fiesta de cumpleaños de su vecina de departamento. Estaba tan dolida y mal que no queria salir, pero ante la insistencia fui.

Llegue a la casa de mi amiga y nos preparamos, me hizo vestir bien sexy aunque yo no queria, pero al verme tan perra, mi cara cambio, y entro en mi algo de maldad placentera, me acorde de todo lo que habia pasado hoy, y me pinte los labios de rojo para sellar mi estado animico y pasar a ser alguien que se divierte. Me veia tremenda, siempre tuve un buen cuerpo, flaquita, una tetas grandes y un culo que nadie dejaba de mirar al verme pasar.

Nos fuimos al departamento de su amiga que era casi al lado, al llegar veo que hay bastante gente, bailando, tomando y riendo, por fin me iba a despejar un poco. Empezamos a tomar, a reirnos entre nosotras y hablar de los chicos lindo que habia, hasta que con el pasar del tiempo, el alcohol me empieza a afectar y me pongo bastante caliente cuando eso pasa, ya todos estaban igual, y se acerca a mi un muchacho hermoso al que ya habia fichado hacia un ratito, je, pense en Martin y se me venia el mundo abajo, asique mi cerebro lo bloqueo, y el flaco empezo a bailarme, me sume y le frotaba mi cola sensualmente. Mi amiga miraba y se reia, ella queria verme asi, y Martin no le caia bien, asique estaba feliz. El machito al que le estaba franeleando tenia 28 años, me chamuya un rato, y yo ya estaba entregada, me llevo de la mano y paramos en un rinconcito oscuro, nos empezamos a besar y meter mano, el mas que yo, mi culo lo apretaba como si fuera el ultimo que iba a tocar. Yo ya estaba mojada a full y no meimportaba nada, un poco mareada tambien.

El pibe me dice que estaba re buena, que era hermosa, tipico, pero tambien me dijo en el oido que estaba al palo, y lleva mi mano a su pija, no se la toco mucho por que tenia algo mejor.
Esperame un minuto, le dije. y fui hacia mi amiga, que ya sabia todo lo que queria, las llaves de su depto. iba a ser rapido, le dije, peor no importaba.
Fui con mi macho y lo lleve de la mano afuera, entramos al depto de mi amiga, y como una sexopata me empiezo a desnudar, quedandome con mi tanguita puesta, el hizo lo mismo, y fuimos a la cama. Antes de tirarnos en ella empezo a chuparme las gomas como loco, me las apretaba y mordia los pezones, mientras que con la otra mano me agarraba el culo y buscaba mi agujerito, al que yo le facilitaba el tacto , ejje. Me agacho y le empiezo a hacer un pete tremendo, le chupe los huevos y la pija de arriba a abajo, toda. Era hermosa, mucho mas grande que la de Martin, pense, y me la comi con mas ganas,ja, no me importaba nada, me sentia una perra que encesitaba ser garchada por un buen macho, nos acostamos y me da la pija entera, lo cabalgué un buen rato, despues en 4, me estaba dando masa como nadie, los dos desnudos chorreando placer, hasta que pasa algo inesperado. Mi celular empieza a sonar, veo que era martin..

Lejos de querer morirme , fue todo lo contrario, me levato y lo atiendo. Mi machito no queria pero le dije que espere.
_Hola Lu, que hacias, disculpa la hora..
_ Que queres Martin? dije
_No se, estaba pensando y tengo la necesidad de saber que estas haciendo, no me gusto lo de hoy, tenemos que hablar
_ Estoy acostada, mira la hora que es.. le dijo haciendome la dormida, pero a la vez pasandole la lengua a los huevos del machito que tenia en pelotas en la cama (el sonreía)
_Ya se, disculpa, hablamos mañana de lo que paso entre nosotros?
_ No se, me dijiste puta, trola, y mil cosas mas Martin, no se que voy a querer. (Y si, estaba siendo puta, je)
Asi que listo, mañana vemos..
Y corte el telefono para seguir y chupar despreocupadamente la poronga que me estaba comiendo.
_ No me dijiste que tenias novio, me dice el.
_No me tiene bien atendida, como podras notar, le conteste entre risas
_ Veo, putita. me dice y me empieza a lamer la colita con su lengua y sus labio carnosos.

No aguanto mas, habia acabado varias veces, y le agarro la verga para chuparla y pajearla, y le digo que me de la lechita en las tetas, a lo que asiente y cumple.
La leche recorria mis tetas, y yo la frotaba sobre mi mientras que con la otra mano le masajeaba los huevos..
Lo bese otra vez, nos vestimos y le aviso a mi amiga que ya estaba todo, que venga. El se fue contento a su casa, y yo me quede a dormir ahi, contandole todo a mi amiga, riendo sin parar.
Fui mala, con causa, bien o mal, me gusto, y bueno.. soy asi, una putita caliente..

Publicado en: Relatos porno